Recomendados

sábado, 31 de julio de 2010

JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI - LA ECONOMIA COLONIAL / Edición digital : BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY.



LA ECONOMIA COLONIAL
Autor: JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
COLECCIÓN:
Tratado de Historia Económica del Paraguay.
© Juan Bautista Rivarola Paoli
Edición al cuidado del autor
Diseño gráfico de tapa:
Jorge González Saborido
Se acabó de imprimir el 12 de abril de 1986
en los Talleres gráficos de Editora Litocolor
Versión digital:


HIPERVINCULOS

PRIMERA PARTE
Capítulos I al III (419 Kb.)
Capítulos IV al VI (604 Kb.)

SEGUNDA PARTE
Capítulos I al II (681 Kb.)
Capítulos III al IV (594 Kb.)
.
CONTENIDO DEL LIBRO
INTRODUCCION
.

PRIMERA PARTE
CAPITULO I

La etapa de la Conquista
El descubrimiento.
Los Adelantados.
La conquista de la Provincia.
El país del hambre.
Fundación de la Ciudad de la Asunción.
Los primeros trueques.
La llegada de las primeras mercaderías
Creación de monedas.
La ilusión del oro.
La Cédula Real del 12 de setiembre de 1537
La noche de San Marcos.
Segundo gobierno de Irala
La transculturación en el siglo XVI

CAPITULO II
Las Instituciones de Derecho Público
Los órganos de gobierno en España.
La Casa de Contratación de Sevilla.
El Consejo Real y Supremo de las Indias
El régimen de las Capitulaciones Las Ordenanzas de población
Los Adelantados en d Nuevo Mundo
Las Audiencias
Los Virreyes y los Capitanes Generales
Los Virreyes y la Real Hacienda
El Virrey y la Audiencia
Los Virreyes y el Regio Patronato Indiano
Otros Funcionarios del Estado Español
a) Los Gobernadores
b) Los Alcaldes Mayores y Corregidores
c) Los Corregidores de pueblos de Indios
El Régimen Municipal
Los Cabildos de Asunción

CAPITULO III
Los Oficios Consejiles y la organización fiscal
La venta de los Oficios Consejiles
Los sueldos de los Funcionarios.
Los oficios de los primeros decenios de la Conquista
La organización fiscal: los Oficiales Reales.
Loe diferentes títulos otorgados

CAPITULO IV
La expansión fundadora
El Adelantado Juan Ortiz de Zárate.
Fundación de ciudades
Incorporación al Virreinato del Perú
Fundación de la Segunda Buenos Aires
Los Franciscanos en el Paraguay

CAPITULO V
La primera mercadería americana: el eslavo aborigen
El "Parayso de Mahoma"
Las "Indias Moneda"
Fundación de San Vicente
Los españoles en el Guairá
El estancamiento de la Conquista en el Paraguay
Sistema de pesas y medidas
La población del Paraguay en 1600
El monopolio comercial.
La permisión de 1602
Comercio del Paraguay con Sevilla
La aduana seca de Córdoba.

CAPITULO VI
Las Misiones Jesuíticas
Llegada de los jesuitas al Brasil. Fundación de San Paulo
Los comienzos
Orígenes de las Misiones Jesuíticas en el Paraguay
Las leyes aplicadas en las Reducciones
El sistema productivo de las Misiones Jesuíticas
La era de los Borbones y la actuación de los Jesuitas
La Cédula Grande de 1743
Los tributos de los indios a las Reducciones
El comercio ilegal
Jesuitas y Encomenderos
Ataques de los Vicentinos a las Reducciones españolas del Guairá. La versión brasileña de los sucesos.
Similar ataque de las Reducciones del Tape y Uruguay
Los jesuitas y la esclavitud de los indígenas al sur de Brasil
Los primeros ataques de los Mamelucos Paulistas
Cronología de los sucesos provocados por los portugueses
La cuestión de límites con Portugal
La población de las Misiones Guaraníes entre l702 – 1767

SEGUNDA PARTE
LA ETAPA DE LA COLONIZACION
CAPITULO I
Los Gobiernos de Hernandarias
El comercio portuario y el contrabando. La clausura de Buenos Aires
La España del siglo XVI. Decadencia de los Habsburgo y apogeo de Francia
Habsburgos y Borbones
La economía en la época de Felipe IV
Las desventuras económicas de la época de Carlos II
Sigue la pobreza de Asunción
División del Paraguay en dos gobiernos
Consecuencias económicas de la separación de Buenos Aires
El Obispo Fray Bernardino de Cárdenas
El transporte en el siglo XVII
Los navíos de registro.
El Paraguay a mediados del siglo XVII
Asentamiento en Villarrica

CAPITULO II
El sistema de las Encomiendas
Las leyes generales sobre Encomiendaa en Indias
Ordenanzas de Ramírez de Velasco
La población indígena en América
Las "Visitas," y las Encomiendas
Conflicto entre Encomenderos y Jesuitas
La relación de Encomiendas del Gobernador Felipe Rexe Corvalán
Visita del Gobernador Felipe Rexe Corvalán
Diversas Encomiendas
Los indígenas exentos de Encomiendas
Los mancebos de la tierra
Las Ordenanzas de Alfaro y las Encomiendas
Estructuración jurídica de las Encomiendas
Servidumbre y esclavitud indígenas
La decadencia de las Encomiendas
Padrones de indígenas
Extinción de las Encomiendas.
Los mulatos y pardos
La trata de negros
Los asientos de negros
La venta de esclavos

CAPITULO III
Los bienes económicos
La ganadería
Las vaquerías
El porcino, carneros y cabras
Los inicios de la producción y comercio colonial
El azúcar
El algodón
Las Indias tejedoras. "Los Obrajes"
Las industrias
Los orígenes de la yerba
Milicias y beneficiadores de yerba
Cultivo del café y cacao
El lino y d cáñamo
La sal

CAPITULO IV
El Puerto Preciso de Santa Fe

NOTAS
BIBLIOGRAFÍA

.
INTRODUCCION


** Al elaborar un estudio sistematizado de la Historia Económica Colonial – prescindiendo de algunos hechos suficientemente repetidos por historiadores que nos han antecedido, – creemos haber cumplido con el objetivo propuesto. Para ello, hemos recorrido en primer lugar, la fuente documental, realizando una intensa, persistente y tenaz investigación cuyos frutos se recogen en las páginas de este libro. Millares de folios han sido compulsados pero debido a lo extenso y costoso del emprendimiento, hemos tenido que resignarnos al recurso de la cita concisa y al comentario breve.
** En lo fundamental, participamos de la frase que Lewis Hanke se complace en citar atribuida al historiador sueco Severker Arnoldsson, según el cual: "Los problemas económicos, sociales y raciales que surgieron durante la conquista del Nuevo Mundo persisten todavía. La conquista, por tanto, es en el sentido amplio, un pasado con vida".
** En otras palabras "Las bases económicas y políticas que se echaron en siglos ya remotos, de acuerdo con los principios de gobierno imperantes en España y en el mundo para la época de la colonización de las Indias Occidentales, constituyen el origen de nuestra organización social y perduran aún en nuestras costumbres, a pesar de los cambios profundos ocurridos en la esencia de nuestras instituciones. Punto por punto podrían señalarse en las leyes y usos de antaño, los antecedentes precisos de prácticas actuales, consustanciadas de tal modo con nuestro carácter nacional que logran ejercer mayor impulso sobre nuestras acciones que todas las teorías modernas adquiridas en las aulas, en los libros, en la prensa y en el contacto frecuente con el mundo exterior".
** El sistema inicial de España para con el Nuevo Mundo, fue el régimen del Monopolio, mediante el cual los colonizadores se beneficiaban con el comercio de sus dominios. "Desde España debían partir las mercaderías y regresar a ella las naves cargadas con los productos intercambiados; solamente los nacidos en la península podían dedicarse al tráfico y nada más que sus barcos tocar en los puertos americanos; los diferentes dominios ni siquiera podían comerciar entre ellos salvo excepciones, expresa Sergio Villalobos R. Y prosigue: "Las manufacturas americanas fueron úchas ueces sacrificadas en beneficio de los metropolitanas y algunos cultivos prohibidos para asegurar el mercado a los productos españoles. El papel de América, según la doctrina mercantilista, era el de retribuir el comercio con metales preciosos y materias primas.
** "Pero la existencia del monopolio, para que éste se cumpliese adecuadamente, exigía una serie de factores sin los cuales el sistema sería una simple ilusión. Debía la metrópoli, en primer lugar, tener una flota mercante y de guerra poderosa a fin de asegurar La atención del comercio y su resguardo; poseer una industria desarrollada con que responder a las necesidades de los dominios; competir en un plano de igualdad o de superioridad en el comercio con otras potencias; mantener sus colonias aisladas de interferencias extrañas, etcétera. En el caso de España ninguna de estas condiciones se cumplió, y por eso el régimen establecido distó mucho de la realidad; su crisis tenía que producirse tarde o temprano".
** "Los barcos que se dirigían a las Indias, salían de Sevilla, adonde eran sometidos a estricto control. El sistema de flotas fue introducido en los años 40, esto es, medio siglo después de los viajes de Colón, como respuesta a la pérdida creciente de barcos en manos de piratas y corsarios, refiere el economista brasileño Celso Furtado. Y prosigue: "en 1548, durante la guerra con Francia, se estableció que solamente los barcos de más de 100 toneladas y en grupos de 10, podían partir para las indias. Cada flota era protegida por un barco de guerra, financiado por un impuesto cobrado a los comerciantes cuyas mercaderías estaban siendo transportadas. Finalmente en 1561 se estableció un régimen de las flotas anuales. Salían cada año dos flotas, una en Enero y otra en agosto, destinadas respectivamente a Tierra Firme y a Nueva España. La venta de mercaderías transportadas por las flotas también estaba sometida a control; una vez liberadas por las autoridades locales, las mercaderías eran ofrecidas en venta en un local preestablecido, dando lugar a las famosas FERIAS DE FLOTAS. Esa forma de organización del comercio permitió que se constituyese una clase comerciante local, que se abastecía directamente en las ferias anuales y pasaba a disfrutar de una situación de monopolio (u oligopolio) en la reventa de las mercaderías".
** Es oportuno recordar aquí, que la Real Cédula del 8 de setiembre de 1501, no fue derogada nunca en su espíritu. Para comerciar, como para trasladarse o establecerse en Indias, tanto nacionales como extranjeros necesitaban permisos especiales. Estos daban el rey o los oficiales de la Casa de Contratación, nos recuerda Diego Luis Molinari.
** Si se analizan los datos de ese comercio –continúa Furtado–, considerando los envíos de metales preciosos por personas privadas, y las importaciones de bienes provenientes de España, se constata que estas últimas cubrían apenas una fracción reducido de los mismos. Si se consideran medias para periodos prolongados, se ve que el valor de los envíos de metales preciosos que realizaba el sector privado, era cerca de cuatro veces mayor que el valor de las importaciones (7). Parece fuera de duda, por tanto, que el trabajo realizado en tierras de América tenía como principal objetivo crear un flujo de recursos a ser acumulado en España. El elevado saldo positivo de la balanza comercial, pone en evidencia que la clase de encomenderos se permitía ahorrar una parte substancial de su renta, parte esa transferencia para España.
** La Provincia del Paraguay, lejos se hallaba en las primeras décadas de asumir un rol protagónico de importancia vital para la consecución de tales objetivos, propios del régimen Mercantilista, cuya premisa fundamental era, de que el poder estaba dado por la riqueza, y ésta por los metales preciosos, y a su vez los metales preciosos dados por una balanza comercial superavitaria. Como veremos en el curso de este libro, al despejarse la ilusión del oro, España fijó sus miras en la mano de obra indígena. Sin embargo, ésta se redujo a la artesanía local y a la explotación de los ricos yerbales naturales, especialmente en las Misiones Jesuíticas, donde si se dio un sistema comercial de características netamente definidas como monopolísticas.
** De allí que Ricardo Levene haya expresado. "No es fácil pronunciar un juicio de conjunto sobre la España económica de los siglos XVI y XVII. Estamos aún entre los términos extremos de quienes proclaman su postración y de quienes afirman su prosperidad.
** "Puede aceptarse la demostración de que la prosperidad económica de España fue ostensible en el siglo XVI y sobre todo en la primera mitad.
** Por su parte Luis Roque Gondra afirma: "Inglaterra inició su colonización cuando empezaba su preponderancia mundial; España la suya cuando empezaba su decadencia". "El colono inglés emigró al nuevo mundo por motivos políticos y religiosos y llevó sus ahorros, sus costumbres políticas y sus hábitos de trabajo. El español, en cambio, fue de preferencia el aventurero, el hidalgo famélico en busca de fortuna fácil o de un cargo rentado en la administración colonial, señalados y saheridos por los más insignes escritores de la madre patria, o el burgués que buscaba destino en la covachuela u ocupación entre los mercaderes beneficiarios de un monopolio roído por el contrabando.".
** La colonización inglesa –dice Gondra–, fue accesoriamente una empresa de conquista y principalmente de colonización, de organización permanente del trabajo productivo. La española, por el contrario, fue principalmente empresa de conquista, «algo así como un capitalismo de Estado de tipo burocrático, y accesoriamente, obra de población y organización del trabajo".
** Puiggros por su parte expresa al respecto. "El abastecimiento de América estaba nominalmente en manos de unas cuantas familias de grandes de España a las cuales el monarca había entregado ese monopolio. Pero como no poseían industrias y carecían de inclinaciones comerciales, esas familias arrendaban sus derechos a fabricantes y comerciantes holandeses, franceses, portugueses, italianos, ingleses y flamencos, quienes resultaban ser, en definitiva, los verdaderos proveedores aunque sometidos al régimen mercantil impuesto por la Corona. El mercader extranjero que llevaba a Cádiz o Sevilla el producto destinado al Nuevo Mundo no podía venderlo directamente a ninguna de las poblaciones americanas. De esa manera quedaba un enorme beneficio en las arcas de los intermediarios y el precio de la mercancía puesta en su lugar de origen se multiplicaba infinidad de veces antes de llegar al consumidor de ultramar. La estructura político administrativa del imperio colonial español resguardaba con su coraza de hierro la intangibilidad de tales ganancias sagradas e inmerecidas".
** "El comercio libre o directo –prosigue Puiggros–, entre los países industriales y los consumidores americanos, significaba la ruina y desplazamiento de las familias españolas que se enriquecían con el monopolio. Existían en la península, por consiguiente, poderosos intereses que defendía el régimen del mercado cerrado, único y exclusivo. El comerciante que se apartaba de la norma caía dentro del calificativo de contrabandista o pirata".
** Visto el contexto global de las relaciones de la Madre Patria con sus Colonias,. es de advertir las contradicciones e implicaciones ideológicas que dejaron tres siglos de dominación. Así se ve el marcado carácter de sojuzgamiento del indígena sometido al encomendero, que se analiza bajo el sistema de las Encomiendas; la venalidad de los distintos gobernadores –salvo excepciones–; el enfrentamiento del hijo de la tierra, el mancebo frente a la poderosa organización jesuítica detentadora del cuasi monopolio del principal producto de exportación provincial: la yerba: la situación de dependencia tributaria proveniente de Sisas y Arbitrios injustamente cargados sobre el comercio provincial. Formuladas a grandes rasgos tales imposiciones, es fácil advertir el casi nulo desenvolvimiento de la Provincia del Paraguay, y sí la búsqueda de una frenética lucha por medios de subsistencia, que no dieron lugar a su extinción.
** Así, el Capítulo I, se ocupa de la Etapa de la Conquista, abordando someramente, aspectos relativos al Descubrimiento, la Conquista de la Provincia, Fundación de Asunción, los primeros trueques, la llegada de las primeras mercaderías, la creación de monedas, la ilusión del Oro, y el papel del Gobernador Domingo Martínez de Irala, en una rápida visión de las primeras décadas de desenvolvimiento social, político y económico de la Provincia del Paraguay.
** El Capitulo II, se ocupa de las Instituciones de Derecho Público, sin cuyo conocimiento, al lector poco familiarizado, le resultan de gran importancia para el conocimiento de los órganos y autoridades que regían tanto en la Madre Patria, como en la Provincia.
** El Capítulo III, contempla la situación de la Organización Fiscal y los Oficios Consejiles. Una importante novedad constituye el estudio de la percepción fiscal, a cargo de los Oficiales Reales que fueron cuatro funcionarios: el Tesorero, Contador, Factor y Veedor.
** El Capítulo IV, se ocupa de la expansión fundadora, la incorporación al Virreinato del Perú y la canalización de todas las actividades de la Provincia por la ruta que llevaba a esa Ciudad, y la fundación de Buenos Aires (1580), mediante la cual se completan y se enlazan las dos corrientes de la conquista.
** El Capítulo V, se ocupa del embrionario desarrollo del Paraguay Provincial, con la primera mercadería americana: el esclavo aborigen. Las "Indias Moneda", y el estancamiento del Paraguay alrededor de 1600, y el sistema restringido de las permisiones (1602).
** El Capítulo VI, se ocupa de las Misiones Jesuíticas, buscando las raíces económicas de su existencia hasta su expulsión.
** La Segunda Parte del libro, trata de la Etapa de la Colonización, del comercio portuario y el contrabando. La clausura de Buenos Aires al comercio interprovincial. De la España del Siglo XVI – Decadencia de los Habsburgos y apogeo de Francia, y las economías en la época de Felipe IV y Carlos II. La División del Paraguay en dos Gobiernos y sus consecuencias perniciosas para el comercio provincial. El Transporte y los Navíos de Registro.
** El Capitulo II, refiere el Sistema de las Encomiendas, las leyes generales sobre las mismas, las Ordenanzas y "Visitas", los conflictos entre encomenderos y jesuitas, la decadencia de las mismas, y la situación social de Mulatos y Pardos, la Trata de Negros y la venta de esclavos. El Capitulo III, se ocupa de los bienes Económicos, es decir a aquellos objetos o cosas cuyas cualidades tienen la capacidad de satisfacer necesidades. De ahí que se imponía el estudio de los medios satisfactores de los primitivos conquistadores: La Ganadería, el Caballar, las Vaquerías, gl porcino, Carneros y Cabras. En este mismo Capitulo hemos incluido, el inicio de la producción y comercio colonial integrados por el Azúcar, el Algodón, La Yerba, y otros productos. Establecidos con abundante documentación inédita las bases de sustentación de los primitivos habitantes de la Provincia, pueden trazarse pautas y formularse apreciaciones ciertas del contexto económico – social de la época colonial.
** Por último, en el Capítulo I V, se abordan las Sisas y Arbitrios, ese candado económico impuesto a la suerte de la Nación Paraguaya en el Puerto Preciso de Santa Fe, y que tanto perjuicio causara a su desenvolvimiento. Es de advertir, que en este primer volumen, no se agotan los diferentes temas que han sido estudiados en los tres siglos de vida. colonial. Sólo que por razones de espacio, y de método, hemos tenido que subdividir el mismo en diferentes tomos, que –Dios mediante–, saldrán a la luz de acuerdo a nuestras posibilidades.
** De allí, que no adelantaremos juicios definitivos sobre la Historia Económica Colonial, hasta examinar otros aspectos que fueron analizados, hasta ser publicados en su totalidad. Entonces, sí tendremos una plena conciencia global del proceso social de la colonia.
** Por último, vayan nuestros sinceros agradecimientos a aquellas personas e instituciones que han colaborado para el mejor éxito de esta obra.
EL AUTOR - Asunción, marzo de 1986.
.
BIBLIOGRAFIA

ABREU, Capistrano de. Nota á Historia Geral do Brasil, do Visconde de Porto seguro. 3ed. Sao Paulo: Integral, 1927. V1.
ACARETTE, Relación de un viaje al Río de la Plata y de allí por tierra al Perú, con observaciones sobre los habitantes, sean indios o españoles, las ciudades, el comercio, la fertilidad y las riquezas de esta parte de América 1672. traducción de Francisco Fernández Walace Alfer y Vays. Buenos Aires, 1943.
AGUIRRE, Juan Francisco de. Diario del Capitán de Fragata... Buenos Aires. En Revista de la Biblioteca Nacional. T. XVIII. 1949. Tomo I y II Primera y Segunda Partes.
AGUIRRE, Juan Francisco de. Discurso Histórico que comprende el descubrimiento, conquista y establecimiento de los Españoles en las provincias de la Nueva Vizcaya, generalmente conocidas por el nombre de Río de la Plata 1793. Buenos Aires: Espasa, Calpe, 1947.
ALBERDI, Juan Bautista. Escritos póstumos de J. B. Alberdi. Estudios Económicos. Buenos Aires: Imprenta Europea, 1895. Tomo I.
ALVAR NUÑEZ, Cabeza de Vaca, escribano HERNANDEZ, Pero. Naufragios y Comentarios. Madrid: Ed. Espasa-Calpe, 1944.
ALVARENGA CABALLERO, Pedro. Lorenzo Mbaya y la presencia no guaraní en la fundación de La Villa Real. Asunción: Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia, (Año:?). Vol. XXXIV
ALVAREZ, Juan. Historia de Rosario 1689-1939 . 1ª Reimpresión. Santa Fe de la Vera Cruz, República Argentina, Universidad Nacional del Litoral, 1981.
ALVAREZ, Juan. Monedas, Pesas y Medidas, en Historia de la Nación Argentina. Buenos Aires. 1940.
ALVAREZ, Juan. Temas de Historia Económica Argentina. Buenos Aires, 1929.
ANGELIS, Pedro de. Colecciones de obras y documentos relativos a la historia antigua y moderna de las provincias del Río de la Plata. 2ed. Buenos Aires, 1910. 5V.
ANGLES Y GORTARI, Mathías de. Los Jesuitas en el Paraguay. Asunción del Paraguay: Librería y Casa Editorial A. de Uribe y Cía., 1896. Reimpresa según la edición de 1769. (Biblioteca Paraguaya).
ANNAES DO MUSEU PAULISTA Y ANAIS DO MUSEU PAULISTA: Documentacâo espanhola, volumen 1. Sao Paulo, 1925: Documentos bandeirantes do Archio General de Indias em Sevilla, volumen V, Sao Paulo, 1931; Documentacâo espanhola do Arquivo de Sevilha, volumen XIII, Sao Paulo, 1949.
ARRELLAGA, Julia Velilla de. Paraguay. Un destino geopolítico. El Informe del Gobernador Fernando de Pinedo. Asunción, 1982.
ASTRAIN, Antonio. Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España. Madrid, 1913 - 20. 6V.
AZARA, Félix de. Descripción e historia del Paraguay y del Río de la Plata. Buenos Aires: Babel, 1945. 2V. 352 + 268pp.
AZARA, Félix de. Memoria sobre el estado rural del Río de la Plata y otros informes. Buenos Aires, 1943.
AZARA, Félix de. Viajes por la América Meridional. Madrid: Espasa-Calpe S.A., 1969. Colección Austral.
BAEZ, Cecilio. Historia Colonial del Paraguay y Río de la Plata. Asunción: Imprenta Zamphirópolos y Cía., 1926.
BAEZ, Cecilio. Resumen de la Historia del Paraguay desde la época de la conquista hasta el año 1880. Asunción: Talleres Nacionales de H. Kraus, 1910.
BALBIN, Valentín. Sistema de medidas y pesas de la República Argentina. Buenos Aires, 1881.
BENÍTEZ, Justo Pastor. Formación social del pueblo paraguayo. Asunción - Buenos Aires: América Sapucay, 1955.
BENITEZ, Justo Pastor. Los Comuneros del Paraguay 1640-1735. Asunción: Editorial Casa-Libro. Talleres Gráficos Emasa, 1976.
BERTONI, Moisés Santiago. Anales Científicos Paraguayos. Puerto Bertoni, Paraguay: Ex Sylvis, 1901.
BERTONI, Moisés Santiago. El Algodón y los Algodoneros desde los Puntos Botánico y Económico. Puerto Bertoni, Paraguay: Ex Sylvis, 1927.
BERTONI, Moisés. Prehistoria y protohistoria de los Países Guaraníes. Asunción: Sociedad Científica del Paraguay, 1913.
BOXER, Ch. Salvador de Sá and the Struggle for Brazil and Angola 1602-1686. Londres: The Athlone Press, 1952.
BRAY, Arturo. Hombres y Epocas del Paraguay. 4ed. Asunción: El Lector, 1983. 2V.
CANABRA, A.P. O Comercio portugués de Rio da Prata 1580-1640. Sao Paulo: Facultade de Filosofía Ciencias e Letras. Universidade de Sao Paulo, 1944.
CANGA ARGUELLES, José. Diccionario de Hacienda con aplicación a España. 1833 - 1834. 2T. 2ed. Madrid, España.
CARBIA, Rómulo de. Historia Eclesiástica y Fray Luis de Bolaños. Bs. As. V1.
CARDIEL, José S. J. Compendio de la Historia del Paraguay 1780. Estudio preliminar de José M. Mariluz Urjuijo. Buenos Aires: Fundación para la Educación, la ciencia y la cultura. 1984.
CARDOZO, Efraím. Apuntes de Historia Cultural del Paraguay. Asunción: Editorial Litocolor S.R.L., 1985. Biblioteca de Estudios Paraguayos. V11.
CARDOZO, Efraím. Breve Historia del Paraguay. Buenos Aires: EUDEBA Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1965.
CARDOZO, Efraím. El Paraguay Colonial. Las raíces de la nacionalidad. Asunción -Buenos Aires: Ediciones Nizza, 1959.
CARDOZO, Efraím. Historiografía Paraguaya. México: Instituto Panamericano de Geografía e Historia, 1979.
CARDOZO, Efraím. La Fundación de la Ciudad de Asunción en 1541. Buenos Aires: Anuario de Historia Argentina. V2.
CARTAS ANUAS de la Provincia del Paraguay, Chile y Tucumán, de la Compañía de Jesús 1609-37 introducción del P. Carlos Leonhardt. S. J. Buenos Aires, 1927-9. V1 V2.
CARTAS ANUAS de la Provincia del Paraguay. 1637-1639. Instituto de Investigaciones Ceohistóricas IIGHI, bajo la dirección de Ernesto J. A. Maeder. Buenos Aires, 1984.
CASTAÑEDA C.E. The Corregidor in Spanish colonial administration. 1929. V9.
CERVERA, Manuel María. Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe 1573-1853. Santa Fe, 1907. 2V. V1 V2.
CESPEDES DEL CASTILLO, Guillermo. La avería en el Comercio de Indias. Sevilla, 1945.
CHARLEVOIX, Pedro Francisco Javier de. Historia del Paraguay, traducida al castellano por el P. Pablo Hernández. Madrid: Librería General de Victoriano Suárez, 1910. V1.
CHAUNU, Pierre. Historia de América Latina. 8ed. Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires, setiembre de 1976.
CHAUNU, Pierre. Seville et L'Atlantique. París, 1959. 8V. V1.
CHAVES, Julio César. Descubrimiento y conquista del Río de la Plata y el Paraguay. Asunción: Nizza, 1965, 1986.
CHAVES, Osvaldo. La formación del pueblo paraguayo. Buenos Aires: Ediciones Amerindia, 1976.
COLMEIRO, Manuel. Historia de la economía política en España. Madrid, 1863. 2V. V1 V2.
COLMENARES, Germán. Historia económica y social de Colombia. 1537-1719. 3ed. Bogotá, Colombia: Ediciones Tercer Mundo, Agosto de 1983.
CONCOLOCORVO, Alonso Carrió de la Vandera. El Lazarillo de ciegos caminantes 1773. Lima: Biblioteca Peruana, 1974. 2V.
CORELIT, Oscar. Levantamientos de Masas en Perú y Bolivia. En Revista Latinoamericana de Sociología. Buenos Aires, 1970. V6. Nº. 1.
DEL TECHO, Nicolás S. J. Historia de la Provincia del Paraguay de la Compañía de Jesús. Versión del texto latino por M. Serrano y Sanz con prólogo de Blas Garay. Madrid, 1897. 5V.
DEMERSAY, A. Histoire physique, économique et politique du Paraguay et des établissements des Jesuites. París: Librairie de L. Hachete et Cie., 1860.
DIAZ DE GUZMAN, Ruy. Anales del Descubrimiento, Población y Conquista del Río de la Plata. Asunción: Comuneros. Edición al cuidado de Roberto Quevedo, 1980.
DOBLAS, Gonzalo de. Memoria sobre la Provincia de Misiones de Indios Guaraníes. Buenos Aires: Plus Ultra, 1970. Colección Pedro de Angelis.
DOCUMENTOS Históricos y geográficos relativos a la conquista y colonización rioplatense. Buenos Aires, 1941.
DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA ARGENTINA. Colonias Orientales del Río Paraguay o de la Plata. Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras, 1914. V3
DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA ARGENTINA. Real Hacienda. Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras, 1913. V1 V2.
DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA DEL VIRREINATO DEL RIO DE LA PLATA. Buenos Aires, 1912. 3V.
DOMINGUEZ, Manuel. El Chaco Boreal. Asunción, 1925.
DOMINGUEZ, Manuel. La Sierra de la Plata. Primeros pasos de la Conquista. Asunción: Talleres Nacionales de H. Kraus, 1904.
DOMINGUEZ, Manuel. Las Amazonas y el Dorado. Asunción: Talleres Nacionales de H. Kraus, 1902.
DONOSO, Ricardo. Un letrado del Siglo XVIII, el Doctor José Perfecto de Salas. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires. Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Historia Argentina Doctor Emilio Ravignani, 1963. V1.
ENCICLOPEDIA UNIVERSAL MARIN. 2ed. Barcelona, España: Editorial Marin S.A., 1978.
ENCINAS, Diego de. Cedulario Indiano. Madrid, 1597. Reimpresión Madrid 1945/6. 4V.
ENSINK, Oscar Luis y DE MARCO, Miguel Angel. Historia de Rosario. Santa Fe, Argentina: Ediciones Colmegna, 1979.
ENSINK, Oscar Luis. El Puerto Preciso de la Ciudad de Santa Fe. Proceso histórico. Separata DEL ANUARIO No. 5. Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Rosario, 1983.
ENSINK, Oscar Luis. La Real Hacienda de Santa Fe. Pontificia Universidad Católica Argentina. Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del Rosario. Instituto de Historia, Monografías y Ensayos.
ENSINK, Oscar Luis. Problemas económicos entre Santa Fe y Buenos Aires en el Siglo XVIII. El Puerto Preciso de Santa Fe. Posición de Buenos Aires y sus argumentos. Separata VI Congreso Internacional de Historia de América. Buenos Aires: Academia Nacional de la historia, 1982. V3.
FELIU CRUZ G. y Monge Alfaro C. Las Encomiendas según tasas y ordenanzas. Buenos Aires, 1941.
FERNANDEZ CASADO, Miguel. Tratado de Notaria. Madrid, 1895.
FERNANDEZ DE NAVARRETE, Martín. Colección de los Viajes y Descubrimientos que hicieron por mar los españoles. Buenos Aires: Editorial Guarania, 1945. 5V.
FERNANDEZ DE OVIEDO, Gonzalo. Historia General y Natural de los Indios. Asunción: Editorial Guarania, 1944.
FERNANDEZ, Florestan. Antecedentes indígenas: organizaçao Brasileira. Difusäo Européia do Livro. Säo Paulo, 1960.
FRIEDE, Juan. Los Andaki 1538-1947 . Historia de la aculturación de una tribu selvática. México - Buenos Aires, 1953.
FUNES, Gregorio Dr. Ensayo de la Historia Civil del Paraguay. Notas de José Arturo Scotto. 3ed. ilustrada. Buenos Aires y Tucumán: Talleres Gráficos L. J. Rosso y Cía., 1910. V1 V2.
FURLONG, Guillermo S. J. Misiones y sus pueblos Guaraníes. Prólogo del Dr. César Napolén Ayrault. Buenos Aires, Reimpresión 1959. 2ed. Posadas, 1978.
FURLONG, Guillermo S. J., José Cardiel S. J. Carta - Relación 1747. Buenos Aires: Librería del Plata, 1953.
GANDIA, Enrique de. Francisco de Alfaro y la condición social de los indios. Buenos Aires, 1939.
GANDÍA, Enrique de. Historia de la Conquista del Río de la Plata y del Paraguay, 1535 – 1556. Buenos Aires: Librería de García Santos, 1932.GANDÍA, Enrique de. Indios y conquistadores del Paraguay. Buenos Aires: Librería de García Santos, 1932.
GANDIA, Enrique de. Historia del Gran Chaco. Madrid, 1929.
GARAVAGLIA, Juan Carlos. Mercado Interno y Economía Colonial. Enlace-Grijalvo. México: Impreso en Yngramex S.A., noviembre de 1983.
GARAVAGLIA, Juan Carlos. Un capítulo del Mercado interno colonial: El Paraguay y su región 1537-1682. Torino, Italia, en Nova Americana V1, 1978.
GARAY, Blas. Breve Resumen de la Historia del Paraguay. Madrid, 1897.
GARAY, Blas. Colección de documentos relativos a la historia de América y particularmente a la historia del Paraguay. Asunción, 1899.
GARAY, Blas. Historia del Paraguay. Asunción, 1897; Asunción: Editorial El Foro, 1982.
GARCIA, Juan Agustín. La Ciudad Indiana. Buenos Aires: EUDEBA, 1964.
GIANELLIO, Leoncio. La relación de Martínez y Lacosta. Planes para retener las Indias. Buenos Aires: En La Nación de Bs. As. del 14 de mayo de 1978.
GIANELLIO, Leoncio. La relación de Martínez y Lacosta. Planes para retener las Indias. Buenos Aires: En La Nación de Bs. As. del 14 de mayo de 1978.
GONDRA, Luis Roque. Historia Económica de la República Argentina. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1943.
GONDRA, Manuel. Calendar of the MANUEL E. GONDRA Manuscrip Collection. The University of Texas Library. Preparado por Carlos Eduardo Castañeda y Jack Autrey Dabbs. Mexico: Editorial Jus., 1952.
GUTIERREZ DE RUBALCAVA, José. Tratado histórico, político y legal del comercio de las Indias Occidentales. Cádiz, 1750.
HAMILTON, Earl J. American Treasure and the price Revolution in Spain 1501-16 – 1650. Cambridge, Mass: colección Harvard Studies, 1934.HAMILTON, Earl J. El florecimiento del capitalismo y otros ensayos de historia económica. Madrid, 1948.
HARING, Clarence H. El Comercio y la Navegación entre España y las Indias en época de los Habsburgos. Versión castellana de Leopoldo Landaeta. París, Brujas: Desclée de Brouwner, 1939.
HERNANDEZ, Pablo P. S. J. El extrañamiento de los jesuitas del Río de la Plata y de las misiones del Paraguay por decreto de Carlos III. Madrid: Librería General de Victoriano Suárez, 1908.
HERRERA, Antonio de. Historia General de los Hechos de los castellanos. 2a. Década. Asunción: Editorial Guarania, 1945.
IRALA BURGOS, Gerónimo. Historia de las Reducciones Jesuíticas. Asunción: Publicación de la segunda Escuela de Jefes de la Juventud masculina de Schoenstatt del Paraguay, Artes Gráficas Minerva, 1983.
JARA, Alvaro. Trabajo y Salario en el periodo Colonial. Santiago de Chile: Universidad de Chile, Centro de Investigaciones de Historia Americana, 1961.
JARA, Alvaro. Tres ensayos sobre economía minera hispanoamericana. Santiago, Chile, 1966.
KING, James Ferguson. Evolución del principio de libre comercio de esclavos durante la administración colonial de España. En Boletín de la Academia Chilena de Historia. Nº . 22, tercer trimestre de 1942.
KONETZKE, Richard. Colección de documentos para la Historia de la formación social de Hispanoamérica. Madrid, 1953.
KRUGER DE THOMAS, Hildegard. Asunción y su área de influencia en la época colonial. Asunción: En Revista Estudios Paraguayos, 1978. V6. Nº 2.
LAFUENTE MACHAÍN, Ricardo de. El Gobernador Domingo Martínez de Irala. Buenos Aires, 1939.
LAFUENTE MACHAÍN. La Asunción de Antaño. Buenos Aires, 1943.
LAFUENTE MACHAÍN. Los Conquistadores del Río de la Plata. Buenos Aires, 1937.
LEVENE, Ricardo. Investigaciones acerca de la historia económica del virreinato del Río de la Plata. La Plata, Argentina: Biblioteca Humanidades. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de La Plata, 1927. V1 V2.
LEVENE, Ricardo. La Moneda Colonial del Plata. Buenos Aires, 1916.
LEVENE, Ricardo. Manual de Historia del Derecho Argentino. 4ed. Buenos Aires: Ediciones Depalma, 1969.
LEVENE, Ricardo. Obras de... Buenos Aires: Academia Nacional de la Historia, 1962. V3.
LEVILLIER, Roberto. Antecedentes de política económica en el río de la Plata. Documentos originales de los siglos XVI al XIX seleccionados en el Archivo de Indias de Sevilla. Libro 1-2. Madrid, 1915. Estudios editados por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
LEVILLIER, Roberto. Colección de publicaciones históricas de la Biblioteca del Congreso Argentino. América la bien llamada. Buenos Aires, 1948.
LEVILLIER, Roberto. Correspondencia de la ciudad de Buenos Aires con los Reyes de España. Documentos del Archivo de Indias. Vols. 1-3. Madrid, 1918.
LEVILLIER, Roberto. Correspondencia de los Oficiales Reales de Hacienda. Madrid, 1915.
LINCH, John. Administración Colonial Española. Buenos Aires: Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1962.
LINHARES, Temístocles. Historia Económica do Mate. Río de Janeiro: Livraria José Alympio, 1969.
LOPEZ DE VELASCO J. Geografía y descripción Universal de las Indias 1571-1574. Madrid, 1971. Biblioteca de Autores Españoles. V248.
LÓPEZ, Vicente. Historia de la República Argentina. Su origen. Su revolución y su desarrollo político. Buenos Aires, 1883. V1.
LOZANO, Pedro P. Historia de la Compañía de Jesús de la Provincia del Paraguay. Madrid, 1754 - 5. V1 V2.
LUGON, C. A república comunista cristá dos Guaranís 1610-1768. 3ed. Río de Janeiro: Paz e Terra. Original francés de 1949. Primera ediçao em portugués: 1968.
MAEDER, Ernesto J. A. La Población del Paraguay en 1799. El Censo del Gobernador Lázaro de Ribera. Asunción: Revista de la Universidad Católica Ntra. Sra. de la Asunción, en Estudios Paraguayos, 1975. V1 Nº 1.
MAEDER, Ernesto, y Bolsi, Alfredo S. La Población de las Misiones Guaraníes entre 1702-1767. Asunción: Revista de la Universidad Católica Ntra. Sra. de la Asunción, en Estudios Paraguayos, 1974. V2 Nº 1.
MAGALHAES GANDAVO, Pero de. Tratado da Terra do Brasil. Río de Janeiro, 1924.
MARCHANT, Alexander. Do escambo á escravidao: as relacoes económicas de portugueses e indios na colonizaçao do Brasil: 1500-1580. Sao Paulo: Companhia Editora Nacional, 1943. Primeira ediçao em inglés: 1942. Brasiliana, V225.
MARILUZ URQUIJO, José María. Ensayo sobre los juicios de residencia indianos. Sevilla, 1952.
MARILUZ URQUIJO, José María. La mano de obra en la industria porteña 1810 1835. Buenos Aires: en Boletín de la Academia Nacional de la Historia, V33. 2ª. Sección, 1962.
MELIÁ, Bartomeu y PALAU, Tomás. Producción sociológica sobre el Paraguay. Asunción: En "Estudios Paraguayos", revista de la Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción". V3 Nº 1.
MELIA, Bartomeu. Las reducciones jesuíticas del Paraguay: un espacio para una utopía colonial. Asunción: En "Estudios Paraguayos", revista de la Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción",1978. V6. Nº 1.
MELLAFE, Rolando. Introducción de la esclavitud negra en Chile; tráfico y rutas. Santiago de Chile, 1959.
MENDOZA, Raúl A. Desarrollo y evolución de la población paraguaya. En Población, Urbanización y Recursos Humanos en el Paraguay. Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos. 2ed. Asunción: D. M. Rivarola G, Heisecke, editores, 1970.
METRAUX, Alfred. Handbook of South American Indians. Washington: Smithsonian institution. Bureau of American Ethnology. Bull. 143, 1948. 6V. V3.
MILLAU, Francisco. Descripción de la Provincia del Río de la Plata 1772. Buenos Aires: Espasa-Calpe S.A., 1947. Colección Austral.
MOLINA, Raúl A. Hernandarias, el hijo de la tierra. 1560 –1631. Buenos Aires, 1948.
MOLINARI, Diego Luis. Comercio de Indias. Consulado. Comercio de Negros y extranjeros. 1791-1809. Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras, 1916. V7.
MONTALTO, Francisco A. Panorama de la Realidad Histórica del Paraguay. Asunción: El Gráfico, 1967.
MONTEZUMA HURTADO, Alberto. Comuneros del Paraguay. Bogotá, Colombia: Ediciones Tercer Mundo, Setiembre de 1983.
MORALES PADRON, Francisco. Historia del Descubrimiento y Conquista de América. 3ed. Madrid, 1974.
MORALES PADRON, Francisco. Los conquistadores de América. Madrid: Espasa-Calpe S.A., 1974. Colección Austral.
MORENO, Fulgencio R. Estudio sobre la Independencia del Paraguay. Asunción: Casa América S.A.I.C., 1976.
MORENO, Fulgencio R. La ciudad de la Asunción. 1ed. Asunción, 1926; 2ed. Asunción: Casa América Morenos Hnos., 1968.
MORENO, Fulgencio R. Páginas de Historia Económica del Paraguay. Asunción: en Revista El Economista Paraguayo, marzo de 1910. Año II. No. 25.
MOREYRA PAZ-SOLDAN, Manuel. El Tribunal del Consulado de Lima. Lima, 1959. V1 V2.
MORNER, Magnus. Actividades Políticas y económicas de los Jesuitas en el Río de la Plata. La Era de los Habsburgos. Buenos Aires: Editorial Paidós, 1968.
MORNER, Magnus. La corona española y los foráneos en los pueblos de indios. Estocolmo, 1970.
NUIX, Abate. Reflexiones imparciales sobre la humanidad de los españoles en las Indias, contra los pretendidos filósofos y políticos para ilustrar las historias de M.M. Raynal y Robertson. Madrid, 1882.
OTAVIO, Rodrigo. Os Salvagens americanos perante o direito. Säo Paulo: Companhia Editoria Nacional, s/f. Brasiliana. V254.
OTS CAPDEQUI, José María. El Estado Español en las Indias. 4ed. México: Fondo de Cultura Económica, 1975.
OTS CAPDEQUI, José María. Manual de Historia del Derecho Español en las Indias y del Derecho propiamente indiano. Buenos Aires: Editorial Losada S.A., 1945.
PARISH, Woodbine. Buenos Aires y las Provincias del Río de la Plata. Estudio preliminar de José Luis Busaniche. Buenos Aires: Librería Hachette, 1958.
PASTORE, Carlos. La lucha por la tierra en el Paraguay. Montevideo: Editorial Antequera, 1949.
PEÑA VILLAMIL, Manuel. La Fundación del Cabildo de la Asunción. Antecedentes históricos y Jurídicos. Asunción: Editorial El Gráfico, 1969.
PEÑA, Enrique. Fragmentos históricos sobre temas coloniales. Buenos Aires, 1935.
PERAMAS, José Manuel. La República de Platón y los Guaraníes. Traducción de Juan Cortés del Pino y prólogo de G. Furlong. Buenos Aires: Emecé, 1946.
PERO LOPEZ DE SOUZA. Diario de Navagaçao de... 1530-1532. 2ed. Río de Janeiro, 1940.
PINELO, Antonio de León. Tratado de las Confirmaciones Reales. Madrid, 1630. Bibliografía de libros raros americanos, I; Bs. As., 1922.
PLA, Josefina. Hermano negro. La esclavitud en el Paraguay. Madrid: Paraninfo, 1972. Colección Puma.
PONDE, Eduardo Bautista. Origen e Historia del Notario. Buenos Aires: Ediciones Depalma, 1967.
POPESCU, Oreste. El sistema económico en las Misiones Jesuíticas. Bahía Blanca, Argentina, 1952.
PRIETO, Justo. El Paraguay, provincia gigante de las Indias, 1ed. Asunción: El Ateneo Editorial, 1951.
PUIGGROS, Rodolfo. Historia Económica del Río de la Plata. 5ed. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor S.R.L., 1974.
QUEVEDO, Roberto. La Asunción del mil seiscientos en dos padrones inéditos. Asunción, Paraguay: En Revista Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia, 1963/1965. V8 V9 V10.
QUEVEDO, Roberto. Paraguay, años 1671 a 1681. Asunción: El Lector. Impreso en Ed. Litocolor S.R.L., 1983.
RECOPILACION DE LEYES DE LOS REINOS DE INDIAS... 5ed. Madrid, 1841. 4V. V1 V2.
RIOS, Francisco P. Pbro. La Obra Franciscana en América y Paraguay. Asunción: Imprenta Militar, 1979.
RIVAROLA BOGARÍN, Juan B. La ciudad de la Asunción y la Cédula Real del 12 de Setiembre de 1537. Una lucha por la libertad. Asunción: Ed. del autor, imprenta Militar, 1952.
RIVAROLA BOGARÍN, Juan Bautista. La evangelización del Paraguay en los Siglos XVI, XVII y XVIII. Síntesis Histórica. Inédita.
RIVAROLA BOGARÍN, Juan Bautista. Las Misiones Jesuíticas del Guairá. Síntesis Histórica. Asunción, 1956. Inédita
RIVAROLA PAOLI, Juan Bautista. Derecho Monetario. Asunción: Ed. del autor, imprenta Litocolor S.R.L., 1984.
RIVAROLA PAOLI, Juan Bautista. Historia Monetaria del Paraguay. Asunción: Ed. del autor, El Gráfico S.R.L., 1982.
RODRIGUEZ ALCALA, José. El anatema de Fray Bernardino de Cárdenas. Asunción: En Revista de las Fuerzas Armadas de la Nación. Números 49-50. Año V.
ROJAS, Casto. Historia Financiera de Bolivia. La Paz, Bolivia, 1916.
ROSA, José María. Defensa y Pérdida de nuestra Independencia Económica. Buenos Aires: A. Peña Lillio Editor S.R.L., 1975.
ROSAL, Miguel Angel. Artesanos de color en Buenos Aires. 1750-1810. Buenos Aires: en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana. Año XVII. V17. Nº. 27, 1982.
RUIZ DE MONTOYA, Antonio. Conquista espiritual hecha por los religiosos de la Compañía de Jesús, en las Provincias del Paraguay, Uruguay y Tape. 1ed. Madrid: Imprenta del Reyno, 1639; Bilbao, 1982; Asunción: El Lector, 1999.
RUIZ DE MONTOYA, Antonio. Tesoro de la lengua guaraní compuesto por el padre Ruiz de Montoya, en Madrid, por Juan Sánchez, 1639.
SANCHEZ LABRADOR J. El Paraguay Católico. Ed. Cabaut, 1903. 3V.
SAUER, Carl O. The Early Spanish Main. Barkeley and Los Angeles. EE.UU.
SCELLE, George. La traite negriere aux Indes de Castille. Paris, 1906.
SCHAFER. El Consejo Real y Supremo de las Indias. Sevilla, 1935. V1.
SCHLECH, Emilio J. Fomento de la Agricultura y de las industrias por los jesuitas en las misiones guaraníticas. Buenos Aires: En Revista de Derecho, Historia y Letras. Año XXV. V74, 1922.
SCHMIDEL, Ulrico. Derrotero y viaje al Río de la Plata y Paraguay. 1534 –1554. Con gráficos. Asunción: NAPA, Edición dirigida y prologada por Roberto Quevedo, 1983. Biblioteca Paraguaya.
SERVICE E. R. The Encomienda in Paraguay. En Hispanic American Historial Review Duke Universitiy Press. XXXI. 1951.
SERVICE, Elman R. Indian-European Relations in Colonial Latin America en Theory in Antropology. Chicago, 1968.
SIMONSEN, Roberto. Historia económica de Brasil, 1500 –1820. 2ed. Säo Paulo, 1944.
SMITH, Adam. Investigación de la naturaleza y causas de la riqueza de las Naciones. Ediciones Orbis S. A., 1771; Buenos Aires: Hyspamerica Ediciones Argentina S.A. Tomos 8, 9 y 10, 1984.
SOLORZANO PEREIRA, Juan de. Política Indiana. 3ed. Madrid, 1736 –37; Madrid, 1930. 5V.
STUDER, Elena F. S. de. La trata de negros en el Río de la Plata durante el Siglo XVIII. 2ed. Buenos Aires: Pannedille, 1970.
SUSNIK, Branislava. El Indio Colonial del Paraguay. El Guaraní Colonial. Asunción: Museo Etnográfico Andrés Barbero, 1965.
SUSNIK, Branislava. El rol de la Iglesia en la educación indígena colonial. Asunción: en Revista Estudios Paraguayos, 1975. V3. Nº 2, 1975.
TJARKS, Germán O. E. Comentarios y observaciones sobre la historia del Virreinato de Emilio Ravignani. Año V. Tomo V. Buenos Aires, 1960. No. 9.
TORRE REVELLO, José. Esteco y Concepción del Bermejo, dos ciudades desaparecidas. Buenos Aires, 1943.
TORRE REVELLO, José. La Sociedad Colonial, Buenos Aires entre los Siglos XVI y XIX. Buenos Aires: Ediciones Panedille, 1970.
TORRE REVELLO, José. Los cargos vendibles y renunciables del cabildo de Buenos Aires. Buenos Aires: en Revista del Museo Mitre, Nº. 4. 11-25, 1951.
VEDOYA, Juan Carlos. La expoliación de América. Buenos Aires: Ediciones La Bastilla, 1973.
VELAZQUEZ, Rafael. Caracteres de la Encomienda paraguaya en los siglos XVII y XVIII. Asunción: Academia Paraguaya de la Historia. En Historia Paraguaya, V19, 1982.
VELAZQUEZ, Rafael. Rebelión de los Indios de Arecayá en 1660. Asunción: En Revista paraguaya de Sociología. Año I. No. 2, 1965.
VIANNA, Helio. Historia do Brasil. Período Colonial, Monarquía y República. 12ed. Säo Paulo: Ediçoes Melhoramientos. Editora da Universidade de Säo Paulo, 1975.
VILLALOBOS, Sergio. Comercio y Contrabando en el Río de la Plata y Chile 1700-1811. Buenos Aires: EUDEBA, 1965.
VILLALOBOS, Sergio. El comercio y la crisis colonial. Santiago de Chile: Universidad de Chile, 1968.
VILLANUEVA, Amaro. El Mate. El arte de cebar. Buenos Aires: Los Libros del Mirasol, 1962.
VILLAR, Pierre. Oro y moneda en la Historia, 1450-1920. 2ed. Editorial Ariel, enero de 1981. Colección Demos.
ZABALA, Romulo y GANDIA, Enrique de. Historia de la Ciudad de Buenos Aires. Buenos Aires: Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. IV Centenario de su fundación. MCMXXXVI. V1 V2.
ZAPATA GOLAN, Agustín. La Hija de Garay. Sus últimos años y su muerte. Santa Fe, Argentina: Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales.
ZAPATA GOLAN, Agustín. La Historia del Trabajo en la Ciudad Vieja. Buenos Aires: Academia Nacional de la Historia. Enero - Junio de 1980. V8. Revista Investigaciones y Ensayos.
ZAVALA, Silvio. Ensayo sobre la colonización española en América. Buenos Aires, 1944.
ZAVALA, Silvio. La encomienda indiana. Las Instituciones jurídicas en la Conquista de América... Madrid, 1935.
ZORRAQUIN BECU, Ricardo. La Organización política argentina en el período hispánico. 3ed. Buenos Aires: Perrot, 1967.
ZUBIZARRETA, Carlos. Cien Vidas Paraguayas. led. Asunción: Nizza. 2ed. Asunción: Araverá, 1985. Serie Biografías. Nº. 1.
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

HIPÓLITO SÁNCHEZ QUELL - ESTRUCTURA Y FUNCION DEL PARAGUAY COLONIAL / BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY (LIBRO DIGITAL 100%)

ESTRUCTURA Y FUNCION
DEL PARAGUAY COLONIAL
Editorial: CASA AMÉRICA,
Asunción-Paraguay, 1972. 244 pp.
Versión digital:

HIPERVINCULOS

PRIMERA Y SEGUNDA PARTES (293 Kb.)
TERCERA Y CUARTA PARTES (183 Kb.)
TODO EL LIBRO (477 Kb.)

CONTENIDO del LIBRO
Un moderno Libro sobre el Paraguay Colonial

PRIMERA PARTE
Los litigios hispano-lusitanos
I. – La búsqueda de especias.
II.– Bula de Alejandro VI y tratado de Tordesillas.
III. – Carabelas en el Río de la Plata.
IV. – "Trayendo los palos a cuestas"
V. – La primera rebelión.
VI. – Ganado, trigo y vino.
VII. – Bandeirantes y diplomáticos ensanchan el mapa.

SEGUNDA PARTE

El Paraguay y Buenos Aires
I. – Segregación de Amazonas y de Cuyo.
II. – Sembrando ciudades a los cuatro vientos.
III. – La pérdida del litoral Atlántico.
IV. – Jesuitas y comuneros.
V. – La era de resurgimiento.
VI. – Transformaciones territoriales de las misiones.
VII. – Cooperación en la defensa contra los invasiones inglesas.

TERCERA PARTE
El Chaco en el control administrativo
I. – Fundación de Santa Cruz de la Sierra.
II. – El río Parapití en los documentos oficiales.
III. – Confines de Charcas y Chiquitos.
IV. – Expediciones y fuertes.
V. – La evangelización.
VI. – El esfuerzo colonizador.
VII. – Los límites étnicos, geográficos y jurídicos.

CUARTA PARTE
La Revolución
I.– El alud napoleónico rueda a la Península.
II.– Intrigas en Río y Revolución en Buenos Aires.
III.– Una amalgama difícil.
IV.– Expedición de Belgrano.
V.– Asunción colonial.
VI.– Propagación del espíritu revolucionario.
VII.– ¡Alboroto en la plaza!
Fuentes consultadas.
Bibliografía.
//
UN MODERNO LIBRO SOBRE
EL PARAGUAY COLONIAL
Por el Dr. J. M. Alvarez de Toledo

** De las naciones que surgieron bajo el impulso del genio hispánico, en las tierras promisorias del nuevo mundo, hay una de ellas, que nace bajo un signo especial y que desarrolla una historia de caracteres profundamente diferenciados: este nación es el Paraguay. Su historia tiene una unidad tal, que para explicar el proceso contemporáneo, es preciso conocer bien su raigambre primera: su vida colonial.
Natalicio González, el magistral autor, de "Proceso y formación de la cultura paraguaya", analiza la forma cómo se desenvuelve el espíritu humano en estas tierras, modificando el medio, perfeccionando los métodos, influenciándose a veces por lo externo, pero progresando siempre. En la forma brillante que su talento y cultura la permiten, González estudia social y psicológicamente el hombre colonial. Su estudio, hecho con criterio moderno y científico, dejaba sin embargo una laguna: el estudio del desenvolvimiento político y diplomático de los hombres de ese período que él tan talentosamente analizara.
El profesor de Historia Diplomática del Paraguay en la Universidad de Asunción, doctor H. Sánchez Quell, ha completado el vacío que dejara el maestro González. En su libro recién aparecido, titulado "Estructura y función del Paraguay Colonial", estudia con agudeza histórica, método, concisión y erudición la realidad de entonces. Así como González hace el "proceso de la cultura", Sánchez Quell realiza el "proceso de la política". Sin embargo, sus páginas presentan suficientemente "lo humano", como pare que lo político y diplomático no salga deshumanizado.
Diversos autores paraguayos, como ser, Moreno, Domínguez, Garay, Báez, para citar sólo algunos, han estudiado eruditamente la historia de la nación. Estos preceden e Sánchez Quell en el tiempo y lo superan muchas veces en la minuciosidad de estudios localizados. Sánchez Quell, con un criterio de síntesis y con el concepto moderno del ensayo histórico, realiza una labor paralela a los autores nombrados, pero pensando y escribiendo en "moderno".
Nuestra época, que lo puede fabricar todo menos el tiempo, necesita para la juventud obras claras, humanes y sintéticas. No olvidemos que la síntesis es la etapa última y más difícil, de la evolución del pensamiento. Por tanto, creemos que este último libro sobre la historie paraguaya, es de importancia excepcional, pues permite a paraguayos y sudamericanos, conocer con exactitud histórica, la historia del Paraguay Colonial. A los primeros les ayudará a explicarse y e amar la evolución de su patria y a los segundos, es decir a los sudamericanos, les servirá para comprender y conocer un emocionante capítulo de la historia de una nación americana, que desde el corazón de un continente, se perfila legendaria, heroica y brumosa.
El profesor Sánchez Quell, haciendo honor a su cátedra, presenta y ubica con claro sentido didáctico el "leít-motiv" de su obra: Paraguay. Comienza por explicar en sus primeros capítulos, las razones que impulsaron a los navegantes europeos a escudriñar los mares. Después de descubierto el continente americano, nos presenta las negociaciones diplomáticas con que Portugal y España se parten el nuevo mundo. Continúa con el estudio de los viajes de exploración y las delimitaciones de las gobernaciones concebidas por los reyes españoles.
Continuando con los capítulos siguientes, nos encontramos con la fundación de la ciudad de Asunción y las primeras rebeliones comuneras. Después se leen las diversas segregaciones del Paraguay y la irradiación de ciudades y de hombres, "a los cuatro vientos" como lo señala el autor, que hace esa capital situada en el plexo cardíaco de la América del Sur. Los problemas que derivan de las misiones jesuíticas y de las actividades económicas y políticas de "la Compañía" y de la revolución de los comuneros, campean bien vívidos en las páginas de estos capítulos.
Llegado a este punto de la lectura, surge la explicación espontánea de un hecho que es esencialmente paraguayo aunque con menor escala se presente en otros países sudamericanos: la manutención del espíritu de los comuneros de Villalar. De los españoles que saltaron el Gran Charco, vinieron de preferencia, en el primer período de la Colonia, hombres salidos de las huestes de Padilla y vencidos en Villalar, por las "banderas" imperiales. En las otras colonias americanas, la sed de oro o de gloria, es decir la miseria y las guerras, hicieron olvidarse al conquistador del ideal comunero, olvido fácil, puesto que la distancia de la Corona permitía mayores libertades que en la Península. Los conquistadores avecindados en el Paraguay, habiendo fracasado en su búsqueda del oro y no teniendo guerras continuadas, mantuvieron vivo el recuerdo de la causa que tal vez los hiciera emigrar. El bergantín construido en Asunción y llamado "Comuneros", comprueba este aserto. Posteriormente la política económica de los jesuitas en combinación con los gobernadores, reavivó fácilmente la llama de este ideal de libertad. Así fue como lo que pudiéramos llamar el espíritu del hombre de la calle de entonces, llega a la etapa de la independencia americana con un criterio perfectamente definido y sentido. Este espíritu, continúa latente en la vida paraguaya.
El "cómo" y el "por qué" de la revolución de la independencia americana, desde las invasiones de los ingleses, pasando por los motines de la Península, hasta el golpe contra el gobernador Velasco encabezado por el capitán Pedro Juan Caballero, son explicados con método y técnica histórica. Las causas inexplicables del fracaso de Belgrano, para un sudamericano, surgen claramente en estos últimos capítulos que concluyen con la declaración de la independencia del Paraguay.
Una parte de su obra el autor la dedica al Chaco. Esta parte la quita unidad a la obra y no tiene relación de continuidad histórica con el Paraguay Colonial. Pero es explicable que un paraguayo que ha vivido los problemas de la guerra del Chaco sienta espiritualmente ese continuidad y la necesidad de explicar los derechos de su nación sobre esa región. [1]
Continuando con el "fondo" diremos, que en lo que tiene relación con la técnica histórica, Sánchez Quell ha abandonado las líneas clásicas. Explicaremos esto.
La historia como ciencia no es el simple estudio erudito y exposición fría de los hechos. El hombre es la base del hecho histórico y los documentos y las otras fuentes de la historia que tienen un valor integral, no son toda la historia. Sobre este material el historiador moderno plasma con los buriles de la psicología, de la biología, de la filosofía, de la economía, de la sociología, la reproducción del pasado, hecha con sentido de unidad y a la que anima con el fuego creador de su talento de artista. El historiador contemporáneo es un zahorí que al soplo mágico de esta creación hace revivir épocas viejas; desfilan audaces por sus páginas hombres de criterio diferente del actual, a veces grandes, a veces pequeños. Con costumbres y sensibilidades diferentes y con un fondo económico distinto del que nosotros podemos concebir. A veces hechos económicos cambian trascendentalmente la faz de los acontecimientos, otras, hombres históricamente grandes doblan los hechos e imponen las actividades de su espíritu por encima de lo económico y lo material. Las pasiones humanas también contribuyen con sus exageraciones e enmarañar el pasado histórico. Todo el que quiere poner a lo humano la ley rígida de lo documental, de lo económico o de lo espiritual, no hace la historia del hombre, puesto que este, profundamente maleable, es movido por todas las posibilidades que la mente contempla. El eminente filósofo Jacques Maritain, en sus clases de la Universidad de Lovaina, planteaba en 1933 este concepto, que es la síntesis del pensamiento actual. Sin interpretar exactamente este criterio, el profesor Sánchez Quell lo usa como ruta y método.
En resumen, la obra "Estructura y función del Paraguay Colonial" es un oportuno y estudioso aporte al acervo cultural del país; que por su método, claridad y síntesis servirá a propios y extraños, especialmente a la juventud paraguaya y sudamericana, a tener un concepto preciso de este periodo de la historia del Paraguay.
//
I PARTE
LOS LITIGIOS HISPANO LUSITANOS
Capítulo I
LA BUSQUEDA DE ESPECIAS

** Todo comenzó por la búsqueda de especias. Los grandes descubrimientos marítimos de los siglos XV y XVI, reconocen en ella una de sus causas principales. Pero no fueron solamente fruto de mera ambición materialista. Se apoyaban, también, en el anhelo espiritual de difundir un credo religioso. Y en el credo cívico de extender el señorío de la patria y el vasallaje de sus reyes. Mucho hubo, también, de la instintiva tendencia del hombre a descifrar lo incógnito y a jugar con el azar que va orillando su destino. Esos descubrimientos, seguidos de la conquista y la colonización, originaron a su vez los seculares litigios que España y Portugal sostuvieron por el dominio y posesión de las nuevas tierras. El desconocimiento que los europeos tenían de la geografía de América, fue un factor que vino a enmarañar aún más esas discusiones. Por otra parte, no pocas fueron las innovaciones que la Corona de España introducía frecuentemente en la división administrativa de sus colonias. Los litigios hispano-lusitanos constituyen así los antecedentes de las cuestiones de límites que, con el transcurso del tiempo, sostuvo el Brasil, sucesor de Portugal, con los Estados que heredaron el patrimonio territorial de España en América. Asimismo, las divisiones administrativas de las colonias españolas son la causa de los innúmeros pleitos que entre sí mantuvieron los nuevos Estados hispanoamericanos.
Sí, todo comenzó por la búsqueda de especias. "Desde los lejanos días – dice Stefan Zweig en "Magallanes" – en que los romanos comenzaron a gustar de los picantes condimentos del Oriente, el mundo occidental no pudo ya prescindir de ellos. Muy atrás, por allá en la Edad Media, los manjares de Europa eran indeciblemente insípidos. Algunas frutas hoy comunes no se conocían entonces. No había limones, ni tomates, ni maíz; no se sabía del azúcar, del té ni del café; aun en la mesa del rico nada había que aliviara la monotonía de los alimentos, como no se consiguieran especias.
Estas sólo podían obtenerse de las Indias; y las rutas comerciales para ir y volver eran tan largas y peligrosas; tan infectadas de bandas de salteadores y caciques rapaces, que cuando lograba llegar a Europa la codiciada mercancía su costo la hacía exageradamente cara. El jengibre y la canela, por ejemplo, se pesaban en balanzas de farmaceutas; la pimienta se contaba grano por grano, y valía su peso en plata".
La audacia que inspiró los viajes de Bartolomé Dias, Cristóbal Colón, Vasco da Gama, Pedro Alvares Cabral y demás grandes exploradores de la época fue, ante todo, resultado del anhelo de hallar nuevas y desembarazadas rutas para llegar hasta las Islas de la Especiería.
El Cabo Bojador, situado en la costa occidental de Africa, era el punto neurálgico de la navegación. Los productos que se adquirían en la India, constituían para los hombres de Occidente un codiciado artículo de comercio. Pero "el acceso a los países de la India – dice Konrad Kretschmer – era intervenido por las potencias musulmanas, especialmente por los sultanes de Egipto, con objeto de aprovechar por su cuenta los beneficios mercantiles y explotar el activo comercio de tránsito. Como el camino por Alejandría estaba cerrado, fue necesario recurrir a otras rutas practicables. A pesar de sus inconvenientes, era la mejor la del Tana (Tanais) y desembocadura del Don, siguiendo hasta la pequeña Armenia y luego hacia el interior del Asia. Ya desde muy antiguo se pensó que podía llegarse a la India navegando alrededor del Africa, y en la Edad Media se reconocieron de nuevo las costas occidentales del continente; pero nadie había pasado del Cabo Bojador, que por este motivo se designaba como "Caput finis Africae". Las fuertes tormentas que allí soplaban generalmente, habían constituido hasta entonces obstáculo insuperable para la navegación".
La intervención del Príncipe Don Enrique el Navegante, quinto hijo del Rey Juan I de Portugal, impulsó y aceleró enérgicamente el descubrimiento de las costas occidentales de Africa. Don Enrique el Navegante fundó en el Cabo de San Vicente, junto a Sagres, un observatorio y escuela náutica, realizando ingentes gastos para su mantenimiento. Reunió allí los más renombrados cosmógrafos de la época y dirigió hasta su muerte, ocurrida en l460, la obra de los descubrimientos. Los más célebres navegantes de aquellos días fueron alumnos de la Escuela de Sagres. De allí salieron los que fueron a descubrir las islas Madeira, Azores, del Cabo Verde y las costas de Sierra Leona, Guinea, Congo, eteétera.
El viaje de Bartolomé Dias tuvo en Europa una enorme repercusión. Iba este navegante orillando las tierras africanas, cuando una tempestad lo arrojó lejos de la costa, hacia el sur. Luego de poner su rumbo al este, reconoció que debía haber doblado el extremo meridional de Africa. A la vuelta tocó por primera vez en esta punta sur, que a causa de su carácter tempestuoso denominó Cabo Tormentoso. Al regreso de Dias, el Rey rebautizó el lugar con el nombre de Cabo da Boa Esperança. En efecto, este descubrimiento era una esperanza de que se llegaría más pronto a la India. Los antiguos mapas representaban a Africa como extendiéndose hasta pasar el límite meridional del Asia. Ahora quedaba demostrado que Africa tenía al sur un límite preciso.
La idea de que desde las costas occidentales de Europa se podían alcanzar las orientales de Asia, es antiquísima.
Igualmente tenía un origen muy antiguo la sospecha de que entre el Occidente europeo y el Oriente de Asia debía existir una parte desconocida de la tierra. Del problema se habían ocupado ya Aristóteles, Eratóstenes, Posidonio, Estrabón, Séneca, Crates de Mallo y otros sabios de la antigüedad.
Hasta finales de la Edad Media no se trató seriamente del problema de la posibilidad de una ruta marítima a la India; pero, de las consideraciones científicas se pasó, por fin, a su realización. "Al lado – dice Kretschmer – del verdadero descubridor del Nuevo Mundo, Cristóbal Colón, cuyo nombre estará revestido en todo tiempo de una imperecedera corona de gloria, se debe honrar también al descubridor intelectual de América, el florentino Paolo dal Pozzo Toscanelli , (1397-1482). En una carta (25 de junio 1474), dirigida al confesor de los reyes portugueses, Fernando Martines, exponía Toscanelli detalladamente cómo se podía llegar con facilidad al "País de las Especias" siguiendo la ruta occidental. Posteriormente envió a Colón una copia de esta carta y del mapa adjunto (hacia 1479).
La epístola de Toscanelli a Fernando Martines no produjo ningún efecto. El Rey rehusó el ofrecimiento. No fue más afortunado Colón (hacia 1483), quien, desalentado, abandonó Portugal y se encaminó a España. Sus exageradas pretensiones para el caso de obtener éxito en su empresa, estuvieron a punto de hacerla fracasar. En el prior (Fray Juan Pérez) del convento de Santa María de la Rábida, junto a Palos, encontró quien supiera comprender su plan en todos los detalles y la indispensable protección y mediación para que sus peticiones llegaran a la Corte. Se eligió una ocasión favorable, pues había caído en manos de los Reyes Católicos la ciudad de Granada (1492), hasta entonces en poder de los moros, y los ambiciosos proyectos de Colón no fueron esta vez rechazados. El Tesorero de la Reina, Santángel, adelantó la suma de 1.140.000 maravedises".
No vamos a extendernos en la narración de los viajes de Colón, por ser éstos sobradamente conocidos. Sólo diremos que habiendo partido del Puerto de Palos el 8 de agosto de 1492 tres carabelas da "Santa María", capitaneada personalmente por Colón; la "Pinta" y la "Niña", comandadas por los hermanos Pinzón), llegaron después de dos meses de navegación, el 12 de octubre, a una isla que los indígenas llamaban Guanahaní y que el descubridor bautizó con el nombre de San Salvador (muy verosímilmente la actual isla de Watling, en las Bahamas). Colón siguió navegando y descubrió las islas de Cuba (que denominó Juana) y Haití (que llamó Hispaniola), regresando después a España. Estaba firmemente convencido de que había llegado a la costa oriental de Asia. En realidad, su hazaña había sido de mucha mayor trascendencia; había descubierto la más codificable de las especias: todo un nuevo mundo. Ese nuevo mundo que, por una ocurrencia del cosmógrafo alemán Martín Waltzemüller, comenzó a ser llamado no con el nombre de su descubridor, como hubiera sido justo, sino con el de un navegante que llegó a estas tierras diez años más tarde: Américo Vespucci.

Capítulo II
BULA DE ALEJANDRO VI Y EL TRATADO DE TORDESILLAS


Sorpresa sumamente desagradable fue la experimentada por la Corona de Portugal al enterarse de que Colón había llegado a tierras orientales del Asia. Este descubrimiento – de ser exacta la noticia – venía a anular la vía de acceso que, dando una larga curva por el litoral africano, había sido explorada por Portugal. Además, el acervo de conocimientos atesorados y avaramente ocultados por Portugal sobre tierras e islas del Occidente, corría ahora el peligro de ser totalmente divulgado.
Pero algunos cautivos de aspecto extraño, unos pocos papagayos y raras preciosidades, no eran pruebas suficientes de que las nuevas tierras fuesen las Indias de tradicionales opulencias. Esto llamó la atención del monarca lusitano.
"Cumplía aclarar el misterio – dice Joao Pandiá Calogeras – y verificar si no habría errado el genovés, dando así, por su engaño, mayor brillo y mayor precio al pensamiento lusitano: no ser la India; propiamente dicha, la costa descubierta, sino alguna tierra interpuesta.
Y ordenó, oídos sus consultores técnicos, se aprestase la expedición de Francisco de Almeida, enviado a reconocer y verificar las aseveraciones de Colón.
Los Reyes Católicos, informados del desagrado lusitano, apresuráronse en obtener la misma consagración de sus conquistas, que acostumbraban solicitar, tanto ellos como sus vecinos, en casos tales. Redoblaron sus esfuerzos al saber que una flota de Portugal recibiera orden de seguir para el Occidente. Al mismo tiempo, enviaron a Don Juan II mensajes y afirmaciones de cómo sus derechos serían respetados, y que habrían ciertamente las dos coronas de llegar a entendimiento amistoso. Consiguieron paralizar y después anular la orden de salida de la escuadra de don Francisco de Almeida. Iría a comenzar la discusión diplomática".
Entretanto, en Roma se seguía tramitando el proceso que aseguraría el derecho castellano a la nueva conquista.
Ocupaba el papado en aquellos días Alejandro Borgia, el famoso Alejandro VI (padre de César y Lucrecia Borgia), cuya vida privada, duplicidad y nepotismo, hicieron de el un príncipe del Renacimiento más bien que un verdadero papa.
El 4 de mayo de 1493 Alejandro VI dictaba su famosa bula, cuya parte principal dice así: "Y para que tornéis mas libres y francamente una provincia de tanta importancia, siéndoos esto concedido por gracia apostólica, nós de motu proprio, sin ser por instancia vuestra, o de otros por vos en petición sobre esto ofrecida...; os damos, concedemos y asignamos para siempre a Vos, y a vuestros herederos y sucesores (Reyes de Castilla y León), con todos los dominios, ciudades, castillos, lugares, derechos, jurisdicciones y demás pertenencias, todas las islas y tierras firmes halladas o que se hallaren, descubiertas o que se descubrieren para el Occidente y Mediodía, tirando y trazando una línea del Polo Artico o Norte al Polo Antártico o Sur; sea que estas tierras firmes e islas halladas o que se hallaren estén para el lado de la India, sea para otra parte, la cual línea distará de cualquiera de las islas que vulgarmente se llaman de las Azores y Cabo Verde, cien leguas para el Occidente y Mediodía".
La bula de Alejandro VI procuraba, así, repartir el mundo para las coronas ibéricas. Una vez conocido su contenido, se produjeron dudas entre los glosadores sobre su alcance; si la bula daba solamente poder espiritual a los pueblos contendores, o si la decisión pontificia tenía carácter atributivo de dominio. El fraile dominico Francisco de Vitoria, profesor de la Universidad de Salamanca y verdadero fundador del Derecho Internacional, que se destacaba por su sabiduría, imparcialidad e independencia de conceptos, combatió la segunda hipótesis, esto es, la del carácter atributivo de dominio. En su dialéctica, Vitoria sostenía lo siguiente: 1º El Papa no es señor temporal o civil, en el sentido justo, de todo el mundo. 2º Si el Papa tuviese el poder temporal universal, no podría cederlo a los príncipes seculares, con perjuicio propio y de sus sucesores. 3º El Papa goza solamente del poder temporal necesario a la vasta administración de la orden espiritual. 4º El Papa no tiene poder temporal de especie alguna sobre los bárbaros e infieles, porque sobre éstos no ejerce poder espiritual.
Aparte de ser discutible en su alcance, la bula ofrecía dificultades técnicas de aplicación, no solucionando por consiguiente el problema. En efecto, no fijaba el origen del contaje de las leguas para el meridiano demarcador, pues eran diversas las longitudes del archipiélago de Cabo Verde y de las Azores. No definía la legua, cuyo valor variaba desde 14 1/6 hasta casi 22 leguas por cada grado geográfico. No definía el paralelo en que se contaría la medida.
Era forzoso, por tanto, que los interesados se entendiesen directamente sobre el caso.
Convencido estaba el Rey de Portugal de que eran suyas, por anteriores actos internacionales, las tierras que habían tocado las carabelas colombinas. Tenía dudas, eso sí, de si se trataba de Asia, o de región próxima a ella. En su concepto, el camino para las Indias era el que contorneaba el Cabo da Boa Esperança. Mantendría a todo costo su posesión, rubricando en esta forma el secular empeño lusitano. Fronteros a Africa, hacia el oeste, se encontraban largos trechos de tierra firme, según evidenciaban viajes no divulgados y relaciones de pilotos.
De tales elementos de convicción, surgía la necesidad de impugnar la legitimidad del dominio castellano en las playas ahora halladas por Colón y presentar sus propios títulos. Además, había que resguardar cautelosamente para Portugal el itinerario para el sudoeste y el sur, hasta el cabo y el mar oriental, ya vencidos por Bartolomé Dias.
Las cortes de Madrid y Lisboa resolvieron iniciar negociaciones, las cuales cristalizaron finalmente en el tratado de Tordesillas, signado el 7 de junio de 1494. Dicho pacto establecía lo que sigue: "Que se haga y señale por el dicho mar Océano una raya o línea derecha de polo a polo, a saber, del Polo Artico al Polo Antártico, que la tal raya se haya de dar, como dicho es, a trescientas setenta leguas de las islas del Cabo Verde, hacia la parte del Poniente, por grados o por otra manera, como mejor y más presto se pueda dar, de manera que no sean más y que todo lo que hasta aquí se ha hallado y descubierto, y de aquí adelante se hallare y descubriese por el dicho señor Rey de Portugal y por sus navíos, así islas como tierra firme, desde la dicha raya y la línea dada en la forma susodicha, yendo por la dicha parte del Levante dentro de la dicha raya a la parte del Levante, o del norte, o del sur de ella, tanto que no sea atravesando la dicha raya, que esto sea, y finque y pertenezca al dicho señor Rey de Portugal, y a sus sucesores, para siempre jamás; y que todo lo otro, así islas como tierra firme, halladas por los dichos señores Rey y Reina de Castilla y de Aragón, y por sus navíos, desde la dicha raya dada en la forma susodicha, yendo por la dicha parte del Poniente, después de pasada la dicha raya hacia el Poniente, o el norte, o el sur de ella, que todo sea, y finque y pertenezca a los dichos señores Rey y Reina de Castilla y de Aragón, y sus sucesores, para siempre jamás".
Determinada la distancia del archipiélago a que pasaría la línea demarcadora, eliminábase uno de los errores de la bula que citando Cabo Verde y Azores, pareciera admitir que por ellas corriera el mismo meridiano, cuando que, en realidad, casi tres grados mediaban entre los meridianos medios de los dos sistemas de islas.
Quedaba, sin embargo, en duda de qué punto insular preciso del Cabo Verde se iniciaría el contaje. Desde la más oriental a la más occidental de las islas del Cabo Verde había casi tres grados de longitud.
Surgió también la cuestión de la legua. ¿Eran leguas de 14 1/6 o dé 22 por grados? Según que se adoptase una u otra, se producía una variación de casi nueve grados.
El tratado de Tordesillas era, pues, un nuevo germen de interminables polémicas entre las coronas ibéricas.
A los portugueses se hacía necesario sondar nuevamente los problemas conexos de la navegación para el este y de la navegación para el oeste. Un doble sistema de viajes fue instituido, como veremos en seguida.
Para la India, por el Cabo da Boa Esperança siguió en 1497 Vasco da Gama. Partiendo de Lisboa, por orden del Rey, con tres navíos, pasó el cabo citado, continuó a lo largo de la costa africana por Mozambique y llegó a Calicut, en el litoral occidental de la India. Siete meses después, partió de regreso con un rico cargamento hacia su patria.
Para la tierra desconocida, pero sospechada, del sudoeste, fue enviado Duarte Pacheco Pereira en 1498, en misión secreta. Dos años más tarde, esto es, en 1500, partió al frente de una fuerte flota Pedro Alvares Cabral. Una vieja leyenda, cuya falsedad ha sido ya demostrada, sostiene que Cabral se dirigía a la India y que, al seguir la ruta de Africa, fue desviado en su camino por la corriente ecuatorial del sur e impelido por ésta hacia el oeste, descubriendo de este modo involuntario, el Brasil. Por el contrario, la ruta de Cabral fue dirigida de una manera deliberada. Él se dirigía al Brasil (nombre que viene do palo brasil, árbol tintóreo abundante, en esa región). El camino del descubrimiento oficial ya estaba preparado.
Surge de aquí un problema histórico: ¿por qué no fue divulgada de inmediato la nueva del descubrimiento? "Tal vez – opina Calogeras – se encuentre la clave del enigma en el pensamiento que dictó la empresa. Por más convencido que estuviese Don Juan de la existencia de una tierra firme al sudoeste, y lo afirmase con insistente tenacidad en el decurso de la discusión tordesillana, la convicción no era una certeza. La expedición de 1498 salió, por tanto, ya por orden de Don Manuel, para averiguar si era real, y hasta qué punto lo era, lo que el príncipe su antecesor afirmara. De ahí que fue clandestina y oculta al conocimiento público. Volvió, revelando la exacta visión de los cosmógrafos y pilotos portugueses. Si divulgase el resultado y se envaneciese por ello, equivaldría a confesar que la actitud oficial ante Castilla, en 1493 y 1494, era gesto de jugador, y no la tranquila seguridad de quien sabe lo que dice. Quiebra de prestigio para la autoridad moral, científica y política de la corona de Aviz. Y, verificando la existencia del continente occidental, después de Tordesillas, estaba garantido para Portugal el dominio de la nueva costa, por estar aquende el meridiano lindero, y mayor gloria se tributaría a la flota descubridora, que, en rumbo predeterminado, iría al sudoeste a probar la verdad de cuanto Don Juan aseverara a los reyes de España.
Ese es el origen de todas las consecuencias que, por no conocerse en forma corriente el viaje de reconocimiento de Duarte Pacheco, asombran y tornan perplejos a los estudiosos de la ruta de Pedro Alvares Cabral, y que son simples y lógicas, cuando se las considera como resultado del balizamiento previo del precursor.
Ida directa a Porto Seguro, sin escala para reabastecerse, en Madeira o en Cabo Verde; el tono de la narrativa como si se tratase de cosa conocida y prevista; la remisión del mapa de Bisagudo, en la misiva del Maestre João; la alusión "así seguimos nuestro camino por este mar de largo" de la carta de Vaz de Caminha; todo esto, mucho parece significar la ejecución de plan ya establecido de acuerdo con un primer y verdadero descubridor, que, además, iba en la misma flota encargada de la divulgación oficial".
El mismo Duarte Pacheco Pereira, en su libro "Esmeraldo, de situ orbis", que dedicó a Don Manuel, expresa: "Hemos sabido y visto, cómo en el tercer año de vuestro reinado, del año de Nuestro Señor de 1498, donde Vuestra Alteza mandó descubrir la parte occidental, pasando allende la grandeza del mar Océano, donde es hallada y navegada una gran tierra firme..., que tanto se dilata su grandeza y corre con mucha extensión, que de una parte ni de la otra no fue visto ni sabido el fin y cabo de ella..., y yendo por esta costa sobredicha..., he hallado en ella mucho y fino brasil con otras muchas cosas de que los navíos en estos reinos vienen grandemente cargados".
Como se ve, después de esta descripción, hecha por el descubridor, al propio Rey que ordenara la investigación, no se puede sostener ya la casualidad del viaje de Cabral.
//
II PARTE
EL PARAGUAY Y BUENOS AIRES
Capítulo I
SEGREGACION DE AMAZONAS Y DE CUYO


** Hemos visto cuáles fueron los primitivos límites de la Provincia del Paraguay o Río de la Plata, según la capitulación tomada con Don Pedro de Mendoza el 21 de Mayo de 1534. Las capitulaciones de Alvar Núñez y de Domingo de Irala, efectuadas posteriormente, se ajustaron a esos mismos límites.
Averigüemos ahora si la capitulación tomada con el Adelantado Juan Ortiz de Zárate el 10 de julio de 1569, confirma o no los límites de referencia.
"Os hacemos merced – dice el documento – de la gobernación del Río de la Plata con el distrito y demarcación que su Majestad el Emperador la dio y concedió al gobernador Don Pedro de Mendoza, y después de él a Alvar Núñez Cabeza de Vaca y a Domingo de Irala..."
Esto pareciera dejar las cosas como estaban. Pero la capitulación agrega: "...sin perjuicio de las otras gobernaciones que tenemos dadas a los capitanes Serpa y Silva".
Hay que tener en cuenta que las fronteras de las posesiones españolas en América eran trazarlas, muchas veces, arbitrariamente, por la voluntad de los monarcas, en Cédulas Reales que las delimitaban con mayor o menor perfección.
La gobernación del Capitán Diego Hernández de Serpa eran las Guayanas, y la del Capitán Pedro Malaver de Silva era Venezuela.
Estas dos gobernaciones fueron creadas con posterioridad a la de Mendoza. El límite meridional de ambas pasaba más al sur del Amazonas, en el paralelo 6º 20' de latitud austral. El Paraguay no se extendía ya, por tanto, hasta la línea del Ecuador, situada al norte del Amazonas. Por eso la capitulación de Ortiz de Zárate, respetando lo adjudicado a Serpa y Silva, segregaba del Paraguay la cuenca del Amazonas, desde la línea del Ecuador hasta el paralelo citado. (Véase Mapa al final).
Por otra parte, al crearse la gobernación de Chile – posterior también a la de Mendoza – se la dio cien leguas de ancho desde la costa del océano Pacífico hacia el este. Con esto, la región de Cuyo – actuales provincias argentinas de San Juan, Mendoza y San Luis –, que pertenecía a la Provincia del Paraguay, pasó a poder de Chile.
Buenos Aires aún no existía. Pero, con el correr de los años, bajo su jurisdicción iría a parar la región cuyana. En cuanto a la hoya amazónica, pasaría en definitiva a manos del Brasil.
La capitulación de Ortiz de Zárate, al no incluir los territorios de Amazonas y Cuyo, constituyó la segunda desmembración que sufrió el Paraguay durante el coloniaje.
//
Capítulo IV
JESUITAS Y COMUNEROS

** Entre las Misiones Jesuíticas del Paraguay y la Revolución Comunera que estalló en este país, existe una relación más íntima de la que generalmente se cree, ya que la política desarrollada por la primera constituyó en realidad una de las causas que originaron la segunda.
A su arribo al Paraguay, los jesuitas consiguieron atraer a los indios por medio de la mansedumbre, de abalorios y de la música. Mientras descendían en piraguas por los ríos, o abrían picadas en la selva, los misioneros iban tocando instrumentos musicales y entonando cánticos. Los indios acudían para escuchar y quedaban subyugados ante el irresistible atractivo.
Los misioneros erigieron sus reducciones en hermosas lomas, a orillas de frescos arroyos. Los treinta pueblos ofrecían el espectáculo de una edificación uniforme. En cada pueblo se levantaba la Iglesia. A un costado de ésta se hallaban el Colegio y los Talleres para diversos oficios. Al otro costado de la Iglesia estaban el Cementerio y el "Koty guasu" (habitación grande), que venía a ser el asilo-hospital de la reducción. Las cinco reparticiones citadas formaban uno de los cuatro lados de la plaza. Los otros tres lados estaban ocupados por las casas de los indios, todas igualmente blancas, de tejas y rodeadas de grandes corredores. Fuera del cacique, los jesuitas obligaban a todos, hombres y mujeres, a ir vestidos con feos camisones de dormir, como el de las criaturas de un orfanato o internado. Tal supresión de la individualidad, de la autonomía personal o de familia, fue – en opinión de Gilberto Freyre – "un régimen destructor de cuanto en los indígenas era alegría, frescura, espontaneidad, ánimo combativo, potencial de cultura. Dichos indígenas se artificializaron en una población aparte de la colonial, extraña a sus necesidades, a sus intereses y aspiraciones".
Una de las fuentes principales de recursos era la agricultura. Los jesuitas supieron dar a la labranza el carácter de una fiesta. Reunidos en la plaza, los indios se dirigían a las sementeras precedidos de la imagen de la Virgen y al son de violines, guzlas y tambores. Colocada la imagen bajo protectora enramada, los indios rezaban y luego se entregaban a sus quehaceres. Entre tanto, en los talleres del pueblo otros indios trabajaban como tejedores, carpinteros, herreros, plateros, pintores, escultores; doradores, etcétera. Los terrenos empleados en la agricultura estaban divididos en tres secciones: "Tava mba'e" (cosa del pueblo, es decir, perteneciente a la comunidad); "Ava mba'e" (cosa del indio o sea propiedad privada); y "Tupâ mba'e" (propiedad de Dios, destinada al sustento de las viudas, huérfanos, enfermos, ancianos y artesanos). "Esta destinación – dice el doctor Blas Garay – sólo era nominal y dirigida a impresionar el ánimo de los indios, pues todo lo que las reducciones producían era aportado a un fondo único, empleado en llevar adelante los planes de la Compañía, y sólo en muy exigua parte en subvenir a las necesidades de aquellos que los ganaban, gracias al sudor de su rostro, al trabajo continuo a que los sujetaron los catequistas".
Se ha dicho de las Misiones Jesuíticas que constituyeron una experiencia del régimen comunista. Esto es un error, pues – como bien lo hace notar el doctor Alberto Rojas – ni la vida en común, bajo un régimen especial de disciplina, ni la universalidad del trabajo, no son lo que caracteriza un verdadero sistema comunista. La nota saliente de esta escuela económica es la comunidad de riqueza. "El indio – agrega dicho autor – estaba sometido a un régimen de verdadera servidumbre. ¿Qué mucho que se la dieran tierras para que las cultivase para sí, estando sujeto a una disciplina rígida que señalaba de antemano el radio de su acción y el destino del fruto de su actividad? Era, en verdad, nada más que un instrumento de producción al servicio de la Compañía. La Orden retribuía su trabajo, es cierto, dándole alimento, vestuario y vivienda, pero el hecho que marea el carácter específico del sistema es que el remanente de lo que se consumía ingresaba en las arcas de la Compañía allende el mar. No puede darse nada más contradictorio con el comunismo".
Los jesuitas cultivaban en Europa todos los ramos del saber. Descifraban inscripciones latinas, observaban los movimientos de los astros, publicaban bibliotecas enteras, libros de controversia, casuística, historia, tratados de óptica, ediciones de los Padres de la Iglesia, madrigales y sátiras. A ellos se debió la primera imprenta que funcionó en el Río de la Plata; fue la establecida en 1700 en Santa María la Mayor, pueblo de las Misiones del Paraguay situado en la margen occidental del río Uruguay. Ochenta años después se fundó en Buenos Aires la primera imprenta. De la tosca prensa tipográfica de las Misiones, construida con maderas de sus selvas vírgenes, salieron obras voluminosas como el Vocabulario del P. Ruiz de Montoya, el Flos Sanctorum del P. Rivadeneira, la Diferencia entre lo temporal y lo eterno del P. Nierenberg, etcétera. Correcta la impresión, limpias y nítidas sus páginas, estaban ilustradas con bellas láminas, viñetas y xilografías, grabadas por los indios Tilcará, Yaparí y otros.
Se colmó de música la vida de los catecúmenos. Los indios despertaban de mañana cantando. Los jesuitas combinaron hábilmente el estilo religioso o católico de letanía con las formas de canto indígenas. En la poética colonial, los padres de la Compañía ensayaban las formas que más se asemejaban a los cantos de los guaraníes, con estribillo y refranes, para atraer así a los indios y convertirlos a la fe católica. De las estrofas escritas por los jesuitas para los neófitos de las reducciones, se conoce hoy la siguiente:

¡Oh, Virgen María
Tupâsy eté,
ava pe ara porâ
oikó nendive jave!

Que traducida, quiere decir, según Affonso de Taunay: "¡Oh, Virgen María, – madre de Dios verdadero –, los hombres de este mundo – están bien contigo!"
Pero que en realidad significa: ¡"Oh, Virgen María –, verdadera madre da Dios –, para el indio es lindo el día – cuando va en tu compañía!".
Lástima fue que los misioneros descuidaran la educación espiritual de los indígenas, enseñándoles sólo a leer y escribir en guaraní, para preocuparse únicamente de hacerlos laboriosos agricultores o hábiles artífices en aquellas artes de que podían obtener más pingües provechos.
Otra fuente de cuantiosas utilidades fue el laboreo de la yerba-mate. Este negocio costaba la vida a millares de guaraníes. Nos lo cuenta un jesuita, el P. Ruiz de Montoya: "Tiene la labor de esta yerba consumido muchos millares de indios... Lastima la vista el verlos... Lleva a cuestas cada uno cinco a seis arrobas, 10, 15, 20 y más leguas, pesando el indio mucho menos que su carga (sin darle cosa alguna para su sustento)... ¡Cuántos se han quedado muertos recostados sobre sus cargas!... ¡Cuántos se despeñaron con el peso por horribles barrancos!"
El desinterés de los jesuitas no fue tan grande como algunos sostienen. Afanáronse por acaparar riquezas materiales en menoscabo de su misión cristiana y civilizadora. "Ejercieron – dice J. Natalicio González – el monopolio de la tierra; de la yerba; de la riqueza ganadera; del comercio de importación y de exportación". La gran masa de indios – 160.000 –, a los que no pagaban salario, les permitían producir mucho y barato. No pagaban flete, pues transportaban sus mercaderías en embarcaciones propias, construidas por los indios. Jamás pagaron impuesto alguno. Aparte de eso, proyectaban su influencia sobre Asunción sobornando a gobernadores indignos, y negaban el derecho de visita a sus reducciones a los gobernadores y obispos que no se les sometían. Todo ello causaba una competencia ruinosa al resto de la provincia.
Los productores libres nada podían frente a esa poderosa empresa organizada, que poseía ricas estancias de ganado en Yarigua'a y otros puntos y que exportaba, sin gravamen alguno, enormes cantidades de yerba-mate, cuero, algodón, etcétera. Por el contrario, obligados a prestar servicio militar cada vez que los guaicurúes del Chaco asaltaban a las poblaciones del litoral o que los bandeirantes avanzaban por el este, careciendo de tiempo para trabajar, sufriendo gabelas y contribuciones de toda clase, los colonos españoles, criollos y mestizos, se empobrecían más y más, sin ninguna esperanza de mejoramiento. Tan pobres estaban, que "apenas tenían moderada decencia los más de ellos, vestidos de pieles de animales silvestres, porque no alcanzaban sus fuerzas a poner a sí, a sus mujeres e hijos, traje y vestuario competente".
Ya veremos luego cómo estos hechos económicos, acumulándose durante largo tiempo, desembocan finalmente en la Revolución Comunera.
Y remontémonos ahora a los antecedentes políticos de dicho movimiento.
Hemos observado detenidamente la forma en que se desarrolló la revolución que Domingo de Irala y los Oficiales Reales, con el nombre de "comuneros", efectuaron en 1544 contra Alvar Núñez, a quien remitieron preso a España a bordo de la carabela "Comuneros". Tal fue el primer jalón.
Entroncando ese suceso en la Revolución Comunera de Castilla, que en 1520 estalló contra Carlos V, escribe el doctor Viriato Díaz Pérez: "Muchos de los conquistadores pertenecían a la época "comunera" española. Algunos fueron testigos, otros actuantes, en aquella contienda. Es natural que trajesen viva a América la tradición de la protesta candente; los recuerdos trágicos de la lucha; el eco de los anhelos sofocados en Villalar. El grito de "¡Libertad!" ya representa un precoz sentimiento de autoridad local, de vida autónoma, en el núcleo originario, que ensaya oponerse al mandatario del exterior. Podría representar el vasco Irala, en el reducidísimo escenario, un aspecto del característico antagonismo íbero entre pequeñas entidades autónomas del terruño, locales, y los representantes del poder absoluto centralista, contrario a todo fuero".
El segundo jalón fue el golpe contra el Gobernador Felipe de Cáceres en 1572. Hallábase éste oyendo misa en la Catedral cuando a un grito del Obispo Fray Pedro Fernández de Latorre, todos se precipitaron sobre él. "Fue cogido por los cabellos – dice Juan Francisco Aguirre –, golpeado y llevado en volandas al Convento de la Merced, donde le encerraron, engrillaron y ataron a una cadena, que remataba en un cepo, cuya llave paraba en poder del Obispo, quien vivía en el cuarto inmediato al de la prisión". Martín Suárez de Toledo, gran amigo del Obispo, lanzóse a la calle con los partidarios de Latorre al grito de "¡Libertad!" y asumió el mando de la Provincia.
Los ecos de estos gritos continuaron repitiéndose en la historia paraguaya. Y así encontramos el tercer jalón. Fray Bernardino de Cárdenas, franciscano, era gran amigo de los indios. Siendo Obispo del Paraguay, comenzó a visitar los pueblos y reducciones del interior. Pero al intentar penetrar en las Misiones Jesuíticas, halló una tenaz resistencia de parte de la Orden. Al llegar a Yaguarón, 800 indios, incitados por los jesuitas y conducidos por el ex-Gobernador Gregorio de Hinestrosa, invadieron el pueblo para apoderarse del Obispo. Esto tuvo que huir a Asunción. Hasta allí le siguió con sus tropas Hinestrosa, que durante su gobierno había sido un dócil instrumento de los jesuitas. Se apoderaron de Cárdenas, "vendáronle los ojos, le sacaron arrastrado desnudo a la calle, y en una mala canoa le desterraron de la ciudad". Después de dos años de exilio, el Obispo Cárdenas regresó a Asunción, donde gozaba de mucho prestigio. En 1649 el pueblo de Asunción lo aclamó como gobernador. Aplicábase así la Real Cédula del 12 de Septiembre de 1537, que autorizaba a elegir popularmente gobernador interino hasta tanto que la Corona designase el titular. Poco después, a pedido del Cabildo, Cárdenas expulsó a los jesuitas, medida radican y temeraria con que se adelantó a la ordenada por Carlos III en 1767. El hecho constituía una verdadera revolución. El Virrey del Perú designó de inmediato gobernador a Andrés de León y Garabito, con un mandato expreso de someter a la rebelde provincia. Garabito, secundado por los jesuitas, armó un ejército de 4.000 indios y se dirigió hacia la capital. Asunción se aprestó a la defensa. Después de reñida batalla, Garabito entró en la ciudad; los indios cometieron crímenes de toda laya. Las familias asuncenas huyeron al Chaco. Apresado Cárdenas, fue nuevamente desterrado. Después de peregrinar muchos años en busca de justicia, la Santa Sede examinó su causa y lo eximió de toda culpa.
Y así llegamos a la época en que va a desarrollarse la Revolución Comunera. He aquí un documento que ilustra con toda precisión sobre las cansas del movimiento:
"Los religiosos de la Compañía de Jesús tienen y han tenido siempre a esta miserable provincia sujeta, abandonada y arruinada. Acosta del sudor, cuidado y desvelo de las armas de los vecinos, usufructúan todo lo pingüe de sus riquezas. Avasallan al pueblo con sus amenazas; lo tienen en suma pobreza, cogiéndose las mejores tierras de la Provincia, por ocupar las cuales pagan arrendamiento los propios que las defienden de los salvajes con su sangre y con su vida. Ocupan propiedades ajenas, quemando las casas de los vecinos. De ese modo, se apropiaron de las tierras que, partiendo del río, al sur de la ciudad, tienen de largo legua y media, y tres de ancho. A éstas siguen las tierras de San Lorenzo el Viejo y San Lorenzo el Nuevo, hasta dar en el Campo Grande; de modo que por ese lado cogen todo lo mejor de la tierra inmediata a la ciudad. De allí a 4 leguas, en el paraje Guayaiví-ty [Guajaivity], tienen otra posesión. En los campos de Pirayú [Piraju] tienen dos posesiones unidas en una, que cada una tiene dos leguas de largo, y de ancho en parte otras dos leguas; las sigue otra que llaman Paraguarí; otra incorporada en la cordillera arriba, que llaman los Naranjos; otra en Yarigua-á-guazú, en Yarigua-á-mí, en Tapytanguá, en Guazutay, hasta las cabezas del río Caañabé [3]. Todas estas últimas, juntas e incorporadas, como lo están, tienen de circunvalación más de 5 leguas, siendo la mejor de toda la Provincia en pastos, aguadas, montañas y abrevaderos, habiendo adquirido todo este dominio por sola su autoridad. Fundando su derecho en una merced, que dicen les hizo don Gregorio de Hinestrosa, mudan sus lindes, como hoy lo han hecho, extendiéndose desde el arroyo Ibembí e [Ivembi'e] hasta el Pirayubí [Pirajuvi], introduciéndose y quitando tierras de su estancia a los indios de Yaguarón, de unas seis leguas de longitud; por otro costado, desde el dicho Ibembiré [Ivembire] hasta Ybytimiré [Ybytumire], se han apropiado de otras cinco leguas; además de unas 16 leguas que pretenden de otros vecinos. Todas estas tierras son para un colegio que nunca mantiene más de 5 ó 6 sujetos, cuando bien pueden acomodarse en ella más de 200 familias que andan vagando, sin tener un palmo de tierra en el Real Servicio, después de haber conquistado esta tierra a costa de sus vidas. No siendo menos perjudicial esto, por el atajo que hacen de los caminos públicos en todo lo que dicen ser suyo, causando a los vecinos de esta Provincia innumerables trabajos, y pérdidas de hacienda y vidas, por los rodeos que les obligan a hacer por los caminos y arroyos crecidos. No es menos el daño que esta Provincia experimenta de dichos religiosos por el modo con que se tienen abarcado el comercio del río y de la tierra a título de Misiones y Bienes Eclesiásticos, sin pagar la Real alcabala, derecho de estanco a la ciudad ni los diezmos a la iglesia, alzándose con los yerbales de que esta ciudad es dueña, enviando a sus indios tapes para que echasen, despojasen y matasen a los beneficiadores españoles de dichos yerbales y a beneficiar grandísimas cantidades cada y cuando quieren, por su propia autoridad, sin licencia ni noticia de los señores Gobernadores, como lo hacen y ejecutan los españoles y los demás pueblos de indios de esta Provincia". (Arch. Nac., Acta Capitular citada por J. Natalicio González").
Por su parte, Matías Anglés y Gortari dio su informe en los siguientes términos: "Con toda verdad se puede afirmar, que estos pocos sujetos del Colegio tienen excesivamente más en el Terreno del Paraguay, que lo que gozan y les resta a todos los vecinos del Paraguay, y su Provincia, que se compondrá de diez mil españoles capaces de llevar armas, y lo menos cincuenta mil españoles.
A los vecinos no les han quedado, ni tienen más tierras que las de las montañas o fronteras, que están continuamente defendiendo de tanto infiel enemigo, con riesgo de sus vidas, a su costa. Es de ponderar, que aún las más de las tierras que estos soldados españoles ocupan, son también de los padres de dicho Colegio, por las cuales pagan anualmente arrendamiento bien crecido, que cobran los dichos padres con notable rigor.
En el Colegio de la expresada ciudad de Asunción, tienen los padres dos almacenes públicos, en los cuales se venden todos los géneros de Castilla gastables en la ciudad y el país, y ropa de la tierra y paños de Quito. Y como los padres conducen estas memorias de género y ropa de la tierra desde Buenos Aires y Colonia, sin costo alguno, con sus indios y sus embarcaciones, y no pagan fletes ni alcabalas ni otros derechos ni impuestos, aunque sean muy precisos y obligatorios, bajan un poco del precio corriente a que los pueden vender los comerciantes, que pagan y contribuyen con todas estas pensiones y tienen tan crecidos gastos y costos en la conducción, y de esta suerte venden los dichos padres memorias crecidas de géneros y ropa en perjuicio considerable de los haberes Reales, y gran quebranto y atraso de los comerciantes, que se eternizan en lo que llevan.
Los padres de dicho Colegio tienen abarcado todo o la mayor parte del comercio de la Provincia, y recogen la substancia de cuanto produce. Se han adelantado de tal suerte en el manejo de todo lo que puede producir utilidad conveniencia, y son tantas y tan opulentas las estancias que tienen, tan cuantiosas las ventas que hacen, que casi penden todos los vecinos del arbitrio de sus Reverencias".
Compendiemos en lo posible el desarrollo de los acontecimientos.
En 1717 es designado Gobernador del Paraguay Diego de los Reyes Balmaceda, muy vinculado a los jesuitas. Poco después, el vecindario formula contra Reyes las siguientes acusaciones: 1º) Haber asumido la gobernación sin "dispensa de naturaleza", pues estaba casado con la asuncena Francisca Benítez, y las leyes prohibían la provisión de los cargos con vecinos de una provincia. 2º) Haber impuesto en provecho propio el servicio personal a los indios, contra lo dispuesto por las Ordenanzas de Alfaro. 3º) Injusta guerra a los payaguaes. 4º) Haber establecido impuestos nuevos sin autoridad para hacerlo. 5º) Trabas puestas al comercio. 6º) Haber interceptado los caminos a Charcas para impedir la presentación de las denuncias formuladas en contra de él. La Audiencia de Charcas designa entonces Juez Pesquisidor en la Provincia del Paraguay al doctor José de Antequera y Castro, Caballero de la Orden de Alcántara y Protector de los Indios del Perú. Este distinguido jurista panameño comprueba la veracidad de las acusaciones contra Balmaceda. Un pliego cerrado que traía le autorizaba a ejercer la gobernación en caso de resultar culpable Balmaceda. Antequera asume, pues, el gobierno del Paraguay. Balmaceda huye. Pero luego, repuesto en el cargo por el Virrey del Perú y Arzobispo de Lima Fray Diego Morcillo, vuelve a la cabeza de 6.000 indios facilitádosle por el Superior de los Jesuitas. Se detiene, sin embargo, en Tabapy [Tavapy], y luego se retira. El Virrey encarga entonces a Baltasar García Ros la reposición de Balmaceda en el gobierno. Antequera declara ante el Cabildo: "El pueblo reservó en sí una facultad, especialmente en lo que mira a las leyes del gobierno político, a las que tienen su fundamento en el Derecho Natural. El pueblo puede oponerse al Príncipe que no procede "ex acquo et bono". No todos los mandatos del Príncipe deben ejecutarse". Estamos en 1723. Comienza la Revolución Comunera. El Cabildo asunceno acuerda solemnemente no acatar ni a Balmaceda como gobernador, ni a García Ros como enviado del Virrey, y ratificar en el mando a Antequera. García Ros, auxiliado por los jesuitas, parte con 2.000 indios. El Cabildo encarga a Antequera la, jefatura del ejército y expulsa a los jesuitas de Asunción, dándoles el plazo perentorio de 3 horas. (Es la segunda expulsión, pues la primera fue realizada por el Obispo Cárdenas). Antequera marcha al encuentro del ejército invasor y lo derrota a orillas del Tebicuary. A su regreso es recibido triunfalmente por la ciudad. Todos los pueblos envían emisarios y mensajes que demuestran la popularidad de la caunsa por él defendida. Además del apoyo del Cabildo, Antequera cuenta con el de los franciscanos, cuyo espíritu liberal estuvo siempre en oposición al absorbente y dominador de los jesuitas. Pero el Virrey ordena terminantemente a Bruno Mauricio de Zabala, Gobernador de Buenos Aires y fundador de Montevideo, que se dirija al Paraguay contra Antequera. Zabala, al frente de un ejército de 6.000 guaraníes de las Misiones, se dirige a Asunción. En la imposibilidad de resistir, Antequera se ve obligado a dirigirse a Córdoba, donde se refugia en el Convento de los Franciscanos. Ramón de las Llanas, jefe interino, no puede, dada la escasez de armas, organizar la defensa en forma eficaz. Zabala entra en Asunción, repone a los jesuitas en su Colegio y nombra gobernador a Martín de Barúa. Así termina la primera etapa de la Revolución Comunera.
Estando en el Convento de San Francisco, en Córdoba, Antequera oye pregonar un bando del Virrey por el que se ofrece cuatro mil pesos de premio a quien lo entregue vivo o muerto y dos mil al que denuncie su paradero. Esperanzado en la Audiencia de Charcas, que lo había enviado al Paraguay, Antequera intenta presentarse ante ella a rendir cuenta de sus gestiones. Pero la Audiencia le hace apresar y lo envía a Lima ante el Virrey. Lo acompaña Juan de Mena, su fiel compañero de causa. En la cárcel de Lima, Antequera traba amistad con otro panameño: Fernando de Mompós, a quien entusiasma con la causa popular de los asuncenos. Mompós consigue huir de la prisión y se dirige al Paraguay. Elocuente orador, se pone a predicar públicamente en las calles de Asunción. Sostiene que "el poder del Común de cualquier República, ciudad, villa o aldea es más poderoso que el mismo Rey. En manos del Común está admitir la ley o el gobernador que gustase, porque aunque se los diese el Príncipe, si el Común no quiere, puede justamente resistir y dejar de obedecer". Son los mismos conceptos de Antequera, expuestos en diferentes términos. Se produce una honda conmoción política. Alrededor de Mompós se forma el partido "comunero". Allí están el Cabildo, los franciscanos y la inmensa mayoría del pueblo. En el partido "virreynalista" se nuclean los jesuitas y sus escasos partidarios. Los bandos representan dos fuerzas: la impulsora y la retentora. "Ambas fuerzas son – como observa Zum Felde – inherentes a la economía biológica del agregado; todo organismo social necesita de la lucha de elementos dentro de sí para conservarse y evolucionar. Un país sin partidos políticos, sin lucha de tendencias, es un país estancado, esterilizado, inánime. El sueño de la paz perfecta, del perfecto acuerdo, es contrario a la evolución orgánica, que requiere movimiento y lucha. Cuanto más turbulento y apasionado sea un pueblo joven, tanto más vigorosa y fecunda será su madurez". El gobernador Barúa se hace grato al pueblo asunceno. Pero he aquí que el nuevo Virrey, Marqués de Castelfuerte, designa Gobernador del Paraguay a un pariente suyo, Ignacio Soroeta. Los comuneros declaran que no aceptan otra autoridad que la de Barúa y el Cabildo intima a Soroeta a salir inmediatamente de la Provincia. Como Barúa se niega a continuar en el mando, los comuneros eligen una Junta Gubernativa y a José Luis Barreiro como Presidente de la misma. Por desgracia, el tal Barreiro resulta un traidor; tiende una celada a Mompós, lo apresa y lo entrega a las autoridades de Buenos Aires. Por vía Colonia do Sacramento, Mompós huye al Brasil. Estalla una revolución contra el traidor Barreiro; los jefes de los pueblos de la Cordillera marchan con gente armada sobre la capital; se apoderan de ella y eligen Presidente de la Junta Gubernativa a Antonio Ruiz de Arellano.
Después de estar en la cárcel durante cinco años, Antequera es condenado a decapitación en el cadalso. El pueblo limeño implora el perdón de la víctima. Esta es muerta camino del suplicio. Poco después es ejecutado Juan de Mena. La llegada de estas noticias causa inmensa indignación en los comuneros asuncenos; el Colegio Jesuítico es asaltado y los miembros dé la Orden expulsados por tercera vez. La hija de Juan de Mena, que llevaba luto por su esposo Ramón de las Llanas, al enterarse del suplicio de su padre, arroja las negras vestiduras y se presenta al pueblo vestida de blanco, "porque no era bien llorar vida con tanta gloria tributada a la patria".
El Virrey no cede en su pretensión de imponer gobernadores al Paraguay. Es enviado en tal carácter Manuel Agustín de Ruiloba. Éste, apenas llegado, comienza a despotricar contra los comuneros. Estalla contra él una insurrección; la gente cordillerana se concentra en Guayaibity [Guajaivity], cerca de Itá; Ruiloba sale para combatirlos y es muerto en la lucha. Los comuneros proclaman Gobernador al Obispo franciscano Fray Juan de Arregui. Éste deja poco después el gobierno.
El virrey ordena nuevamente a Bruno Mauricio de Zabala apagar la rebelión ejecutando medidas represivas. Al frente de 6.000 indios de las reducciones jesuíticas, Zabala avanza contra los comuneros, venciéndolos en Tabapy [Tavapy]. Es el año 1735. Entra en Asunción, repone a los jesuitas en su colegio, designa Gobernador a Martín José de Echauri, declara abolido el derecho de elegir gobernadores en casos de vacante – privilegio que Asunción tenía desde 1537 –, condena a muerte a los principales jefes comuneros y hace perseguir cruelmente a otros que se habían refugiado en los montes después de Tabapy. Quedaba terminada la última etapa de la Revolución Comunera.
¿En qué consistió, pues, la ideología comunera? Su contenido económico fue éste: extinción del monopolio ejercido por los jesuitas en las riquezas básicas del Paraguay. Y éste su contenido político: defensa de la autonomía regional y de las libertades públicas contra el absolutismo centralista del Virrey.
El pueblo mantuvo – dice Díaz Pérez – "vinculación inmediata, tradicional y natural con la entidad popular democrática y netamente hispana del Cabildo, en oposición a la arbitraria de las jurisdicciones políticas absolutistas representadas en cierto modo por la Audiencia y el Virreynato. Durante este período, hubo batallas en las calles y en los campos, entre comuneros y virreynalistas; vienen de luengas tierras héroes y tribunos populares que levantan en masa el país; se predica ruidosamente en las calles asuncenas la doctrina de la prioridad del Común sobre toda otra autoridad; el pueblo y el Cabildo gobernarán autónomamente; se creará con asombro de los tiempos nada menos que una Junta Gubernativa, en pleno siglo XVIII, cuando aún no se había producido la Revolución Francesa (ni la Estadounidense). Los jesuitas tocarán todos los resortes para imponerse. El Papa, el Rey, el Virrey, la Audiencia de Charcas, todas las potestades soberanas entrarán en juego, hasta que la causa de la comunidad, desmayada y agotada, en lucha contra innúmeras adversidades, venga a ser ahogada en sangre, permitiendo el triunfo del absolutismo centralista". Por eso, Díaz Pérez afirma que la causa capitular era la local y había de ser más tarde la nacional, y que los elementos populares que la secundaban anticipáronse a la actitud que, andando el tiempo, habían de asumir los revolucionarios de la Independencia.
"Los jesuitas y los comuneros – dice el doctor Justo Pastor Benítez –, fueron dos sociedades en lucha, dos organizaciones que chocaron. El Cabildo encarnó los intereses de la provincia contra los gobernadores que secundaban el predominio jesuítico y el absolutismo. Hay en el fondo de esa resistencia un fuerte apego a los fueros municipales, una tendencia a conseguir el predominio civil del Cabildo en la naciente sociedad colonial, como expresión de autonomía, de gobierno propio. La revolución compendiaba las quejas y aspiraciones de la provincia contra el absolutismo, el desamparo, los excesivos gravámenes económicos y la desigualdad de situación frente a las opulentas Misiones; la reivindicación de su tradición jurídica y de la primacía de la voluntad del Común".
Antequera fue, sin duda, la figura de mayor relieve de aquel memorable movimiento. "No rompió – dice Benítez – la imparcialidad del juez, sino que puso su autoridad al servicio de la justicia verificada. Entrevió en aquella confusa rebelión un fondo de aspiraciones legítimas; vio la preterición en que vivían los paraguayos y se puso a acaudillarlos para defenderlos. Era elocuente, ejecutivo y contagioso. Llegado del otro extremo del continente, se hizo el vocero del Cabildo, amparo jurídico éste de la sociedad civil del coloniaje. Nunca fue un demagogo. Caudillo sí y vocero eminente de la causa popular. Luchó y sufrió. Sus ideas, sus luchas, su altivez, su martirologio, hacen del doctor José de Antequera y Castro un precursor de la independencia americana".
Los paraguayos celebraban su recuerdo en coplas que cantaban al son del arpa y la guitarra:

A la puerta de mi casa
tengo una losa frontera
con un letrero que dice:
¡Viva José de Antequera!

Para que sirviese de escarmiento a la rebelde provincia, la Audiencia de Charcas expidió arbitrariamente un auto, en 1739, por el cual constituía a Santa Fe en "Puerto Preciso" para todas las embarcaciones del Paraguay, prohibiendo que éstas siguieran directamente a Buenos Aires. Los barcos, después de hacer su descarga en Santa Fe y de abonar los ruinosos impuestos de arbitrio, sisa y alcabala, no podían seguir por el río hasta Buenos Aires. El impuesto de arbitrio estaba destinado a costear 200 soldados para la defensa de Santa Fe. El de sisa, a las obras de fortificaciones de Buenos Aires y Montevideo. Y el de alcabala era el impuesto sobre las rentas y transacciones en general. Los comerciantes estaban obligados a seguir el viaje por tierra, conduciendo en carretas los frutos del Paraguay. Además, la conducción no podía ser efectuada por los forasteros, pues los santafecinos tenían por una ley el monopolio del transporte terrestre. Todo ello causaba un perjuicio terrible a la Provincia del Paraguay.
Buenos Aires, abogando "pro domo sua", pidió la revocación de aquella medida inconsulta que la perjudicaba. Alegaba "los perjuicios que de ella se le seguían y aún su total ruina y exterminio, que es forzoso se siga con el abandono de su único comercio, que es la yerba y los efectos del Paraguay". De nada sirvió esta representación, como tampoco la que a su vez hizo el Paraguay en el mismo sentido.
Sofocada la Revolución Comunera, los jesuitas continuaron en el Paraguay treintidós años más. En Europa, la Orden era muy combatida por sus maquinaciones políticas. Especialmente en Francia, Portugal, España, Holanda y Flandes. Se los fue expulsando de todos esos países. En 1767, aconsejado por su Ministro el Conde de Aranda, Carlos III los expulsó de la Península y de sus posesiones ultramarinas. Tuvieron que abandonar, pues, las Misiones del Paraguay. Los indios se dispersaron. La selva tentacular inició su avance. Y de las reducciones se adueñó el silencio. Convertidas en taparas, de ellas sólo quedaron las ruinas de sus iglesias de piedra tallada, sus retablos churriguerismos y sus frescos primorosos.
Diez años más tarde, esto es, en 1776, una Real Cédula creaba el Virreinato del Río de la Plata, con territorios que hasta entonces habían pertenecido al Virreinato del Perú. La nueva jurisdicción abarcaba Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia actuales, además de Río Grande del Sur (hoy brasileña). Los motivos determinantes de la creación del nuevo virreinato fueron dos: la dificultad de administrar desde Lima tan vasto territorio, y la necesidad. de establecer a orillas del Atlántico un poder capaz de oponerse a las continuas usurpaciones portuguesas. Buenos Aires fue designada capital de la nueva entidad.
El Virreinato del Río de la Plata tuvo su andamiaje político en la Real Ordenanza de Intendentes, promulgada en 1782. Ella dividía el virreinato en 8 Intendencias y 4 Gobernaciones Militares. Así surgieron las Intendencias de Buenos Aires, Córdoba, Salta, Paraguay, La Paz, Potosí, Chuquisaca, y Cochabamba. Y las Gobernaciones Militares de Montevideo, Misiones, Mojos y Chiquitos.
De la larga y enconada lucha entre comuneros y jesuitas, sólo quedaba el recuerdo. Ya no turbaban los primeros las apacibles calles asuncenas con el rumor de sus tumultuosas asambleas. Ya no tocaban a somatén los segundos para lanzar sus indígenas milicias sobre Asunción, la díscola.
.
FUENTES CONSULTADAS
Manuscritos del Archivo Nacional
Vol. 1, Nº 15-21.
Vol. 3383, Nueva Encuad.
Vol. 37, Nº 54.
Vol. 40, Nº 4.
Vol. 34
Vol. 127, Nº 12-22.
Vol. 35, Nº 9.
Vol. 928
Vol. 196 Nueva Encuad.
Vol. 44, Nº 4-5.
Vol. 38, Nº 45-46.
Vol. 1, Nº 12.
Vol. 5, Nº 1-7.
Vol. 2, Nº 20.
Vol. 93, Nº 2.
Vol. 45, Nº 8.
Vol. 45, Nº 1.
Vol. 5, Nº 5.
Vol. 37, Nº 49.
Vol. 2, Nº 8-17.
Vol. 59, Nº 18.
Vol. 63, Nº 2.
Vol. 46, Nº 15.
Vol. 2, Nº 3.
Vol. 44, Nº 1.
Vol. 305 Nueva Encuad.
Vol. 63, Nº 5.
Vol. 546 Nueva Encuad.
Vol. 457 Nueva Encuad.
Vol. 95, Nº 7.
Vol. 3380 Nueva Encuad.
Vol. 594 Nueva Encuad.
Vol. 22, Nº 1-8.
Vol. 12, Nº 18.
Vol. 256 Nueva Encuad.

BIBLIOGRAFIA

ACCIOLY, Hildebrando: Límites do Brasil. A fronteira com o Paraguay.
AGUIRRE, Juan Francisco: Discurso histórico sobre el descubrimiento, conquista y establecimiento de los españoles en las provincias del Río de la Plata.
AUDIBERT, Alejandro: Los límites de la antigua Provincia del Paraguay.
BÁEZ, Cecilio: Historia colonial del Paraguay y Río de la Plata.
BÁEZ, Cecilio: Historia diplomática del Paraguay.
BENÍTEZ, Gregorio: La Revolución de Mayo.
BENÍTEZ, Justo Pastor: La Revolución de Mayo.
BENÍTEZ, Justo Pastor: Los comuneros del Paraguay.
BORDÓN, J. Rodolfo: La penetración imperialista y la cuestión social en el Paraguay.
CALMÓN, Pedro: Historia de la civilización brasileña.
CALOGERAS, Joao Pandiá: A política exterior do Imperio (As origens).
CAPDEVILA, Arturo: Las invasiones inglesas.
CARDOZO, Efraím: Aspectos de la cuestión del Chaco.
CARDOZO, Efraím: El Chaco en el régimen de las Intendencias.
CARDOZO, Efraím: El Chaco y los Virreyes.
CARDOZO, Efraím: La Audiencia do Charcas y la facultad de gobierno. GREZ PÉREZ, Carlos E.: La prueba de los mapas en el conflicto del Chaco.
CARDOZO, Ramón I.: Historia del Guairá.
COLÓN, Cristóbal: Relación del primer viaje.
DECOUD, José Segundo: Recuerdos históricos.
DÍAZ DE GUZMÁN, Ruy: La Argentina [Anales del Descubrimiento, Población y Conquista del Río de la Plata].
DÍAZ PÉREZ, Viriato: Las comunidades peninsulares y la Revolución Comunera del Paraguay.
DOMINGUEZ, Manuel: 9 folletos (Contrafuertes andinos, Statu-quo, Mistificacionos, 7 Reyes y 10 Virreyes, Obispado, Expediciones, Lindolfo Collar, Daniel Antokoletz, José Nicolás Matienzo).
DOMÍNGUEZ, Manuel: El alma de la raza.
DOMINGUEZ, Manuel: El Chaco Boreal.
FONSECA, Nery da: Fronteiras do Sector Sul.
FREYRE, Gilberto: Casa – Grande y Senzala.
GANDÍA, Enrique de: Buenos Aires desde sus orígenes hasta Hernandarias.
GANDÍA, Enrique de: Crónica del magnífico Adelantado don Pedro de Mendoza.
GANDÍA, Enrique de: Historia de la conquista del Río de la Plata y del Paraguay.
GANDIA, Enrique de: Historia de Santa Cruz de la Sierra.
GANDIA, Enrique de: Historia del Gran Chaco.
GANDÍA, Enrique de: Las misiones jesuíticas y los bandeirantes paulistas.
GANDIA, Enrique de: Límites de las gobernaciones sudamericanas en el siglo XVI.
GARAY, Blas: El comunismo de las Misiones jesuíticas.
GARAY, Blas: La Revolución de la Independencia del Paraguay.
GIDDINGS, Franklin E.: Principios de Sociología.
GONDRA, Manuel: Consideraciones históricas sobre la Revolución de la la Independencia.
GONZÁLEZ, J. Natalicio: De los comuneros a los López.
GONZÁLEZ, J. Natalicio: Proceso y formación de la cultura paraguaya.
KRETSCHMER, Konrad: Historia de la Geografía.
LARRETA, Enrique: Las dos fundaciones de Buenos Aires.
LEVENE, Ricardo: Síntesis de la Revolución de Mayo.
M. DE RELACIONES EXTERIORES: Exposición de la causa del Paraguay en su conflicto con Bolivia.
MEMORIA de la Secretaria de Relaciones Exteriores de Guatemala (1933).
MOLAS, Mariano: Descripción histórica de la antigua Provincia del Paraguay.
MORENO, Fulgencio R.: El problema de las fronteras.
MORENO, Fulgencio R.: La ciudad de la Asunción.
MORENO, Fulgencio R.: La extensión territorial del Paraguay al occidente de su río.
MORENO, Fulgencio: Estudio sobre la Independencia del Paraguay.
NÚÑEZ, Alvar: Naufragios y Comentarios.
PÉREZ, Juan F: Fechas y emblemas patrios del Paraguay.
PÉREZ, Juan F: Las invasiones inglesas.
ROJAS, Alberto: Los jesuitas en el Paraguay.
ROJAS, Ricardo: Blasón de plata.
SAAVEDRA, Hernandarias de: Cartas y memoriales al Rey de España y al Consejo de Indias.
SALINAS BALDIVIESO, Carlos Alberto: Historia diplomática de Bolivia.
SÁNCHEZ, Luis Alberto: El pueblo en la revolución americana.
SCHMIDL, Ulrico: Viaje al Río de la Plata.
SOSA ESCALADA, J. M.: Caballero.
SOSA ESCALADA, J. M.: Las fundaciones de las ciudades de la Asunción y Buenos Aires.
SOSA ESCALADA, J.M. : Conferencia sobre límites paraguayos.
TEJA ZABRE, Alfonzo: Historia de México. Una moderna interpretación.
VARZEA, Affonso: Límites meridionaes.
ZUM FELDE, Alberto: Evolución histórica del Uruguay y esquema de su sociología.
.
Visite la GALERÍA DE LETRAS
del PORTALGUARANI.COM
Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.