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sábado, 28 de agosto de 2010

HIPÓLITO SANCHEZ QUELL - A 100 AÑOS DE UN LAUDO MEMORABLE DE RUTHERFORD B. HAYES / IMPRENTA NACIONAL (1978)

A 100 AÑOS DE UN
LAUDO MEMORABLE
DE RUTHERFORD B. HAYES
(CON 20 ILUSTRACIONES)
Conferencia de
HIPÓLITO SANCHEZ QUELL
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
IMPRENTA NACIONAL
Asunción, Paraguay
1.978 (40 páginas)


PÓRTICO

Para celebrar dignamente el Centenario del Laudo Hayes, el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Academia Paraguaya de la Historia organizaron conjuntamente un gran acto, que se realizó en la mañana del 11 de Noviembre en el Salón de las Banderas (Ministerio de Defensa Nacional).
La solemne conmemoración se inició con los sones del Himno Nacional, que fue coreado por la nutrida y selecta concurrencia.
El Ministro de Relaciones Exteriores Dr. Alberto Nogués pronunció las palabras de apertura. Y seguidamente el Presidente de la Academia Paraguaya de la Historia Dr. H. Sánchez Quell sustentó la conferencia "A 100 años de un laudo memorable", que fue ilustrada con documentos, mapas, retratos y diapositivas evocadoras del ambiente de la época.
Cruzando el puente tendido sobre el río, en la tarde del 11 el historiador Sánchez Quell pronunció la misma disertación en la Municipalidad de Villa Hayes, a la que concurrió el vecindario de dicha localidad, de Benjamín Aceval, Falcón, Pozo Colorado, Pozo Azul y otras poblaciones de la comarca.
Además, en Villa Hayes se realizaron durante 4 días numerosos actos conmemorativos, tales como la actuación del Ballet Folklórico de la Municipalidad de Asunción, un concierto de la OSCA (Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción), el Ballet Folklórico Juvenil de Villa Hayes, un baile popular, una ofrenda floral ante el monumento al Dr. Benjamín Aceval, una misa campal de acción de gracias, un desfile estudiantil y como coronamiento una cena de gala en la Municipalidad,
El Ministro de Hacienda General DIM. César Barrientos ha dispuesto editar el trabajo del Dr. H. Sánchez Quell en el presente folleto, con los 20 grabados que el autor utilizó durante su ilustrativa y emotiva conferencia.
Cuando esta medianoche el reloj rompa el silencio con sus 12 campanadas, se cumplirá el centenario de un hito luminoso de la historia patria: el laudo arbitral del Presidente de los Estados Unidos de América, Rutherford B. Hayes, por el cual se reconocía el derecho del Paraguay sobre la zona del Chaco entonces en litigio con la Argentina.
Para valorar el transcendente significado de esa sentencia internacional, se hace necesario analizar los antecedentes, el contenido y las consecuencias de la misma.


EL CHACO EN EL CONTROL ADMINISTRATIVO

Las migraciones de los guaraníes a través del Chaco hasta los contrafuertes andinos comenzaron ya en la época precolombina. Más tarde, acompañando a Alejo García, Ayolas, Alvar Núñez e Irala, varios miles de guaraníes cruzaron también el Chaco y se establecieron en esas regiones. Los que se asentaron en la sierra fueron denominados Chiriguanos y los que quedaron en el Parapití recibieron el nombre de guarayos. La cordillera de los Chiriguanos, el río Parapití y la sierra de Santiago constituyen, pues, los límites étnicos del Chaco. La vasta planicie del Chaco se extiende en el oeste hasta la cordillera de los Chiriguanos, en el noroeste hasta el río Parapití y en el norte hasta la sierra de Santiago. En toda la inmensa llanura no existe ningún accidente geográfico prominente. La cordillera de los Chiriguanos, el río Parapití y la sierra de Santiago son, por tanto, los límites geográficos del Chaco.
La entidad colonial Provincia del Paraguay era una unidad administrativa. Ella se extendía hasta los confines de Chuquisaca, Santa Cruz y Chiquitos. Centenares de cartas geográficas indican también que el territorio del Chaco estuvo siempre comprendido en la jurisdicción de esa unidad administrativa. Que el Paraguay ejercía control administrativo en el Chaco, por medio de sus autoridades civiles, eclesiásticas y militares, lo prueban documentos relativos a colonias, reducciones, fuertes y expediciones, hechos ostensibles y evidentes de que la jurisdicción paraguaya era reconocida, permitida o tolerada por el Monarca español en el decurso de los años. Y como la Provincia ejercía el control administrativo, o sea el control jurídico, hasta los confines de su jurisdicción, tenemos que la cordillera de los Chiriguanos, el río Parapití y la sierra de Santiago límites étnicos y límites geográficos constituyen también los límites jurídicos del Chaco (1).

UNA INSÓLITA PRETENSIÓN ALTIPLANICA

Al independizarse el Paraguay en 1811, y al hacer lo propio en 1825 las provincias del Alto Perú, las dos nuevas entidades políticas heredaron los territorios que
tenían en su carácter de colonias de España. Por tanto, los límites entre los dos nuevos Estados eran los que el Paraguay tenía con Chuquisaca, Santa Cruz y Chiquitos durante el coloniaje.
Mientras actuó la Junta Superior Gubernativa del Paraguay, presidida por el Teniente Coronel Fulgencio Yegros, las provincias del Alto Perú seguían bajo el dominio de la corona española.
Durante la Dictadura del Dr. José Gaspar de Francia, las veces que Bolivia intentó mantener relaciones con el Paraguay, acató las órdenes de las autoridades del Fuerte Borbón, respetando así la soberanía y los derechos incontestables de la República al territorio situado en la margen occidental del río Paraguay.
Don Carlos Antonio López, en 1842, notició a Bolivia la ratificación de la Independencia paraguaya, comunicándole al propio tiempo que estaba resuelto a fomentar "la población del Chaco dentro de los límites que corresponden a esta República, para abrirse rutas mercantiles con la República de Bolivia". El gobierno boliviano contestó reconociendo la independencia paraguaya, sin formular reserva alguna sobre la determinación respecto a la población del Chaco.
El Paraguay fue estableciendo en el Chaco 23 colonias y fuertes, cultivos agrícolas, ganado, obrajes, fábricas, etc. Bolivia tampoco hizo protesta alguna. Los que venían del altiplano tenían que esperar en Fuerte Olimpo (ex-Borbón) el permiso del Gobierno paraguayo para poder bajar hasta Asunción.
En 1852 sucedió algo insólito. Habíase ajustado entre Argentina y Paraguay el tratado Derqui-Varela, cuyo art. 44 establecía que "el río Paraguay pertenece de costa a costa en perfecta soberanía a la República del Paraguay, hasta su confluencia con el Paraná". El Encargado de Negocios de Bolivia en la Confederación Argentina, Juan de la Cruz Benavente, presentó entonces una protesta, pues consideraba que Bolivia "tiene derecho al mencionado río Paraguay, como ribereña en la costa occidental, entre los grados 20, 21 y 22". De inmediato "El Paraguayo Independiente" refutó la protesta de Benavente, diciendo: "No sabemos a dónde irá Bolivia por las pruebas para hacerse ribereña del Paraguay a centenares de leguas de distancia, desde el otro lado de las cordilleras. Tendrá la bondad de decirnos siquiera quién le ha dado el Gran Chaco y la derecha del Paraguay".
En 1853 ocurrió algo que resultó regocijante. El Presidente de Bolivia General Manuel Isidoro Belzú que, al decir de Marco Antonio Laconich, " padecía de un delirio portuario" publicó un decreto por el cual "Queden abiertos como puertos francos en el territorio boliviano, al tráfico y la navegación de todos los navíos mercantes, cualquiera que sea su matrícula, procedencia y tonelaje, los puertos de Bahía Negra y Fuerte Borbón”. El "Semanario de Avisos y Conocimientos Útiles", en 1856, comentaba con zumba: "Todos saben que en el lapso de más de 3 años los premios, excepciones de derechos y adjudicación de terrenos no ha sido parte para obtener el arribo de ningún buque extranjero de vapor, ni de vela, a buscar los puertos habilitados por el Gobierno boliviano en territorio paraguayo" (2).


MAPA DEL PARAGUAY.
Figuran los límites étnicos, geográficos y jurídicos del Chaco.
Asimismo, los territorios anexados
después de la Guerra de la Triple Alianza.
Y también el triángulo sometido al arbitraje del Presidente Hayes.



LA POSESIÓN PARAGUAYA DEL CHACO CENTRAL

Cuando Hernandarias tuvo la malhadada ocurrencia de dividir en 1617 la Provincia del Paraguay en 2 provincias, nos quitó el mar. Las 3 ciudades del Guairá esto es, Santiago de Xerez, Ciudad Real y Villa Rica fueron destruías por las malocas de los bandeirantes paulistas. El litoral atlántico pasó a depender de Buenos Aires. El Paraguay quedó aislado y comenzó su decadencia.
La división se hizo como dice Fulgencio R. Moreno por agregación de ciudades. Cada una ingresaba con su correspondiente distrito. Por tanto, la línea divisoria entre las dos nuevas provincias quedaba establecida por la que separaba la jurisdicción de Asunción de las de Concepción del Bermejo y Corrientes. Esto es, en el Chaco, el río Bermejo, y en la región oriental, el río Paraná.
El tratado del 12 de Octubre de 1811 firmado entre la Junta Superior Gubernativa del Paraguay y los plenipotenciarios porteños Belgrano y Echevarría expresaba que quedaban "los límites de esta Provincia del Paraguay en la forma en que actualmente se hallan, encargándose consiguientemente su gobierno de custodiar el Departamento de Candelaria". Como el área del Departamento de Candelaria estaba formada por la laguna Yberá, el río Paraná, su afluente el Yguazu y la Sierra Grande de las Misiones, significa que ésta última era el límite en las Misiones. En cuanto al Chaco, el límite era el río Bermejo, según nota del 15 de Febrero de 1812 de la Junta del Paraguay a la de Buenos Aires.
El tratado Derqui-Varela, signado en. 1852 entre los gobiernos del General Urquiza y de Don Carlos Antonio López, establecía que "la navegación del río Bermejo es perfectamente común a ambos Estados", lo que implica que ese río era el límite en el Chaco. Y agregaba que "el río Paraná es límite entre la Confederación Argentina y la República del Paraguay" en la región de las Misiones:
Dicho tratado no fue ratificado. Por tanto, quedaba sin efecto la cesión que el Paraguay había hecho de las Misiones transparanenses. En 1856, por el tratado Guido-Vázquez, quedó postergado sine die (sin fijar fecha) el arreglo de la cuestión de límites.
El Paraguay siempre poseyó el Chaco Central (que se extiende entre el Pilcomayo y el Bermejo) durante todo el coloniaje. Tenía en esa región las reducciones de Laguna Blanca, San Antonio de Tobas, San Francisco Solano de Remolinos, Nuestra Señora del Rosario, San Carlos del Timbó y Nuestra Señora del Bermejo. Más tarde, el Dictador Francia mandó levantar allí los fuertes Santa Elena, Monteclaro, Orange y Formoso. En 1822 ordenó la expedición de Hermosilla, que llegó hasta el antiguo asiento de los abipones. En 1842, en época de Don Carlos Antonio López, se practicó en los fuertes citados el juramento solemne de la Independencia Nacional. En 1854 M. Heberard-Crámon, súbdito francés, solicitaba permiso para establecer un obraje de maderas. Tres expediciones de Ramos y Aguiar recorrieron el Chaco Central en época de Rosas hasta diversos puntos del Bermejo. En 1860 partió otra expedición, al mando del Mayor Juan de la Cruz Estigarribia, de cuyo recorrido trazo prolijo plano Humberto Martelli, topógrafo que le acompañó.
En cuanto a las Misiones transparanenses, el Paraguay siempre las poseyó también. A raíz de la división de Hernandarias, una Real Cédula del 10 de Noviembre de 1659 declaró que los pueblos situadas al norte de la Sierra Grande de las Misiones "señaladamente fueron de la jurisdicción del Paraguay". La Sierra Grande de las Misiones era el "divortium aquarum" (línea de separación de las aguas) entre los afluentes del río Paraná y los afluentes del río Uruguay. Por eso otra Real Cédula, del 11 de Febrero de 1724, confirmaba que "los términos del Obispado del Paraguay son e incluyen las vertientes todas del ría Paraná, y los del Obispado de Buenos Aires las del río Uruguay". El Dictador Francia hizo ocupar esa zona en 1831. Y en 1849 Don Carlos Antonio López hizo lo propio (3).

EL DERECHO DE LA VICTORIA

Vino la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay (1864-70). Al finalizar la misma, los vencedores sometieron todo nuestro territorio a ocupación militar.
El General Emilio Mitre, Jefe del ejército argentino de ocupación, en oficio del 17 de Noviembre de 1869 dirigido al Gobierno Provisorio del Paraguay, expresaba: "El Chaco es exclusivamente argentino y en él nada tienen que hacer las autoridades paraguayas". Y agregaba: "Muy pronto mandaré por tanto a Villa Occidental una guarnición y un jefe a fin de que enarbolen allí la bandera y establezcan nuestra jurisdicción".
El Gobierno Provisorio protestó ante el Gobierno argentino, pues se pretendía negarle "el derecho de ejercer jurisdicción en una antigua población, frontera al Departamento de la Capital de la República, creada por los esfuerzos y capitales de la Nación paraguaya".
El Canciller argentino Mariano Varela había proclamado que "La victoria no da derecho a las naciones aliadas para declarar por sí, limites suyos, a los que el tratado señala", y agregaba que "su fijación será establecida en los tratados que se celebren después de exhibidos por las partes contratantes los títulos en que cada una apoya sus derechos".
Sin embargo, su intransigente sucesor, el Canciller Carlos Tejedor, opinaba que "El derecho de la victoria" debía resolver el asunto. La Argentina pretendía nuestro Chaco desde el río Bermejo hasta la Bahía Negra, y por un decreto de 1872 lo declaraba territorio suyo. Además, se nombraba al General Julio de Vedia Gobernador del Territorio del Chaco, con residencia en Villa Occidental y con una guarnición militar a sus órdenes.
El Gobierno paraguayo, en conocimiento de ese decreto, protestó enérgicamente el 18 de Febrero de 1872.
Bartolomé Mitre en su famosa arenga dijo que en 3 meses estaría en Asunción. Pero no estuvo ni en 5 años. Fue en 1873, tres años después de terminada la guerra, que vino al Paraguay para tratar de finiquitar la cuestión de límites. Impuso al Canciller José del Rosario Miranda, sin discusión de títulos, la renuncia por un protocolo al territorio que se extiende desde la Sierra Grande de las Misiones hasta el río Paraná (18.980 kilómetros cuadrados). Pero no pudo ir por el lado del Chaco hasta Bahía Negra, como estipulaba el Tratado secreto de la Triple Alianza.
Entre tanto, el Brasil, por el tratado Loizaga-Cotegipe (1872), sin discusión de títulos, se adueñó del territorio que se extiende desde los ríos Blanco e Igatimí hasta el río Apa y las cordilleras de Amambay y Mbaracayú (62.325 kilómetros cuadrados).
Y por el tratado Machaín-Irigoyen (1876) del que nos ocuparemos luego, la Argentina, sin discusión de títulos, se adueñó del Chaco Central, que se extiende desde el río Bermejo hasta el río Pilcomayo (75.100 kilómetros cuadrados).
Así se consumó, a raíz de la Guerra de 1864-70, la mutilación del Paraguay (4).

LOS OCUPANTES RESELLAN MONEDAS PARAGUAYAS

Como una curiosidad numismática, diremos que durante la ocupación argentina del Chaco fueron reselladas monedas paraguayas, las que tuvieron curso corriente. Carlos Alberto Pusineri nos cuenta que "estampaban el escudo argentino en altorrelieve, dándole mayor valor al valor escrito". Agrega que "es posible que este resello no haya sido estampado por las autoridades argentinas y, por lo mismo, tal vez no habría sido un resello legal, pero en cambio sí tuvo su valor comercial y las autoridades permitían su circulación porque la mayor parte de los accionistas de las empresas que proveían de víveres a los ejércitos (vivanderos) y a la población, estaba formada por las mismas autoridades. De lo contrario, creemos que no habrían permitido estampar el escudo argentino". Y afirma finalmente: "Este resello fue estampado en el Departamento Occidental en el período comprendido entre Abril de 1874, cuando pasó al Chaco la comandancia con todo el ejército de ocupación, hasta fines de 1878, fecha en la que se tuvo conocimiento del fallo del Presidente Hayes"

UN TRIÁNGULO QUE SE SOMETE A ARBITRAJE

Tras largas negociaciones, los argentinos rebajaron sus pretensiones extremas y propusieron como límite el río Verde. Pero en esa línea se mostraron irreductibles. Viajó a Buenos Aires como Plenipotenciario paraguayo el Dr. Facundo Machaín para negociar con el Canciller argentino Bernardo de Irigoyen un tratado de límites. Resolvieron dividir el Chaco en 3 secciones: la primera desde la Bahía Negra hasta el río Verde. La segunda desde el río Verde hasta el río Pilcomayo. Y la tercera desde el río Pilcomayo hasta el río Bermejo. La Argentina "renunciaba" a sus pretendidos derechos sobre la primera sección. Como contrapartida, el Paraguay "reconocía" como perteneciente a la Argentina la tercera sección. Y la segunda sección quedaba sometida a la decisión definitiva de un fallo arbitral. Convinieron seguidamente en elegir al Presidente de los Estados Unidos de América como árbitro para resolver sobre el dominio de ese triángulo, formado por los ríos Verde, Paraguay y Pilcomayo. Cursadas que fueron las correspondientes comunicaciones, el Presidente Rutherford B. Hayes, en nota del 28 de Marzo de 1877, expresó su aceptación.
La defensa de los derechos del Paraguay fue confiada al Dr. Benjamín Aceval y a Don José Falcón. Se trataba de dos ilustres paraguayos. Allí se dieron la mano el Derecho y la Historia, constituyendo un sólido haz. El birrete y los polvorientos infolios formaron un macizo equipo.
Benjamín Aceval, graduado de Doctor en Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires, regresó a su patria en 1873. Aquí fue el fundador y primer Director del Colegio Nacional, Diputado, Senador, Rector de la Universidad Nacional, Miembro de la Corte Suprema de Justicia, Canciller de la República y Ministro del Paraguay en Francia, España y Gran Bretaña.
Don José Falcón era un profundo conocedor de los secretos del Archivo Nacional. Además, fue Canciller de la República durante los gobiernos de Don Carlos Antonio López, del Mariscal Francisco Solano López y de la post-guerra. Cuando el Almirante brasileño Pedro Ferreira d'Oliveira, al frente de una escuadra de 20, buques de guerra, con 130 cañones y 5.061 hombres, pretendió remontar el río Paraguay, el Canciller José Falcón le paralizó en las Tres Bocas con la nota del 23 de. Febrero de 1855, que es todo un modelo en su género, pues no se puede pedir mayor energía dentro de mayor mesura.
El Dr. Benjamín Aceval llegó a Washington como Plenipotenciario del Paraguay el 14 de Diciembre de 1877, siendo oficialmente recibido el 7. La Memoria redactada por Aceval, acompañada de la compilación realizada por Falcón de los documentos y mapas justificativos de nuestros derechos al territorio sometido a arbitraje, fue presentada al árbitro el 27 de Marzo de 1878. Sabido es que la posesión continua ejercida por una nación excluye necesariamente el reclamo de cualquiera otra. Y la posesión del Paraguay era tres veces secular. Por otra parte, Aceval presentó al árbitro el cuerpo del delito, el Tratado secreto de la Triple Alianza, cuyas cláusulas inexorables mutilaban a la patria (6).
Aceval como dice Eduardo Amarilla Fretes, "a través de Una aplastante Memoria, donde resaltan nuestros títulos expuestos con argumentes indestructibles, comprobó de la manera más evidente los inconmensurables derechos que tiene nuestro país al territorio discutido" (7).
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Gobernador RUTHERFORD B. HAYES
Un vivo y animado afiche de la campaña electoral

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¿QUIEN FUE RUTHERFORD B. HAYES?

Tratemos de indagar primeramente su imagen espiritual y luego su imagen física.
Rutherford B. Hayes era abogado, militar y político. Como abogado, fue un decoro del foro. Con acreditado bufete en Cincinnati, se distinguió además como humanista y bibliófilo, que gustaba tratarse con científicos, escritores y artistas.
Como militar, peleó en la Guerra de Secesión, al lado de Abraham Lincoln y Ulises Grant, para obtener la libertad de los esclavos. Con el blasón de 4 heridas, llegó al grado de General de Brigada.,
Como político, fue primero Diputado y luego Gobernador de Ohio. El Partido Republicano le llevó a la Presidencia de la Nación el 6 de Marzo de 1877. Ejerció el poder con moderación, sin dejar de ser enérgico dentro de lo justo. Era de los que saben poner inteligencia y fe al servicio del deber.
"The Hayes Historical Society", entidad fundada para honrar su memoria, edita una interesante revista, en la que hemos ido espigando fotografías y dibujos que evocan el ambiente de aquella época. Convertidas en diapositivas, las iremos proyectando seguidamente. Aquí vemos a Hayes, estudiante de Derecho. En esta otra a Hayes, abogado a los 24 años. En este antiguo medallón aparece Lucy Keeler, la novia de Hayes. Y aquí la ceremonia del casamiento. En esta escena de la Guerra de Secesión, Hayes va a caballo vadeando un río en medio de la tupida selva. Y en esta otra, Lucy Keeler está cuidando a los heridos en un hospital. Vemos aquí la Convención del Partido Republicano, realizada en un salón de gigantescas proporciones. Y ahora un vivo y animado afiche de la campaña electoral. Aquí Hayes es proclamado en el Capitolio Presidente de los Estados Unidos de América. En esta escena los esposos Hayes abandonan su hogar para trasladarse a Washington. Vemos ahora el retrato del Presidente Hayes, óleo pintado por William Chase. Esta es una reunión familiar en la Casa Blanca un sábado de noche; mientras el Ministro del Interior toca el piano, el Ministro de Hacienda hojea un álbum. Y ésta una suntuosa recepción, reluciente de uniformes diplomáticos y condecoraciones, en un salón de la Casa Blanca. Aquí Hayes está escuchando con su amigo Thomas Alva Edison los primeros sones del nuevo invento, el fonógrafo. Rodeada, de frondosos árboles, tenemos ahora una vista de la residencia de Hayes en Ohio. Y aquí otra de su magnífica biblioteca, con miles de volúmenes. Finalmente, ésta es la portada de un libro sobre la vida y el carácter de Rutherford B. Hayes (8).
Tal el hombre en cuyas manos el Paraguay confiara el azar de su destino.

EL PARAGUAY TIENE LEGAL Y JUSTO TÍTULO

Grande era la expectativa de nuestro representante diplomático. Transcurrían los días, sin que se vislumbrase indicio alguno acerca del resultado final. Por lo demás, el Plenipotenciario de la Argentina, Dr. Manuel García, era el Decano del cuerpo diplomático en Washington. Esta tardanza tenía a Aceval en suspenso, pues era imposible arrancar el hermetismo de la Secretaría de Estado. Hacía 8 meses que no se sabía hacia dónde se inclinaría la balanza.
Sobre esto existe una anécdota pintoresca. El Dr. Aceval, al recibir en su pieza el sobre con el gran sello del Gobierno estadounidense, advirtió que le habían entregado equivocadamente el correspondiente a su colega y vecino el Ministro argentino Dr. Manuel García. Entonces, sin abrirlo, se dirigió sin pérdida de tiempo, de pijama y en pantuflas, a la pieza contigua para efectuar el canje de los sobres equivocados. Al- entrar, le encontró medio desvanecido en su diván; más impaciente sin duda, se había apresurado a abrir el oficio sin reparar en la dirección que llevaba. Pero se incorporó al verle entrar y se estrecharon las manos afectuosamente. No necesitó más el Dr. Aceval para adivinar el contenido del sobre (9).
El gobernante estadounidense, desde su despacho de la Casa Blanca, junto a la bandera de las estrellas y las franjas, firmaba el 12 de Noviembre de 1878 el laudo, fallo, decisión o sentencia arbitral. Después, de los considerandos, la parte dispositiva decía: "Por tanto, hago saber que yo, Rutherford B. Hayes, Presidente de los Estados Unidos de América, habiendo tomado en debida consideración las referidas exposiciones y documentos, vengo en decidir por la presente que la expresada República del Paraguay tiene legal y justo título a dicho territorio situado entre los ríos Pilcomayo y Verde, así como a la Villa Occidental comprendida dentro de él". Y agregaba: "En consecuencia, vengo en adjudicar por la presente a la expresada República del Paraguay el territorio situado sobre la orilla occidental del río de dicho nombre entre el río Verde y el brazo principal del Pilcomayo, inclusa la Villa Occidental'

EL RETORNO TRIUNFAL DE BENJAMÍN ACEVAL

Por entonces carecíamos aún de servicio telegráfico exterior. Después de la llegada de los barcos, los periódicos publicaban las noticias bajo el título de "Valija del vapor tal". En Asunción nada se supo, pues, de tan importante novedad sino sólo después de algún tiempo.
"La Reforma", en su editorial del 23 de Noviembre, titulado "El territorio del Chaco", pregonó el sensacional suceso. Además, hizo estallar cohetes y lanzó 4.000 boletines que fueron arrebatados por el público.
En Asunción se constituyó de inmediato una comisión encargada de organizar un gran homenaje al Dr. Benjamín Aceval. Cuando el vigía del Mangrullo (hoy Parque Carlos Antonio López) avizoró desde su atalaya el barco "Río Paraná", que empavesado conducía al viajero, salió a su encuentro un vapor con banda de música para darle la bienvenida y ejecutar a bordo el Himno Nacional. "La Reforma" lanzó un boletín extraordinario. Se erigieron tres arcos triunfales en Colón, en Palma y en 25 de Diciembre (hoy Chile). La población embanderó sus casas y se iluminaren los edificios públicos. Globos multicolores se elevaban hacia el cielo. Hubo salvas de artillería y un repique general de campanas. Y una nutrida muchedumbre acompañó al que retornaba hasta el Palacio de Gobierno (hoy Palacio Legislativo) y luego hasta su alojamiento, que quedaba en Palma entre Montevideo y Colón (donde años más tarde se instaló "El Diario" que dirigía Elíseo da Rosa). Se organizaron luego bailes de la alta sociedad y bailes populares. Dos días después el Presidente de la República Cándido Bareiro dio un gran banquete en su honor. Entre las personalidades presentes estaba el Ministro de la República Argentina, en noble gesto de buen perdedor. Al agradecer la demostración, el Dr. Aceval brindó por don José Falcón, rindiéndole justicia, pues a su meritoria labor se debía gran parte del triunfo.

LA VILLA DE LOS 5 NOMBRES

Bajo este poético título el Dr. Víctor Simón, destacado miembro de la Academia Paraguaya de la Historia, tenía un trabajo en preparación cuando prematuramente partió hacia lo ignoto.
En efecto, 5 fueron las denominaciones que sucesivamente tuvo ese lugar. Melodía, reducción fundada por el Padre Francisco Amancio González y Escobar, en homenaje al Gobernador del Paraguay Pedro Melo de Portugal. Durante 13 largos y duros años luchó allí el abnegado sacerdote para civilizar a los nativos con la prédica de los Evangelios. Amancio-Cue se siguió llamando después de desaparecido su fundador. Nueva Burdeos la denominó Don Carlos Antonio López al establecer allí a los inmigrantes bordeleses que venían para ampliar la colonia. Villa Occidental pasó a llamarse más tarde. Y así llegamos al momento en que la bautizarán por 5ª vez.
En cumplimiento del Laudo Arbitral, el 13 de Mayo de 1879 el Congreso Nacional aprobó una ley que establecía el régimen del territorio nacional del Chaco, que se denominaría "Departamento Occidental", y cambiaba el nombre de Villa Occidental por el de Villa Hayes. Y al día siguiente, el 14 de Mayo, el Gobierno del Paraguay tomó posesión de la Villa Occidental, labrándose la correspondiente acta, con asistencia de más de 800 personas. Una salva de 21 cañonazos saludó a la bandera celeste y blanca, que se arriaba, y a la bandera tricolor que se izaba.

SANGRE QUE CONSOLIDA Y RUMBO DE UN DESTINO

"El laudo Hayes como dice el anuario de la Academia Paraguaya de la Historia, pronunciado con objetividad y apego a la justicia, a la luz de los incuestionables títulos paraguayos, constituyó un fuerte estímulo para el espíritu nacional, tras tantos años de ocupación extranjera, de imposiciones arrogantes de tirios y troyanos, de mutilaciones territoriales, de vejámenes impunes, de devastación. Alguien, allá lejos., reconocía nuestros derechos y resolvía que debía dársenos lo que era nuestro. Con toda razón, el insigne Manuel Gondra, en frase digna del mármol, diría que "Hay algo más grande que la escuadra de los Estados Unidos, y es la justicia de los Estados Unidos" (10).
Rutherford B. Hayes fue uno de esos hombres superiores que hacen justicia al débil contra el fuerte. Su nombre, como los de Juan Bautista Alberdi, Martin Mac Mahon, Toribio Pacheco, Conrado Ríos Gallardo, Luis Alberto de Herrera, Huey P. Long y Enrique de Gandía, vivirá eternamente en el corazón de los paraguayos.
Después del laudo Hayes, el Chaco fue ayer el escenario de una trágica epopeya y es hoy el escenario de un augural progreso. Ayer, con el esfuerzo heroico de su pueblo y la hábil conducción del Mariscal José Félix Estigarribia, el Paraguay consolidó con sangre el laudo Hayes. Hoy, con el puente que cruza el río, la carretera Trans-Chaco, poblaciones, estancias, fábricas y colonias agrícolas, bajo el vigoroso impulso renacentista del General Alfredo Stroessner, el Paraguay está consolidando una vez más el laudo Hayes y encontrando el rumbo de su destino.
Por eso, señoras y señores, cuando esta medianoche el reloj rompa el silencio con sus 12 campanadas, meditemos en estas proféticas palabras del Dr. Benjamín Aceval, pronunciadas hace 100 años: "Los pueblos que saben morir por su independencia no desaparecen, y el pueblo paraguayo tiene la decidida voluntad de vivir; por lo que abrigo la profunda convicción que, a pesar de sus actuales desgracias y dificultades, nuevas generaciones vendrán a inocular sabia fecundante en sus agotadas venas, y que lucirán para él días más felices, en que podrá cumplir dignamente la misión reservada a las jóvenes nacionalidades que han surgido del seno de esta virgen América"

(1) H. SANCHEZ QUELL - Estructura y función del Paraguay Colonial.
(2) H. SANCHEZ QUELL - La diplomacia paraguaya de Mayo a Cerro Corá.
(3) H. SANCHEZ QUELL - Autoantologia.
(4) OSCAR PEREZ URIBE Y EUSEBIO A. LUGO - Colección de tratados históricos y vigentes.
(5) CARLOS ALBERTO PUSINERI - La moneda en 1870.
(6) BENJAMIN ACEVAL - Chaco Paraguayo. Memoria presentada al árbitro, documentos anexos y tallo arbitral.
(7) EDUARDO AMARILLA FRETES - El cincuentenario del fallo Hayes.
(8) HAYES HISTORICAL JOURNAL, Vols. 1 y 2.
(9) EL ORDEN, Asunción, 10 de Noviembre de 1928.
(10) HISTORIA PARAGUAYA, Vol. 16.

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