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jueves, 24 de junio de 2010

ALFREDO M. SEIFERHELD - SE DESMORONA EL GOBIERNO DE LA REVOLUCION (GOBIERNO DE RAFAEL FRANCO) / Fuente: NAZISMO Y FASCISMO EN PARAGUAY (1936/1939)

SE DESMORONA EL GOBIERNO DE LA REVOLUCION
(GOBIERNO DE RAFAEL FRANCO)
por
ALFREDO M. SEIFERHELD
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
.
El Ejército y la Armada nacionales, conscientes de la inmensa responsabilidad contraída frente al pueblo de la Nación, han resuelto encauzar sobre bases más firmes y patrióticas la revolución de febrero, dentro del marco estricto del Acta Plebiscitaria. Se deja expresa constancia, en forma contundente y categórica, que el movimiento armado del 13 de agosto de 1937 no es ni será de exclusividad de ningún partido político del país.
RAMÓN L. PAREDES

En julio de 1937 el gobierno despachó al Chaco el grueso del Ejército, reducido por la desmovilización que siguió al armisticio. La División de Caballería, al mando del mayor DÁMASO SOSA VALDEZ, el R. I. 1 "2 de Mayo" y unidades del R. I. 3 "Corrales" se encontraron con que no existía allí un peligro inminente de agresión boliviana, como lo había sostenido el canciller JUAN STEFANICH. El ambiente de desconfianza y la gravitación de SOSA VALDEZ y del TCnel. RAMÓN L. PAREDES -comandante de aquel territorio militar y hombre desafecto a Franco- hicieron el resto. Soliviantadas las fuerzas contra el gabinete del coronel, sus promotores visibles firmaron el 2 de agosto, en el fortín López De Filippis, ex-Camacho, un acta juramentada por la cual decidían constituir un gobierno netamente militar, que no debía apoyarse en fuerza política alguna. Quedaba igualmente establecido que la presidencia debía serle ofrecida al CORONEL RAFAEL FRANCO. En caso de no contarse con su aprobación, se anulaba el Acta Plebiscitaria del 17 de febrero de 1936. El nuevo gobierno duraría un mínimo de seis meses y un máximo de doce, en cuyo lapso debía convocarse a elecciones. (1)
La sentencia de muerte del "gabinete Stefanich" había sido firmada en el Chaco, a espaldas del grueso del Ejército y de los excombatientes. Pero la hablan rubricado oficiales leales al franquismo, en coordinación con la Marina que en las inmediaciones de Asunción estaba a la espera de manifestarse. Si bien los firmantes contemplaron la posibilidad de que Franco, por lealtad, no habría de permitir tal menoscabo a su autoridad, supusieron que iría finalmente a continuar, aunque atado de pies y manos a los nuevos dueños de la situación.
Constituyó sí una sorpresa el vínculo que el TCnel. Paredes mantuvo durante la conspiración con dirigentes del Partido Liberal en el exilio, que se habían comprometido a respaldar la nueva situación, que de hecho les sería favorable pese al carácter apartidario invocado por el movimiento. A un Franco dubitativo, que quería conversar y resolver la situación amigablemente, se interpuso la habilidad de Paredes, que había convencido a sus camaradas de la supuesta predisposición del presidente por continuar en el cargo, inclusive prescindiendo de sus colaboradores inmediatos.
La reticencia del coronel por trasladarse al Chaco a calmar los ánimos, así como las dilaciones que Paredes dió a la cuestión, demoraron cualquier solución transaccional. Franco habría aducido que la realización del Primer Congreso Eucarístico por esos mismos días en Asunción, así como la presencia de invitados extranjeros con motivo del aniversario 400 de la fundación de la capital que debía celebrarse el día 15, hacían inconveniente cualquier movilización de fuerzas para enfrentar a las unidades sublevadas del Chaco.
La operación duró unos pocos días. Concepción fue ocupada por los levantados y SOSA VALDEZ, a la cabeza de su División y de otros siete regimientos, desembarcó sorpresivamente en Viñas-Cué y se dirigió al Parque de Guerra en Campo Grande. En la madrugada del 13 la Marina hizo algunos disparos desde el cañonero "Humaitá"', anunciando su estado de rebeldía. Como era lógico, Franco no aceptó imposiciones, a pesar de contar con la renuncia de su gabinete en pleno, y se solidarizó con él. El 13 DE AGOSTO DE 1937 se derrumbaban, sin el disparo de un tiro de fusil, los dieciocho meses de gobierno revolucionario.
Frente a una situación no aguardada, el Ejército se convirtió en árbitro de la situación y Paredes convenció a sus cuadros superiores de la necesidad de buscar un presidente que pudiera conducir al país hacia una inmediata convocatoria de elecciones. En la noche del 13 de agosto los altos mandos se dirigieron a la casa de FÉLIX PAIVA, Decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, para ofrecerle la primera magistratura. Paiva, de 60 años, había militado en el Partido Liberal y ocupó entre agosto de 1920 y octubre de 1921 la Vice-Presidencia de la República en la fórmula con MANUEL GONDRA. Hombre honesto y de principios, puso una serie de condiciones para la aceptación del cargo, las que fueron admitidas por la comisión militar, sin mayor intención, por parte de ésta, de acatarla cuando así debía hacerse.
El día 15 de agosto, luego de sucesivas reuniones, los tenientes coroneles RAMÓN L. PAREDES y LEANDRO GONZÁLEZ, el mayor DÁMASO SOSA VALDEZ y los capitanes de corbeta PORFIRIO MACHUCA y RAMÓN E. MARTINO firmaron en representación del Ejército y la Armada un acta de compromiso con el DOCTOR FÉLIX PAIVA, para que éste acceda a la presidencia provisional gozando de "plena libertad de acción en el gobierno desde su constitución, dejando sin perjuicio de esto a los dirigentes del movimiento político la indicación de las personas que han de desempeñar los ministerios que tendrán a su cargo la tarea de asegurar el éxito, de dicho movimiento, tales las carteras del Interior y de Guerra y Marina, y siempre que el nuevo gobierno no haya de significar una mera continuación del gobierno anterior y, por el contrario, deba ser un gobierno restaurador del orden constitucional". (2)
El acta garantizaba el retorno a los principios de la Constitución de 1870 y la preparación de la vuelta a la normalidad institucional, la que no debía durar más de seis meses. Se aseguraba, asimismo, que seguirían subsistentes, en forma transitoria, los ministerios creados fuera de la Carta Magna, "hasta tanto que se tomen las providencias encaminadas a encomendar a otros órganos las importantes funciones que actualmente tienen a su cargo".
Todavía un día antes del viraje político, el TCnel. Paredes debió calmar los reclamos de los cuadros inferiores del Ejército, asegurándoles, por medio de una proclama, que por "voluntad unánime del Ejército y Armada, el eminente ciudadano coronel de la Nación don Rafael Franco continuará presidiendo el gobierno de este movimiento reivindicatorio de los ideales de febrero". (3). Para entonces, la realidad ya era otra y Paiva, aunque alejado hacía casi 16 años de la vida pública -había ocupado asimismo la cartera de Relaciones en 1912, luego la de Justicia, Culto e Instrucción Pública en los gobiernos de Eduardo Schaerer y Manuel Franco, y las del Interior y Guerra y Marina- mantenía sus vínculos con el Partido Liberal, como era de suponer. Sin embargo, su gabinete inicial fue integrado con total prescindencia del partido en el que militaba. Depositó su confianza para los cargos civiles en profesores de la Facultad de Derecho, quedando la competencia militar para este fuero. (Paiva juró como presidente provisional el 16 de agosto de 1937 y constituyó su primer gabinete con Cecilio Báez en Relaciones Exteriores, Luis A. Argaña en Justicia, Culto e Instrucción Pública, Luis P. Frescura en Hacienda, Ramón L. Paredes en Interior y Juan B. Ayala en Guerra y Marina (Defensa Nacional). Días después Francisco Rolón fue convocado a ocupar la cartera de Agricultura y Gerardo Buongermini la de Salud Pública. Durante los dos años del gobierno de Paiva dirigieron también la secretaría de Relaciones Luis A. Argaña y Elías Ayala, la de Instrucción Pública Justo Prieto y Juan Francisco Recalde, la de Hacienda Enrique Bordenave y Justo P. Benítez y la de Economía José A. Bozzano y Andrés Barbero. A Paredes sucedió en interior Arturo Bray y a éste Higinio Morínigo. El ministerio de Guerra y Marina lo ocuparon también Nicolás Delgado y José A. Bozzano.)
.

El derrocamiento del coronel RAFAEL FRANCO
reconcilió a la jerarquía eclesiástica con el
gobierno de FÉLIX PAIVA.
En la gráfica, el Arzobispo de Asunción,
JUAN SINFORIANO BOGARÍN,
con el presidente a su izquierda,
rodeados ambos de los principales jefes
del movimiento militar de agosto de 1937.

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En julio de 1937 el gobierno despachó al Chaco el grueso del Ejército, reducido por la desmovilización que siguió al armisticio. La División de Caballería, al mando del mayor DÁMASO SOSA VALDEZ, el R. I. 1 "2 de Mayo" y unidades del R. I. 3 "Corrales" se encontraron con que no existía allí un peligro inminente de agresión boliviana, como lo había sostenido el canciller JUAN STEFANICH. El ambiente de desconfianza y la gravitación de SOSA VALDEZ y del TCnel. RAMÓN L. PAREDES -comandante de aquel territorio militar y hombre desafecto a Franco- hicieron el resto. Soliviantadas las fuerzas contra el gabinete del coronel, sus promotores visibles firmaron el 2 de agosto, en el fortín López De Filippis, ex-Camacho, un acta juramentada por la cual decidían constituir un gobierno netamente militar, que no debía apoyarse en fuerza política alguna. Quedaba igualmente establecido que la presidencia debía serle ofrecida al CORONEL RAFAEL FRANCO. En caso de no contarse con su aprobación, se anulaba el Acta Plebiscitaria del 17 de febrero de 1936. El nuevo gobierno duraría un mínimo de seis meses y un máximo de doce, en cuyo lapso debía convocarse a elecciones. (1)
La sentencia de muerte del "gabinete Stefanich" había sido firmada en el Chaco, a espaldas del grueso del Ejército y de los excombatientes. Pero la hablan rubricado oficiales leales al franquismo, en coordinación con la Marina que en las inmediaciones de Asunción estaba a la espera de manifestarse. Si bien los firmantes contemplaron la posibilidad de que Franco, por lealtad, no habría de permitir tal menoscabo a su autoridad, supusieron que iría finalmente a continuar, aunque atado de pies y manos a los nuevos dueños de la situación.
Constituyó sí una sorpresa el vínculo que el TCnel. Paredes mantuvo durante la conspiración con dirigentes del Partido Liberal en el exilio, que se habían comprometido a respaldar la nueva situación, que de hecho les sería favorable pese al carácter apartidario invocado por el movimiento. A un Franco dubitativo, que quería conversar y resolver la situación amigablemente, se interpuso la habilidad de Paredes, que había convencido a sus camaradas de la supuesta predisposición del presidente por continuar en el cargo, inclusive prescindiendo de sus colaboradores inmediatos.
La reticencia del coronel por trasladarse al Chaco a calmar los ánimos, así como las dilaciones que Paredes dió a la cuestión, demoraron cualquier solución transaccional. Franco habría aducido que la realización del Primer Congreso Eucarístico por esos mismos días en Asunción, así como la presencia de invitados extranjeros con motivo del aniversario 400 de la fundación de la capital que debía celebrarse el día 15, hacían inconveniente cualquier movilización de fuerzas para enfrentar a las unidades sublevadas del Chaco.
La operación duró unos pocos días. Concepción fue ocupada por los levantados y SOSA VALDEZ, a la cabeza de su División y de otros siete regimientos, desembarcó sorpresivamente en Viñas-Cué y se dirigió al Parque de Guerra en Campo Grande. En la madrugada del 13 la Marina hizo algunos disparos desde el cañonero "Humaitá"', anunciando su estado de rebeldía. Como era lógico, Franco no aceptó imposiciones, a pesar de contar con la renuncia de su gabinete en pleno, y se solidarizó con él. El 13 DE AGOSTO DE 1937 se derrumbaban, sin el disparo de un tiro de fusil, los dieciocho meses de gobierno revolucionario.
Frente a una situación no aguardada, el Ejército se convirtió en árbitro de la situación y Paredes convenció a sus cuadros superiores de la necesidad de buscar un presidente que pudiera conducir al país hacia una inmediata convocatoria de elecciones. En la noche del 13 de agosto los altos mandos se dirigieron a la casa de FÉLIX PAIVA, Decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, para ofrecerle la primera magistratura. Paiva, de 60 años, había militado en el Partido Liberal y ocupó entre agosto de 1920 y octubre de 1921 la Vice-Presidencia de la República en la fórmula con MANUEL GONDRA. Hombre honesto y de principios, puso una serie de condiciones para la aceptación del cargo, las que fueron admitidas por la comisión militar, sin mayor intención, por parte de ésta, de acatarla cuando así debía hacerse.
El día 15 de agosto, luego de sucesivas reuniones, los tenientes coroneles RAMÓN L. PAREDES y LEANDRO GONZÁLEZ, el mayor DÁMASO SOSA VALDEZ y los capitanes de corbeta PORFIRIO MACHUCA y RAMÓN E. MARTINO firmaron en representación del Ejército y la Armada un acta de compromiso con el DOCTOR FÉLIX PAIVA, para que éste acceda a la presidencia provisional gozando de "plena libertad de acción en el gobierno desde su constitución, dejando sin perjuicio de esto a los dirigentes del movimiento político la indicación de las personas que han de desempeñar los ministerios que tendrán a su cargo la tarea de asegurar el éxito, de dicho movimiento, tales las carteras del Interior y de Guerra y Marina, y siempre que el nuevo gobierno no haya de significar una mera continuación del gobierno anterior y, por el contrario, deba ser un gobierno restaurador del orden constitucional". (2)
El acta garantizaba el retorno a los principios de la Constitución de 1870 y la preparación de la vuelta a la normalidad institucional, la que no debía durar más de seis meses. Se aseguraba, asimismo, que seguirían subsistentes, en forma transitoria, los ministerios creados fuera de la Carta Magna, "hasta tanto que se tomen las providencias encaminadas a encomendar a otros órganos las importantes funciones que actualmente tienen a su cargo".
Todavía un día antes del viraje político, el TCnel. Paredes debió calmar los reclamos de los cuadros inferiores del Ejército, asegurándoles, por medio de una proclama, que por "voluntad unánime del Ejército y Armada, el eminente ciudadano coronel de la Nación don Rafael Franco continuará presidiendo el gobierno de este movimiento reivindicatorio de los ideales de febrero". (3). Para entonces, la realidad ya era otra y Paiva, aunque alejado hacía casi 16 años de la vida pública -había ocupado asimismo la cartera de Relaciones en 1912, luego la de Justicia, Culto e Instrucción Pública en los gobiernos de Eduardo Schaerer y Manuel Franco, y las del Interior y Guerra y Marina- mantenía sus vínculos con el Partido Liberal, como era de suponer. Sin embargo, su gabinete inicial fue integrado con total prescindencia del partido en el que militaba. Depositó su confianza para los cargos civiles en profesores de la Facultad de Derecho, quedando la competencia militar para este fuero. (Paiva juró como presidente provisional el 16 de agosto de 1937 y constituyó su primer gabinete con Cecilio Báez en Relaciones Exteriores, Luis A. Argaña en Justicia, Culto e Instrucción Pública, Luis P. Frescura en Hacienda, Ramón L. Paredes en Interior y Juan B. Ayala en Guerra y Marina (Defensa Nacional). Días después Francisco Rolón fue convocado a ocupar la cartera de Agricultura y Gerardo Buongermini la de Salud Pública. Durante los dos años del gobierno de Paiva dirigieron también la secretaría de Relaciones Luis A. Argaña y Elías Ayala, la de Instrucción Pública Justo Prieto y Juan Francisco Recalde, la de Hacienda Enrique Bordenave y Justo P. Benítez y la de Economía José A. Bozzano y Andrés Barbero. A Paredes sucedió en interior Arturo Bray y a éste Higinio Morínigo. El ministerio de Guerra y Marina lo ocuparon también Nicolás Delgado y José A. Bozzano.)

El TCnel. RAMÓN L. PAREDES se convirtió en censor del denominado "GABINETE UNIVERSITARIO", y a través suyo hacía sentir su peso la División de Caballería, estratégicamente colocada en Campo Grande. No podría ya Paiva zafarse de la preeminencia militar heredada de su antecesor. Sus actos de gobierno, a pesar del acuerdo suscripto con el Ejército y la Armada, estuvieron en buena medida sujetos a la voluntad de Pare-des y Sosa Valdez. A pesar de ello, pudo Paiva imponer alguna autoridad y restablecer el orden constitucional que, como ex-profesor de Derecho Constitucional, significó su mayor preocupación.
Para el PARTIDO LIBERAL, cuyos dirigentes regresaron en masa del mismo exilio hacia el que ahora partían los adeptos al defenestrado gobierno, las cosas mejoraron ostensiblemente, aunque ya no recobraría el predicamento de que gozaba antes de febrero de 1936. Restaurado el equilibrio de poderes, el Legislativo volvió a integrarse en ambas Cámaras con participación exclusivamente liberal. El PARTIDO COLORADO, que inicialmente decidió concurrir a las elecciones, dio marcha atrás cuando su Convención fue atropellada por la policía. Adujo, en consecuencia, falta de garantías.
El GOBIERNO DE PAIVA debió hacer frente, a poco de su instalación, a una primera intentona cívico-militar por restablecer la situación pre-existente. El 7 DE SEPTIEMBRE DE 1937, en horas de la noche, tropas al mando del mayor JUAN MARTINCICH ocuparon la Jefatura de Policía a cargo del TCnel. ALFREDO RAMOS, haciéndose fuertes en sitios aledaños. El movimiento franquista fue sofocado horas más tarde con el concurso de la Caballería que SOSA VALDEZ, luego de vencer algunas dificultades internas, volcó sobre las calles de Asunción.
Dos semanas después fue hallado muerto, en aguas del río Paraguay, el estudiante FÉLIX H. AGÜERO, de filiación comunista. Días antes había sido sacado violentamente de la Central de Policía, sin autorización del TCnel. Ramos, por orden de la Caballería. El caso nunca fue del todo esclarecido, pero provocó la renuncia de Ramos y su reemplazo por el de igual grado ARTURO BRAY.

ARTURO BRAY: JEFE DE POLICÍA DE LA CAPITAL
Era el TCnel. ARTURO BRAY -y lo sería mucho más después- una de las plumas selectas de la literatura paraguaya. Hijo de un inmigrante inglés, combatió en la guerra europea por su segunda patria y regresó a su término para incorporarse al Ejército paraguayo. Aborrecía a Alemania en su despotismo y en su obediencia hacia el amo de turno, pero coincidía con la doctrina nazista en cuanto hacía a los judíos. Ferviente antisemita, nunca ocultó su antipatía por todo lo hebreo, que juzgaba despectivamente. Para Bray, detrás de un comunista había un judío, y detrás de un expoliador o un usurero, un antepasado semita.. La lista de por sí importante de judíos militantes de izquierda, sería ampliada por Bray con un criterio racial antes que político. Los hechos sangrientos del 23 de octubre de 1931, a consecuencia de los cuales fuera nombrado Jefe de Plaza de Asunción y virtual comandante del Ejército paraguayo, también tuvieron, en la mira de Bray, un acento judío-comunista. Del mismo modo, no conocía él la apropiación indebida de riquezas más que aquélla realizada por israelitas. (Según Bray, Manuel Kalish era, por ejemplo, un agente soviético en 1931. "A la Legación del Brasil -afirma en sus memorias- le constaba que el referido judío ruso Kalish recibió en determinada ocasión la suma de diez mil dólares de procedencia soviética, según un memorándum de dicha Legación, obrante en mi archivo". (5) Bray no arrima, desde luego, ninguna prueba sobre la autenticidad de la información. Asimismo, era para Bray "La industrial Paraguaya" una empresa "negrera", opinión casi coincidente en el Paraguay de la época. Correspondía entonces alguna injerencia judía en ella. Para Bray, por tanto, al frente "oficiaba el judío anglo-argentino Federico Thomas", quien, según nuestro autor, no contribuyó a la defensa del Chaco. "Si acaso lo hizo, dice Bray, el proverbial desinterés hebraico le habrá impedido darlo a publicidad, por excusables de recatada modestia, propia de los de sangre y raza circuncisa" (6). Otro caso: Durante el gobierno de Franco se procedió a la venta de una importante partida de armamentos, en cuya negociación intervino el ciudadano belga Erich Thorwald. Bray, que censura aquella operación, añade que Thorwald era "judío de origen y oficio, por más señas". Y sugiere que la compra se hizo con una dosis de deshonestidad, explicada en estos términos: "Es que los hijos de Israel suelen ser tan, pero tan insinuantes, cuando se trata de guarnecer sus bolsillos" (7). Abundan parecidos comentarlos que delatan el anti-semitismo del jefe de policía del gobierno de Félix Paiva.)
La muerte del estudiante Agüero y la precaria seguridad del gobierno hicieron que los ojos de éste se volvieran hacia Arturo Bray, que acababa de regresar de su exilio argentino. El 23 de setiembre el TCnel. Bray se hizo cargo de la policía, comprometiéndose a devolver la tranquilidad pública. El día 28 implantó el toque de queda en la capital a partir de las 24 horas. "Después de la hora citada, decía la resolución, el personal de vigilancia dará la voz de 'alto' a todo transeúnte o vehículo, con instrucciones de hacer fuego después de la segunda intimidación, si el 'alto' no es obedecido". El 2 de noviembre de 1937 Bray fue designado nuevamente Jefe de Plaza de Asunción, para hacer frente a posibles repercusiones de una sublevación militar que estalló en la víspera en Concepción. De manera inconsulta, dictó un bando policial que contemplaba el fusilamiento, "sin otro requisito que la presencia de un oficial del Ejército o la Armada", de toda persona que atentare contra las Fuerzas Armadas o la Policía o que realizare actos hostiles contra cuarteles y comisarías. (4)
Las drásticas medidas no llegaron a materializarse, pero Bray inició una deportación progresiva de opositores, de preferencia franquistas y comunistas. A éstos acompañaron también varios judíos. El caso más sonado afectó a los hermanos Pascual, Luis, Abraham y Mauricio Schvartzman, que habían llegado al Paraguay hacía un cuarto de siglo. En octubre de 1937 fueron expulsados a Clorinda, acusados de "comunistas". La información resultó fraguada, pero el daño estaba hecho. (" Refiere Gregorio Schvartzman, hermano de los afectados, que su familia nada tenía de comunista. "Jamás, dijo, nadie de nosotros tuvo algo que ver con la política de ningún país y menos, mil veces menos, de simpatizar con Rusia o algún comunismo". Según éste, todo se debió a la intriga de un supuesto amigo y al antisemitismo del TCnel. Bray. Gregorio narra haber obtenido inclusive una entrevista con el presidente Paiva, "un profesor muy conocido y persona muy correcta", quien prometió ocuparse del caso. Una semana después, Paiva hizo decir a Schvartzman que el caso estaba en manos de Bray y que nada podía hacer por sus hermanos. La cuestión cambió de curso cuando falleció el padre de éstos, el 18 de febrero de 1938, y tres de los hermanos regresaron. (8) Según Luis Chase Sosa, que fue uno de los mejores amigos de Bray, Mauricio Schvartzman "fue deportado de Asunción a raíz de una confidencial información del entonces Agregado Militar Argentino TCnel. Gregorio Tauber, quien cumpliendo instrucciones de Buenos Aires informó que el señor Schvartzman pertenecía a una importante célula del comunismo internacional". Según Chase Sosa, eminentes liberales y colorados como Gerónimo Riart, Eladio Velázquez, Manuel Giménez, César Vasconsellos, Leandro P. Prieto y Juan Manuel Frutos se ocuparon del caso, una vez que quedó demostrado que la Información de Tauber no se compadecía con la verdad. (9))
Bray continuó en el cargo hasta finales de octubre de 1938, en que Paiva le ofreció la cartera del Interior, la que ocupó por dos meses y medio, dimitiendo el 16 de enero de 1939. En ese tiempo, el coronel ARTURO BRAY debió enfrentar una creciente oposición estudiantil, alentada, desde afuera y adentro por el franquismo. Controló con rigor las actividades del Partido Colorado y censuró personalmente sus precarios medios de difusión. Poco antes de abandonar el Ministerio del Interior, alentó a un grupo de diputados liberales a presentar un proyecto de prohibición de inmigración semita, la que combatía denodadamente. Bray concluiría su vida pública como representante diplomático del general Higinio Morínigo ante el gobierno español de Francisco Franco, el año 1941.


CITAS
CAPITULO V
1) "Acta juramentada de los SS.JJ. y 00. que emprenden la revolución inspirados en un sano patriotismo e interpretando el sentimiento unánime del Ejército y Marina". Copia, archivo del autor.
2) Acta de aceptación de la presidencia provisional. Original, archivo Félix Paiva Alcorta.
3) "La Hora", Año 11, N° 349, 15 de agosto de 1937, p. 3.
4) Seiferheld, Alfredo M., "Estigarribia". Veinte años de política paraguaya, Editorial Laurel, Asunción, 1982, pp. 132 y 241/42.
5) Bray, Arturo, opus cit., vol. II, p. 37.
6) Idem, p. 135.
7) Idem, p. 56.
8) Schvartzman, Gregorio, "Reb Jaim". Historia de una familia, mecanograf. Asunción, 1980, pp. 103/14.
9) Luis Chase Sosa, a Atilio J. Benítez, carta personal, Buenos Aires, 30 de setiembre de 1979.
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Fuente:
NAZISMO Y FASCISMO EN EL PARAGUAY
VÍSPERAS DE LA II GUERRA MUNDIAL
GOBIERNOS DE RAFAEL FRANCO Y FÉLIX PAIVA
(1936/1939)
por
ALFREDO M. SEIFERHELD
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
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Revisión técnica: Alfredo Seiferheld
Tapa: Jorge González Saborino
Editorial Histórica.
Asunción-Paraguay 1985
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