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viernes, 23 de julio de 2010

HERIB CABALLERO CAMPOS - ASUNCIÓN A FINES DEL ANTIGUO RÉGIMEN / Fuente: www.independenciaparaguaya.com


ASUNCIÓN A FINES DEL
ANTIGUO RÉGIMEN
Documento de
HERIB CABALLERO CAMPOS
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
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ASUNCIÓN A FINES DEL
ANTIGUO RÉGIMEN.
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Ante un nuevo aniversario de la fundación de la Casa-Fuerte que dio origen a nuestra ciudad, y ante el desafío de elegir un nuevo gobierno municipal que se dedique a resolver los ingentes problemas que soportamos todos los días los habitantes de una ciudad, con serias deficiencias estructurales.
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La ciudad de Asunción del Paraguay, como era denominada en más de un documento oficial del Imperio Español, contaba con poco menos de 10.000 habitantes hacia fines del siglo XVIII.
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ASUNCIÓN A FINES DEL XVIII
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Para Vives Azancot, Asunción antes que una ciudad en aquella época era un centro de servicio, pues gran parte de los habitantes de la provincia vivían en la campiña distribuidos en capillas y caseríos. Por su parte Juan Francisco de Aguirre, describía a la ciudad de Asunción como “... separados sus edificios, profundas las calles, respecto a sus niveles y ellos desproporcio-nados también según sus diferencias en tiempo de edificación. A unas se sube por escala, á otras por rampa y otras están al andar del piso”
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Mediante los Bandos de Buen Gobierno, emitidos por los gobernadores e intendentes Pedro Melo de Portugal, Joaquín de Alós y Lázaro de Ribera, tenemos información de primera mano sobre las costumbres de los asuncenos de aquella época.
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DISPOSICUIONES PARA LA CIUDAD
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A partir de 1779 se produjeron importantes cambios en la economía provincial y por ende la sociedad fue modificando sus prácticas que se observan en la reglamentación dada por los gobernadores. Así un año antes, el gobernador Pedro Melo de Portugal, había prohibido que se introduzcan reses a lazo ni se pongan caballos a soga, que pudiesen estorbar el tránsito. Así mismo dispuso que se despejen las calles de árboles, matorrales y palizadas al igual que otras inmundicias. A aquellos vecinos que no cumpliesen se les impuso una multa de 15 pesos.
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En 1787, el intendente Joaquín de Alós, reiteró la disposición de limpiar los lotes y despejar las calles, pero aparentemente el problema había disminuido, pues tan sólo impuso 4 pesos de multa a quienes infringieran dicha medida.
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En abril 1797 fue recibido en el mando el nuevo intendente Lázaro de Ribera, el tardó casi un año para promulgar el Bando de Buen Gobierno, que fue pregonado en los días previos a la Navidad de dicho año.
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Ribera no sólo dispuso que se limpien los lotes y se limpien las calles, sino que también en otros capítulos de su Bando ordenaba que todos los dueños de huecos y solares los edifiquen en un plazo de 8 meses, “ con el fin de que [sic] se mejore el aspecto de esta cuidad [sic]”, quienes no cumplieren perderían sus terrenos que serían rematados. Por otro lado se estableció que los edificios que se encontraban arruinados, debían ser deshechos y vueltos a construir en un plazo de un año, estableciendo la misma pena que para la situación anterior. En otro punto, ordenaba que ninguna persona cave pozos en las calles, y que nadie las ocupe con palizadas ni escaleras.
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LA QUEJA DEL PROCURADOR
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A comienzos del año 1806, el Síndico Procurador de la ciudad, Ceferino Acosta, elevó una carta de protesta al intendente Lázaro de Ribera. En dicha presentación se puede observar que las disposiciones tendientes a mejorar la armonía y la convivencia de los habitantes de la ciudad no eran observadas estrictamente.
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Acosta escribía que “Que á pesar de las repetidas Providencias que en estos tiempos ha dictado este Gobierno en asuntos de Policía y especialmente VS en el tiempo de su felis[sic] mando subsisten aun los mismos desordenes en perjuicio de la causa publica, aseo y ornato de la ciudad”.
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Denunciaba que el tránsito a pie, a caballo y carretas se encuentra con estorbos a cada momento pues existen maderas acumuladas en las calles y veredas, llegando al colmo que se han instalado aserraderos en dichos lugares públicos. Así mismo denunciaba: “Tambien está mandado; que nadie arroje á las calles basuras, ni otras inmundicias; pero VS habra visto el desaseo con que se maneja en la mayor parte estando las mas principales llenas de semejantes viscosidades, otras suciedades perjudiciales...” por lo que solicitaba la renovación de penas. En lo que respecta a los terrenos baldíos, afirmaba que “los huecos desfiguran á las Ciudades, son abrigos de maldades mayormente estando de Arbustos”, por lo que pedía que se recuerde la obligación de limpiarlos y que no se traigan reses a lazo, ni se dejen sueltos a los cerdos, en caso de infracción proponía que los animales sean confiscados y remitidos para consumo de los presos de la Cárcel.
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Por último escribía el Procurador cuanto sigue: “que dentro de la ciudad se derraman algunas Ygriegas, siendo este asqueroso material motivo á la salud publica, y pribado[sic] por reales Pragmaticas del Señor Don Carlos [roto] que se les de curso por las calles, ó salida por cloacas, por cuyos conductos , ó albañales solo deben corren en tiempo de llubias[sic] las vasuras[sic] que impele y lleva el agua, sin arrojar por ellas otras inmundicias, ni aguas corrompidas, y asquerosas capases[sic] de dañar á la salud asi como igualmente pueden ofender los basos[sic] que arrojan...”. Debemos recordar que a partir del siglo XVIII, la autoridad pública en Europa combatía la costumbre de arrojar a la calle las necesidades fisiológicas por parte delos vecinos.
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El 22 de enero de dicho año el gobernador dispuso penas a todos los que cometieran los actos denunciados por el procurador, pero a pesar de la existencia de un Juez o comisionado de Policía, afirmaba que su accionar era como que “ha dado gritos a Sordos” que obviaban el cumplimiento de requerimientos mínimos de convivencia en una ciudad.
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La vida urbana requiere de valores y buenos hábitos por parte de los ciudadanos, hace doscientos años observamos que la reglamentación de la vida asuncena poco o nada afectó a sus costumbres, en el siglo XXI seguimos actuando con indiferencia ante los graves problemas de ordenamiento y salubridad que nos aquejan diariamente, y poco se hace por modificar dicha situación, a tal punto que quienes prometen basura cero, ensuciaron la ciudad de diestra a siniestra.
Herib Caballero Campos
Historiador.
Fuente:
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