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sábado, 31 de julio de 2010

HIPÓLITO SÁNCHEZ QUELL - EL CHACO EN EL CONTROL ADMINISTRATIVO EN EL PARAGUAY COLONIAL / Fuente: ESTRUCTURA Y FUNCION DEL PARAGUAY COLONIAL


EL CHACO EN EL CONTROL ADMINISTRATIVO
EN EL PARAGUAY COLONIAL
Autor: HIPÓLITO SÁNCHEZ QUELL
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
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EL CHACO EN EL CONTROL ADMINISTRATIVO
EN EL PARAGUAY COLONIAL

Capítulo I
FUNDACIÓN DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA

La "Tierra del Rey Blanco" fue el punto de mira perseguido por Alejo García, Sebastián Gaboto, Don Pedro de Mendoza y su lugarteniente Juan de Ayolas, Alvar Núñez y Domingo de Irala. Todos ellos pretendían llegar a la Sierra de la Plata, cuya fama irradiaba por todo el continente. Algunos de éstos, cruzando el territorio del Chaco, alcanzaron la ansiada meta, pero pronto regresaron, a veces por ser insuficientes sus elementos para consolidar la conquista, otras por encontrarse ocupada la codiciada tierra por españoles llegados del lado del Poniente.
Pero la fecundidad imaginativa de los conquistadores era inagotable, como grande era su constancia ante los más duros fracasos y los más ingratos contrastes. Ahora se hablaba con entusiasmo de la "tierra rica", la que se suponía hallarse situada en las inmediaciones de la cordillera de los Chiriguanos.
No había transcurrido mucho tiempo del fallecimiento de Irala, cuando resolvióse en Asunción fundar un puerto en los Xarayes. Nufrio de Chávez, designado jefe de la expedición, salió en 1558 con veintitrés navíos. Navegó por el río Paraguay hasta llegar a la laguna de los Xarayes. El lagar era pobre y malsano Los indios comarcanos le explicaron que, hacia el oeste, existía una región donde "el metal amarillo lo sacaban de los arroyos de las sierras". El oro existía, pues. Dónde se hallaba, no lo sabían. Pero lo encontrarían.
Al ansia del oro iba parejo el espíritu creador y constructivo. Además de la esperanza de la "tierra rica", a Nufrio de Chávez le impulsaba el proyecto de crear en los confines del Chaco, entre las provincias del Paraguay y Perú, una gobernación independiente, de la que fuese él gobernador. Resolvió, por tanto, abandonar el proyecto de levantar una población en los Xarayes y lanzarse a través del Chaco, hacia aquella tierra que lo atraía con la incoercibilidad de un poderoso imán.
Largo y peligroso era el camino. Los españoles tuvieron que entablar violenta lucha con los indios que les hostilizaban en su recorrido. Amotináronse las tropas y requirieron a Chávez el retorno a Asunción. No queriendo éste abandonar su proyecto de seguir adelante, fue abandonado por un centenar de hombres, que emprendieron el regreso a la capital. Chávez quedó en aquellas regiones sólo con 45 compañeros. Sin desalentarse, cruzó el río Parapití y fundó, en 1559, a orillas del Guapay, un pueblo al que denominó Nueva Asunción, en recuerdo de la lejana metrópoli.
A siete leguas de Nueva Asunción, la gente de Chávez encontróse con la que comandaba Andrés Manso, capitán español que había salido del Perú para poblar los llanos próximos a la cordillera de los Chiriguanos. El encuentro trajo serias complicaciones. Tanto Chávez como Manso pretendían tener mejores derechos a la conquista de aquella tierra. Para evitar el choque, que estaba a punto de estallar, resolvieron ambos capitanes someter el litigio al Virrey del Perú, don Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete. Este se dejó convencer por Chávez y, erigiendo el terreno litigioso en nueva provincia, nombró Gobernador a su hijo don García Hurtado de Mendoza y Teniente de Gobernador a Nufrio de Chávez. Esto ocurrió en 1560. Al ario siguiente, esto es, en 1561, Chávez fundaba, al noroeste de la anterior y cerca del Piray, la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.
Dicha ciudad – cuya fundación fue obra exclusiva del esfuerzo del Paraguay – vino a ser la capital de la provincia creada el año anterior, la que desde entonces conocióse con el nombre de Provincia de Santa Cruz.
La creación de la Provincia de Santa Cruz constituye, así, la primera desmembración sufrida por el Paraguay durante el coloniaje.

Capítulo II
EL RIO PARAPITÍ EN LOS DOCUMENTOS OFICIALES


Corresponde ahora averiguar cuál fue el límite establecido entre la recién creada provincia – Santa Cruz de la Sierra y la Provincia del Paraguay, de la que aquélla fue un desprendimiento.
Nadie más llamado a ilustrarnos sobre el punto que los propios gobernantes de las provincias, ya que ellos debían conocer el alcance de sus distritos territoriales.
Don García Hurtado de Mendoza, segundo Marqués de Cañete, que había llegado como su padre al alto cargo de Virrey del Perú, señaló en Lima, en 1592, los términos de Santa Cruz, expresando que el río Parapití "es de San Miguel de los Chiquitos y antiguamente se denominaba de Condorillo y es hasta donde llega el distrito de Santa Cruz de la Sierra". En tiempos de Nufrio de Chávez y Andrés Manso, Santa Cruz de la Sierra no pasaba, pues, por el este más allá del río Parapití. (Véase Mapa al final).
Dos siglos después, el límite continuaba siendo invariablemente el mismo. Es el propio Gobernador Intendente de Santa Cruz, Francisco de Viedma, quien se encarga de indicárnoslo. En efecto, en un informe presentado por dicho funcionario al Virrey Arredondo – informe que fue aprobado por éste y por el Rey – afirma que la Provincia de Santa Cruz "confina por el Norte con terrenos incógnitos; por el sur con el Gobierno e Intendencia de La Plata (Charcas). Por el oeste con el Gobierno e Intendencia de La Paz y por el este con el río Parapití o de San Miguel de los Chiquitos, que la divide de la provincia de este nombre y aparta de los terrenos que llaman del Gran Chaco".
Y más adelante, a escasa distancia ya de la emancipación de las colonias hispanoamericanas, surge otro documento oficial que refuerza lo que venimos comprobando. El Visitador General del Virreinato del Río de la Plata, Diego de la Vega, recibió el encargo de preparar la edición de 1803 de la "Guía de Forasteros del Virreinato de Buenos Aires", donde se comprenderían todos los datos referentes a las diversas entidades provinciales que integraban aquella jurisdicción. La obra tenía carácter oficial y contaba con el auspicio del Virrey. Allí se especificaban las fronteras de los diferentes distritos, Respecto a la Intendencia de Cochabamba – que así denominábase por aquel entonces la Intendencia de Santa Cruz –, estampaba que "confina todo el distrito de ella, por el norte con los terrenos incógnitos entre esta provincia y las Misiones de Mojos, habitadas en parte de indios bárbaros de nación raches, sirionos y yuracarees; por el sur con el Gobierno o Intendencia de La Plata; por el este con el río Parapití o de San Miguel de los Chiquitos; y por el oeste con el Gobierno o Intendencia de La Paz".
Todo esto nos prueba que el territorio desmembrado por Nufrio de Chávez llegaba hasta Parapití: que este río siguió constituyendo siempre – a través del largo período colonial – el límite oriental de Santa Cruz; y que hasta allí llegaba, por tanto, al oeste, la Provincia del Paraguay.

III
CONFINES DE CHARCAS Y DE CHIQUITOS

La Provincia del Paraguay confinaba en el lado del Chaco no sólo con Santa Cruz de la Sierra, sino también con Charcas y Chiquitos.
Debemos, pues, determinar con precisión los límites que separaban la frontera del Chaco de las de estas últimas provincias altoperuanas.
Abundante es la documentación que prueba que el límite este de Charcas era la Cordillera de los Chiriguanos. Domínguez ha recopilado en un artículo – "Límite Este del Perú en los contrafuertes andinos" – testimonios de gran valor documental. Transcribamos algunos de los más claros.
Jaime Rasquín, que estuvo en el Río de la Plata, hacía constar que los indios chiriguanos "son tan vecinos de la Provincia del Perú". Es decir que, aunque están cerca, no están en el Perú.
Toledo, Virrey del Perú, afirmaba que "en los términos de la Ciudad de La Plata (Charcas) están fronteros los chiriguanos".
Juan López de Velasco, que revisó los copiosos documentos obrantes en el Archivo la Indias, escribió que "los chiriguanos están en la frontera de los Charcas".
Francisco de Mendoza, en una información oficial decía en Madrid que hizo guerra "en la frontera de las Provincias de los Charcas, a los chiriguanos fronteros".
Diego de Pantoja, vecino de la Plata, en carta dirigida al Rey le dice: "El dicho reino (del Perú) tiene a las espaldas las Provincias del Río de la Plata (Paraguay), en las cuales hay mucha tierra abundosa y sana, aunque muy falta de naturales, y los que hay son chiriguanos, gente indómita y guerrera". Si las Provincias del Río de la Plata estaban a espaldas del Perú, era porque entre ambas nada se interponía.
Juan Pérez de Zúrita, Gobernador de Santa Cruz, escribió: "Ha sido esta gente (los chiquitos) que están al noreste, muy perseguida de los indios chiriguanos, que confinan con estos charcas".
Fernando de Zárate, Gobernador del Paraguay, envía desde Asunción en 1595 al Capitán Bartolomé de Sandoval, al frente de una expedición, mientras dice a la Audiencia de Charcas: "Vuestro gobernador de la Provincia de Tucumán, Paraguay y Río de la Plata, digo que en las fronteras de dichas gobernaciones confinan indios chiriguanos alzados".
El jesuita Alonso de Bárcena, desde Asunción instruía a su provincial en esta forma: "la mayor suma de gente (indígena) es la nación que en las fronteras del Perú llaman chiriguanos y acá llaman guaraníes".
La Audiencia de Charcas escribe al rey en 1606, expresándole que desean ser doctrinados "los chiriguanos, que están fronteros de esta Provincia de Charcas".
Y el Rey, acordando con la Audiencia de Charcas, le dice que recibió su carta donde le comunicaba haber ordenado entrada "por la cordillera que divide los indios chiriguanos de esa Provincia (de los Charcas)".
Los chiriguanos habitaban los contrafuertes andinos contiguos a la llanura chaqueña, que recibieron por eso el nombre de Cordillera de los Chiriguanos. Allí terminaba, pues, la jurisdicción de Charcas. Y allí comenzaba la del Paraguay. (Véase Mapa al final).
Tócanos ahora dilucidar el límite que dividía al Paraguay de la Gobernación de Chiquitos.
Un mapa, confeccionado por Tadeo Haenke en 1799, por encargo del Gobernador de Santa Cruz, Francisco de Viedma, va a señalárnoslo. En 1788, Carlos IV de España había resuelto enviar a sus tierras de América una expedición científica. Con este motivo solicitó de la Universidad de Viena el envío de un buen naturalista. La elección recayó en Tadeo Haenke. Éste residió, después, veinte años en el Alto Perú, recorriéndolo hasta sus más apartados confines. En el mapa encargándole por el Gobernador Viedma – cuyo original se encuentra hoy en el British Museum – el límite sur de Chiquitos está indicado por una línea que, partiendo del Parapití, baja en dirección sudeste hasta los 18º 30', sin alcanzar el río Paraguay. El límite este de Chiquitos está indicado por esa misma línea, que desvía hacia el norte. La primera coincide con la Sierra de Santigo (impropiamente llamada de Chochis, el cual no es sino uno de los cerros que forman la cadena). Y la segunda línea coincide con la Sierra de San Fernando. (Véase Mapa al final).
Quedan, de esta manera, claramente precisados los límites que en los confines del Chaco separaban las entidades coloniales que luego constituyeron las Repúblicas del Paraguay y de Bolivia.

IV
EXPEDICIONES Y FUERTES

Legibles garabatos del siglo XVI y manuscritos de los dos siglos siguientes, que guardan en sus evocativas páginas la narración de expediciones partidas desde Asunción hacia el Chaco atrayente y enigmático, nos hablan de la gesta ruda de aquellos días de leyenda.
Una de esas expediciones, e indudablemente la más importante, fue la realizada en 1662 por el Maestre de Campo Lázaro de Ortega Vallejo. (Arch. Nac., Vol. 196 Nueva Encuad., documento exhumado por el paleógrafo don José Doroteo Bareiro).
Partiendo de Asunción, Ortega Vallejo subió por el río Paraguay hasta un punto del litoral chaqueño en que fundó el fuerte de Angeles Custodios (no lejos del actual Puerto Casado). Por allí penetró en la selva virgen. A su paso fue encontrando enhiestos quebrachos y palosantos, samuhúes ventrudos y bonachones, rientes cañadones, cactus florecidos, esteros, aromitales y palmares. En dicha expedición fundó los fuertes Confuso, Finados, Espartillar, Presentación y San Andrés, cuya ubicación cartográfica coincide casi con los actuales villorrios de Casanillo, Isla Poí, Boquerón, Nauawa y Orihuela.
"En la otra banda del río Paraguay, en el fuerte de los Angeles Custodios, en quince días del mes de octubre de mil y seiscientos y sesenta y dos años – dice el informe por él presentado –, luego que pasé a ella con todo el resto de los soldados españoles e indios amigos, yo el Maestre de Campo General Lázaro de Ortega Vallejo..." mandé iniciar la marcha. Cinco días después, "por la fragosidad de dichas tierras y no haber persona que nos dé alguna noticia ni rumbo que tomar, obligado de la necesidad mandé al Sargento Mayor Francisco de Cáceres y al Capitán Matías Sánchez con un trozo de soldados a recorrer la tierra de una parte y de otra, y no hallar en toda ella alojamiento suficiente por ser tanta y grandes llanadas, y no haber donde entrar mi real ni agua permanente para las cabalgaduras, por ser dichas tierras grandes secadales..." Luego de fundado el fuerte de Confuso, "mandé al capitán Matías Sánchez saliese con un trozo de soldados a buscar algún rastro que fuese fresco, y alojamiento para el subsecuente día, pasto y agua que fuese suficiente, que todo es menester para estas tierras, a donde se pudiese sentar dicho real, el cual corrió primeramente al sur y otro día al norte, y no se halló cosa más que tan solamente a la parte del sur muchos esteros, palmares y montes muy espesos e increíbles pantanos, y al norte espaciosos palmares, y pantanos muy largos... Para cumplir con efecto con la instrucción que traigo, salí yo personalmente con todos los reformados al poniente... y visto que me cogía la noche traté de alcanzar mi fuerte." Después de fundar el fuerte de Finados, "mandé a una compañía de indios amigos fuesen por delante atalayando, mirando y explorando la tierra, porque los indios de a pie se encubren mejor que la caballería..." Erigido ya el fuerte de Espartillar Redondo, y después de caminar varias leguas, los indios amigos "toparon con el río que llaman Turbio y divisaron unas rancherías muy fundadas, con lo que se volvieron a darme cuenta". Los expedicionarios siguieron adelante. "Me fue forzoso sentar mi real, aunque anegada la tierra, usando de astucia y maña, sobre zarzos de palma. El subsecuente día envié cinco o seis indios pomberos (esto es, espías) que fuesen por delante..." Una vez construido el fuerte de Presentación y proseguida la marcha, "oyeron un tamboril de dichos indios que estaban en sus festejos, oído que oyeron dicho tamboril, el Capitán Matías Sánchez con cuatro o seis amigos se fueron emboscados por palmares anegados y luego de topar un largo bañado, que habiendo entrado por él más de media legua a las cinchas, toparon un estero a volapié". Envióse entonces a dos indios, quienes regresaron informando que el estero tendría más de dos leguas y que de allí "se divisaban unas islas, y que el rumor y tamboril les parecía estaban en aquellas islas. Se estudió entonces el sitio donde estaban y qué cerco se les podía poner. Visto ser ya tiempo, mandé marchar con mucha rectitud, dándoles la orden que se había de guardar, y con esto se empezó a poner el cerco, y antes de acabarlo de poner, un soldado llamado Diego Portillo, sin atención de la orden por mí dada, tiró un tiro sin tiempo, causa que aceleró la contienda mandando embestir sin tiempo... "Terminada la lucha con la victoria de los españoles, emprendieron éstos el regreso, fundando de paso el fuerte de San Andrés. Ese fue el itinerario de la expedición dirigida por Ortega Vallejo, la que llegó hasta el corazón del Chaco y dejó fundados seis fuertes en esa zona de la Provincia del Paraguay.
Pasemos revista ahora a algunas fichas en que extractamos documentos que hemos hallado en el Archivo Nacional.
En 1655 el Cabildo de Asunción hacía los aprestos para una jornada que debía llevarse a cabo contra los indómitos guaicurúes, quienes con sus continuas correrías en tierras de cristianos tenían en constante intranquilidad a las poblaciones de la ribera. Poco después partía la expedición al mando del Capitán García de Paredes. (Archivo Nacional, Vol. 44, Nº 4-5).
Durante el gobierno de Felipe Rexe Corbalán se realizaron tres entradas al Chaco (1672, 1674 v 1675). Martín de Chavarrí era nombrado Maestre de Campo en 1678, como premio a su particular valor demostrado en ocasión de pasar juntos a la otra banda del río a perseguir a los infieles. (Arch. Nac., Vol. 38, Nº 45-56).
El gobernador José Martínez Fontes comunicaba al Cabildo de Asunción, en 1762, haber llevado a cabo una empresa consistente en castigar las tolderías de las naciones del Chaco. (Arch. Nac., Vol. 1, Nº 15-21).
Las frecuentes irrupciones de diferentes naciones bárbaras, de indios infieles habitantes del Gran Chaco, eran contenidas siempre con los fondos de la provincia. Así lo expresaba el Cabildo de Asunción al Gobernador interino en 1787 (id., id.)
El Gobernador Francisco de Monforte publicó en 1788 una encuesta sobre la necesidad de llevar una expedición contra los mbayaes y otros indios confederados, que cometían muertes, robos e incendios en las granjas y ejidos de la comarca asuncena. El Maestre de Campo Lázaro Vallejo Villasanti contestó aconsejando que la entrada se hiciera por donde la había realizado su abuelo Ortega Vallejo y agregando que debían salir 400 soldados españoles y 600 indios auxiliares, con 2.000 cabezas de ganado vacuno y 1.000 caballos. Al poco tiempo publicábase el bando en que el Gobernador ordenaba la partida de la expedición. (Arch. Nac., Vol. 1, Nº 12).
En 1794, el Gobernador de Corrientes Manuel de Besabé felicitaba a Joaquín Alós, Gobernador del Paraguay, por el feliz resultado de una expedición efectuada al Chaco por el Comandante José de Espínola. (Arch. Nac., Vol. 5, Nº 1-7).
En la correspondencia mantenida en 1794 entre el Virrey Arredondo y el Gobernador del Paraguay sobre la apertura de un camino que atravesando el Chaco llegara hasta Salta, al referirse a los preparativos del segundo, aquél le dice: "Todo me parece bien". La expedición encargada de abrir ese camino partió en el mismo año, pasando por el río Bermejo y, por Monte Grande, paraje cercano al fuerte del Río del Valle. (Arch. Nac., Vol. 2, Nº 2).
En un acuerdo del Cabildo, decía en 1797 el Alférez Bernardo de Argaña: "Hay que hacer presente al Virrey el grande mérito que tiene esta Provincia para ser atendida en medio de las incesantes tribulaciones que le ocasiona la guerra viva que a su costa y mención mantiene contra las innumerables naciones del Gran Chaco". (Arch. Nac. Vol. 93, Nº 2).
En 1799 expresaba al Cabildo de Ñeembucú el doctor Miguel Gregorio de Zamalloa: "Para contener las hostilidades a los indios bárbaros, y que no se repitan sus insultos contra las haciendas y vecinos, he dispuesto que el Coronel José de Espínola pase al Chaco con gente necesaria". (Arch. Nac., Vol. 45, Nº 8).
En cuanto al fuerte Borbón – hoy Olimpo – fundado, según hemos visto, en tiempos del Gobernador Alós, es enorme la cantidad de documentos donde consta que el Paraguay siempre ejerció allí jurisdicción, ya renovando la guarnición, ya enviando víveres, ya trasladando hacienda o concediendo y negando permiso a los que deseaban seguir viajando más abajo por el río.

Capítulo V
LA EVANGELIZACIÓN


Además de las expediciones que se enviaban al Chaco, también las reducciones eran costeadas por el Paraguay. Para percibir el sacrificio realizado por la Provincia en su afán de civilizar a los nativos con la prédica de los Evangelios, internémonos de nuevo en esa inagotable fuente que es nuestro Archivo Nacional.
En 1664 (En el original: 1864. Evidente error de transcripción. Suponemos correcto el año 1664.), el General Antonio de Vera Muxica era designado en Lima Gobernador interino del Paraguay, con el encargo expreso de efectuar una entrada por la Provincia de Tucumán para fundar reducciones entre los indios tobas y mbocobíes del Gran Chaco. (Arch. Nac., Vol. 45, Nº 1).
En 1721, el P. Diego de Hase, religioso de la Compañía de Jesús, escribía al ex Gobernador Bazán de Pedraza sobre sus esfuerzos desplegados entre los irreductibles indios payaguaes. (Arch. Nac., Vol. 5, Nº 5).
Más tarde, mediante los propósitos civilizadores demostrados por el Paraguay, los indígenas fueron aceptando poco a poco el trato con los españoles. Así en 1753 los payaguaes celebraban capitulaciones en que se les admitía la paz que solicitaban. (Arch. Nac., Vol. 37, Nº 49).
En l762, el Gobernador del Paraguay José Martínez Fontes comunicaba al P. Nicolás Contucci, de la Compañía de Jesús, haber hecho las paces con los indios abipones y prometídoles que muy pronto bajaría por el río con gente, ganado, herramientas y víveres a formarles su población. Y, en cumplimiento de esto, establecióse poco después con donativos y esfuerzos exclusivos de los paraguayos, las reducciones de San Carlos del Timbó y Nuestra Señora del Bermejo. Primer catequista de estas reducciones fue el jesuita Martín Dobrizhoffer, autor de una célebre historia de los abipones. (Arch. Nac., Vol. 2, Nº 8-17).
La Real Orden del 28 de enero de 1765 encargaba al Gobernador del Paraguay "la subsistencia de las reducciones de los indios mbayaes y abipones y otras que se hagan de los indios que habitan el Chaco". (Arch. Nac., Vol. 59, Nº 18).
El Cabildo de Asunción expresaba al Virrey Amat, en 1768, que la provincia del Paraguay ha contribuido abastecidamente con todo lo necesario a las reducciones de indios abipones llamadas Nuestra Señora del Rosario y San Carlos del Timbó. (Arch. Nac., Vol 1, Nº 15-21).
La Real Cédula del 29 de mayo de 1769 ordenaba al Obispo del Paraguay que cuanto antes evacue el informe sobre la situación en que deben hacerse las nuevas reducción de indios tobas a la otra banda del Chaco, frente al arroyo Naranjay. (Arch. Nac., Vol. 2, Nº 3).
El Maestre de Campo Fulgencio Yegros, Justicia Mayor de la Provincia del Paraguay, envía en 1775 un exhorto al Rector del Sagrado Colegio de la Compañía de Jesús, para que provea de sacerdote a la reducción de Rosario de los Abipones. (Arch. Nac., Vol. 2, Nº 8-17).
En un acuerdo del Cabildo de Asunción, en 1778, consta que algunos caciques do indios mbocovíes solicitaron se les pusiese un pueblo en la otra banda del río, frente a Remolinos. (Arch. Nac., Vol. 63, Nº 2).
Respondiendo a esta solicitud, el Gobernador convocó a varios vecinos a objeto de establecer una reducción de indios mbocovíes en el lugar frontero a Remolinos, para lo cual los vecinos hacendados harían préstamos de ganado. Así consta en un Acuerdo tomado por el Cabildo en el mismo año. (Arch. Nac., Vol. 63, Nº 2).
Poco después – según otro Acuerdo Capitular del mismo año –, el Gobernador del Paraguay don Pedro Melo de Portugal se disponía a partir al día siguiente al lugar de los Remolinos para señalar a los indios el lugar en que se les daba reducción. Ésta recibió el nombre de San Fernando Solano de Remolino. (Arch. Nac., Vol. 68, Nº 2).
Fray Pedro de Bartolomé, religioso de San Francisco, solicitó 1.000 cabezas de ganado desde la Reducción de Laguna Blanca, situada en los lagares que llaman de Aguaray (Pilcomayo). Así consta en un acuerdo Capitular de 1799. (Arch. Nac., Vol. 46, Nº 15).
En 1782, el Gobernador del Paraguay don Pedro Melo de Portugal llevaba a cabo la fundación de la nueva reducción de indios tobas a la otra banda del Chaco, frente al arroyo Naranjay. (Arch. Nac., Vol. 2, Nº 3).
Ya al año siguiente, el Cabildo de Asunción proponía al gobernador que, para socorrer a los indios tobas de la reducción de San Antonio, establecida a la banda del Chaco, distante de Asunción como siete leguas, con el ganado preciso para su manutención, se supla por vía de préstamo con 300 toros del pueblo de Caazapá, que tiene cerca de 50.000 cabezas de ganado vacuno. (Arch. Nac., Vol. 44, Nº 1).
En 1807, Antonio Cabrera enviaba un extenso informe sobre el estado en que se encontraba la reducción de San Francisco Solano situada en el Chaco, frente a Remolinos. (Arch. Nac., Vol. 2, Nº 8).
Tales reducciones – Laguna Blanca, San Antonio de Tobas, San Francisco Solano de Remolinos, Nuestra Señora del Rosario, San Carlos del Timbó y Nuestra Señora del Bermejo – se hallaban situadas en el Chaco Central, comprendido entre el Pilcomayo y el Bermejo.
En el Chaco Boreal, es decir, el comprendido entre los ríos Negro y Pilcomayo, se encontraban las reducciones de Santa Bárbara (cerca de la Bahía Negra), Guazutinguá (contigua al Estero Patiño), Melodía (actual Villa Hayes) y Yasocá, (frente a Asunción).
Respecto a Melodía, existe un interesante documento del Virrey del Río de la Plata, Marqués de Loreto, fechado el 13 de julio de 1788. Este alto funcionario se dirige al Gobernador del Paraguay diciéndole que el P. Francisco Amancio González y Escobar "se hallaba poblando el Chaco hacía dos años, seis leguas río arriba de Asunción, con el designio de conseguir la paz y reducción de las naciones de indios vagantes entre el río Pilcomayo, el territorio de la nombrada Guaná e inmediaciones de los chiriguanos". (Arch. Nac., Vol. 2, Nº 8-17).
Si el sacerdote paraguayo Francisco Amancio González y Escobar se proponía reducir a los indios del Chaco hasta las inmediaciones de los chiriguanos, era porque hasta allí alcanzaba el Obispado del Paraguay. Por otra parte, la Real Ordenanza de Intendentes de 1782 decía que la Intendencia a establecerse en Asunción "comprenderá todo el territorio de aquel Obispado". Luego, si el territorio del Obispado del Paraguay llegaba hasta los chiriguanos, hasta allí llegaba también el territorio de la Intendencia del Paraguay. De ahí que los Virreyes del Río de la Plata, para asuntos relativos al Chaco, se dirigiesen siempre a los gobernadores del Paraguay.

Capítulo VI
EL ESFUERZO COLONIZADOR


Múltiples fueron los esfuerzos realizados por el Paraguay para llevar al territorio del Chaco los beneficios del progreso, estableciendo colonias agropecuarias y fuertes que las resguardasen. La conservación de esas colonias y fuertes, que eran frecuentemente acosados por el fiero aborigen, requería ingentes gastos, que eran solventados siempre por la Provincia.
Para probarlo, hemos de recurrir nuevamente a nuestras fichas. Pero antes de hacerlo, recordemos que en la capitulación del Gobernador del Paraguay Juan Ortiz de Zárate (1569), el Rey le ordenaba fundar tres pueblos entre La Plata y Asunción. Sabemos que el territorio que se extiende entre dichas ciudades es el Chaco. Y como una Ley de Indias ordenaba a los gobernadores "guardar y observar los límites de su jurisdicción", y otra prohibía, con pena de muerte, entrar y poblar "en términos que a otros estuviesen encargados o hubieren descubierto", tenemos que ya desde entonces el Chaco pertenecía al distrito del Paraguay.
El Obispo Latorre – el del golpe contra Felipe de Cáceres – tenía gran cantidad de ganado vacuno en el Chaco. Así se deduce de un auto de 1591, en que el Capitán Juan de Cumarraga, Juez de Comisión por S. M., decía que "en la otra banda del río de esta ciudad hay y anda gran suma y cantidad de ganado vacuno perteneciente a S. M., que fue del obispo de esta Provincia Fray don Pedro Fernández de Latorre", y ordena el secuestro de dicho ganado por haberlo detentado varios particulares. (Arch. Nac., Vol. 305 Nueva Encuad.).
Los hacendados paraguayos poseían en el Chaco considerable cantidad de ganado, como lo demuestra el siguiente documento. El Gobernador del Paraguay Hernandarias de Saavedra decía que, según "los memoriales de señores de ganado que están a la otra banda, como consta, parece haber grandísima cantidad y estar todas alzadas, y conviene se recoja con la mayor brevedad que se pueda, atento a que están en la parte de los indios guaicurúes que a esta ciudad hacen guerra, y que de ordinario las matan y se sustentan con ellas". Y termina ordenando que "a los ocho días pasen los dichos ganaderos a hacer sus corrales por convenir así a los derechos de S. M.". (Arch. Nac., Vol. 550 Nueva Encuad.).
El Cabildo de Asunción ponía en pública subasta el ganado mostrenco existente en el Chaco. En un auto de 1640 dicha entidad acordaba que los ganados que están a la otra banda se rematen al día siguiente en $ 370.– (Arch. Nac., Vol. 63, Nº 5).
Constante era la ayuda que los gobiernos de la Provincia prestaban a los indios del Chaco. La 1769 el Teniente Ramón Palacios comunicaba haber llevado, en esa fecha, a la reducción de los abipones lo siguiente: botijuelas, talegos, sacos de porotos, tercios de tabaco y tercios de yerba. (Arch. Nac., Vol. 546 Nueva, Encuad.).
No sólo ganado vacuno se enviaba para las colonias y reducciones del Chaco, sino también ganado caballar. Fray Francisco Pereyra, Capellán de Caazapá, comunicaba en 1787 al Gobernador Melo de Portugal que, de acuerdo con lo ordenado por éste, remitió al P. Francisco Amancio González y Escobar 25 caballos "para la reducción de indios que nuevamente se ha establecido del otro lado del río". (Arch. Nac., Vol. 457 Nueva Encuad.).
En cumplimiento de una orden del Rey, el Gobernador Alós se dirigió en 1792 a la parte norte del Chaco, para establecer nuevas poblaciones que contuviesen la usurpación portuguesa en esa región. En un Acuerdo del Cabildo de Asunción del citado año consta que "en este acto se recibió un oficio del señor Gobernador Intendente, su fecha del día, en que comunica a esta ciudad los medios que ha tomado para que se verifiquen las poblaciones que se han de establecer". (Arch. Nac., Vol. 95, Nº 7).
El fuerte Borbón recibía constantemente víveres enviados de Asunción. Uno de los tantos documentos que lo atestiguan es éste: el baqueano del Ramo de Guerra, Silvestre Bogarín, decía en una nota de 1795 que condujo sal, poroto, tabaco y yerba a Villa Real de la Concepción para su remisión al fuerte Borbón y al nuevo establecimiento del río Corrientes. (Arch. Nac., Vol. 3380 Nueva Encuad.)
Y en el mismo año, el Gobernador Alós ordenaba al Administrador del Ramo de Guerra que entregue a los indios mbocovíes venidos del Gran Chaco algunas arrobas de yerba y tabaco. (Arch. Nac., Vol. 594 Nueva Encuad.)
Hasta la ganancia de la yerba-mate vendida en Buenos Aires era destinada para cubrir los gastos que la Real Hacienda de la Provincia desembolsaba en la manutención de los fuertes de Borbón y San Carlos, como consta en un manuscrito de 1798. (Arch. Nac., Vol. 33, Nº 1-8).
La estancia de Villa Real de la Concepción fue trasladada al fuerte Borbón, como lo prueba un expediente de 1802. (Arch. Nac., Vol. 12, Nº 18).
Anteriormente nos hemos ocupado ya de los afanes de los gobernadores Pinedo, Alós y Ribera para poblar más intensivamente el Chaco. No hay, pues, por qué insistir sobre ello.
Resumiendo, podemos decir que el ganada vacuno y caballar, las partidas de yerba, tabaco, sal y demás víveres y todo lo necesario para la colonización del Chaco, eran proveídos constantemente con los ímprobos esfuerzos del Paraguay.

Capítulo VII
LOS LÍMITES ÉTNICOS, GEOGRÁFICOS Y JURÍDICOS


Existe una gran similitud entre el litigio de fronteras de Guatemala y Honduras y el surgido entre el Paraguay y Bolivia.
"Es indudable – expresa la Memoria de la Secretaría de Relaciones Exteriores de Guatemala (1938) – que ni la una ni la otra de las naciones contendientes podría aspirar a otra frontera que la existente entre las provincias de Guatemala y Honduras al tiempo de la Independencia: el uti possidetis de aquel año se imponía como medio de llegar a un procedimiento racional en el juicio arbitral que se proyectaba". Pero una dificultad surgió: "Se pretendía por Honduras – dice el informe de la Delegación guatemalteca – convertir la cuestión de límites en una cuestión territorial y, aunque siempre mantuvo ese equivocado criterio, el laudo del Tribunal Especial de Límites fue terminante, dejando sentada la doctrina de una justa y prudente interpretación del principio del uti possidetis, tal como lo había sostenido Guatemala en el curso de los debates".
El Tribunal Especial de Límites entre Guatemala y Honduras fue presidido por el Presidente de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos de América, Honorable Charles Evans Hughes, e integrado por el doctor Emilio Bello Codesido (chileno) y el Licenciado Luis Castro Ureña (costarricense). El citado tribunal dictó su Fallo Arbitral el 8 de enero de 1933, siendo su resultado favorable a Guatemala.
La argumentación de dicho documento es sólida y contundente. Uno de los pasajes más medulares, y que revela, al propio tiempo cuán lógica y justa es la tesis sostenida por el Paraguay, es el siguiente:
"La expresión "uti possidetis" se refiere, indudablemente, a posesión. Hace de la posesión la norma. Al determinar en qué sentido las Partes se refirieron a la posesión, debemos considerar su situación al fenecer el régimen colonial. No era su condición la de Estados en guerra que aceptaban un status territorial, nacido de la conquista, para terminar las hostilidades. Ni derivaba tampoco sus derechos de diferentes soberanos. E1 territorio de cada una de las Partes había pertenecido a la Corona de España. El dominio del Monarca español había sido absoluto. De hecho y de derecho, la Corona había estado en posesión de todo el territorio de cada una de ellas. Como antes de la Independencia cada entidad colonial era simplemente una unidad administrativa sujeta, en todo respecto, al Rey de España, no había posesión de hecho ni de derecho, en el sentido político, independiente de la posesión del Monarca. La única posesión de una y otra entidades coloniales antes de su independencia, era la que se la pudiese atribuir en virtud de la autoridad administrativa de que disfrutaba. Por tanto, el concepto del "uti possidetis de 1821" (de 1811, en el caso del Paraguay) necesariamente se refiere a un control administrativo fundado en la voluntad de la Corona española. Con el objeto de trazar la línea del "uti possidetis de 1821" debemos establecer la existencia de tal control administrativo. Cuando la entidad colonial ejercía control administrativo con anuencia del Monarca español, no cabe duda de que se trataba de un control jurídico y la línea trazada de acuerdo con tal control sería una línea jurídica. Si, por otra parte, antes de la Independencia, cualquiera de las dos entidades coloniales hubiera hecho valer un control administrativo contrario a la voluntad de la Corona española, ello habría constituido una mera usurpación, y puesto que, ex hipothese, el régimen colonial aún estaba en existencia y la única fuente de autoridad era la Corona (excepto en el transcurso del breve período de la vigencia de la Constitución de Cádiz), tal usurpación no podía revestir ningún carácter de "posesión" opuesto a la posesión de hecho y de derecho de la Corona".
Pasemos ahora al litigio de fronteras entre el Paraguay y Bolivia. Y veamos cuáles fueron durante el coloniaje sus límites étnicos, geográficos y jurídicos.
Las migraciones de los guaraníes a los contrafuertes andinos comenzaron ya en la época precolombina. Una vez allí establecidos, fueron denominados chiriguanos. El Tahuantisuyo o tierra de los quéchuas – donde dominaba el Inca, es decir, el Emperador – lindaba con los chiriguanos. Otros guaraníes cruzaron también el Chaco y fueron a establecerse en la región del Parapití; éstos recibieron el nombre de guarayos. Varios miles de guaraníes, acompañando a Alejo García, Juan de Ayolas, Alvar Núñez y Domingo de Irala, se dirigieron también a esas regiones, donde quedaron en definitiva. Y aún hoy, son chiriguanos y guarayos, es decir, guaraníes, los habitantes de esa fértil zona, donde tienen establecidos los villorios de Camatindy, Tigüipa, Machareti y Ñancorainza. La Cordillera de los Chiriguanos, el río Parapití y la Sierra de Santiago constituyen, pues, los límites étnicos del Chaco.
La vasta planicie del Chaco se extiende en el oeste hasta la Cordillera de los Chiriguanos, en el noroeste hasta el río Parapití y en el norte hasta la Sierra de Santiago. En toda la inmensa llanura no existe ningún accidente geográfico prominente que pudiera servir de límite arcifinio con el Alto Perú. Sólo se encuentra, de tanto en tanto, alguna cañada o cauce seco, es decir, ríos que son tales únicamente cuando llueve. En cuanto a la serranía que en dirección norte-sur pasa por Carandayty, Capiirendá e Ybybobó (toponimia guaraní que significa Palmar, Pajonal y Tierra Agrietada), es apenas una cadena de escasa altura. Más al oriente de ésta ya no hay ninguna otra. Y trazar una línea de puntos imaginarios es procedimiento poco aconsejable por los conflictos fronterizos que suele traer aparejados. La Cordillera de los Chiriguanos, el río Parapití y la Sierra de Santiago son, por tanto, los límites geográficos del Chaco.
La entidad colonial Provincia del Paraguay era una unidad administrativa. Ella se extendía, según lo hemos visto ya, hasta los confines de Santa Cruz, Charcas y Chiquitos. Centenares de cartas geográficas obrantes en la Mapoteca de la Sección Límites (Ministerio de Relaciones Exteriores), indican también que el territorio del Chaco – el Pays Marecageaux, como gráficamente lo llamaban algunos cartógrafos del coloniaje –, estuvo siempre comprendido en la jurisdicción de esa unidad administrativa.
Y que el Paraguay ejercía control administrativo en el Chaco, por medio de sus autoridades civiles, eclesiásticas y militares, lo hemos demostrado con documentos relativos a colonias, reducciones, fuertes y expediciones, hechos ostensibles y evidentes de que la jurisdicción paraguaya era reconocida, permitida o tolerada por el Monarca español en el decurso de los años. Y como la Provincia ejercía el control administrativo, o sea el control jurídico, hasta los confines de su jurisdicción, tenemos que la Cordillera de los Chiriguanos, el río Parapití y la Sierra de Santiago constituyen los límites jurídicos del Chaco. De donde se deduce, dada la absoluta identidad existente entre los límites étnicos, geográficos y jurídicos de los confines chaqueños, que tal es la única delimitación procedente y justa.
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Fuente:
ESTRUCTURA Y FUNCION
DEL PARAGUAY COLONIAL

Autor:
HIPÓLITO SÁNCHEZ QUELL
Editorial: CASA AMÉRICA,
Asunción-Paraguay, 1972. 244 pp.
Versión digital:
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