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miércoles, 18 de noviembre de 2009

FÉLIX DE AZARA - DESCRIPCION E HISTORIA DEL PARAGUAY Y EL RÍO DE LA PLATA - VOL. I / BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY (LIBRO DIGITAL 100%)


DESCRIPCION E HISTORIA DEL
PARAGUAY
Y EL
RÍO DE LA PLATA
VOLUMEN I
Editorial: BABEL, 1945. 352pp.
Buenos Aires-Argentina.
(Versión digital:
.
TABLA DE CONTENIDOS
Advertencia del editor: Don Agustín de Azara - sobrino y heredero – Madrid 1847.
Advertencia de la Edición Digital.
Anexo 1: Unidades de medida utilizadas.
Prólogo del autor: Don Félix de Azara.
Retrato de D. Félix de Azara.
Capítulo I.– Del clima y vientos.
Capítulo II.– Disposicion y calidad del terreno.
Capítulo III.– De las sales y minerales.
Capítulo IV.– De algunos rios principales, puertos y pescados.
Capítulo V.– De los vegetales silvestres.
Capítulo VI.– De los vegetales de cultivo.
Capítulo VII.– De los insectos.
Capítulo VIII.– De los sapos, culebras y vivoras.
Capítulo IX.– De los cuadrúpedos y pájaros.
Capítulo X.– De los indios silvestres.
Capítulo XI.– Algunas reflexiones sobre los indios silvestres.
Capitulo XII.- De lo que practicaron los conquistadores del Paraguay y del rio de la Plata para sugetar y reducir a los indios, y del modo como se les ha gobernado.
Anexo 2: Tabla de los pueblos de indios formados por los conquistadores.
Capítulo XIII.– De lo practicado por los padres Jesuitas para regir y gobernar los indios.
Anexo 3: Tabla de los pueblos de indios fundados por los Jesuitas.
Capítulo XIV.– De los Pardos.
Capítulo XV.– De los Españoles.
Anexo 4: Tabla del Comercio del Paraguay
Capítulo XVI.– Breve noticia de los pueblos y parroquias existentes en el gobierno del Paraguay.
Anexo 5: Poblaciones del gobierno del Paraguay.
Capítulo XVII.– Breve noticia de los pueblos y parroquias existentes en el gobierno de Buenos-Aires.
Anexo 6: Poblaciones del Gobierno de Buenos Aires.
Anexo 7: Tabla de Comercio del Río de la Plata.
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PRÓLOGO DEL AUTOR
1. El año de 1781 me embarqué de órden del rey en Lisboa y arribé al Brasil, de donde pasé luego al Río de la Plata. Alli me encargó el gobierno muchas y grandes comisiones, que no es del caso especificar; bastando decir, que para desempeñarlas tuve que hacer muchos y dilatados viages, y que hice voluntariamente otros con el obgeto de adquirir mayores conocimientos de aquellos vastos paises. En todas mis peregrinaciones observé siempre la latitud geográfica al medio dia y a la noche por el sol y las estrellas con un buen instrumento de reflexión y horizonte artificial. Y con la proporcion de ser el pais tan llano, jamas omití el demarcar los rumbos de mis derrotas y los de los puntos notables laterales con una brújula, corrigiéndolos de la variacion magnética que averiguaba con frecuencia cotejando su Acimut con el que calculaba por el sol. Con estos fundamentos, sin usar jamas de estima o del poco más o menos, hice el mapa de mis viages situando en él todos los pueblos, parroquias y puntos notables por latitudes y demarcaciones observadas, y creo que ninguno de ellos tiene error. Tampoco creo lo haya en el mapa de las provincias de Chiquitos y Santa Cruz de la Sierra; porque lo hizo al mismo tiempo que yo el mío, mi compañero el capitan de fragata D. Antonio Alvarez Sotomayor.
2. En cuanto a los rios principales, crei ocioso navegar muchos de ellos, sabiendo que lo habian ya hecho otros facultativos con el mayor cuidado. Asi copié las primeras vertientes del Paraná hasta su Salto grande, y del Paraguay hasta el Jaura que estan en dominios portugueses, del mapa inédito del brigadier portugués D. José Custodio de Saa y Faria, que anduvo muchos años por aquellas partes. Pero como no era astrónomo sino ingeniero, no merece toda mi confianza, aunque sí mayor que todos los mapas publicados hasta hoy. El curso del Paraná desde el citado Salto grande hasta el pueblo de Candelaria, le copié del que hizo mi compañero el capitan de navio D. Diego Alvear, que lo navegó y reconoció en tiempo de mis tareas; y el resto del Paraná hasta Buenos-Aires, lo hicieron por mi órden navegándole, mis subalternos el capitan de navio D. Martín Boneo, los pilotos D. Pablo Zizur y don Ignacio Pazos y el ingeniero D. Pedro Corbiño. Los mismos navegaron por disposicion mia el río Uruguay desde Buenos-Aires hasta su Salto, el Curugnatí, el Jejín, el Tebicuari, y el Paraguay desde los diez y nueve grados de latitud hasta su union con el Paraná; desde esta latitud hasta la boca del río Tauru, lo he copiado del de los demarcadores del tratado de límites del año 1750.
3. Por lo que hace a los tributarios de los citados rios, como son innumerables y riegan inmensos paises despoblados y llenos de bosques, me ha sido imposible reconocerlos, y marcar con acierto su verdadero curso. Asi me he limitado a dirigirlos desde sus confluencias con los grandes rios a los puntos donde los he cortado en mis viages, y los demas por noticias a buen juicio: de modo que en esta parte hay precisamente muchos yerros que no podrán corregirse hasta que pasando bastante siglos, se estienda la poblacion por todos ellos. Entonces se sabria lo que son y el curso de dichos tributarios; y si el río Aracuay o Pihomaio entra en el del Paraguay por dos brazos; uno poco más abajo de la Asuncion y el otro en los veinte y cuatro grados y veinte y cuatro minutos de latitud como yo creo; o este último mucho más abajo segun lo marca el mapa de D. Juan de la Cruz.
4. Para arreglar mi mapa a un primer meridiano conocido en Europa, hice muchas observaciones en Montevideo, Buenos-Aires, la Asuncion y Corrientes de las inmersiones y emersiones de los satélites de Júpiter; que aunque por defecto de sus tablas astronómicas pueden dar errada en cinco leguas la diferencia de meridianos, no por eso lo estarán las posiciones respectivas de los puntos de mi mapa.
5. No se limitó mi atencion a hacer dicho mapa; porque hallándose en un pais vastísimo, sin libros ni cosas capaces de distraer la ociosidad, me dediqué los veinte años de mi demora por allá a observar los obgetos que se ofrecian a mis ojos en aquellos ratos que lo permitian las comisiones del gobierno, los asuntos geográficos, y la fatiga de viajar por despoblados y muchas veces sin camino. Pero como para esto estaba yo sólo, y los obgetos que veia eran muchos más de los que podia examinar, me ví precisado a preferir, despues de lo dicho, la descripcion de los pájaros y cuadrúpedos, quedándome pocos momentos para reflexionar sobre las tierras, piedras, vegetales, pescados, insectos y reptiles. Asi mis observaciones sobre estos artículos se hallarán triviales y escasas, como escritas por quien no tenia tiempo ni inteligencia en tales materias. En cuanto a los hechos de toda especie que refiero, he procurado no exagerar nada, sin pretender que las reflexiones que de ellos deduzco se crean, no hallándose fundadas. Muchas de ellas las omití en el primer borrador que hice de esta obra, temiendo a los críticos, y figurándome que ya las habrian hecho otros antes que yo: pero hoy deponiendo estos temores, publico esta obra como la concibe mi mente, con el único fin de que sirva a la instruccion del gobierno y de la historia natural principalmente del hombre.
6. No estaba ocioso cuando me hallaba en las poblaciones; porque leí muchos papeles antiguos de los archivos de las ciudades de la Asuncion, Corrientes, Santa Fé, Buenos-Aires, y de los pueblos y parroquias, y consulté la tradicion de los ancianos. Leí tambien algunas historias del pais, que en bastantes cosas no estaban acordes con dichos papeles originales; y en todas hallé que sus autores no tuvieron bastantes conocimientos locales ni del número de naciones ni de indios, ni de su situacion ni costumbres. Esto me ha determinado a escribir la historia del descubrimiento y conquista, corrigiéndola en cuanto he podido, de los yerros y equivocaciones que han cometido dichos escritores, algunas veces por ignorancia y otras con malicia. Para que esto se comprenda mejor, haré aqui una relacion breve del carácter de dichos autores.
7. Uldérico Schimidels fué de soldado a aquella conquista en 1534 y salió de alli en 1552. Libre ya del servicio se fué a su patria Straubingen en Babiera, donde escribió en alemán la historia de los hechos que habia presenciado, estropeando, corrompiendo y trocando tanto los nombres de las personas, rios y lugares, que solo las puede entender quien los conozca por otra parte. Su obra se tradujo al latín y de este idioma al castellano sin corregir su nomenclatura. Quitado este defecto es la más esacta que tenemos, la más puntual en las situaciones y distancias de los lugares y naciones, y la más ingenua e imparcial; sin que peque en otra cosa, que en habérsele pasado alguna vez anotar las diferencias entre los que mandaban y algun hecho ocurrido en su ausencia. Tambien tiene el defecto inevitable a un soldado raso, que es abultar el número de enemigos y de muertos en las batallas, y decir que los indios tenian fosos, estacadas y fortalezas para aumentar su gloria en supeditarlos. Alguna vez para dar variedad a su historia, añade que algunos indios tenian vigotes y que criaban aves y animales domésticos, faltando en esto a la verdad que usa en lo demas generalmente.
8. Alvar Núñez Cabeza de Vaca, fué el año de 1542 a continuar aquella conquista; y disgustó tanto a sus súbditos, que estos lo despacharon preso a España en 1544 juntamente con su confidente el escribano Pedro Hernández. El consejo supremo vió el proceso que le habian formado; y oidos sus descargos, le condenó a privacion de empleo sin indemnizarle los gastos que habia invertido, y a un presidio en Africa. Mientras duraba su causa, o poco despues escribió unos comentarios del tiempo de su gobierno, que se han impreso poco ha; porque no tuvo él impudencia para hacerlo estando tan fresca su sentencia. Esta obra es a veces tan confusa, que no se entiende, y otras altera y cambia los nombres. Por supuesto que no se queda corto en su apología, y que sabe aplicarse cosas buenas hechas despues estando él preso en Madrid. Tampoco es escaso en acriminar a sus contrarios, no perdonando medios ni invectivas y aun achacándoles la avaricia y otros vicios que eran suyos.
9. Al mismo tiempo que Alvar Núñez escribia Antonio Herrera en Madrid, y es de creer que este oyese a aquel o a dicho Hernández o que consultase sus comentarios. Yo no he leido a Herrera; pero creo que no pudo tener suficientes conocimientos locales para escribir con puntualidad.
10. Martín del Barco Centenera, clérigo estremeño, pasó al Río de la Plata el año 1573 y escribió su Argentina (1) desde su descubrimiento hasta el año de 1581 imprimiéndola en Lisboa el de 1602. Los profesores juzgarán su mérito poético; yo en cuanto a historia considero esta obra tan escasa de conocimientos locales, y tan llena de tormentas y batallas, de circunstancias increibles, a los que conocen aquellos naturales, y de nombres y personas inventados por él, que creo no se debe consultar cuando pueda evitarse. Pero su empeño mayor es desacreditar a los principales y a los naturales, siguiendo en esto el genio característico de todo aventurero y nuevo poblador como él lo era.
11. Ruiz Díaz de Guzmán era sobrino de Alvaro Núñez, segun dice. Yo no sé con que motivo se mudó el apellido y tambien el de su padre, que era Alonso Riquel, y él le da el de Riquelme: su madre fué Ursula, una de las muchas mestizas que de Indias tuvo Domingo Martínez de Irala. Nació con corta diferencia el año de 1554, y pasó cuasi todo el tiempo que estuvo en el Paraguay en la provincia del Guairá de la que llegó a ser comandante. Con esta autoridad tomó alguna gente, y se fué a fundar la segunda ciudad de Jerez. Estando en ella el 1º de abril de 1593 escribió juntamente con el ayuntamiento que acababa de erigir, al de la Asuncion diciéndoles que a peticion e instancias de los vecinos de Ciudad Real habia fundado a Jerez, y que convidaba a los que de la Asuncion quisieran ir a establecerse alli. La contestacion fué mandarle restituir los pobladores a Ciudad Real, de donde los habia sacado; porque al mismo tiempo se quejaron amargamente los que habian quedado en el Guairá de que Ruiz Díaz habia sacado los pobladores para Jerez a fuerza contra sus repetidas protestas y con grave perjuicio de la provincia. Pero Ruiz Díaz no hizo caso del mandato, ni de otros iguales que le repitió el gobernador general, de cuyas resultas se le formó proceso, y él se ausentó del pais. Todo esto consta por menor en el archivo de la Asuncion. Se fué Ruiz Díaz a Chunquizaca, donde escribió su Argentina y la envió el año de 1612 al duque de Medinasidonia. Aun no se ha impreso esta historia, de la que tengo una copia en la que ofrece segunda parte; pero creo que no la escribió. Lo dicho basta para que no lo tengamos por escrupuloso y para que nos cause novedad si vemos que en vez de verdades cuenta novelas, como son: la de la leona que defendió a la muger: la transmigracion de los Chiriguanas: el viage de Alejo García, el haber conocido a su hijo, y cuanto refiere de las alhajas de plata llevadas del Perú al Paraguay. Tambien altera las fechas cuando lo necesita para intercalar espediciones fingidas. Forja grandes batallas, ejércitos numerosos, fortalezas, flechas envenenadas y otras cosas que inventa para honrar a su padre, abuelo y tío. Con la misma idea acrimina cruelmente a Francisco Ruiz Galán que compitió el mando con su abuelo y nunca fué de su partido, a Felipe de Cáceres, porque trabajó en la deposicion de su tío, y a Ruiz Díaz Mugarejo (2) porque le prefirieron a su padre para las comisiones. Finalmente su narracion hace conocer que estaba poco impuesto principalmente del curso del río Paraguay y de sus naturales.
12. El P. Jesuita Lozano escribió en el Tuasman la historia del descubrimiento y conquista del río de la Plata, la cual se halló en su colegio manuscrita en un volúmen que posee don Julián de Leiva en Buenos-Aires. Tuvo presente a todos los autores citados y otras memorias; pero como ignoró la geografia del pais, y la situacion de muchas naciones, sus nombres, número y costumbres, no es estraño que las equivoque algunas veces, que no corrija las equivocaciones de sus originales, y que no entienda a Schimidels. Su principal cuidado fué acopiar cuanto han escrito, llenos de acrimonia y de pasion contra los conquistadores Alvar Núñez, Barco y Rui-Díaz; y aun no satisfecho con esto, aumenta, inventa y tergiversa los hechos. No hubo alli en su concepto sino dos hombres buenos y santos que hicieron milagros, a saber: Alvar Núñez y el primer obispo a quienes el consejo condenó justamente por su mala conducta y porque realmente fueron los más ineptos. En fin, presentó el P. Lozano esta su historia a los PP. de su colegio de Córdoba, y estos la hallaron tan cavilosa y mordaz, que no permitieron se publicase, y encargaron al P. Guevara, que la corrigiese segun me han informado gentes de verdad que oyeron esto mismo a los PP. de Córdoba.
13. Dicho P. Guevara purgó a Lozano de algunas cavilaciones y maledicencias, añadiendo otras más insulsas; omitiendo cosas sustanciales, pone otras que no lo son, e ingiere sin venir al caso la historia del Tucumán. Esta obra manuscrita se encontró en aquel colegio, y algunos la han copiado figurándose que es la mejor por ser la última.
14. Aunque yo conozca los defectos de los citados autores he tenido que valerme de ellos, porque creo que no hay otros originales; pero los he corregido cuanto he podido por los papeles auténticos que he visto en los archivos, y por los conocimientos del pais y de las costumbres de sus naturales. En efecto, sabiendo que estas son en aquellos indios tan fijas e inalterables segun deduzco del cotejo de relaciones antiguas con las del dia, y no hallándose rastro ni tradicion de idolatria, de comer carne humana, de flechas envenenadas, ni de conservar en la guerra cautivos a los varones adultos, quedan destruídas todas estas fábulas con que algunos escritores adornan sus historias. Cuando los he sabido, he aplicado los verdaderos nombres a los parages y naciones que los autores alteran y equivocan muchas veces; más no debe inferirse de esto que algunas naciones han sido esterminadas, como erradamente lo dice Rui-Díaz de la de Agaces; porque menos dos existen todas las que vieron los conquistadores; y su número de almas, que se verá en el capítulo 10, destruye las ideas que él mismo y otros nos dan de numerosísimos ejércitos. Los padrones que se ven en los archivos hechos en los primeros tiempos de los indios sometidos, no les dan tanta gente como la que hoy tienen sus pueblos; infiriéndose de aqui que no los han esterminado la avaricia y crueldad española, que es la única salida que se da a tantos millares de indios como se han amontonado arbitrariamente en las batallas y repartimiento de encomiendas.

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