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martes, 24 de noviembre de 2009

EFRAÍM CARDOZO - BREVE HISTORIA DEL PARAGUAY / TERRITORIO, CULTURAS PRIMITIVAS, DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA

BREVE HISTORIA
DEL PARAGUAY

Autor:
EFRAÍM CARDOZO
Editorial Servilibro,
Dirección Editorial:
VIDALIA SÁNCHEZ
Asunción-Paraguay, 2007. 177 pp.


ÍNDICE
I. El territorio
II. Las culturas primitivas
III. Descubrimiento y conquista
IV. Las grandes fundaciones
V. Hernandarias
VI. Jesuitas y "bandeirantes"
VII. La Revolución de los "comuneros"
VIII. Las fronteras con el Brasil
IX. La cultura durante la Colonia
X. La historiografía colonial
XI. La Revolución de la Independencia
XII. La junta Gubernativa
XIII. El Primer Consulado
XIV. La Dictadura
XV. El Segundo Consulado
XVI. Presidencia de Carlos Antonio López
XVII. La guerra contra la Triple Alianza
XVIII. La Constitución Liberal
XIX. La cultura antes de la Guerra del Chaco
XX. La Guerra del Chaco
XXI. Eclipse de la democracia liberal
XXII. La cultura contemporánea
XXIII. La enseñanza
Bibliografía principal
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** La historia romántica y dramática del Paraguay de la conquista de la Sierra de la Plata, de la fundación de las grandes ciudades, de la Provincia Gigante de Indias, de las Misiones jesuíticas, de los bandeirantes, de la Revolución de los Comuneros, de la dictadura del doctor Francia, de la guerra contra la Triple Alianza, del ensayo democrático de la Constitución de 1870, de la Guerra del Chaco y de muchos otros episodios de los esfuerzos de su pueblo para afirmar su personalidad en el mundo, cobran vida en estas páginas. El autor ha sintetizado la historia política, social, económica y cultural del Paraguay, desperdigada hoy en una vasta bibliografía, agotada en su mayor parte. Realiza, así, una importante contribución para el mejor conocimiento de la realidad del pasado y presente de América.
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I. EL TERRITORIO
** EL Río PARAGUAY. El río Paraguay es el eje de la historia del país que lleva su nombre. Fue principalmente en sus orillas donde se fundó, estableció y perduró la civilización paraguaya. Integra el gran sistema fluvial conocido con el nombre del Río de la Plata, por el cual sus aguas desembocan en el océano Atlántico. Aunque en sus orígenes la provincia del Paraguay abarcó mucho más que esta vasta cuenca -tanto que le valió el titulo de Provincia Gigante de las Indias- finalmente quedó reducida a las tierras bañadas por el curso inferior del río epónimo, el Paraná al Oriente y el Pilcomayo al Occidente. El río Paraguay, navegable en toda su extensión y en cualquier época del año, es el medio de comunicación natural con el mundo que rescata al Paraguay de su condición mediterránea. Y es también el tajo que escinde las tierras paraguayas en dos mundos físicos de dualidad desconcertante: la Región Oriental y el Chaco. La historia del Paraguay no se puede comprender sin desentrañar el significado de la carga tremenda que representó para muchas generaciones la coexistencia de esas dos realidades geográficas antagónicas, situadas frente a frente, río de por medio. El río Paraguay tuvo que ser el centro y no el término de la vida paraguaya.
** LA REGIÓN ORIENTAL. La mesopotamia entre los ríos Paraguay y Paraná fue elegida por los españoles como asiento principal de la conquista y colonización. Tierras fértiles, aptas para la agricultura y la ganadería, abundantemente irrigadas por una telaraña de ríos y arroyos, consteladas de bosques ricos en maderas y yerbales, colinas y serranías de no muy grande altura, y llanuras no muy dilatadas, con clima sano de alternados calores y fríos, lluvias regulares y vientos moderados, reúnen las condiciones necesarias para la permanente habitación humana. Por eso, aunque en su seno no fueron hallados metales preciosos, motivo importante de la venida de los conquistado-res, estos las eligieron para su radicación definitiva, principalmente en la ciudad de Asunción, a orillas del río Paraguay, frente al Chaco.
** EL CHACO. Así como la Región Oriental es la prolongación de la meseta brasileña que viene desde el Amazonas, sin su clima tórrido, el Chaco es la continuación de las pampas del Sud, sin sus fríos. Es violento el contraste entre ambas zonas. Por un lado, la pradera boscosa y ondulada, propicia a la vida, abundante en aguas y víveres. En la otra margen del río, una tierra casi completamente horizontal, sin ríos ni arroyos navegables, de vegetación achaparrada que poco o nada protege contra la inclemencia del sol y donde la vida orgánica es penosa y de escaso alcance. El paraguayo primitivo no lo escogió como hábitat, pero no pudo jamás prescindir del Chaco que se alzaba frente a él en perpetua y mortal amenaza, como asiento de las tribus indígenas más feroces de la América española. Y mucho tiempo después de haber sido sometidos sus habitantes e incorporado el Chaco a la civilización, el Paraguay debió empeñar una guerra internacional para no perder una soberanía con tantos sacrificios alcanzada.
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II. LAS CULTURAS PRIMITIVAS
** Los GUARANÍES.
La Región Oriental estaba principalmente habitada por indios guaraníes, que desempeñaron un papel fundamental en la formación de la nacionalidad paraguaya, por su estrecha alianza con los españoles. Agricultores, sedentarios, no estaban organizados en un solo cuerpo político, pero integraron una vasta comunidad cultural que se extendía discontinuamente por casi todo el territorio sudamericano, desde las Antillas hasta el Río de la Plata, entre los primeros contrafuertes andinos y las costas del Atlántico, y en el interior a lo largo de los grandes ríos y de las vías terrestres de comunicación. Su principal afán fue la guerra. La cualidad más apreciada era la valentía. Practicaban la antropofagia ritual como un modo de heredar las cualidades heroicas del enemigo vencido. Su religión era sumamente espiritualizada. Carecían de ídolos, pero vivían en un mundo mágico, en el que resaltaba a cada momento lo sobrenatural y la intervención de sortilegios y maleficios. Los bosques y las aguas estaban poblados de personajes míticos, muchos de ellos sin formas. Sus creencias sobre el origen y fin del universo, la aparición del hombre, la creación del fuego y el lenguaje, la implantación de la agricultura, se traducían en ricas cosmogonías y mitologías de gran valor poético. No había casta sacerdotal, pues el payé no fue el intérprete de la religión, sino el poseedor de poderes sobre los espíritus. La cultura material era muy incipiente. Poseían avezados conocimientos botánicos y zoológicos. En medicina e higiene estaban sorprendentemente avanzados. Su gran patrimonio cultural era la lengua, de la que estaban orgullosos. De ella escribió el padre Lozano en 1754: "Esta lengua es sin controversia de las más copiosas y elegantes que reconoce el orbe". El padre Peramás dijo en 1793: "El guaraní nada tiene que envidiar al griego o latín en artificio y elegancia". Y D'Orbigny estampó en 1836: "Si los hechos no probaran que la nación que la habla, jamás ha estado reunida en cuerpo aunque ocupe superficie inmensa, se creería que esta lengua ha sido el producto de las maduras reflexiones de una civilización adelantada y de un espíritu de análisis verdaderamente extraordinario". Es admirable la estructura del idioma. Sirve para expresar cosas, sentimientos e ideas, aun aquellos desconocidos en la cultura guaraní, y lo hace con claridad, lógica y precisión. Fue el francés de la antigüedad americana, la "lengua general", mediante la cual se entendían todas las tribus cuyos dialectos eran intraducibles entre sí, y el principal instrumento de penetración de conquistadores y misioneros en el heterogéneo y complicado mundo étnico americano.
** Los CUAYCURÚES. En los primeros tiempos de la conquista y colonización, los pobladores del Chaco fueron conocidos genéricamente como guaycurúes, si bien pertenecían a diversas familias de muy distintas procedencias. Zona de refugio de tribus muy primitivas, provenientes de las pampas, del Amazonas y hasta de los Andes, el Chaco constituía un laberinto étnico. Las condiciones extremadamente duras de la vida material aguzaron en sus habitantes el instinto bélico. La posesión de las escasas aguadas, el robo de reses o mujeres, vengan-zas entre familias o motivos religiosos, originaban interminables guerras. No eran sedentarios, ni se dedicaban a la agricultura, pero apetecían sus frutos, y de allí sus depredadoras correrías hasta los sembradíos del otro lado del río Paraguay. Eran cazadores y pescadores. Sabían sacar provecho de la rala vegetación. Los costeros, en particular los payaguaes, eran extraordinarios navegantes en sus embarcaciones de una sola pieza que llevaban hasta dieciséis pasajeros. También, desde que conocieron el caballo, se convirtieron en grandes jinetes. En los últimos tiempos de la colonia, los mbayaes cruzaron el río y se establecieron entre los ríos Jejuí y Apa. La actitud de los indios chaqueños ante los españoles y sus descendientes fue, como lo había sido con los guaraníes, de guerra viva y constante.
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III. DESCUBRIMIENTO Y CONQUISTA
** ALEJO GARCÍA.
El descubridor del Paraguay fue Alejo García, náufrago de la expedición de Solís, quien partiendo de la costa del Brasil cruzó las actuales tierras paraguayas hacia 1525, en su expedición en busca de la fabulosa Sierra de la Plata, que no era sino el Perú de los Incas. Llegó hasta el Alto Perú, regresó cargado de metales y fue muerto por los indígenas a orillas del río Paraguay. Con el mismo objetivo, el navegante Sebastián Gaboto se desvió en 1528 de su ruta hacia las Islas Molucas, y remontando el Río de la Plata y el Paraná, fue el primero en navegar en barcos europeos el río Paraguay. Tanto García como Gaboto fracasaron en su intento de conquistar la tierra a sangre y fuego, pues encontraron la fiera resistencia de los guaraníes, "más fáciles de persuadir que de someter".
** LA EXPEDICIÓN DE MENDOZA. Mejor suerte tuvo la gran expedición del adelantado don Pedro de Mendoza. Una Armada "digna del César", integrada por gente de calidad, fue despachada bajo su mando en 1535 con el doble designio de ganar a los portugueses en la conquista de las tierras ricas y de defender la Línea de Tordesillas que separaba ambas jurisdicciones. Establecido el puerto y fuerte de Buenos Aires en 1536, en la boca del Río de la Plata, Mendoza destacó a su lugarteniente Juan de Ayolas en busca de la Sierra de la Plata. Ayolas, a su paso por Lambaré, empeñó batalla con los indios del lugar y, hechas las paces, prometió fundar un pueblo a su regreso. Fundó mucho más al Norte el puerto de Candelaria, dejó como lugarteniente a Domingo Martínez de Irala, y se internó en el Chaco, rumbo al Perú. Nunca regresó. Mientras tanto, el adelantado Mendoza, gravemente enfermo, abandonó Buenos Aires, dejando el poder a Ayolas o a su lugarteniente. Murió en medio del océano.
** DOMINGO DE IRALA. Muerto Mendoza y comprobada la desaparición de Ayolas, quedó dueño de la escena el capitán Domingo Martínez de Irala, nacido en Vergara hacia 1500. No era hombre de armas sino de escribanía, pero por su habilidad política pronto se sobrepuso a los brillantes y linajudos cabos de la maltrecha armada, duramente escarmentada por el hambre y la guerra indígena en su asiento de Buenos Aires. A él se debió la idea de abandonar el inhospitalario Sur y de elegir las tierras del Paraguay como base de la conquista, para lo cual era necesario pactar alianza con sus habitantes, los indios carios, y dejar asentada entre ellos una población permanente.
** FUNDACIÓN DE ASUNCIÓN. Desarrollando estos planes, el capitán Juan de Salazar, después de escuchar a los principales caciques, fundó el 15 de agosto de 1537 el Puerto y Casa Fuerte de Nuestra Señora de la Asunción, en la orilla oriental del río Paraguay, para que sirviera de "amparo y reparo de la Conquista". Los carios, parcialidad de la nación guaraní, también anhelaban conquistar el Perú, hacia donde habían transmigrado muchos de ellos, en sucesivas oleadas, antes de la aparición de los españoles. Para alcanzar tal meta, hasta entonces esquiva, así como para la guerra contra sus enemigos chaqueños, con el poderoso concurso español, aceptaron la alianza que les ofreció Irala. Entregaron sus hijas, según era costumbre, en prenda de amistad y proveyeron víveres y auxiliares guerreros. Esta alianza, pactada en el lecho de amor, iba a ser el cimiento de la nueva comunidad. Ya asegurada la estabilidad del centro de la conquista, Irala ordenó la despoblación de Buenos Aires y la concentración de los conquistadores en Asunción, que el 12 de setiembre de 1541 se transformó solemnemente en ciudad mediante la erección del primer Cabildo.
** CABEZA DE VACA. Se disponían los españoles a emprender, con renovados bríos, la conquista de la Sierra de la Plata, cuando apareció el nuevo adelantado Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Designado en 1540 y precedido de la fama de sus hazañas en la Florida, América del Norte, llegó a Asunción dos años después, siguiendo la misma ruta de Alejo García desde la costa del Brasil. Intentó también la búsqueda de las tierras ricas, empresa en que fracasó. Este revés y sus pujos autoritarios le concitaron la enemistad de muchos conquistadores, que lo depusieron el 15 de abril de 1544 al grito de "¡Libertad! ¡Libertad!", bajo la acusación de que pretendía hacerse rey de la tierra. Entró entonces en aplicación la famosa Real Provisión del 12 de setiembre de 1537, que autorizaba a los conquistadores y habitantes del Río de la Plata a elegir gobernador en caso de vacancia. Irala fue ungido por el voto popular y el destituido adelantado enviado a España, cargado de cadenas, en una nave que llevaba el retador nombre de Comuneros. Así se apellidó uno de los bandos en que, desde entonces, se dividió la colectividad paraguaya. Lo integraron quienes, inspirándose en los comuneros castellanos inmolados en Villalar por Carlos V, sostenían el derecho de mantener las libertades y franquías del pueblo, aun contra los privilegios de la Corona. El otro sector, titulado de los 'leales", pretendía fundar en la autoridad absoluta la conservación de la sociedad. Los indios carios libres se plegaron a los primeros, en tanto que las naciones aborígenes sometidas apoyaron a los otros. La división entre "comuneros" y "leales" persistió durante toda la edad colonial.
** FRUSTRACIÓN Y ANARQUÍA. El gobierno de Irala, para acallar las turbulencias políticas, se embarcó nuevamente en planes de conquista. En 1547, en lucha contra las privaciones y los indios, Irala y sus soldados llegaron a las primeras cordilleras andinas, y allí supieron que las tan anheladas tierras de los metales ya habían sido ocupadas por los españoles de Pizarro. El descontento estalló en el melancólico regreso. Irala fue depuesto en el camino, al tiempo que en Asunción los 'leales" decapitaban al lugarteniente don Francisco de Mendoza. Alarmados los expedicionarios, repusieron a Irala, quien logró, no sin rudos esfuerzos, restablecer su autoridad en Asunción. Fracasado el motivo principal de la venida de los españoles -la conquista de las minas-hubo conatos de desamparar la tierra, pero se impuso la voluntad mayoritaria de arraigar en ese rincón del continente, lejos del mar y del control de la Corona, atraídos los conquistadores por las libertades de que gozaban, la vida facilitada por la alianza con los guaraníes, la desenfrenada poligamia y el ejercicio incansable de la vocación política que les llevaba a incesantes luchas por el poder.
** POBLACIÓN DEL GUAYRÁ. Las contiendas políticas amainaron cuando en 1553 los principales opositores, para salvar sus vidas después de fracasada una conspiración, debieron recibir en matrimonio a hijas de Irala habidas de indias. Otros fueron a poblar en el Guayrá la villa de Ontiveros. Restablecida la paz, Irala planeó abrir las "puertas de la tierra" mediante fundaciones en su periferia, sobre todo en la boca del Río de la Plata y en la costa del Brasil, cuando le llegó de España, al par de la confirmación real de su título de gobernador, la prohibición de nuevas conquistas. También arribaron los restos de la armada de Juan de Sanabria, designado adelantado en 1547, y muerto, así como su sucesor Diego de Sanabria, sin poder hacerse cargo de la gobernación.
** EL PRIMER OBISPO. En 1547 fue instituido el Obispado de Asunción, pero fray Juan de Barrios, el primer obispo, nunca llegó al Paraguay. Pudo hacerlo su sucesor, fray Pedro Fernández de la Torre. Arribó en las postrimerías del gobierno de Irala y, desde el púlpito, se dedicó a inflamar de nuevo las ya decaídas ilusiones de los conquistadores, predicando la "entrada" hasta el río Amazonas, donde ubicaba las inaprehensibles tierras del Dorado. Mientras tanto, Cabeza de Vaca publicaba en España sus Comentarios (1555), con que se inauguró la bibliografía histórica del Paraguay. Pero el depuesto adelantado no obtuvo la reparación que solicitó de la Corona. Esta, contrariamente, le condenó a presidio y homologó la designación de Irala, su triunfante rival en la revolución de 1544. Una vez más, la Corona, sin advertir los alcances de sus medidas, afianzaba la posición de los "comuneros" del Paraguay.
** MUERTE DE IRALA. Irala falleció de muerte natural el 3 de octubre de 1556. Fue el principal caudillo de la conquista y, en cierto modo, el fundador del Paraguay. A sus particulares dotes se debió que la colonia no se dispersara a los golpes de la anarquía y de la frustración del sueño de la Sierra de la Plata. Su memoria perduró por mucho tiempo. En 1602, el Cabildo aseguró al Rey que españoles y naturales le seguían llorando. En 1793, el capitán Juan Francisco Aguirre testificó que su nombre era el único recordado con aprecio. Con la desaparición de Irala, se cierra el ciclo de la conquista y comienza el de la colonización.

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