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jueves, 29 de julio de 2010

R. ANTONIO RAMOS - EL CONGRESO DE 1813 / Fuente: LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY Y EL IMPERIO DEL BRASIL

CONGRESO DE 1813
Autor:
ANTONIO RAMOS
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
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CONGRESO DE 1813

Buenos Aires que había reconocido la independencia del Paraguay insistió, sin embargo, que éste enviase sus diputados al congreso de las Provincias Unidas del Río de la Plata, con el propósito de neutralizar aquella determinación y someter a la provincia rebelde.
El movimiento triunfante en la capital del antiguo virreinato el 8 de octubre de 1812 dio lugar a la formación del segundo triunvirato, que quedó integrado por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Alvarez de Jonte, con la condición de convocar una Asamblea general de las provincias. Dando cumplimiento a este mandato el nuevo poder ejecutivo llamó a elecciones «para que el pueblo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, abriendo el libro de sus eternos derechos por medio de libres y legítimos representantes, vote y decrete la figura con que debe aparecer en el grand teatro de las naciones.» El congreso a celebrarse tuvo por lo tanto el carácter de constituyente. (1)
El segundo triunvirato comunicó al Paraguay la convocatoria del congreso, invitándole a hacerse representar en la asamblea. «Para hacer conseq.tes sus miras, – decía – tambien analogas alos deseos q.e anteriorm.te há manifestado esa Provincia, es que se acompaña a V.S. la expresa convoc.n con la segura confianza de que siendo tan intere.do V. S. enlas deliberaciones dela Asamblea gral q.e se perfija por su medio, no trepidará un instante en proceder, como urge, al nombram.to del Diputº o Diputados q.e representando la Provª del Paraguay, concurra a sus importes sesiones q.e han de iniciarse bajo los princip.s mas liberales, consultando el interés, representc.n y dro de todas, y ála participacion delas ventajas q.e deberan resultar de aquellas álas Provincias unidas a esa de su mando, cuyas relaciones de comercio q.e han de establecerse e igualdad de sentim.tos y acciones discutidas en tan augusta corporacion, deberan abrir sin duda alguna a ambos territorios los canales dela opulencia y prosperidad nacional».(2)
La Junta Gubernativa no se pronunció de inmediato sobre la invitación de Buenos Aires. La cuestión era grave y antes de una contestación definitiva resolvió escuchar al cabildo, como un medio de dar tiempo al tiempo. Ya al partir el correo ordinario a Corrientes recibió el oficio relativo a la convocatoria de diputados al congreso general y aprovechando unos pocos instantes contestó «que en este particular acordará lo que sea mas conveniente con el Ylltre Cabildo de esta Ciudad», de cuyo resultado instruirá oportunamente al gobierno bonaerense. (3)
La respuesta no era afirmativa ni daba esperanzas que sería en este sentido. La resolución más conveniente será la adoptada y lo más conveniente era no someterse a Buenos Aires y, en consecuencia, no enviar diputados al congreso general.
El triunvirato insistió. En su comunicación del 19 de diciembre después de responder a la queja del Paraguay sobre la cuestión del impuesto al tabaco, terminaba expresando: «De todos modos y bajo qualquier principio se hace indispensable la concurrencia de esa Provincia por medio de sus respectivos Representantes, quienes de comun acuerdo constituiran el orden de los Pueblos, y demarcaran los dros, y obligaciones que dicipando todo motivo de desconfianza y temores, aseguraran la fraternidad que debe ser el distintivo de la gran familia que componen ambos territorios». (4) El mismo día contestó el oficio de la Junta Gubernativa del 26 de noviembre manifestando que en la brevedad posible esperaba el envio de los «Diputados que han de representar esa Provincia en la proxima Asamblea, y cuyo resultado llenará sin duda el voto general, correspondiente a las altas esperanzas de todos los Pueblos». (5)
El Paraguayo Independiente al referirse a las relaciones con Buenos Aires comentó: «El Gobierno del Paraguay conocía radicalmente la naturaleza de la política porteña, y el intuito que tales manejos tenían: su opinión estaba formada, pero queriendo desde el principio de la revolución marchar siempre de acuerdo con el país, consultó con previsión y antecedencia la opinión pública». Sometió por lo tanto la delicada cuestión a la consideración del Cabildo. Este cuerpo respondió el 22 de diciembre «que teniendo a la vista, así los estractos de los oficios de Buenos Aires, como el impreso de aquella ciudad relativo a la creación de individuos del nuevo Gobierno ejecutivo, y a la reunión de una asamblea general... y no separando de su mayor atención las actas celebradas por la provincia en junta jeneral en los días 17, 18, 19 y 20 de Junio de 1811: impuesto y bien inteligenciado de todo ello, esponía y esplicaba su dictamen acordado por última conclusión que no era llegado el caso de hacer la Provincia emisión de sus diputados». (6)
La resolución del cabildo tenia una indudable importancia. Ella fijaba la posición del Paraguay en la cuestión del envío de diputados al congreso general convocado por el triunvirato. La negativa del cabildo respondía a una aspiración popular y fue adoptada teniendo en cuenta las actas de la asamblea celebrada en junio de 1811. Esta prueba una vez más que el Paraguay no pretendió con su revolución unirse a Buenos Aires y que si en las resoluciones de la aludida asamblea y en la nota del 20 de julio se habló de esa unión y del envío de diputados a la capital del Río de la Plata fue sólo una cortina de humo para contrarrestar la reacción bonaerense, así, como en el comienzo de los movimientos revolucionarios en las distintas regiones americanas se hablaba de la fidelidad a Fernando VII para aplacar el sentimiento de los españoles, no obstante la tendencia separatista de esos movimientos.
El triunvirato no se dio por vencido. El 19 de enero de 1813 reiteró su instancia. En la cuestión de la represa el «Agente de la Cámara» pidió que la resolución se dejase a cargo de la asamblea a celebrarse. El gobierno juzgó de su deber acceder a la solicitud y someter la controversia a consideración del congreso. «Esta justa medida – agregaba el triunvirato – debe ser tanto mas considerada p.r V.S. q.to debe persuadir de la necesidad y conveniencia de esa Provª tenga su representante en la Asamblea con las instrucciones convenientes. De este modo la resolucion caera sobre una discusion ilustrada, y su resultado sera el de la voluntad gral, que aquietara a V.E. en toda duda, disipara toda impulsion poco favorable que haya causado la incertidumbre, ó desfiguración consiguiente a la distancia; y V.S. se acabará de persuadir q.e la conducta del Gov.no de B.s Ayr.s siempre ha correspondido y corresponderá a los ingenuos sentimientos que ha manifestado, y tiene el honor de asegurar en esta ocasión». (7)
Buenos Aires buscaba dilatar la solución del incidente no obstante los «ingenuos sentimientos» que aseguraba, buscando con la medida persuadir al Paraguay de la conveniencia de enviar sus diputados al congreso de las Provincias Unidas. Por su parte la Junta Gubernativa trató también de dilatar la cuestión, buscando una ratificación de lo resuelto por el cabildo el 22 de diciembre, «para asegurar el acierto dela resolucion que deba tomar en el caso». Resolvió entonces oir por segunda vez al «Cuerpo Capitular», cuyos nuevos miembros moraban en su mayoría en la campaña. Tan pronto como se reuniesen «secuidará de terminar este negocio», comunicando a Buenos Aires la determinación adoptada. (8)
Al día siguiente, la Junta Gubernativa contestó las imputaciones de Buenos Aires contenidas en la nota del 19 de diciembre, refiriéndose al proceder inamistoso del gobierno bonaerense y a la «infracción monstruosa» del tratado del 12 de octubre de parte de ese mismo gobierno.
«Se ha llegado también – decía al triunvirato – al extremo de manifestar una cierta aversión, ó encono por la independencia y libertad de esta Provincia, quando se le distingue con un odioso recargo duplicado de impuestos sobre sus haciendas, o frutos; y esto si que deja mas comprometida, y equívoca la opinion y conducta de Buenos Aires en la proclamacion que hace de los Dros sagrados de los Pueblos. – Por último quiere V.E. que este negocio se remita al juicio del Congreso que propone, es decir de una Asamblea de subditos, y dependientes del mismo Gobierno de Buenos Ayres en cuia comparacion la representacion de la odiada Provincia del Paraguay seria nula y de mera formalidad. Pero dejando esto y mucho mas que se podria deducir, si en el concepto de V.E. yá no existen los tratados, ya no hay union, alianza, ni confederacion cómo ó con que intencion ó idea se invita al Paraguay a este Congreso? Es preciso satisfacer antes a esta pregunta, y resolver estas dificultades». (9)
El Paraguay no estaba resuelto a renunciar a su «independencia y libertad» y, de consiguiente, no intervendría en una «Asamblea de súbditos y dependientes» de Buenos Aires. Su autonomía ante todo. Buenos Aires ni siquiera podía invocar la disposición de los tratados, que violó con agravio y perjuicio de la provincia.
No obstante este cambio de notas recriminatorias el Paraguay cumplimentó con Buenos Aires con motivo del «feliz suceso de las Armas de la Patria contra la Expedicion maritima de Montevideo, que habia desembarcado en Sn. Lorenzo creyendo proveer de víveres, para seguir su derrota. Este Gov.no aplaude y celebra este triunfo – expresó la Junta Gubernativa – debido a la activa disposicion, con q.e se previno el funesto acontecimiento, q.e en otras ocasiones há producido la irrupcion de ese enxambre de Piratas, que sin destino, ocupacion, ni exercicio fixan en el pillaje la esperanza de su subsistencia. No hay duda que V.E. ha conocido y calculado exactam.te lo importante que es el trafico de una y otra Provª tener franca y desembarazada la Navegacion». El comercio no habría padecido porque antes de la recepción del oficio de Buenos Aires no se permitió la salida «de Buque alguno de consideracion, a fin de evitar, que cayese a manos del Enemigo». El gobierno esperaba noticias de la completa retirada de los corsarios para franquear la licencia a los barcos de la carrera. (10)
El combate de San Lorenzo fue el bautismo de fuego de los granaderos a caballo a las órdenes del entonces coronel José de San Martín, el después glorioso capitán de los Andes. Si bien de reducidas proporciones militares su importancia radicó en haber liberado de enemigos la navegación del río Paraná, fundamental para el desarrollo de la independencia y el comercio del Paraguay. Fue después de San Lorenzo que un modesto lanchero, natural de los bosques perfumados del Guairá, pidió su incorporación a los granaderos a caballo. Desde entonces José Félix Bogado compartió la suerte del famoso regimiento hasta llegar a comandarlo en Ayacucho. Después de la célebre batalla, que puso término a la guerra de la independencia, Bogado fue ascendido al grado de coronel por el Libertador Bolívar, regresando a Buenos Aires con los últimos siete sobrevivientes y la bandera de la unidad.
En este estado de las relaciones entre los dos gobiernos, Buenos Aires cambió de procedimiento, buscando nuevamente un entendimiento con el Paraguay, reiteró «la sinceridad de su conducta y positivos deseos de consolidar la armonia y union» no sólo con el Paraguay sino también con las demás provincias del Río de la Plata. Con ese objeto resolvió enviar a Asunción «una mision plenamente autorizada, que promueva la uniformidad, y consonancia de sentimientos, la confianza de su perpetuidad, y el mayor interés de la felicidad general». (11)
El 6 de marzo de 1813 el gobierno bonaerense comunicó a Nicolás de Herrera su designación como enviado extraordinario ante el de Asunción con amplias facultades. El triunvirato deseaba que el comisionado se pusiese en camino en la brevedad posible, para cuyo efecto le remitió las instrucciones y la credencial correspondientes. (12)
Las instrucciones, fechadas el 4 de marzo de 1813, constituían una documentación fundamental del pensamiento político de Buenos Aires con relación al Paraguay. En ellas estaba expresado el sentimiento dominante del centralismo bonaerense. «El sistema unitario – decía El Paraguayo Independiente – hacía entonces sus primeros y fuertes ensayos; era él quien en esa época predominaba». (13)
Herrera debía manifestar con «dextresa y eficacia» a la Junta Gubernativa los sentimientos del gobierno de Buenos Aires, de adhesión a los principios pactados por ambos territorios, y desvanecer las prevenciones contra los intereses del Río de la Plata y la conducta de Buenos Aires en su marcha por alcanzar «el Sagrado fin de su gloriosa revolucion», haciendo una relación exacta de los hechos demostrativos de la moderación, liberalidad y justicia con que Buenos Aires ha precedido en sus innovaciones, con notorias ventajas sobre el pasado del país. Las potencias de ultramar, con «excepción de los Comerciantes de Cadiz», no serán capaces de forzar la voluntad general de las provincias, más bien protegerán el voto popular. El comisionado, por tanto, persuadirá al gobierno de Asunción de la necesidad y conveniencia que el Paraguay nombrase sus diputados para la asamblea, que se hallaba felizmente abierta, cumpliendo en tan oportuna circunstancia las promesas con las cuales empeñó su honor y opinión, de acuerdo con sus comunicaciones oficiales y el tratado del 12 de octubre de 1811, ratificado el 14 del mismo mes. (14)
En documento tan importante no podría olvidarse a los portugueses, cuya política sirvió para que cada uno de los dos Gobiernos se afirmase en sus puntos de vista y peticiones. Las instrucciones continuaban recomendando; «Exforzara la persuacion del artículo anterior como q.e el hace el objeto preferente de la mision, y p.r lo mismo movera todos los resortes que sea preciso tocar a determinar aquella junta a la remision de Diputados y como aquella Prov.a p.r su localidad debe temer inmediatam.te los efectos de qualquiera agresion Portuguesa, puede hacerles entender diestramente que su concurrencia es tanto mas ventajosa, q.to ella debe disipar qualquier pretexto politico de la corte del Brasil, que a pesar del armisticio concluido no dejara de asechar ambos territorios y de aprovecharse de qualquiera especie de desunion, que destruya la integridad politica de ellos p.a extender su dominacion en el primer momento favorable, q.e prepararia aquella, y q.e p.r tanto no se puede imaginar barrera mas respetable a las miras ambisiosas de los Portugueses q.e la union civil y politica de ambas prov.s baxo planes demarcados p.r los respectivos Diputados en la Asamblea». (15)
El peligro portugués nuevamente era invocado, pero de esta vez para argumentar a favor de la «union civil y politica de ambas Prov.s». Buenos Aires recurría a todos estos expedientes procurando recuperar la buena voluntad del Paraguay, cuya independencia se debió, precisamente, entre otras causas, a ese mismo peligro.
Herrera no debía entrar a considerar la constitución que pudiesen adoptar los pueblos, no era la oportunidad para esa discusión, que quedaría a cargo de los legítimos representantes de las provincias. Si la Junta del Paraguay insistiese en sus reparos para concurrir a la asamblea, el comisionado podía dejar al arbitrio de aquélla la fijación del número de diputados y demostrar «por una serie de hechos incontestables» la independencia que gozaban y la libertad que disfrutaban en el ejercicio de sus funciones, no pudiendo romperse esta igualdad, dado el interés de todos y de cada uno de los representantes de conservarla, con el objeto de afianzar la felicidad de todas las provincias. «En caso – agregaba las instrucciones – que contra los deseos se niegue enteram.te aq.a Junta a remitir diputados a la Asamblea, podra adoptarse el pensamiento a dicidirlos a que al menos embien un Dip.do cerca del Gov.no esta medida puede ser tanto mas facil q.to se les puede presentar del modo mas lisongero sobre sus mismos principios, y sobre el supuesto de q.e no ha estado lejos de realizarse p.r aquel Gov.no». (16)
En última instancia Buenos Aires buscaba reanudar el acercamiento y la comprensión con el Paraguay. Si Herrera no podía obtener envío de diputados al congreso, por lo menos debía procurar la designación de un agente ante el gobierno bonaerense, lo que equivaldría a una misión diplomática. En aquella capital ese agente entraría en negociaciones oficiales. Por eso Herrera no debía comprometerse en discusiones.
A la Junta Gubernativa lisonjeará la decisión de la asamblea acerca de la devolución de la represa. De esta circunstancia el comisionado debía sacar ventaja, recuperando la confianza perdida y «restableciendo p.r lo mismo la armonia para ganar una predisposicion favorable que asegure al entrar al obgeto principal». No podría decretar la devolución de la represa sin considerar que el gobierno del Paraguay respondiese a los intereses de la gloriosa causa común. (17)
Las instrucciones terminaban recomendando: «Es muy verosímil que desde el momento de su llegada, se existen contestaciones sobre infracciones del tratado de Octubre de 1811; pero la serie de comunicaciones oficiales, que llevara consigo originales y devolviera exactamente a su regreso, el mismo espiritu y terminos del tratado le daran suficientes conocimientos p.a disipar qualquiera duda o subterfugio, con q.e se intente sorprenderlo. No obstante, si insistiese aquel Gov.no en explicar su quexa sobre contra lo q.e se dice pactado en una convencion secreta; q.do el Comisionado prevea sagazm.te o q.e un nuevo acomodo en la indicada question seria el ultimo medio p.a llenar las miras de preferencia, o q.e en e1 ultimo caso no podria tratarse y conseguirse otra cosa q.e la renovacion de una simple alianza p.r nueva convencion, sera entonces conveniente dar una nueva direccion a los negocios, empezando p.r tratar sobre la baxa de los dros de introduccion siendo indulgente en lo que prevee forzoso, combinando los deseos de los comerciantes del Paraguay con las necesidades del Estado, y concluyendo en fin por decidirlos a estipular solemnem.te un contingente de auxilios determinados segun las proporciones de aquella Pro.a. Para todo lo q.e se le autoriza en toda forma y se le reencarga sacar el mejor partido de las circunstancias q.e nunca debe perder de vista como base de toda negociacion». (18)
El gobierno de Buenos Aires no descartaba el fracaso de las gestiones de su comisionado, cuya misión, en lo fundamental, consistía en obtener de la Junta Gubernativa el envío de diputados al congreso general ya reunido, con el objeto de propender a la organización de la provincias Unidas del Río de la Plata y de someter políticamente al Paraguay al nuevo Estado. Para el caso previsto Buenos Aires transigiría con la concertación de otra alianza. El comisionado entonces negociaría una disminución de los derechos cobrados en las Provincias Unidas a los productos paraguayos de acuerdo con las necesidades de ambos Estados, y estipularía solemnemente la provisión de auxilios según los recursos del Paraguay. El gobierno bonaerense confirmaba así el reconocimiento de la independencia de esta provincia y reconocía además haber violado el tratado del 12 de octubre. Su posición no era firme. Por un lado buscaba la anexión del Paraguay, pero, por otro, se conformaba con llegar a un acuerdo que significaba consolidar la segregación del mismo Paraguay. El segundo triunvirato insistía sin tener en cuenta la orientación de la Junta Gubernativa y del pueblo que ésta representaba. Las medidas erróneas se sucedían. El envío de la misión de Herrera no constituía un acierto. Sus instrucciones tenían que chocar necesariamente con el sentimiento provincial. Las gestiones del comisionado fracasaron y sólo sirvieron para certificar la disgregación definitiva del Paraguay de la antigua capital del virreinato.
La Junta Gubernativa consultó nuevamente con el cabildo. Este cuerpo dio su parecer el 16 de marzo de 1813 en estos términos: «Cuando la Francia depuso al Príncipe de España, los diferentes pueblos que componían la Monarquía, dejaron de tener un trono en torno del cual vivían reunidos, y que el poder soberano hacía reversión a ellos, y que el Paraguay en junta plena de 18, 19 y 20 de Junio de 1811, primera época de su política regeneración, ya estableció las bases de su existencia, instalando un Gobierno Supremo con el fin de formar una República feliz, conservando ileso el sacrosanto derecho de la libertad e independencia nacional: que sería un contrasentido poner en duda estas determinaciones, que sin embargo de que la materia pudiese resolverlas, era tan grave y delicada, que su examen, juicio y resolución correspondía privativamente a la Provincia legitimamente convocada. Que constando entretanto hallarse nombrado en Buenos Aires un enviado extraordinario para el Paraguay, tal vez conviniese oir primero que todo su mision, o enviar en vez de diputados al congreso de Buenos Aires un ministro diplomático de igual carácter, que fuese allí a sustentar los derechos de la República. Que finalmente en todo caso era preciso observarse inviolablemente el artículo 4º de la sobredicha acta de la junta jeneral de la Provincia del año once». (19)
Este acuerdo confirmó el del 22 de diciembre. El cuerpo capitular se pronunció, de esta vez, en forma más categórica. El Paraguay desde el congreso de 1811, primera época de su regeneración política, ya estableció un gobierno supremo «con el fin de formar una República feliz, conservando ileso el sacrosanto derecho de la libertad e independencia». El pronunciamiento era claro y decisivo. Una vez más el cabildo, expresión genuina del sentimiento popular, venía a probar que el Paraguay desde la iniciación de su revolución persiguió sólo su independencia y no la unión o federación con Buenos Aires. El testimonio no deja lugar a dudas y tiene la validez positiva de provenir del pueblo mismo que acompañó y ratificó el pronuncia miento glorioso del 14 de mayo.
Además, antes que enviar diputados al congreso el cabildo prefería enviar un «Ministro diplomático» que defendiese «los derechos de la República». En esta forma el Paraguay trataría con Buenos Aires de igual a igual, como se acostumbra entre Estados independientes. Por primera vez en el lenguaje de la revolución sonaba la palabra República, que meses después consagraría la asamblea soberana reunida en el templo de la Merced, como una declaración expresa de la independencia nacional.
Herrera comunicó a la Junta Gubernativa, el 22 de marzo de 1813, su llegada a Santa Fe, solicitando autorización para trasladarse a Asunción. Para el caso de que no se le permitiese su entrada en la provincia, pedía la designación de un «sugeto» de confianza «con los poderes bastantes para entablar y concluir las negociaciones en el lugar ó Pueblo que designe» el gobierno paraguayo. (20)
No obstante las notas de cargos y quejas recíprocas, la Junta Gubernativa felicitó al Supremo Poder Ejecutivo por «la ilustre Victoria que nuevamente han conseguido las armas de la Patria en Salta, siendo tan gloriosa como importante por sus consequencias, merece sin duda el aprecio y reconocimiento de todos los buenos ciudadanos. Ella restablecerá la opinion, borrará qualquier impresión de los reveses pasados, finalmente tendrá para lo futuro toda la influencia que V.E. há sabido proveer y calcular en oficio del 4 del corriente». El gobierno, tan pronto recibió la noticia del triunfo, la anunció al pueblo con salva de artillería y repique general. (21)
El 3 de mayo Herrera comunicó al triunvirato su llegada a Corrientes, donde recibió la contestación de la Junta Gubernativa autorizándole a pasar hasta Asunción, cuando gustase, en compañía del comandante de Neembucú, portador del oficio paraguayo. El mismo día, en otro oficio, informaba que a su arribo a aquella ciudad ha «sabido por varias personas de credibilidad, que el Gobierno del Paraguay llevando adelante sus miras de independencia y oposición ha prohibido severamente los cortes de cascara del Curupay en la otra costa del Paraná, y la extracción de la que se halla cortada y comprada por estos vecinos. Este procedimiento no puede tener otro fin que perjudicar las fabricas de curtidos de esta Ciudad y sugetarnos en este ramo ala dependencia de aqª Provincia... Así mismo agrega – me hallo positivamente informado, que sin embargo que para el tratado que celebraron mis antesesores con aqª Provincia se concedió á su Gobierno solamente la custodia del punto de Candelaria en este lado del Río durante el riesgo de que fuera invadida por las tropas Portugueses, se há puesto allí, no un Comandante militar como deviere ser, sino un Subdelegado con jurisdº en el departamento». Este jefe, cumpliendo órdenes de su gobierno, ha exigido a los hacendados de la zona contribuciones de ganado, lo que ha obligado a algunos a abandonar sus hogares, como también ha tratado «por medios indirectos de entorpecer el beneficio de los yervales, sin duda con el intento de asegurarse en todos los casos la exclusiva de este comercio, protegiendo, a mas de esto, el paso de nuestros desertores, para aquel punto, como instruyó a V.E. circunstancidmte., dn. Manl. de Sarratea, quando tuvo el mando en Gefe de esta banda Oriental. – En este concepto quisiera que V.E. me instruyese, si en el caso (muy probable) de resistirse el Gobierno del Paraguay a embiar sus Diputados a la Asamblea Nacional, devo yo reclamar, y en que terminos de unas disposiciones tan escandalosas, como perjudiciales a los progresos de nuestra industria y Comercia». (22)
Herrera preveía el fracaso de su misión y, quería prepararse para interponer reclamaciones, que en ningún caso podrían facilitar el restablecimiento de la mutua comprensión. El comisionado venía con prevención contra el Paraguay, sin darse cuenta que de negociaciones hábiles y liberales dependían más el entendimiento buscado que de medidas prohibitivas y de estériles reclamaciones. Los ímpetus de Herrera fueron sucesivamente refrenados por su gobierno.
El Supremo Poder Ejecutivo contestó a Herrera en estos términos: «Que las circunstancias deben sobre todo reglar su conducta, procurando dominarlas haciendo valer el estado ventajoso de nuestros negocios y llenando en lo posible las instrucciones que se dieron. Por lo mismo quando la solicitud de que vengan Diputados del Paraguay se presume desesperada en todo sentido, nunca debe dexar de insistir en el arreglo de las relaciones comerciales, en la que debe compreender la libre exportación de la cáscara de curupay para la fábrica de curtidos en la ciudad de Corrientes, y todo lo que pueda interesar con presencia de las necesidades». Es indispensable reclamar enérgicamente la restitución de Candelaria, cuya retención es provisoria, de acuerdo con el tratado anteriormente celebrado. «En ella no solo influye la causa, que indica el peligro de los portugueses, sino muy principalmente e1 que debiendo el Gobierno del Paraguay remitir algun auxilio de gente y teniendo esta una natural resistencia a salir de su país, se adoptó como medida política, para acostumbrarlos a alejarse de sus hogares, la sesión momentánea de la Candelária, que debia aquel Govierno proteger con destacamentos competentes». (23)
Herrera comunicó a su gobierno que había llegado a Asunción el 20 de mayo, habiendo recibido toda clase de atenciones en su pasaje por el territorio paraguayo. «El 21 fuí presentado á la Audiencia del Gobierno, – agregaba – y expuse el objeto de mi misión relativamente al embio de Diputados a la Asamblea Geral Constituyente, fundandolo en las razones que me parecieron mas apropósito para e1 convencimiento. Despues oida mi exposicion se me contextó que el Gobierno meditaría y resolvería; pero hasta ahora nada se me ha hecho saber. Luego que se me comunique el Acuerdo, lo avisaré a V.E. sin perdida de instantes». (24)
Wisner de Morgenstern, que fija erróneamente la fecha de la llegada del comisionado bonaerense, confirma que Herrera fue recibido por la Junta Gubernativa al día siguiente de su estancia en Asunción, pero, «fríamente», en cuya ocasión presentó sus credenciales y manifestó que el objeto de su misión era «estrechar aún más los vínculos amistosos que debían existir siempre entre los dos estados», que propondría la ampliación del tratado anterior y «que apremiaba aunar esfuerzos y proceder sin pérdida de tiempo a prepararse con el fin de rechazar cualquier intentona reaccionaria española, como también las pretensiones de dominación portuguesa». (25)
Sin descuidar el peligro español, no se dejaba de mencionar el portugués acaso por ser éste más inmediato que el primero, teniendo en cuenta que la corte lusitana operaba directamente desde el Brasil, colindante con las provincias hispanas en revolución.
El Paraguayo Independiente, por su parte, decía que Herrera, después de su llegada, dejó entrever que su misión tenía por objeto: «primero, el envío de diputados al Congreso de Buenos Aires; segundo, rectificar la alianza entre los dos Estados, declarando y definiendo espresamente la naturaleza y cuantidad de auxilios que cada uno debía ministrar al otro; y tercero, ver si podía a más de esto conseguir algún nudo más estrecho de federación, envuelto con la alianza, relaciones de comercio, y medios alicientes que convidasen». (26)
Wisner de Morgenstern agrega que la Junta Gubernativa reconoció a Herrera en su carácter de enviado especial, a quien manifestó en aquella ocasión, que no teniendo facultades para tratar las proposiciones presentadas, ellas serán sometidas a la decisión de un congreso general de la provincia; y que, «en cuanto a la amenazas tanto españolas como portuguesas, el Paraguay contaba con elementos de sobra para defender la integridad de su territorio». (27)
El paraguayo Independiente, al referirse a las proposiciones aludidas, comentó; «El Gobierno del Paraguay, que debía esperar que esa misión estraordinaria anunciaría la supresión de los pesados derechos, que deprimian su comercio con manifiesta infracción de los tratados, que le daría justas satisfacciones de los insultos practicados por las autoridades de Santa Fe, y en fin que allanaría las demás reclamaciones suyas, como preliminar de amistad y confianza; vió por el contrario que ella se dirigía a segundar las miras de Buenos Aires, y subordinarle, si posible fuese, la República del Paraguay.
Desde entonces trató de diferir toda y qualquiera negociación, hasta que se reuniese el congreso convocado, dejanto entretanto percibir al enviado que poco ó nada tenía que. esperar». (28)
La Junta Gubernativa no rechazó la misión de Herrera, pero dejó al arbitrio del congreso general de la provincia la resolución definitiva sobre las propuestas de Buenos Aires. En esta forma buscaba respaldarse con la autoridad de la soberanía popular para contestar las pretensiones del Supremo Poder Ejecutivo. En la sesión del 4 de junio resolvió por unanimidad convocar dicho congreso, sin fijar la fecha para la asamblea. (29)
Al día siguiente Herrera comunicó a Buenos Aires, «que deseoso este Gobierno de concurrir a la felicidad y independencia de la América del Sud há acordado en vista delas proposiciones de V.E. convocar y reunir un Congreso de todos los Pueblos de la Provincia, para que reflexionando sobre las ventajas de su incorporación al sistema general determine sobre el embio y elección de sus Diputados ala Asamblea General Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, ó lo que crea mas conforme a sus verdaderos intereses. V.E. puede prometerse desde luego del patriotismo, ilustración, y buenas disposiciones de los Americanos de esta preciosa Provincia los resultados mas felices, y que reunidos todos los Pueblos en la Asamblea de sus representantes, se constituirá el Estado, y la Patria gozará tranquila de su deseada independencia». (30)
Herrera se mostraba optimista, pero sin fundamento. El «patriotismo, ilustración y las buenas disposiciones de los Americanos de esta preciosa Provincia» (31) no eran favorables a Buenos Aires. Por tanto, «los resultados más felices» prometidos por el comisionado no pasaban de ser sino una frase para agradar. A estar por El Paraguayo Independiente, el enviado no pudo haberse engañado, dado que se le hizo percibir, desde un principio, «que poco o nada tenía que esperar».
En la misma fecha el agente bonaerense dirigió otra extensa nota al Supremo Poder Ejecutivo. En las conversaciones públicas y privadas había insistido en sus argumentaciones, se lisonjeaba de que las Provincias Unidas tendrán el «placer de ver incorporada la del Paraguay dentro de breves días por medio de sus representantes»; pero esta esperanza se desvaneció con la respuesta del gobierno paraguayo que acababa de recibir; ésta le hacía temer que pasarán «algunos meses» para tener aquella satisfacción. La Junta Gubernativa contestó que no estaba autorizada a «deliberar sobre negocio de tanta transcedencia» y como la decisión correspondía a la provincia, «se tomarían las medidas oportunas para convocar y reunir un Congreso Gral, que decrete lo q.e crea mas útil a sus verdaderos intereses». Un congreso semejante no era fácil reunir en muchos meses. Mientras tanto si.la Asamblea Constituyente dictase una constitución para el país, la provincia del Paraguay tendrá el efugio de mantener su separación, toda vez que algunos de los artículos sancionados no fuesen conforme a sus intereses. «Yo confieso a V.E. – decía – q.e me hallo en conflicto, y tanto mas cuanto preveo en esta contestación un plan sostenido de ganar tiempo y estar a la expectativa de los resultados, gozando entre tanto de las ventajas de la libertad política y mercantil sin participar de las erogaciones, fatigas, que sufren las demás Provincias para conseguirlas». (32)
Sin duda que la Junta Gubernativa trataba de ganar tiempo, pero no para estar a la espectativa, como en su falta de penetración creía Herrera, sigo para consolidar su independencia de todo poder extraño. El congreso convocado consagró esa independencia, que el Paraguay conquistó por su propio esfuerzo contra las pretensiones de los españoles, de los portugueses y de Buenos Aires.
En atención a estas circunstancias, el comisionado porteño consideró oportuno no tocar la evacuación del departamento de Candelaria y las relaciones comerciales, porque le parecía que sus gestiones serían inútiles, salvo orden en contrario del Supremo Poder Ejecutivo; la Junta Gubernativa diferirá la resolución de estas cuestiones al congreso de la provincia, como en el caso de envío de diputados. (33)
Luego pasó Herrera a expresar sus recomendaciones. «Talvez convendría – agregaba – para acelerar su reunión. (el congreso de la provincia) que la Soberana Asamblea decretase, que no estando incorporados en ella los Diputados de esta Provincia dentro de quatro meses, se imponga a sus frutos el derecho de extrangería, para q.e su producto con el de las contribuiciones que rinden los demas Pueblos sirva a sostener la guerra q.e se hace p.r la Paz y la independencia común: ó que declarase, q.e las Provincias q.e no concurran ala Asamblea por medio de sus representantes en un término dado, deverán aceptar la constitución q.e sancionen las demas reunidas, en qualq.r tiempo, q.e soliciten la incorporación, oblando antes la parte proporcional del gasto q.e haya ocasionado la guerra durante la rebolución. V.E. juzgará sobre el merito de estos pensam.tos y si conviene promoverlos, ó hacer en obsequio a la incorporación de esta Provª el nuevo sacrificio de esperar en silencio las resoluciones del Congreso prometido, aunq.e se demore algunos meses su reunión». Terminaba manifestando que esperaba órdenes para regresar porque su permanencia en Asunción consideraba inútil y gravosa para los fondos publicos. (34)
El enviado de Buenos Aires no tenía una apreciación justa de los acontecimientos, ni llegó a comprender la realidad paraguaya. Su criterio no tenía la suficiente ponderación para poder restablecer el equilibrio roto en las relaciones del Paraguay con la antigua capital del virreinato. Las medidas que recomendaba eran precisamente aquellas que habían provocado el rompimiento entre los dos gobiernos. Herrera continuará insistiendo en otras recomendaciones desacertadas. No tenía el don de negociar y su espíritu predispuesto contra el Paraguay no podía favorecer el éxito de su misión.
El 18 de junio la Junta Gubernativa consultó nuevamente con el cabildo, «en conferencia verbal», acerca de la convocatoria del congreso. (35) que quedó fijada para el mes de agosto. Al día siguiente Herrera comunicó la novedad al Supremo Poder Ejecutivo, haciendo estas consideraciones: «Por lo que hé podido penetrar infiero que aun quando el Congreso decrete la incorporación de la Provª, pondra tales trabas en los poderes q.e dé a sus representantes, que dejaran sin efecto los altos fines de la Patria. Para evitar estos inconvenientes me parece que podría convenir q.e V.E. hiciese mocion ala Soberana Asamblea a efecto de que se sirviese declarar: Que siendo los Diputados representantes de la Nación, y no meros agentes de sus Pueblos, no se admitirán a la incorporación los q.e no lleven poderes ilimitados para formar la constitución y las Leyes; sin perjuicio de las instrucciones q.e podrá darseles para todos los asuntos relativos al fomento de sus respectivas Provincias. Si V.E. estimare arreglado este pensamiento y la Soberana Asamblea se dignase aprobarlo, convendrá mucho se publique sin perdida de instantes para q.e sirva de norma a esta Provincia y a los demás Pueblos que deven constituir el Estado». (36)
Herrera quería recurrir a la extorción porque no confiaba en su propia eficiencia. No penetraba que limitar la voluntad de los pueblos constituía un atentado contra la autonomía de los mismos, que Buenos Aires proclamaba respetar. En efecto, accediendo a sus recomendaciones, sería totalmente contrario a los fines de su misión. Toda imposición sería rechazada por el Paraguay, cuya política consistía en mantener amistad y armonía con Buenos Aires, pero sin reconocerle superioridad. Esta orientación expuso la revolución en el bando del 16 de mayo y en la nota del 20 del mismo mes al jefe portugués Diego de Souza.
El Supremo Poder Ejecutivo refrenó los impulsos de su comisionado. Decía a Herrera en respuesta a la nota de éste del 5 de junio: «En los Gov.s de muchos y principalmente donde la suspicacia y deficiencia de los Mandatarios preside sus deliberaciones, estas se toman lentam.te y como por lo mismo se mueven dificilm.te es preciso que la constancia supla las mas veces la fuerza que debía producir en otro caso la eficacia del convencimiento. Así q.e es conveniente que el negociador se contente en principio con algo y que se aproveche del primer paso para asegurar el resultado del todo que se propone obtener. – Tanto p.r este principio como por que la permanencia de el en aquel Pueblo contribuiría a disipar las desconfianzas nacidas de la incertidumbre ó ideas poco exactas que tienen esos habitantes sobre los verdaderos intereses, conviene sobremanera que de ningún modo acelere su regreso, si no mas antes se empeñe de ganar la opinión del modo posible, y hacer que la reunión del Congreso se efectue prontam.te ilustrándoles sobre el modo, y forma de verificarlo del modo mas conciliable con otro grande objeto. El intermedio q.e haya pª la realización de la reunión meditada es el que debe interesar su permanencia en aquella Ciudad. – Por segura que fuese la buena fe de aquel Gov.no en la actual negociación, nunca podría esperarse un paso mas conveniente a los Pueblos, y lisongero a n.tros deseos, como dexar la contextación directa a nuestras proposiciones al resultado y libertad de un Congreso que nunca lo han tenido, que siempre lo han temido como opuesto alos exclusivos intereses de los Govern.s y que presintiendo como debe presentir los males de la incomunicación, la impotencia de su separación y los bienes consiguientes a la unidad de las Prova.s rompera la valla que ha opuesto hasta aquí la porción de hombres que se apoderaron del mando de la Prova, contra las intenciones grales de los verdaderos patriotas». Le ordenaba que permaneciese en Asunción, salvo que le amenazase un peligro real en cuyo caso podría trasladarse a algún punto donde pudiese «conciliar su seguridad con el objeto de las negociaciones». Por estas consideraciones no debía formular reclamaciones que podrían alarmar al Paraguay y prevenir las consecuencias deseadas por Buenos Aires, «las q.e conseguidas recibiria aq.a Prov.a la ley que diese la voluntad gral expresada pr. la pluralidad». (37)
CONGRESO DE 1813 (SEGUNDA PARTE)
El gobierno bonaerense se pronunciaba con cordura y serenidad. Lo importante era negociar e insistir sobre los objetos de la misión y así desvanecer los recelos y desconfianza que habían creado una tirantez de relaciones. Y para eso era necesaria la presencia del comisionado en Asunción.
Por acuerdo subscrito el 30 de junio, la Junta Gubernativa resolvió que el congreso general de la provincia se celebrase el 9 de agosto, con la asistencia de un número no menor de mil diputados. (38)
Herrera no cesó en sus recomendaciones, dominado como estaba por el espíritu de hostilidad contra el Paraguay. Para el caso de que la provincia se resistiese a la incorporación y se negase al envío de diputados, era necesario tratar esta como Neutral o como enemiga.
Negada la incorporación le parecía mejor su retiro sin entrar en ulteriores negociaciones, «q.e no podrían despues romperse sin dejar comprometido el honor y la fée pública del Estado. Tal vez tendrá V.E. por conveniente – agregaba – en semejante situación prohibir absolutamente el Comercio de esta Provincia y la introdu.n de nuestros ganados de q.e subsiste, para que conociendo por experiencia la nulidad de sus recursos entre en el camino de sus deveres: Tal vez considere V.E. muy oportuno exigirle un contingente anual equivalente a los gastos de la guerra en proporcion: ó intentar ahora ó mas adelante obligarla por la fuerza a cumplir el tratado de 11 (sic) de oct.e en q.e se incluye el embio de Diputados al Congreso». Para tomar estas determinaciones era conveniente su regreso, porque era «menos escandaloso que la Provincia quede separada, y gozando mientras otra cosa no se puede, de las ventajas mercantiles q.e ahora disfruta, q.e no autorizar su independencia con un tratado solemne, q.e sirviendo de exemplo a las demas, las estimulara a iguales pretensiones, q.e si se niegan precipitarán al Estado en los horrores de una guerra civil; y si se conceden en las contingencias de una disolución fatal». (39)
Herrera concretaba su pensamiento sobre lo que consideraba conveniente adoptar para el sometimiento de la provincia al recomendar la restricción económica y la fuerza. En la primera de las medidas continuará insistiendo, en la falsa creencia de que el Paraguay no podrá resistir a un bloqueo comercial por «la nulidad de sus recursos». El futuro probó la apreciación errónea del enviado bonaerense.
Seis días después dirigió dos cartas a Nicolás Rodríguez Peña, uno de los Miembros del Supremo Poder Ejecutivo, con informes confidenciales al pie de cada una de ellas, escritos estos últimos con tinta simpática. Decía en uno de ellos; «Artigas ha escrito a estos que no se dejen engañar: que sostengan su federalismo, y que cuenten con él. Tienen una correspondª directa. Los europeos dan aquí la opinión. Inventan mil mentiras pª amilanar la gente. Los porteños son mas odiados que los sarracenos. Los gobernantes resisten la union por no largar el mando, y las tropas están con ellos; de consiguiente es temible q.e violenten la decision del Congreso... El partido de la incorporacion es numeroso pero debil... Si se niegan a enviar diputados, y se les declara la guerra, media Provincia se une con nosotros: tal es la tirania con q.e los tratan. Si este arbitrio no se adopta, es necesario cerrar enteramente el comercio y arrojarlos de Candelaria y prohibir la introduccion de ganados». En el otro expresaba que el congreso se demoraba porque el Paraguay esperaba «una contestación de Artigas y de las Provincias interiores y de sus Diputados. El Govº. Cada vez más tirano, y el pueblo más esclavo. Se habla ya públicamente de erigir aquí una República independiente de los Porteñas y hasta les frailes piensan ya en los prelados Supremos q.e han de elegir. Ellos creen que no podemos vivir sin su yerba y tabaco, pero si les impiden el comercio piensan ir a tomar a Corrientes sin demora, y poner varios lanchones armados para impedir el paso del Paraná a nuestras tropas... El partido de los patriotas p.r la unión es grande pº creo q.e si el Congreso quiere embiar Diputados lo impediran los soldados ganados por sus gefes. Si se piensa obligarlos, o cerrarles el cam.o se necesitan mandar quinientos hombres a Santa Fée que bastan. Los patriotas solo esperan este auxilio para abandonar este lugar mil veces mas tiranizado que en el antiguo regimen. Tengan V. V. energia que es el único modo de reducirlos porque estos labradores se extremecen al oir q.e se cerrara el comercio... Sin embargo no gano partido y será mayor cuando me valga de otros arbitrios. El odio a B.s A.s es implacable los sarracenos lo fomentan con mil invenciones y yo no espero cosa favorable. Asi es preciso pensar con tiempo lo que conviene hacer. La soberanía de la Asamblea es aquí una burla. Yo estoy espiado por todas partes... En mi vida he visto mayor ignorancia y barbarie. Los hombres ilustrados, unos piensan salir del país, y otros vivir retirados esperando su redencion del pueblo de B.s Ays... Estan muy engañados los que piensan que estos puedan ofendernos». (40)
Los informes confirmaban los puntos de vista de Herrera en cuanto a la manera que Buenos Aires debía tratar al Paraguay, recomendando la restricción económica y la fuerza. El comisionado buscaba convencer a su gobierno de la debilidad de la provincia para provocar la intervención armada. Por otra parte, su despecho era manifiesto. Si bien que el partido de la unión era grande, él no había progresado en sus gestiones. Su presencia avivó el sentimiento nacional, se hablaba de «erigir una República independiente», meta hacia la cual, desde un principio, se orientó la revolución. Y a Herrera le dolía comprobar esta realidad y el odio implacable a Buenos Aires. La barbarie e ignorancia que decía observar constituía una imputación injusta. Nadie salió del país y los patriotas consolidaron la independencia sin detenerse ante las pretensiones de Buenos Aires y de las intrigas de los españoles. Herrera nada hizo por mejorar las relaciones entre los dos gobiernos, no tenía capacidad ni flexibilidad para obtener éxito. Sus advertencias al Supremo Poder Ejecutivo prueban su total incomprensión del alma paraguaya y su falta de visión diplomática.
El gobierno bonaerense contestó a Herrera recomendándole «la conveniencia de apurar todos los resortes de la política, antes que emplear el uso terrible de la fuerza». Esta la tenemos en aptitud de imponer y esto basta pª q.e los esfuerzos de aquella sean con suceso. Nunca será mayor inconveniente la retardación de ese Congreso Provincial que deba decidir sobre el objeto principal. Entre tanto nuevas victorias tanto en el Perú como en Oriente que esperamos probablem.te darán una influencia decisiva a la mejor direccion y exito en los negocios; los Diputados de las ultimas prov.as del interior incorporadas a la Sobª Asamblea presentaran una nueva importancia nacional que acabará de obstruir las malignas sugestiones de los enemigos del orden: y ultimamente ganandose mas tiempo puede V. igualmente conciliarse mas amigos, fixar la opinion y decidir los votos del Congreso en favor de nro grande objeto. Para ello puede Vd. emplear todo genero de promesas, oblaciones é intimaciones personales, sobre el seguro de que cuanto V. haga a este respecto será indudablem.te ratificado por este Gov.no. Baxo de esta franqueza el Gov.no espera que el constante zelo y destreza de V. dominarán a las circunstancias, y haran nacer los sucesos en q.e se interesa el bien gral de estas Prov.as». (41)
La reunión del congreso general que se había fijado para el 9 de agosto, fue transferida para el 30 de setiembre, por resolución de la Junta Gubernativa. La asamblea debía deliberar «acerca de los intereses de la Comunidad». (42) En primer término figuraba la misión de Herrera y la modificación del sistema de gobierno. (43) El Dr. Francia influyó decisivamente en las resoluciones adptadas y trabajaba por el establecimiento de un gobierno unipersonal y así manifestó a Yegros, quien le contestó que no ambicionaba «regir los destinos del país». La respuesta agradó a Francia, quien, a su vez, expresó al presidente de la Junta que le «consideraba bastante patriota», pues, dado el caso, Yegros era el llamado «a ponerse al frente del Ejército y defender la independencia que se veía amenazada, no sólo por los españoles y portugueses, sino también por los porteños que codiciaban la sumisión del Paraguay al poder de Buenos Aires». (44)
Herrera comunicó al Supremo Poder Ejecutivo que se libró la convocatoria para la reunión del congreso el 30 de setiembre, en cuya ocasión presentará las notas que tenía preparadas para ilustrar a los «Vocales» de la asamblea de la importancia de su comisión. Como las noticias llegadas de Buenos Aires, agregaba el enviado porteño, tenían «un influxo rápido sobre la opinión de este Pueblo», consideraba de «suma utilidad» que el gobierno tuviese la dignación de comunicarle oficialmente los triunfos de las armas patriotas, «el nombram.to y venida de los Diputados del Perú y Vanda Oriental, y todo lo q.e pueda dar una idea de union de los Pueblos, y de ventaja sobre los enemigos». Creía Herrera que transmitidas estas noticias al gobierno y a los miembros del congreso, antes de que la asamblea tomase sus resoluciones, «podrán inclinar la balanza» a favor de Buenos Aires, «neutralizando el ascendente funesto delas q.e esparcen los Europeos seguros de su influxo sobre el ánimo de un Pueblo q.e todo teme porq.e todo ignora. Las circunstancias son delicadas; – terminaba expresando – se trabaja contra la ambicion y la ignorancia, y es necesario poner en exercicio todos los arbitrios, por mas q.e parezcan nimios y pueriles, y hacer uso hasta de las apariencias, q,e manden la idea de una aptitud imponente de nuestra parte». (45)
El agente bonaerense no comprendía la realidad paraguaya. Su falta de habilidad diplomática y su incapacidad de negociador le llevaban a depender de las noticias procedentes de Buenos Aires. No confiaba en sus propias gestiones y culpaba a los españoles de la actitud asumida por la provincia. La apreciación era equivocada. Aunque los «Europeos» intrigaban, su influencia no tenía el poder funesto anotado por Herrera. La provincia tomó sus decisiones por propia determinación y su autonomía constituía una aspiración del pueblo, que así como no quería depender más de España tampoco deseaba someterse a Buenos Aires. Los europeos nada tenían que ver con la política adoptada por la provincia frente a las pretensiones de la antigua capital del virreinato. El Paraguay desde la iniciación de su revolución había resuelto no cambiar de amo. Su voluntad de mantenerse libre era firme y ninguna influencia extraña, por más tentadora que fuese, le haría seguir otro sendero, porque la meta de su destino era la independencia.
Wisner de Morgenstern anota que en aquella época la sociedad paraguaya estaba dividida en tres partidos, a saber; «El Nacional», «El Realista» y «El Porteño». «Al primero pertenecía Francia, quien odiaba de una manera bastante notoria a los dos partidos contrarios y pregonaba constantemente, que salvado el Paraguay del yugo español, tenía que estar prevenido para evitar ser gobernado por los porteños a los cuales se debía combatir sin ninguna clase de contemplaciones por las pretensiones absurdas de éstos de querer a toda costa que el Paraguay se sometiese a la dominación de Buenos Aires. A fines de 1813 el Partido Realista había decaído bastante y perdido mucho de su antiguo prestigio; y el Porteño, desaparecido su jefe que lo era el Dr. Pedro Somellera y anulado el antiguo prestigio que gozaba antes Cabañas, había quedado en inferioridad del Realista, de manera que, el único partido fuerte era el Nacional que tenia en sus manos las riendas del Gobierno y los componentes de este partido respondían exclusivamente a los que ejercían el poder del mando gubernativo». (46)
El testimonio de este autor, que recogió datos de personas directamente informadas de los sucesos de aquella época, desmiente la versión antes aludida de Herrera. A fines de 1813 la influencia de los españoles era débil y la de los porteños más débil aún. El odio a que se refiere Wisner no sólo era de Francia sino de la mayoría del pueblo. El mismo Herrera había informado a Nicolás Rodríguez Peña, que los porteños eran «más odiados que los sarracenos» y que ese odio era implacable. (47) El enviado bonaerense comprobó este hecho, pero no buscó desvanecer el sentimiento de la provincia, como se desprende de la correspondencia con su gobierno. Las medidas que propuso no eran amistosas sino hostiles y la hostilidad no podía ser el conducto de un entendimiento con el Paraguay, como deseaba el Supremo Poder Ejecutivo, que no se dejó llevar por las sugestiones de su comisionado.
El congreso se reunió el 30 de setiembre de 1813 en el «Templo de Nuestra Señora de Mercedes», con la asistencia de más de mil diputados. El 1º de octubre inició sus deliberaciones. (48) El mismo día Herrera dirigió a la asamblea la nota siguiente; «Teniendo q.e instruir circunstancialmente al Muy honorable Congreso de la Provincia sobre los objetos de mi encargo, antes que se digne expedir sus resoluciones, espero q.e V.S. me dispense el obsequio de avisarme la oportunidad de pasar mis comunicaciones oficiales, ó de presentarme a hablar, ante el Muy honorable Congreso, ó si se ha nombrado alguna comision interior con q.n haya de entenderme de palabra ó p.r escrito; y lo demas q.e sea relativo a la conclusión de los negocios de q.e estoy encargado por el Exmo Supremo Poder Executivo de las Prov.as Unidas del Río de la Plata». (49)
El congreso recibió la petición y sin otro trámite rechazó la pretensión del enviado bonaerense, que provocó la indignación y las protestas de los representantes. Herrera informó: «se me contestó por medio de una Diputación de dos de sus Miembros, que el Congreso no tenia a bien que yo pasase a informarle in-voce. ni por escrito, ni de otro modo alguno, y q.e era su voluntad que en todo me entendiese con el Govierno, á quien havia delegado sus poderes». (50) En informe confidencial a Nicolás Rodríguez Peña, Herrera agregó que los diputados vinieron muy irritados y «han creido injuriosa la proposicion y han desplegado contra mi su furor. El Govº aprovechandose de esta disposicion les hizo resolver y que le negasen en firme. Habiendo recibido el Congreso mi oficio hubo un tumulto y los D.D. juraron matarme si yo me acercase. Uno de ellos que quiso hablar por la union fue agarrado y echado del Congreso ignominiosamente, y si un sacerdote no sube al púlpito p.a aplacar la multitud hubiera muerto sin remedio. Quando los D.D. iban llegando los mandaba el Gov.no a ciertas casas donde les instruian q.e habian de decir. Haciendo juramento contra B.s Ayres y... tranquilos... porteños solo trataban de engañarlos p.a esclavisarlos». (51)
Tal era la disposición del espíritu público. El ambiente no favorecía al enviado del gobierno de Buenos Aires. El solo hecho de que éste pretendiese aparecer ante la asamblea provocó la irritación colectiva. El pueblo no estaba dispuesto a admitir una intromisión extraña en el manejo de sus intereses.
El congreso estaba informado de las intenciones absorbentes de Buenos Aires. En su seno predominaba el sentimiento de la independencia absoluta. El Dr. Francia era el vocero más autorizado de esta aspiración. Su oposición a la antigua capital del virreinato dio a conocer desde los primeros días de la revolución. En esta oportunidad la puso nuevamente de manifiesto, «influyendo directamente a los vocales del Congreso que se debían juntar para deliberar sobre la materia, a fin de que no solo no consistiesen jamás en la reunion solicitada por Herrera, que ni se le oyera por escrito ni de palabra, sino que se amenazase con la muerte así a éste como a todos los hijos de Buenos Aires». (52)
Manuel José Olavarrieta, que escribió esta información, coincidió con Herrera. Francia constituía el blanco de la inquina de los partidarios de Buenos Aires, lo cual se explicaba por la resistencia que a éstos oponía públicamente.
El congreso, sin entrar a considerar otra cuestión resolvió por aclamación «que no convenia enbiar Diputados a la Asamblea Gral Constituyente, y q.e la Provincia no se incorporaría al sistema mientras no estuviesen reunidos ya los Diputados de todos los Pueblos de las Provincias Unidas: de modo que la delegación al Gob.no solo se entiende con respecto a la negociación de algun tratado. Luego q.e el Congreso se disuelva entraré a proponer algun convenio de alianza o de comercio, – agregaba en su informe Herrera – que asegure las relaciones amistosas de ambos territorios en las actuales circunstancias, conforme de la q.e V.E. me tiene prevenido, y de todo lo q.e avisaré a V.E. si pérdida de instantes». (53)
La asamblea no vaciló en rechazar las proposiones de Herrera. En ella dominaban los anhelos patrios. Los cónsules al dar a conocer las decisiones adoptadas, decían en primer término; «El Congreso ha resuelto no enviar ahora Diputados de esta Provincia a la Asamblea formada en Buenos Aires». (54)
El Paraguay ratificaba su voluntad de seguir su destino, libre de España y libre de los que nuevamente pretendían subyugarlo. Al comisionado bonaerense no le restaba otro recurso que buscar la renovación de la alianza. Sus instrucciones le recomendaban recurrir a ese procedimiento, una vez que fuese repelida la petición de obtener que el Paraguay se hiciese representar en el congreso de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Pero esta parte de su misión debía cumplir ante el gobierno a constituirse. Tampoco en esta nueva etapa de su cometido pudo vencer la oposición paraguaya.
Con otro oficio, también fechado el 3 de octubre, Herrera remitió al Supremo Poder Ejecutivo la nota que tenía preparada para elevar al congreso con las reflexiones que eran el extracto de lo que había manifestado al pueblo, al gobierno y a varios diputados. Decía a su gobierno que esas reflexiones «hubieran ciertamente producido su efecto, si el fanatismo y las pasiones tuvieran menos influxo sobre el corazón humano. Yo espero que V.E. – agregaba – me hará justicia de creer que nada he omitido aun con riesgo de mi persona, para que se viesen cumplidas las miras saludables y patriotas com q.e V.E. decretó mi venida; pero es tal la convinacion de circunstancias y la situacian politica y moral de este pais, q.e no dudo asegurar a V.E. que su incorporacion podrá ser algun dia la obra del tiempo y de la necesidad; pero nunca de la persuacion y de la Politica». (55)
La necesidad ni el tiempo dieron la razón a Herrera. La incorporación del Paraguay a las Provincias Unidas del Río de la Plata no se produjo. La independencia constituía un anhelo colectivo arraigado en el alma popular y nada era capaz de torcer la vocación autonómica de la provincia, que se había fortalecido con el correr de los años.
La comunicación de Herrera, fechada el 30 de setiembre, estaba dirigida a los «Señores Diputados al muy Honorable Congreso de la Provincia» y en ella informaba que él había sido enviado por el Supremo Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas para anunciar a la provincia del Paraguay la convocación de la Soberana Asamblea General Constituyente; «la necesidad de que la América del Sur, constituyendose en Nacion, se dé una forma de Gobierno bajo los sanos principios de la libertad civil: y la oportunidad e importancia del concurso de vuestros sufragios en la corporacion augusta que vá a fixar los destinos de la Patria». (56)
Tal era la finalidad de la misión porteña. «Una larga experiencia – agregó el comisionado – ha hecho conocer que en la unidad consiste la fuerza de los Estados, y que la division es siempre el origen funesto de las guerras civiles. No hay unidad sin constitucion; y sin constitucion la Patria es una quimera política, la libertad un fantasma de que se vale la ambicion pa afianzar el Trono del despotismo. – Mas para llenar los deveres de mi encargo, que por fixar la atencion de tan honorable Congreso, sobre los verdaderos intereses de esta Provincia, he determinado reunir en la adjunta memoria los principios de utilidad pública que sirven de Norte al desempeño de mi comision. Dignaos, Señores, de recomendarlos a una meditacion seria e imparcial. – Las Provincias, que en union con la del Paraguay formaban en otro tiempo un solo virreinato, esperan el cumplimiento de sus votos por la misma unidad para formar una sola Nacion libre e independiente, No querais Señores, defraudar sus justas esperanzas. El interes es uno: es el interes de la libertad y de la independencia común: es de todos los Pueblos, de todos los ciudadanos». (57)
Herrera manifestó claramente el objeto fundamental de su presencia en Asunción. La aspiración del gobierno de Buenos Aires era la reconstrucción del virreinato del Río de la Plata, la «unidad para formar una Nacion libre e independiente». Y para demostrar sus ventajas acompañó las Reflexiones políticas. En el extenso memorial expuso las razones que abonaban la pretensión bonaerense, la utilidad que reportaría al Paraguay su incorporación a las Provincias Unidas, ya que ninguna de ellas podía existir por sí sola y constituir un Estado independiente. «Sin problación, sin arte, sin industria, sin ilustración, o es necesario vivir errantes como las naciones nómades, o renunciar a una independencia que no puede sostenerse». El Paraguay negándose a la incorporación, quedará formando un solo Estado y con relación a las demás Provincias Unidas quedaría como aliado, neutral o enemigo. En el primer caso, además de las cargas emergentes de los gastos para sostener la guerra de la libertad, siempre seria considerado como una nación extranjera, lo que no le permitiría gozar de las ventajas de las otras provincias en materia de impuesto para su comercio, como igualmente ocurriria en el segundo caso. «Todo pais a quien se obstruye su comercio viene al fin a recibir la ley, o a morir de una consuncion política». El tercer caso consideraba remoto, porque no estaba en el interés del Paraguay declararse enemigo de las Provincias Unidas, con las cuales mantiene exclusivamente su giro comercial. (58)
«Pero yo quiero suponer – proseguía Herrera – que la provincia encontrará en si misma todos los recursos para desempeñarse por algun tiempo en cualquiera de los casos propuestos; siempre sería incierta su situación venidera; porque o las Provincias Unidas sucumben a un poder extranjero, o se forma un Estado independiente y poderoso. No hay medio entre estos estremos, y en cualquiera de ellos basta una ojeada reflexiva para conocer cuan espuesta y vacilante seria en todos los tiempos la existencia política del Paraguay. Los pequeños estados nunca están bien al lado de las naciones poderosas, y muchos años habrian de pasar antes que el Paraguay, pudiera elevarse al nivel del Brasil o de la nueva nación de las Provincias Unidas. Pero si éstas doblan la cerviz a la antigua metrópoli, ó a un extranjero que a la sombra de nuestras divisiones emprenda la conquista, claro está que el Paraguay no podría resistir a la fuerza a que hubiesen sucumbido las demás Provincias Unidas». (59)
El envío de diputados estaba fundado en principios de justicia y el Paraguay se había obligado a ello y a entrar en una sociedad común de los pueblos del Río de la Plata; era conveniente a la causa de las provincias y de gran importancia para la consolidación del sistema; era más útil al Paraguay que a las demás provincias; enviando los diputados la provincia quedaba incorporada y como consecuencia con derecho a la libertad civil; gozará de las prerrogativas del comercio interior y no serán gravados sus productos sino con los impuestos con que contribuían las demás provincias; el Paraguay, teniendo en cuenta su riqueza, percibirá una utilidad mayor gracias a su incorporación; sus gastos de administración y mantenimiento de tropas disminuirán, porque serán abonados de los fondos generales del Estado; actualmente todos esos gastos pesaba directa o indirectamente sobre sus habitantes; la incorporación dará mayor respetabilidad a la provincia; el envío de diputados era útil en general a la provincia y particularmente a sus habitantes; este hecho no significaba que el Paraguay perdiese su independencia ni que quedase sujeto a Buenos Aires; la Asamblea General no era una corporación formada por los diputados de esas provincias, cuya jerarquía era superior a todas las autoridades; el Paraguay adquiriría una parte de la soberanía, constituyéndose así superior a los pueblos y velando no sólo por su libertad sino también por la independencia civil y política del Estado. Herrera exhortó a los paraguayos, a quienes trataba de compatriotas, para no escuchar los discursos seductores de los enemigos domésticos y examinar cuidadosamente sus reflexiones antes de adoptar una resolución definitiva y terminó reproduciendo las palabras de Washington acerca del «principio de la unidad nacional sobre el fundamento de la unidad de gobierno». (60)
En su exposición Herrera amenazo con lo que se dio en llamar la asfixia económica, creyendo que en esta forma doblegaría la voluntad paraguaya. Sólo la incorporación dejaría libre a la provincia de esta pesada carga, sólo la incorporación permitiría al Paraguay desarrollar su comercio y fomentar su progreso, formando parte de un Estado vigoroso y respetado. El mismo lenguaje, pero con menos ponderación, usó posteriormente Juan Manuel de Rosas, cuando se negó a reconocer la independencia de la república como consecuencia de las gestiones del segundo consulado y del presidente Carlos Antonio López. Pero el Paraguay no se sometió y pese a las trabas económicas y a las hostilidades diversas de Buenos Aires y luego de la Confederación Argentina mantuvo y consolidó su emancipación de todo poder extraño.
No faltaron historiadores que dieron por presentadas la nota del 30 de setiembre y las Reflexiones Políticas, lo que constituye un error, confundiendo con estos documentos el oficio de Herrera del 1º de octubre, que fue el recibido por el congreso y el que provocó el escándalo y el rechazo de la petición del enviado porteño de presentarse ante la asamblea a explicar el objeto de su misión, y la resolución de no enviar diputados a Buenos Aires. Estas decisiones, precisamente, obligaron a Herrera a no presentar la nota y Reflexiones aludidas, que tenía preparadas para elevar al congreso, como informó al Supremo Poder Ejecutivo. (61) Ya El paraguayo Independiente dejó aclarado este error. (62)
Resueltas las cuestiones relacionadas con Buenos Aires, la asamblea «pasó a tomar deliberaciones de alta importancia, deliberaciones que debían consolidar de una vez los destinos públicos. Felizmente ella tenía precedentes muy claros sobre que trabajar, luces y patriotismo, sus decisiones fueron sabias, fueron completas, ellas afirmaron los intereses de la Patria». (63)
El congreso entró entonces a deliberar sobre el gobierno que debía reemplazar a la Junta Gubernativa creada en 1811. Con el objeto de hallar una solución encomendó al doctor Francia y a Fulgencio Yegros la redacción de una ley fundamental. Redactada ésta por Francia. (64) fue presentada el 12 de octubre, con la denominación de Reglamento de Gobierno, y aprobada en el día por aclamación. (65)
Esta constitución, si así se la puede llamar, la primera del Paraguay independiente, comprendía diez y siete artículos, en los cuales sólo «se mostraba preocupada de fundar un poder fuerte, concentrando en sus solas manos cuanto medio coercitivo era posible concederle, otorgándole facultades de todo género, haciéndole a un mismo tiempo legislador, juez que aplica las leyes que dicta y poder ejecutor de esas mismas leyes». (66) En ella se establecía la nueva organización política de la nación y se designaba a los titulares del consulado.
El Reglamento de Gobierno comenzaba disponiendo en su artículo primero: «Continuarán en el Superior Gobierno de la Provincia solamente los dos ciudadanos Don Fulgencio Yegros, y Doctor Don José Gaspar de Francia, con la denominación de Cónsules de la República del Paraguay y se les confiere la graduación y honores de Brigadieres de Exercito, de que se les librará despacho firmado del Presidente actual del Congreso, Secretario y sufragantes de actuación con el sello de Gobierno». En el artículo segundo prescribía; «Usarán por divisa de la dignidad consular el sombrero orlado de una Franja azul con la escarapela tricolor de la República; y tendrán jurisdicción y autoridad en todo igual, la que exerceran unidamente y en conformidad. por consequencia todas las providencias de Gobierno se expedirán precisamente firmadas por los dos». (67)
El anhelo supremo del congreso era consolidar la independencia. Francia no olvidó consignar en el Reglamento de Gobierno la disposición del artículo tercero: «Su primer cuydado (de los cónsules) será la conservación, seguridad, y defensa de la República con toda la vigilancia, esmero y actividad que exigen las presentes circunstancias». (68)
Estas resoluciones equivalían a la declaración de la independencia, que con relación a España, quedaba, de esta suerte, consolidada, pero no se labró acta alguna, como se hizo en los Estados Unidos de América el 4 de julio de 1776, en Venezuela el 5 de julio de 1811 o en la Argentina el 9 de julio de 1816. Una acta semejante se redactó en el congreso de 1842 que ratificó solemnemente la independencia de la república. El desprendimiento de la metrópoli no tuvo complicaciones. El golpe del 14 de mayo y la separación definitiva de Velasco se cumplieron sin derramamiento de sangre. Esta primera etapa de la emancipación cerróse con el congreso de 1813. No puede decirse lo mismo con respecto a las relaciones del Paraguay con Buenos Aires, que continuó pretendiendo la incorporación del primero a las Provincias Unidas del Río de la Plata.
El mismo 12 de octubre el congreso decretó que Francia y Yegros comparecieran ante la asamblea para prestar juramento. Comisionóse al diputado Sebastián Antonio Martínez Sáenz para invitar a los cónsules a cumplir esa formalidad, que se verificó en el día. Francia y Yegros no se hicieron esperar. El presidente Juan Antonio Cavallero de Añasco, ante el congreso reunido, les tomó el juramento, expresándoles: «Juran por Dios, y estos Santos Evangelios, exercer y, cumplir fiel y lealmente las obligaciones de Consules de la República, que se os impone por el Reglamento de vuestro nombramiento, observar y hacer observar exactamente en quanto de voz penda todo lo contenido en todo y cada uno de los artículos del mismo Reglamento. Los cónsules respondieron: Si juro: y el Presidente les dixo: Si así lo hiciereis. Dios os ayude, y si no os lo demande». (69)
Con esta sencilla, pero solemne ceremonia, quedaron los cónsules posesionados de sus cargos, y Francia entró de inmediato a ejercer sus funciones de acuerdo con la disposición del artículo noveno del Reglamento de Gobierno.
El 13 de octubre Herrera mantuvo una entrevista con el Dr. Francia, en cuya ocasión éste manifestó al enviado bonaerense: «Que podía asegurar a V.E. y a todo el Mundo que en mejor oportunidad se unirá esta Prova al sistema Gral delas demas: y que de todos modos y en qualesqa circunstancias sostendría la independencia proclamada a toda costa sin entrar jamas y en ningun caso en conciliacion ni convenio con los opresores de ntra libertad». Herrera agregó en se informe: «Le hice despues patente la necesidad de un tratado de alianza y comercio que asegurase de un modo publico nuestras relaciones amistosas, y coadyubase a sostener en union la causa de la independencia». Francia le contestó: «que lo consideraba escusado; p.r que el Paraguay no necesitaba de tratados para conservar la fraternidad y defender la libertad comun». Sorprendido con esta respuesta, el agente porteño hizo nuevas observaciones y convinieron al fin que tendrían una «conferencia con el Govierno para resolver sobre este punto luego que lo permitiesen las urgentes atenciones del día». (70)
Dos días después Herrera se dirigió al gobierno paraguayo pidiendo una copia de las resoluciones del congreso para comunicarla oficialmente al Supremo Poder Ejecutivo y al mismo tiempo solicitaba una audiencia para tratar de la forma en que debían quedar las relaciones entre los dos territorios, tanto desde el punto de vista político como comercial, y a afianzar la alianza estipulada sobre bases sólidas. (71)
Los cónsules respondieron: «En orden al objeto de la comision que manifestó U. a su llegada a este Govierno há sido la voluntad del Congreso Supremo dela Provincia no enviar ahora Diputados a la Asamblea formada en Buenos Aires. – Sobre lo demas que indica U. en su Nota de 15 del corriente puede U. esta mañana a las 11 si le estimase oportuno dirigirse a esta Sala de Govierno a tratar quanto juzgase concerniente a las materias de que se halle encargado». (72)
El Paraguayo Independiente anotó: «Se presentó Herrera, y como los Cónsules ya no admitían discusión alguna en cuanto al envío de diputados, visto su anterior ultimátum, se limitó la conferencia a las cuestiones de nueva alianza, o especificación de auxilios recíprocos, y demás que ya tenemos indicado, concluyéndose sin negociación o acuerdo alguno».(73)
Los cónsules consideraron lo que Herrera expuso verbalmente sobre la prestación de auxilios del Paraguay para rechazar y prevenir las hostilidades del enemigo de la causa general de América y especialmente de las Provincias Unidas del Río de la Plata. El gobierno desearía concertar una cooperación activa y eficaz, pero no podía ni juzgaba conveniente tomar medidas extraordinarias, como sería necesario, para que el Paraguay se presentase en el teatro de la lucha con la dignidad correspondiente. (74)
Francia y Yegros agregaron; «Seria una injusticia imaginar por esto indiferencia, debilidad, y desvío de la Prova en la obra, que se propuso, de su emancipación. El Paraguay ama la Libertad, y se ha hecho idolatra de su independencia. En el Congreso de mil Sufragantes elegidos popularmente en todas las Villas, Departamentos y Distritos de toda su vasta extension, y que acaba de terminar felizmente, se han conocido muy bien, que el Pueblo se halla ocupado del amor de la gloria, y del espiritu republicano; pero no bastan las buenas intenciones y deseos, es preciso conciliarlo todo con las circunstancias. Hay dificultades de cierto genero, que el allanarlas es mas bien obra del tiempo, y de la prudencia, y querer cortarlas de golpe como un nudo gordiano, seria exponernos a aventurarlas todas con grave riesgo. Vendra acaso tiempo, en que la Prova sin ninguna perturbacion interior podra manifestar su energia, y entonces se hallará en estado de hacer sacrificios dignos de la admiracion. – El presente Gobierno, a quien se ha encargado por primer cuidado la canservacion y seguridad de la Republica, hara consiguientemente quanto este de su parte, y se acompañará con las circunstancias, a fin de coadyuvar a sostener la causa comun; pero a fin de restablecer mas facilmente la concordia y desechar motivos de aprehencion, quitando a los enemigos ocultos todo pretexto de exercitar su perversa influencia, seria muy conveniente alzar el gravamen de nuevos Derechos impuestos en Santa Fé a la introduccion de frutos de esta Prova. De este modo podra seguramente conservarse la armonia entre una y otra Provincia y consolidar nuestra comun alianza para disponernos a rechazar todos los esfuerzos de la tirania». (75)
La misión de Herrera estaba terminada. El Paraguay dio su última palabra. El congreso rechazó el envío de diputados y declaró la independencia. Los cónsules comunicaron estas resoluciones al enviado de Buenos Aires en términos precisos. El énfasis de la frase: «El Paraguay ama la Libertad, y se ha hecho idólatra de su independencia», era de patriótica elocuencia y su categórico significado no pudo habérsele escapado al agente porteño. La misión fracasó y Herrera regresó sin éxito y sin gloria.
Desde Corrientes informó al Supremo Poder Ejecutivo que en una conferencia que mantuvo en su casa con el doctor Francia, éste le aseguró que el Paraguay no abandonaría la causa de la libertad, mientras él estuviese en el mando. El enviado propuso a su interlocutor que las negociaciones prosiguiesen por intermedio de agentes diplomáticos acreditados respectivamente ante los dos gobiernos. Francia contestó que sería más conveniente «la correspondencia para transigir este asunto». (76)
Herrera estimó que las proposiciones del doctor Francia tenían por objeto ganar tiempo y «gozar sin pesadumbre de las ventajas de la independencia». Este dio pruebas de su ignorancia y de su odio a Buenos Aires, y persuadió a los paraguayos: «que la Provincia sola es un imperio sin igual; Que Buenos Aires la adula y lisongea por que la necesita; que con el pretexto de la unión trata de esclavizar el continente; Que los Pueblos han sido violentados para el embio de sus representantes; Que todas nuestras ventajas son supuestas; y hasta en sus contextaciones manifiesta su rivalidad; pues jamas se me ha reconocido como Embiado del Supremo Poder Executivo de las Provas del Río de la Plata, sino como a un Diputado del Govierno de Buenos Aires, ni a V.E. se le atribuye otra autoridad». (77)
El informe terminaba en estos términos: «En el sobre del oficio que incluyo, se titula el Paraguay la primera República del Sud, suponiendose el único Pueblo Libre, con otras puerilidades que manifiestan el desorden de las cabezas que mandan, su orgullo, y sus sentimientos». (78)
El fracaso de la misión de Herrera provocó de parte del Supremo poder Ejecutivo la imposición de fuertes derechos a los productos paraguayos. «En vano se hizo presente cuán impolítica era esa medida, – anota Zinny – Buenos Aires continuó prestando oídos sordos; y habiendo escrito don Guillermo Robertson a este respecto una carta a su amigo Herrera, recibió de éste la contestación siguiente: «Los nuevos derechos, concedo, son fuertes: pero, créame usted, las circunstancias lo exigen de un modo imperioso. Si el congreso del Paraguay del 1º de octubre hubiera comprendido mejor sus intereses habría evitado la imposición de tan fuertes derechos. Pero cada uno comprende mejor sus propias negocias».(79)
Las relaciones con Buenos Aires quedaron suspendidas. El Supremo Dictador no respondió a ninguno de los llamados que después de la misión de Herrera le hicieron desde la capital del sur. Cortó todo contacto con las Provincias Unidas del Río de la Plata, conservando con firmeza la independencia de la nación. Sólo después de su muerte el Paraguay inició una nueva etapa de sus comunicaciones con el exterior, encontrándose en la Confederación Argentina con la política de Rosas, que revivió la aspiración bonaerense de reconstruir el antiguo virreinato.

NOTAS
1. Mitre. Historia de San Martín, cit., págs. 85 y 86.
2. Vargas Peña, ob. cit., págs. 199 y 200. El triunvirato a la Junta Gubernativa. Buenos Aires, 15 de noviembre de 1812.
3. Ib. Ib., pág. 204. La Junta Gubernativa al triunvirato. Asunción, 26 de noviembre de 1812. Este oficio dice que el de Buenos Aires, comunicando la convocatoria, era del 13 de noviembre. En cambio, ea la nota anterior se vio que la fecha era del 15 del mismo mes. Tal vez se trate de un error. El mismo triunvirato en nota posterior señala el 13 de noviembre como la fecha de la comunicación aludida, pág. 207.
4. Nota cit. en el cap. anterior.
5. Vargas Peña, ob. cit., pág. 207. El triunvirato a la Junta Gubernativa. Buenos Aires, 19 de diciembre de 1812.
6. El Paraguayo Independiente Nº 6.
7. Vargas Peña, ob. cit., pág. 212. El triunvirato a la Junta Gubernativa.
8. Ib. Ib., págs. 212 y 213. La Junta Gubernativa al triunvirato. Asunción, 29 de enero de 1813.
9. Ib. Ib., págs. 213 a 215. La Junta Gubernativa al triunvirato. Asunción, 27 de enero de 1813.
10. Ib. Ib., págs. 218 y 219. La Junta Gubernativa al triunvirato. Asunción, 20 de febrero de 1813.
11. Ib. Ib., pág. 225. El triunvirato a la Junta Gubernativa. Buenos Aires, 20 de febrero de 1813.
12. Ib. Ib., págs. 225 y 226. Notas a Herrera del 6 y 8 de marzo de 1813.
13. El Paraguayo Independiente Nº 6.
14. Vargas Peña, ob. cit., págs. 227 a 229. Minuta de las instrucciones para el enviado al Paraguay, Nicolás de Herrera, Buenos Aires, 4 de marzo de 1813.
15. Ib. Ib. Ib.
16. Ib. Ib. Ib.
17. Ib. Ib. Ib. Herrera trajo el expediente de la represa.
18. Ib. Ib. Ib.
19. El Paraguayo Independiente Nº 6. Báez, en ob. cit., pág. 208, reproduce este acuerdo sin mencionar la fuente y Vargas Peña, ob. cit., pág. 229, lo reproduce también, siguiendo al autor aludido. Ambos dan como fecha del parecer el 10 de marzo pero El Paraguayo Independiente, de donde Báez tomó el dato, dice que fue del 13 de ese mes.
20. Vargas Peña, ob. cit., pág. 230.
21. Ib. Ib. Ib. La Junta Gubernativa al gobierno de Buenos Aires, Asunción, 26 de marzo de 1813.
22. Ib. Ib., págs. 231 y 232. Herrera al Supremo Poder Ejecutivo. Corrientes, 3 de mayo de 1813.
23. Ib. Ib., pags. 232 y 233. El Supremo Poder Ejecutivo a Herrera. Buenos Aires, 19 de mayo de 1813.
24. Ib. Ib., pág. 233. Herrera al Supremo Poder Ejecutivo. Asunción, 27 de mayo de 1813.
25. Wisner, ob. cit., pág. 61.
26. El Paraguayo Independiente Nº 6.
27. Wisner, ob. cit., pág. 61.
28. El Paraguayo Independiente, cit.
29. Báez, ob. cit., págs. 212 a 214.
30. Vargas Peña, ob. cit., págs. 233 y 234. Herrera al Supremo Poder Ejecutivo. Asunción, 5 de junio de 1813.
31. También Velasco en el manifiesto del 24 de julio de 1810, al inaugurar la asamblea de ese día, habló de esta «preciosa y codiciada provincia».
32. Vargas Peña, ob. cit. pág. 234 a 236. Herrera al Supremo Poder Ejecutivo. Reservado. Asunción, 5 de junio de 1813.
33. Ib. Ib. Ib.
34. Ib. Ib. Ib. El paréntesis es nuestro.
35. Actas de las sesiones de los Congresos de la República, desde 1811 hasta la terminación de la guerra. Asunción, 1908. Convocatoria para la composición de 1.000 sufragantes Naturales de esta Provincia para la formación del Congreso Soberano. Asunción, 26 de agosto de 1813, págs. 12 a 15. El documento está firmado por Yegros, Francia y Cavallero.
36. Vargas Peña, ob. cit., pág. 236. Herrera al Supremo Poder Ejecutivo. Asunción, 19 de junio de 1813.
37. Ib. Ib., págs. 237 y 238. El Supremo Poder Ejecutivo a Herrera. Buenos Aires, 20 de junio de 1813. Herrera acusó recibo de esta comunicación el 13 de julio, conformándose con la orden de su gobierno, Ob. cit., pág. 238.
38. Convocatoria cit.
39. Vargas Peña, ob. cit.. págs. 238 y 239. Herrera al Supremo Poder Ejecutivo. Asunción, 13 de julio de 1813.
40. Ib. Ib., págs. 240 a 242. Herrera a Rodríguez Peña. Asunción, 13 y 19 de julio de 1813. Los dos informes son del 19 de julio.
Chaves. Historia de las relaciones, cit., págs. 208 y 209.
41. Vargas Peña, ob. cit. págs. 245 y 246. El Supremo Poder Ejecutivo Herrera. Buenos Aires, 19 de Agosto de 1813.
42 Convocatoria cit.
43. Wisner, ob. cit., pág. 52.
44. Ib Ib. Ib.
45. Vargas Peña, ob. cit.. págs. 246 y 247. Herrera al Supremo Poder Ejecutivo. Asunción, 4 de setiembre de 1813.
46. Ob. cit., pág. 63.
47. Informes confidenciales cit.
48. Vargas Peña, ob. cit., pág. 263. Herrera al Supremo Poder Ejecutivo. Asunción, 3 de octubre de 1813. Chaves en El Supremo Dictador, pág. 148, dice que la asamblea estaba presidida por Francia, Yegros y Cavallero, pero que los dos primeros renunciaron el mismo día 30 de setiembre, «quedando Pedro Juan solo en el sitial» de la presidencia. En la segunda edición de Historia de las relaciones..., pág. 211, expresa que el congreso se inició «bajo la presidencia de Fulgencio Yegros». Cardozo por su parte, en Paraguay Independiente, pág. 49, afirma que «Pedro Juan Cavallero fue elegido presidente». Y Justo Pastor Benítez, en la vida solitaria del Dr. José Gaspar de Francia, pág. 59, escribe que el congreso estuvo «presidido por el alcalde Juan Antonio Caballero de Añasco».
El Paraguago Independienfe Nº 6.
49. Vargas Peña, ob. cit., pág. 263. Herrera al Presidente del Congreso del Paraguay. Asunción, 1º de octubre 1813.
El Paraguayo Independiente Nº 96, transcribe esta nota y dice que está fechada «el 31 de setiembre por algun apuro ú olvido de que este mes acaba en 30».
50. Nota del 3 de octubre cit.
51. Vargas Peña, ob. cit., pág. 264. Carta del 4 de octubre.
Chaves. Historia de las relaciones, cit., pág. 212.
El Supremo Dictador, cit., pág. 149.
52. R. Antonio Ramos. El Congreso de 1813. El Diario. Asunción, 19 de enero de 1936. Carta de Manuel José Olavarrieta del Archivo de Pueyrredón reproducida en el hebdomadario asunceno, Patria, en los número 1, 2, 3, 4 5 y 6.
Chaves, El Supremo Dictador, cit., pág. 149.
53. Nota del 3 de octubre cit.
54. Actas de las sesiones de los Congresos de la República..., cit., pág. 6.
Bando del 21 de octubre de 1813.
Ramos, artículo cit.
55. Vargas Peña, ob. cit., pág. 264.
56. Ib. Ib. pág. 251.
57. Ib. Ib. Ib.
58. Ib. Ib., págs. 252 y sgtes.
59. Ib. Ib. Ib.
60. Ib. Ib. Ib.
61. Segunda de las notas del 3 de octubre, cit.
62. Nº 96. Las Reflexiones Políticas fueron publicadas por Andrés Lamas en su Colección de Memorias y Documentos para la Historia y Jeografia de los Pueblos del Río de la Plata, Montevideo, 1849, págs. 169 a 184, con este encabezamiento: «Memoria presentada en 1813 al Congreso del Paraguay por el Dr. D. Nicolas de Herrera Comisionado del gobierno de Buenos Aires». Posteriormente aparecieron en el Comercio del Plata Nº 1196 del 7 de enero de 1850. El encabezamiento aludido llevó a El Paraguayo Independiente Nº 96 a afirmar de que dicho documento «nunca, jamás» fue presentado al congreso de 1813, de acuerdo con la verdad histórica. Vargas Peña lo reproduce en su ob. cit.
63. El Paraguayo Independiente Nº 6.
64. Blas Garay, Compendio Elemental de Historia del Paraguay. Segunda Parte, Capítulo III.
Ramos, art. cit.
65. Actas de las sesiones de los Congresos..., cit., págs. 7, 8 y 9.
Ramos, art. cit.
66. Blas Garay. El Primer Consulado. Revista del Instituto Paraguayo. Año II, Tomo III.
Ramos, art. cit.
67. Actas de las sesiones del Congreso..., cit.
Ramos, art. cit.
68. Ib. Ib. Ib.
Ib. Ib. Ib.
69. Ib. Ib. Ib.
Ib. Ib. Ib.
Chaves, El Supremo Dictador, cit., pág. 150.
Después de los cónsules prestaron juramento los oficiales «negándose para este efecto el teniente Don Manuel Iturbe, por estar próximo a solicitar su exoneración».
70. Vargas Peña, ob. cit., pág. 267. Herrera al Supremo Poder Ejecutivo. Asunción, 13 de octubre de 1813.
71. Ib. Ib., pág. 268. Herrera al gobierno paraguayo. Asunción, 15 de octubre de 1813.
El Paraguayo Independiente Nº 6.
72. Ib. Ib., págs. 269 y 270. Los cónsules a Herrera. Asunción, 19 de octubre de 1813.
Ib. Ib.
73. Nº cit.
74. Ib. Ib.
Vargas Peña, ob. cit., págs. 270 y 271. Los cónsules a Herrera. Asunción, 25 de octubre de 1813.
75. Ib. Ib.
Ib. Ib. Ib.
76. Ib. Ib., págs. 271, 272 y 273. Herrera al Supremo Poder Ejecutivo. Corrientes, 7 de noviembre de 1813.
77. Ib. Ib. Ib.
Ib. Ib. Ib.
78. Ib. Ib. Ib.
Ib. Ib. Ib.
79. Antonio Zinny. Historia de los Gobernantes del Paraguay. Buenos Aires, 1887, pág. 274.
El nuevo «impuesto de guerra» exigido a los productos paraguayos era de «un peso por cada arroba de yerba mate y de dos pesos por cada arroba de Tabaco». Chaves. Historia de las relaciones, cit., pág. 214.

Fuente:

LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY Y EL IMPERIO DEL BRASIL.

Autor: ANTONIO RAMOS

Publicación conjunta de CONSELHO FEDERAL DE CULYURA E DO

INSTITUTO HISTÓRICO E GEOGRÁFICO BRASILEIRO

Rio de Janeiro - Brasil (1976)

Versión digital (pdf): BIBLIOTECA VIRTAL DEL PARAGUAY

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