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domingo, 1 de agosto de 2010

JUAN B. RIVAROLA PAOLI - LA ETAPA DE LA CONQUISTA / Fuente: LA ECONOMÍA COLONIAL. (BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY)


LA ETAPA DE LA CONQUISTA
Por JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI
(Enlace a datos biográficos y obras
en la GALERÍA DE LETRAS del
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LA ETAPA DE LA CONQUISTA
EL DESCUBRIMIENTO
No pasarían diez años cuando comenzaba después del descubrimiento de América, la carrera del Sur entre Castilla y Portugal. Hojeda, Vicente Yañez Pinzón, Diego de Lepe, en los viajes menores, tocan hasta Venezuela y el norte brasileño. En el año 1500 descubre el Brasil Alvarez Cabral llegando a la tierra de Vera Cruz (16º 30’). En ese tiempo no existía una clara demarcación y delimitación de la línea de Tordesillas, que constituía el límite de las dos Coronas, y por consiguiente como refiere Morales Padrón, estos viajes eran clandestinos y no se tiene un conocimiento exacto de sus alternativas (12).
Es indudable que el objetivo que impulsara a las Coronas Europeas, era el de evitar dar la vuelta al Cabo de Buena Esperanza para llegar a Indias.
El viaje mandado por Gonzalo Coelho y como piloto acompañante a Américo Vespucio, iniciado en 1502, y que tocara Río de Janeiro y Montevideo, hizo que el nuevo mundo fuese denominado AMERICA (13).
Aparece en escena un desconocido personaje Juan Díaz de Solís, de vida agitada y misteriosa, que realizara algunos frustrados viajes, pero quien a raíz de la muerte de Américo Vespucio en 1512, es designado para sucederlo.
Desde entonces, el Rey en 1511, le otorga una capitulación por la cual Solís debía dirigirse al Oriente "a fin de fijar la demarcación con la corona de Portugal". Pero, Portugal trató en vano de recuperar para sí a Solís, y después de suspensión del viaje, inicia en 1513, uno clandestino, llegando hasta el Mar Dulce. A pesar de ser discutida la veracidad de este viaje, hoy día la historiografía moderna, se rinde a la evidencia inconstrastable de su existencia.
Sin embargo, la Corona portuguesa no se dormía y en 1514, despachó una armada dirigida por Nuño Manuel, Cristóbal de Haro y el piloto Juan de Lisboa. Llegaron hasta el grado 86, altura del gran río, llamado entonces del Jordán, que creyeron era un golfo. Una tormenta los obligó a singlar hacia Europa (14).
Con tres naves, en noviembre de 1514, es Solís quien debía descubrir la otra parte de Castilla de Oro. Las instrucciones recibidas por el piloto mayor eran: "Habéis de mirar que en esto ha de haber secreto y que ninguno sepa que yo mando dar dinero para ello ni tengo parte en el viaje. 2. No tocar a ninguna tierra de la Corona de Portugal. 3. Tomar posesión de las tierras ante escribano y testigos, hacer un edificio aunque pequeño y levantar una horca (15). Llegando a la Castilla de Oro, informar por vía de Pedrarias".
También el 22 de julio de 1515 el Rey nombra Contador y Escribano de la armada de Solís, expedido a Pedro de Alarcón. "e que tengas cuenta é razón de toda la gente que en ellas fuere, é de todas las cosas que á Nos pertenecieren, así de lo que se llevare para el rescate, como de otras cualquier cosas, é seais presente á las pagas que se ficieren de las cosas, que fueren en las dichas naos é carabelas, así en la mar como en la tierra..." (16).
La flota fue a las Canarias, cruzó el Atlántico, bogando después la costa brasileña. Pasó por la bahía del Genelo y la costa de la Cananea. El 12 de febrero de 1516 llegaron a la Isla de Lobos recalando en un puerto que nombraron de la Candelaria (¿Maldonado?). Luego estuvieron frente al "grandísimo río" de que nos habla Oviedo.
"Entraron luego –relata Herrera– en un agua, que por ser tan espaciosa y no salada, llamaron, Mar Dulce, que pareció ser después el río que hoy llamamos del Plata, y entonces dijeron de Solís".
"Había descubierto Solís uno de los ríos más grandes del mundo, llamado hasta entonces de Jordán, y que él nombró Mar Dulce y posteriormente recibiría su nombre. El futuro Río de la Plata y sus afluentes se incorporan firmemente a la cartografía pero con rumbo errado: no corren de Norte a Sur sino de Este a Oeste, apareciendo como un paso del Mar del Norte al del Sur (17).
El Descubrimiento del Estrecho de Magallanes, salido éste de Sanlúcar el 20 de setiembre de 1519, encontró el estrecho que comunica los dos Océanos. Sebastián Elcano, por su parte, dio la primera vuelta al Mundo, haciendo un paso fugaz por el Mar Dulce, estuvo en Santa María (Punta del Este), y exploró el Río Uruguay.
La leyenda transmitida por los indígenas referente a fabulosas riquezas existentes en el Imperio del Rey Blanco, la sierra de la Plata. Tratábase del Imperio de los Incas, pero desconocido aún por los españoles. "Al pasar por las costas brasileñas –nos refiere Rodolfo Puiggrós– las cuatro naves del veneciano Sebastián Gaboto, enviado por los reyes de España a recorrer la ruta descubierta poco antes por Magallanes y Elcano alrededor del mundo, los náufragos de Solís, informaron a los expedicionarios de la existencia de aquel Imperio, lo que determinó una modificación del itinerario de la armada" (18).
"¿Y la SIERRA DE LA PLATA? –se pregunta Manuel Domínguez–. Y se contesta: "Era un imán que atrajo de Santa Catalina a Alejo García, compañero de Solís y descubridor del Paraguay. Varió el rumbo de Gaboto, la buscó el capitán César y después Pedro de Lobo, llamó á Ayolas y después á Irala en 1548. Aparte de que las noticias de su existencia esparcieron en España las declaraciones de Gaboto, Diego García y Melchor Ramírez y en Portugal Enrique Montes, todos tres antiguos compañeros de Solís".
"La famosa SIERRA ó era Potosí, explotado por los Incas, cuyo nombre vale CERRO BROTADOR DE PLATA, ó en todo caso, los Andes" (19).

LOS ADELANTADOS
"El sistema de los adelantados se utilizó repetidas veces para la conquista rioplatense, comenzando por las célebres capitulaciones que Carlos V firmó en Toledo los días 4 y 21 de mayo de 1534. En ellas quedó dividida la mayor parte de la América del Sur en cuatro grandes distritos cuya dirección se confió a Francisco Pizarro, recibieron el título de adelantado (20) junto con los de gobernador y capitán general".
"Don Pedro de Mendoza – continúa Zorraquín Becú –, destinado a la conquista del Río de la Plata, era "adelantado de las dichas tierras y prouincias que assi descibrieredes y poblaredes", y "bouernador y capitan general de las diechas tierras y prouincias y pueblos del dicho Río de la Plata y en las dichas dozientas leguas de costa del mar del sur. Este último título llevaba además aparejada la facultad de "determinar todos los pleitos y causas ansi ciuiles como criminales que en las dihas tierras y prouincias y pueblos ansi entre la gente que lo fuere a poblar como entre los naturales della houiere y nacieren" (21), podía nombrar además lugarteniente para ejercer en su nombre el gobierno del distrito, así como los demás oficios que estuvieran vacantes o fuese necesario proveer hacer pesquizas, ejecutar las decisiones judiciales y desterrar "con muy gran causa". Todos estos oficios eran concedidos en forma vitalicia y con facultad para transmitirlos a un heredero (22).
Rómulo D. Carbia, llega a establecer que de Cádiz salieron once naves. y que en las Canarias se agregaron tres más. pero en cambio, aunque no haya formado parte de la armada propiamente dicha, se agregó a ella una nave alemana enviada por los Welser (23).
El Rey otorgó la Capitulación a don Pedro de Mendoza, nacido en Guadix en 1499, siendo hijo de Fernando de Mendoza y Constanza de Luján. Tenía 5 hermanos. En 1524 ingresó a la Orden de Alcántara y luego a la de Santiago.
El 21 de mayo de 1534, en Toledo la Corona otorga a don Pedro de Mendoza las capitulaciones de conquista, suscritas por el emperador Carlos V, que viene a ser como el nacimiento de la "Provincia Gigante de las Indias", que comprende toda la cuenca del Plata, desde la selva amazónica hasta el río Negro, en la Patagonia, y desde el océano Atlántico y la línea de Tordesillas hasta doscientas leguas de litoral sobre el Pacífico, teniendo Presente al Sur la jurisdicción atribuida por esa fecha a Diego de Almagro (24).
El 19 de julio de 1534, el Rey, le otorga a Pedro de Mendoza, el Título de Gobernador y Capitán General, cuyo documento se encuentra en el Archivo Nacional de Asunción, y está entre los más antiguos del Río de la Plata (25).
Debía llevar 1535 hombres, 100 caballos y yeguas, bastimento, armas y artillería, todo a su costa y misión, según Konetzke (26).
El Rey le nombraba Gobernador y Capitán General de las tierras y provincias del río de la Plata y de las 200 leguas de la costa del Mar del Sur. Se le otorgaba el título de Adelantado de dichas tierras y alguacil mayor. Entre otras ventajas acordádales a Mendoza y sus herederos, estaban la liberación de impuestos, concesión de solares, promesa de encomiendas de indios, distribución de las riquezas rescatadas menos el quinto real.
Los objetivos de la expedición fueron: poner el pie en el Río de Solís; impedir que los portugueses entrando por él alcanzaran los dominios del Rey Blanco y buscar y ganar por esa vía la Sierra de la Plata para Castilla.
Razón tiene Puiggrós cuando afirma de las intenciones de Mendoza: "Al fundar la Ciudad de Buenos Aires, el 3 de febrero de 1536, don Pedro se proponía levantar una plaza fuerte que asegurase para su patria el dominio de la ruta que conducía al legendario reino, mientras algunos de sus capitanes se internaban por el Río Paraná en procura de las riquezas tan ansiadas. "Carcomido por la lúe, el fundador murió en alta mar, en viaje de regreso a la península, el mismo día que Juan de Salazar de Espinosa y Domingo de Irala se reunían en el Alto Paraguay, luego de haber ensayado por rutas distintas llegar a la sierra de la Plata" (27).
Don Pedro de Mendoza, nombra a Ayolas, como lugarteniente de gobernador y capitán general y a Francisco Ruiz Galán, gobernador del puerto de Buenos Aires y en el Real de Buena Esperanza y Corpus Cristi (28).
Y lo más curioso de su testamento, es la venta de sus derechos: "Si Almagro, como lo hizo con Pedro Alvarado – para que se volviese – quiere comprar la gobernación, que se le venda en 150.000 ducados y hasta en 100.000, siempre que no haya otra cosa que hacer." Al comienzo la autorización es para negociar las 200 leguas sobre la Mar del Sur pero líneas abajo esto se amplía "dejo lo hagáis por todo en el Río de la Plata también. Allí hemos levantado un asiento, éste, dicho en alemán, es: buen viento (también) hemos traído desde España sobre dichos catorce navíos setenta y dos caballos y yeguas y han llegado al susodicho asiento de Buenos Aires" (29).

LA CONQUISTA DE LA PROVINCIA
El descubrimiento del Paraguay, por Alejo García, acompañado de los indios, nos describe Julio César Chaves, diciendo: "Ha andado cerca de 200 leguas por la mejor de las rutas posibles. la que los carios siguen para mantener contacto con sus parientes tupíes. (30). Cruza el Paraná y se dirige hacia el otro gran Río, al cual llega. Sabe que subiendo por él encontrará la tierra desde la cual tiene que penetrar al Oeste. Es también el camino itinerario de sus abuelos y padres, para atacar a sus viejos enemigos, los caracaráes, y vengar sus fracasos anteriores. "Y como García –dice el padre Techo– conocía algunas lenguas habladas por los indígenas, y era ducho en el trato de éstos, consiguió que casi dos mil indios espontáneamente se pusieran a sus órdenes." (31).
"Estando ellos en el puerto de Itatín –informará un indio– pasó por allí el dicho García con el cual él y otros dos hermanos, fueron en busca del dicho metal con los dichos guaraníes." (32).
Después de recorrer a lo largo del río Paraguay, la alucinante tierra de los Mbayaes, que después se llamó Chaco (33). Fueron encontrando a su paso diversas parcialidades indígenas de diversas lenguas. Pero ante el apresto guerrero de las poderosas parcialidades indígenas, García carecía de hombres, medios y armas para vencerlas. Prudentemente decidió regresar para buscar refuerzos, apelando como apeló a sus compañeros de la Isla de Yurú-minrín: "dijo se volvía para traer más cristianos para volver con ellos por el dicho metal." Anota Ruiz Díaz de Guzmán que la vuelta "padecieron muchas necesidades, hambres y guerras que tuvieron hasta llegar al Paraguay" (34).
"Salidos los portugueses a los llanos con toda su compañía, cargados de despojos de ropa, vestidos y muchos vasos, vajillas y coronas de plata, de cobre, y otros metales, dieron la vuelta por otro más acomodado camino que hallaron, en el cual padecieron muchas necesidades, hambres y guerras que tuvieron hasta llegar al Paraguay, y pasados algunos días se congregaron algunos indios de la tierra para matarlo, y así lo pusieron en efecto los mismos que fueron con él a la jornada. Una noche estando descuidado le acometieron donde él y sus compañeros fueron muertos sin dejar ninguno a vida excepto a un niño hijo de Alejo García, que por ser de poca edad no le quisieron matar, al cual yo conocí y comuniqué llamado como su padre Alejo García (35).
Y así acabó en 1525 – nos dice Manuel Domínguez –, el descubridor del Paraguay y Charcas, el primero que se internó en la tierra de los mbayaes, el primero que llegó a los Andes peruanos, el primero que penetró en los dominios del Inca, terminando su carrera cuando Pizarro no empezaba todavía la suya. (36) Cruzó Curitiba 17 años antes que Alvar Núñez (37), visitó el Paraguay 4 años antes que Gaboto (38), exploró el Chaco 13 años antes que Ayolas (39). La historia le da este lauro a aquel gentil aventurero (40).
Aparece Sebastián Gaboto, nacido en Venecia hacia 1479. Fue nombrado Piloto Mayor del Reino en febrero de 1518. Lo cierto es que navegó Modificando su primitivo rumbo, violando la capitulación y enderezó sus naves hacia el Río de Solís. Llegó en junio a Pernambuco, pequeña factoría portuguesa. Allí se informó de la riqueza que había en el dicho Río de la Plata. Reanudaron la marcha a fines de setiembre, llegando a un lugar que bautizaron Santa Catalina.
En marzo se hallaba Sebastián Gaboto, en la Isla de San Gabriel y luego arribó a la confluencia de los ríos Carcarañá y Coronda, donde construyó el fuerte denominado de Santi Spiritus. Posteriormente, siguió navegando por el Río Paraguay, y dobló hacia el Río Paraná hasta unas 15 leguas arribando a Santa Ana (Itati). Luego, bajaron nuevamente y por el Río Paraguay, penetraron en el Río Ipetí (Bermejo).
"Dos veces Gaboto llega hasta el Imperio del Rey Blanco, y el fracaso de sus tentativas, así como la destrucción de Santi Spiritus, incendiado por los indios, lo desalentó y obligó a volver a España, donde debió afrontar las iras de los armadores de los navíos y de los parientes de los tripulantes perdidos en la malograda empresa – expresa Puiggrós –. Uno de sus jefes – continúa el mismo autor – el fantasioso Capitán Francisco César que había encabezado aquellas desdichadas expediciones al interior del continente, difundió por Europa la historia maravillosa recogida de los indígenas y aseguró, con pelos y señales, haber llegado a la urbe de la que, desde entonces fue epónimo: apareció en el ensueño de los aventureros la ciudad de los Césares".
"El engaño se abrió camino en Europa. Ya no cabía la menor duda en ambas cortes ibéricas de que, llamándose sierra de la Plata, Imperio del Rey Blanco, ciudad de los Césares, Lilín, Talán, Trapalanda o como fuera, se ofrecía a la avidez de la conquista un almacén de riquezas inconcebiblemente más valioso que el saqueado ea México y Perú. Tras la fantasía pujaban España y Portugal, y de esa manera, idealizada hasta lo sublime su entraña sin secretos, la pampa fue teatro de una aventura más prosaica que la peruana y la mexicana, aunque pronto plena de una esperanza distinta, en medio de penurias de los primeros europeos que violaron su pureza salvaje. Tanto los monarcas españoles como los portugueses comenzaron a preparar con todo sigilo sendas armadas con el propósito de ser los primeros en apoderarse del deslumbrante manantial de metales preciosos. Carlos V, enterado por sus espías de la trama de su rival, no dejó en manos de éste la iniciativa".
"España ganó la partida, pero al ganarla destruyó la leyenda" (41). Juan Alvarez habla de las condiciones imperantes en la región durante el transcurso de la dominación española: "La pobreza más espantosa fue en todo tiempo característica del coloniaje español en el Río de la Plata: faltaba moneda circulante, faltaban colegios, faltaban materiales de construcción, faltaba todo" (42).

EN EL PAIS DEL HAMBRE
Paul Groussac llama a la entrada de Pedro de Mendoza la expedición al país del hambre (43).
"Pronto se conjugaron una serie de factores – dice Chaves – para hacer terrible la situación. La primera y principal fue la falta de alimentación. Se habían acabado los víveres, y la caza y pesca no tenían perspectivas. No se disponía de tiempo para sembrar y esperar la cosecha. Además, los indios le vedaban el acceso a la llanura. El segundo factor negativo fue la hostilidad firme y decidida de los naturales que a poco de la fundación mataron a ocho cristianos a la vera del Riachuelo. El tercero fue el zarpazo feroz de las fieras que más allá de las empalizadas, aguardaban hambrientas su cosecha de carne blanca".
"A mediados de 1536 la situación en el nuevo pueblo era dramática. Los cristianos estaban amenazados en forma constante por los indios que no le daban tregua ni de día ni de noche. La mortandad había sido terrible; según Schmidl de los dos mil quinientos expedicionarios sólo quedaban 560 Pero el flagelo era el hambre que dio su nombre a la región. Es imposible describir lo que allí pasó a punto que los cristianos se comieron a los cristianos y los hermanos a los hermanos. La crítica histórica moderna encuentra que es pálido reflejo la versión de conquistadores y cronistas sobre lo sucedido en el país del hambre, donde la realidad superó a la leyenda" (44).
En el año 1612, el Procurador de Villa Rica pide se haga saber a S.M. sobre el proceder de los indios que comen carne humana y para remediar esa barbarie (45).
Schmidl –testigo presencial– relata que "fue tal la pena y el desastre del hambre que no bastaron ratas ni ratones, víboras ni otras sabandijas; también los zapatos y cueros, todo hubo de ser comido..." y el teutón nos ofrece esta anécdota escalofriante: tres españoles robaron un caballo y se lo comieron, por lo cual se los colgó de la horca. Al día siguiente se comprobó que a los cadáveres le habían cortado los muslos y otros pedazos del cuerpo para comerlos" (46).
Engordaban a los prisioneros de guerra para devorarlos (dice un autor). Isabel de Guevara, una de las mujeres de la expedición cuenta: "Que fue tamaña la hambre, que a cabo de tres meses se murieron dos mil; esta hambre fue tamaña que ni la de Jerusalén se le pudo comparar" (47). Cuenta Villalba en su carta que "la gente estaba tan flaca y debilitada que apenas se podía mantener en pie... por lo cual se mandó que todos estuviesen "asentados en sus casas, con las armas en las manos, porque los indios no viesen la necesidad y flaqueza de la gente." (48).

FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE LA ASUNCIÓN
La fundación de la Ciudad de la Asunción, fue acordada. "Y así vinieron – léese en la probanza de G. de Mendoza – por este río abajo y llegados a este puerto de Nuestra Señora de la Asunción se acordó y determinó hacer y asentar en el puerto y pueblo porque carecía al dicho capitán Juan Salazar y Espinoza y al dicho Gonzalo de Mendoza que era cosa que convenía al servicio de Dios y su Magestad, que les parescia bien e cosa muy útil y provechosa a esta conquista e ansi visto lo susodicho, asentaron paz e concordia con los dichos yndios desta tierra e les dieron que de buelta que por aqui bolbiesen se haría una casa e pueblo." (49).
Así testifica Salazar: "de vuelta por aquí hice y fundé una casa de madera en esta dicha ciudad"..." (50)
Confirma plenamente Ribera:
"El dicho capitán Juan de Salazar se bajó por el río abajo y con mi parecer y acuerdo de otras personas hizo y asentó una casa fuerte en este puerto de la Asunción, refugio y amparo de la gente cristiana..." (51).
"Los fundadores del nuevo fuerte Mice J.C.Chaves – fueron Salazar y Mendoza que actuaron como pares cumpliendo lo preceptuado por las ordenanzas de Indias" (52).
El pequeño fuerte, sólo una casa de madera, recibió el nombre de Nuestra Señora de la Asunción, por haber sido erigido en su día: "Nos desembarcamos en este pueblo –escribe el clérigo Andrada– adonde agora está asentado este pueblo que se dice la ciudad de la Asunción, porque en tal día se comenzó a asentar y edificar..." (53).
"El capitán Ribera tomó parte en la expedición al mando de Salazar de Espinoza que salió de Buenos Aires en seguimiento de Ayolas y al pasar por la tierra de los guaraníes, fue uno de los que aconsejaron a Salazar la fundación de un fuerte (54), determinación que se puso por obra al retornar de Candelaria. Es inútil decir que dicho fuerte es el principio de la capital del Paraguay, "Nuestra Señora Santa María de la Asunción".
Ruy Díaz de Guzmán, refiere sobre el particular: "Esta ciudad (Asunción) está fundada sobre el mismo río del Paraguay en 25 grados equinoscial. Es tierra muy fértil, y muy buen temperamento, abundante de pesquería, caza y mucho género de aves. Dánse en esta tierra todo género de frutas de Castilla, y mucho de la tierra, en especial viñas y cañaverales de azúcar, de que tienen mucho aprovechamiento" (55).
Juan Francisco Aguirre, establece mediante pruebas documentales que la ciudad de Asunción, fue fundada, según el siguiente documento del cual extraemos sus partes principales: "En el puerto de Na. Sa. de la Asunción, que es en la provincia del Río de la Plata, en 16 días del mes de Septiembre, afio del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo de mil quinientos y cuarenta y un años, los señores Domingo de Irala, teniente de Gobernador de esta provincia por su magestad y García Venegas tesorero, y Alonso Cabrera, veedor y Carlos Dubrín, Factor, Oficiales de su Magestad de esta provincia. dijeron: que por cuanto en las instrucciones que su magestad mandó dar á sus oficiales de esta Provincia, hay un capítulo por el cuál les encarga y manda tengan especial cuidado acerca de la buena población y pacificación. é visto que hay mucha necesidad de haber los oficiales dichos para que entiendan en las cosas tocante á la buena Gobernación de este pueblo é puerto los cuales é puedan hacer los ordenanzas ó estatutos que sean necesarios á la buena Gobernación de él acerca de los pesos y medidas y de las carnicerías y pescaderías y de los otros mantenimientos que en dicho pueblo se vendieron...(56). Aguirre trae la nota puesta al pie de la página (57).
"La fundación tuvo lugar el 15 de agosto de 1537, día de la Asunción, dice Enrique de Gandía (58). Los españoles, "en concordia destos indios carios" (59) levantaron "una casa fuerte do todos se metiesen... escribe Villalta– con gran trabajo e necesidad traiendo los palos acuestas".
Fulgencio R. Moreno, por su parte expresa: "Con este compromiso los expedicionarios continuaron su marcha río arriba hasta el puerto de Candelaria, donde Irala les dio las primeras noticias del viaje de Ayolas al interior, y de donde regresaron poco después al "paraje de la Frontera" a fin de efectuar la fundación prometida a los guaraníes: "E ansí, agrega Salazar en la declaración citada, de vuelta este testigo con los pareceres que dicho tiene, e del dicho capitán Gonzalo de Mendoza hizo e fundó una casa de madera en esta dicha ciudad".
"Esta fundación tuvo lugar, según parece, el 15 de agosto de 1537, y la ciudad fue denominada Nuestra Señora Santa María de la Asunción" (60).
"Tal fue el origen de la Capital Paraguaya".
"El fuerte que estableció Salazar sobre la barranca del río –prosigue Moreno–, con la colaboración de los Guaraníes, no difería de las viviendas indígenas, en cuanto a los materiales de construcción. Era, según el testimonio de su mismo fundador "una casa de madera", con su techo de paja, indudablemente. Pero el modesto recinto fortificado debía tener alguna capacidad, porque dentro de él se concentraron todos los elementos de la naciente población. Allí estaban la artillería y el parque, las moradas de los pobladores, la iglesia con sus dos clérigos, la herrería y el depósito de víveres" (61).
"El núcleo primitivo –prosigue Moreno–, de la ciudad Ha ciudad misma – fue, según se ha visto, la casa fuerte edificada por Salazar, y en sus cercanías se fueron levantando paulatinamente después las moradas de todos los conquistadores. En la adjudicación de los sitios intervenía indudablemente la solicitud o el deseo de las partes, que el gobierno habría contemplado, aunque fuera en favor de sus adeptos. Y a este hecho no ha podido ser extraña la configuración paulatina de la ciudad, cuyo crecimiento debió seguir la dirección marcada por el interés y las conveniencias de los pobladores" (62).
"Este interés estaba del lado del río, de las cercanías del fuerte, de las proximidades de la actividad gubernativa e industrial, que era la zona más segura y más directamente accesible a un aprovisionamiento fácil, de pesca, sobre todo. Y de ahí que la Asunción se asentara originariamente sobre la barranca del río, y adquiriera gradualmente la forma de una larga franja adyacente a la misma. Allí se concentró después lo más activo de su vida urbana, y aunque su extensión creciera un tanto en otras direcciones, conservó durante siglos ese rasgo saliente de su formación inicial" (63).
"Asunción, fundada en 1537 y erigida en ciudad en 1541, era la más antigua población española del Paraguay y también la capital de la intendencia y residencia natural de sus autoridades. Sus características e incluso planta urbana, fueron descriptas, por los oficiales de la demarcación y estudiadas en trabajos posteriores", nos dice Ernesto J. A. Maeder (64).
Es importante destacar lo remarcado por Hildegard Thomas de Krüger, quien afirma: "De acuerdo con la historiografía paraguaya Asunción presenta en este caso características peculiares. Sin réplica se viene repitiendo que el deslinde de la jurisdicción asuncena se habría realizado recién en o 1598, atribuyéndosele a Hernando Arias de Saavedra la delimitación de los términos de la ciudad en un radio de 100 leguas a la redonda". (65).
"Un estudio minucioso de la documentación del año 1598 –prosigue Hildegard de Krúger –, nos dio la respuesta buscada. El 17 de diciembre de 1598 el procurador de la ciudad de Asunción, Diego de Olabarrieta, presentándose ante el gobernador Hernando Arias de Saavedra expresó que "como cabeza e primera e más antigua fue esta ciudad en esta gobernación fundada y tomó por jurisdicción e distrito más de cien leguas por todas partes asi el gobierno de ellas encomendando hizo de repartimiento como aprehendiendo posesión e jurisdicción en el dicho término e distrito aunque no parece por autos e diligencias en la dicha razón." (66).
"El documento habla por sí solo –prosigue esta misma autora–, especificando claramente, que a Asunción, le fue adjudicado un territorio municipal de 100 leguas (67) a la redonda, adjudicación que fue llevada a cabo al ser fundada la ciudad por Irala. Este, al establecer el Cabildo con nombramiento de Alcaldes y Regidores (68), transformó legalmente en república de pobladores los que hasta allí había sido una casa fuerte.
Cumplida esta legalidad, Irala repartió tierras y estableció la jurisdicción asunceña, dando comienzo al verdadero asentamiento de los pobladores de la nueva ciudad".
"Al cabo de dos décadas, en el año 1617, Felipe III, sancionó la demarcación municipal llevada a cabo por Hernandarias, elevando los límites urbanos a la categoría de provinciales (69), consumándose así la división de la Provincia del Río de la Plata en dos gobernaciones independientes, que, como ya lo expresa Moreno (70), se realizó por agregación de ciudades, sin respetar en lo más mínimo los criterios económicos y políticos de la zona. Prevaleció el principio meramente administrativo de la Corona de España. Asunción que había sido el primer logro estable de la conquista rioplatense y punto de partida de innumerables jornadas colonizadoras, se vio enclaustrada, determinando a partir de entonces factores geopolíticos el desarrollo de sus instituciones, de su economía y de su sociedad".
"Cabe destacar –concluye Hildegard de Krüger–, que la demarcación municipal llevada a cabo por Hernandarias tuvo fines preponderantemente económicos" (71).
Las leyes españolas ordenaban –dice Juan Agustín García– que se reservaran alrededor de las nuevas ciudades tres cantidades de tierra, de propiedad común e inajenables: el ejido para recreo de los pobladores; las dehesas, confinando con el ejido para pastoreo "de los bueyes de labor, caballos y ganados de la carnicería y para el número ordinario de los otros ganados que los pobladores por ordenanza debían tener", y los propios del municipio. Era prohibido sembrar estos terrenos baldíos (72).

LOS PRIMEROS TRUEQUES
"El Trueque –dice Branislava Susnik– puede tener dos concomitancias: trueque-reciprocidad y trueque-adquisición; el verdadero trueque implica el contacto de las parcialidades de diferente tipo cultural; empero, las "Visitas" interparciales, o intertribales permiten una distribución organizada de bienes más característicos de una determinada área habitada".
"Poco antes de la conquista hispana existía una "ruta de trueques entre Samaipata incaica y el área de los Xarayes, trayendo los "truequistas" Chanés varios objetos-adornos de metal, cuyo conocimiento difundióse ampliamente bajo el término de "señor de Candiré" entre los Itatines y otras parcialidades guaraníes; las plaquetas-adornos de metal atraían a los indígenas y provocaron importantes incursiones-migraciones. La inclinación de los Guaraníes al trueque, antes y después de la conquista, se menciona en todas las fuentes documentales, diciendo Doblas que ".teniendo por mengua el que los consideren incapaces de comprar y vender." (p.31). La conquista hispana intensificó el trueque de los indígenas con los blancos y también intertribalmente ya que las tribus asentadas en vecindad con el ambiente criollo servían de intermediarios. Los primeros contactos de los Guaraníes con los españoles basábanse en "trueque-regalías", los españoles buscando abrirse los caminos y asentarse pacíficamente, y los Guaraníes deseando adquirir "las novedades" en metal y abalorios; no hesitaban a entregar a sus mujeres si de esta manera pudieron establecer un "trueque-reciprocidad" o un "trueque-servicio". No existían un principio de la evaluación de bienes, predominando el interés de "pacificar con baratijas" por una parte, y por otra, la simple volición inmediata de elementos utilitarios o simplemente ostentativos" (73).
Ricardo Levene opina que "la primera forma del comercio indiano se inició con los rescates o cambios que hacían los españoles con los aborígenes, de bagatelas por metales preciosos y frutos de valor de América, de que ya habla Colón en su primera epístola".
"El 6 de mayo de 1497, se dictó una amplia provisión en virtud de la cual se concedía general franquicia de todos los derechos de importación y exportación para las Indias. En 1501 se reiteró esta prescripción. Para fomentar la colonización de tierra firme en 1512 se eximía del pago de todo derecho de la importación y exportación de géneros y efectos por el término de cuatro años, pasados lo cuales debía cobrarse siete y medio por ciento".
"Desde la creación de la Casa de Contratación, en 1503 (74), Sevilla tenía privilegio, con respecto a los demás puertos españoles, para el comercio de Indias. En 1524 fray García de Loaisa, presentó al Emperador un memorial exponiendo las ventajas de establecer en la Coruña la Casa de Contratación para el comercio de la especería, alegando que tales negociaciones debían hacerse con naves grandes (75). Quedando habilitados, a partir de 1529, nueve puertos de la Península al comercio directo con las Indias. (76).

LA LLEGADA DE LAS PRIMERAS MERCADERÍAS
Un piloto saonés, León Pancaldo, que iba en busca del estrecho de Magallanes, en el mes de abril de 1538, llegó al surgidero del Riachuelo, de "arribada forzoza, la nao mercante Santa María, "y no pudo pasar y entró en el río: venía cargada de mercaderías y muchos vinos y algunos bastimentos, con lo cual se reformó la gente que allí residía", nos relata el Padre Hernández. Sobre tales mercaderías cobraron los tenientes de tesorero y contador los derechos de almojarifazgo, en sedas, paños y lienzos.
"El arribo inesperado de Pancaldo y su socio, Juan Pedro Vivaldo, mercante genovés, con la Santa María, –nos refiere Luis Roque Gondra–, no sólo había servido para que se reformasen los habitantes del real; dejó también en ella su secuela de pleitos e incidencias triviales. Habían formalizado sociedad en Cádiz, por escritura pública del 1 de agosto de 1536, ante el escribano Alonso de Medina".
"Allí se hicieron a la mar, probablemente a fines de aquel año o a principios de 1537, con dos naos, la nombrada Santa María y la Concepción, al mando de Vivaldo, con buena carga de víveres, vino, especias, telas, vestidos, en demanda del estrecho de Magallanes. En la boca del río Gallegos perdióse la Concepción, el 80 de noviembre de 1537, por culpa de Vivaldo, según su socio, y patrón, con toda la carga que conducía. La Santa María no pudo tomar el estrecho, y dio vuelta, llegando de arribada forzoza al puerto del Riachuelo".
"Aquí se dio fin –prosigue Gondra– a la empresa, vendiéndose los restos del cargamento a los habitantes y las autoridades, después de satisfacer, como se dijo, los derechos reales de grado y por fuerza – y acaso más por fuerza que de grado –, a pagarse, cuando los compradores mejorasen de fortuna, "del oro o plata que se hubiese en esta provincia del Río de la Plata, o en las doscientas leguas de costa que le pertenecen en la mar del sur a esta conquista, del primer repartimento o repartimentos que se hicieren de oro y plata y otras riquezas en esta conquista entre los conquistadores de ella, pagados en cualquier parte de esta provincia".
"Con esto y con la obligacion que los compradores contraían, "son comunidad" y con renuncia de muchas garantías que las leyes concedían a los deudores, debe suponerse que quedaron satisfechos los vendedores. Así consta en numerosas cartas de obligación y reconocimientos de deuda, otorgados en Buenos Aires, en 1538, por valor de muy cerca de 1000 pesos de que sólo él justa y perfecta ley de a cuatrocientos cincuenta maravedíes cada uno".
"Mas con todo ello la sociedad no pudo liquidar en paz; y Pancaldo, representando por Melchor Ramírez, demandó a su socio Vivaldo, ante Ruiz Galán por cobro de 16.000 "pesos de oro de justa y perfecta ley de a cuatrocientos cincuenta maravedíes cada uno" en que estimaba el valor del cargamento perdido en el río Gallegos, por culpa del demandado, y los intereses, pérdidas, daños, menoscabos, etc., con más las costas".
"Ignoramos – concluye Gondra –, qué suerte tuvo la demanda, más allá del traslado que mandó correr el señor teniente de gobernador, y adonde fueron a parar las cartas de obligación que Pancaldo (el cual murió poco después) recibió, en pago el cargamento vendido, en esta primera actividad comercial del puerto de Buenos Aires. No debía ser, sin embargo, tan cruel la suerte de la población, cuando sobraban tiempo y ánimo para tales negocios, pleitos y especulaciones" (77).
Las expediciones españolas llegadas a estas tierras traían en sus "bastimentos" –como daban en llamar entonces a las mercaderías–, toda clase Jp productos que intercambiaban con los naturales de los países a conquistar. Así ocurrió en el Paraguay, cuando trataron de reducir a los indios diseminados por toda la Provincia. Este intercambio fue denominado "rescate" según Alvar Núñez, quien su libro "Los Comentarios", describe numerosos testimonios de tales contrataciones (78).
"La moneda no se usaba entre los guaraníes: siguiendo la costumbre primitiva, permutaban mercancías por mercancías, sistema más apropiado a la simplicidad natural, afirma Peramás" (79).
La palabra "rescate", es utilizada también por Ots Capdequi: "De ordinario en las capitulaciones de descubrimiento nuevo y población de los primeros tiempos vemos que se concede al descubridor el privilegio de un corto plazo –dos años– de que sólo él pueda rescatar con los indios, pagando a la Corona únicamente el quinto de lo que rescatase" (80).
"Esta es una gente y generación que se llaman los guaraníes, son labradores que siembran dos veces en el año maíz, y asimismo siembran cazabí (llamaban así a la mandioca); crían gallinas a manera de nuestra España, y patos; y tienen en sus casas muchos papagayos, y tienen ocupada muy grande tierra, (81). También los guaraníes, poseían variados comestibles, "vino de maíz, batatas y pan", árboles frutales como el limón, piña, etc.
En la región portuguesa ocurría otro tanto, según describe Fernández: No caso do pau-brasil, realizaba-se um comércio de troca entre indios e civilizados. Estes constituianno costa um pequeño abrigo fortificado, deixando nele alguns homens e aí os indios de regiao depositavam as toras de pau-brasil que cortavam em troca de objetos que os europeos, portugueses ou franceses 1hes ofereciam, Nestes abrigos, chamados feitorias, ficavam as toras de pau-brasil até que chegase um navio para levá-la á Europa. Os europeos que viviam nas feitorias eram poucos; geralmente viviam junto aos índios, amasiavamse con suas mulheres e nao tinham nenhum poder sobre eles; ao invés de impor os costumes europeos, eram eles que tendiama adorar os costumes indígenas" (82).

CREACIÓN DE MONEDAS
En fecha 3 de octubre de 1541, a escasos días de su fundación, el Cabildo de Asunción, dictó su primer Ordenanza de Monedas, que en lo substancial determinaba de que "Visto que no hay oro ni plata ni otras cosas en la tierra para poder contratar en manera de moneda, e que por esta causa se dejan vender e contratar la hacienda de su Magestad que en esta tierra se cobra así cochinos, maíz, frijoles, mandioca y aves, y otras que se cobran de los diezmos y quintos de S.M. pertenecientes y no se halla precio ninguno de oro y plata porque en dicha tierra de presente no la hay, a esta razón e porque no haya engaño mandaron que de aquí adelante valga un anzuelo de malla un maravedí, o un anzuelo de rescate valga 50 maravedises y una cuña de marca que aquí se acostumbra hacer valga 50 maravedises y una cuña del ayunque de la que aquí se acostumbra hacer valga 100 maravedises, se contrate e pague en las dichas cosas en lugar de monedas y que ninguno las pueda desechar por los dichos precios." (83).
"La antigua experiencia de Cabeza de Vaca sobre las cosas más apetecidas de los indios –dice Woodine Parish–, y sobre sus usos y costumbres, le fue del mayor provecho en todo el curso de este notable viaje. Sabía que a sus ojos los dones más preciosos eran hachas, navajas, tijeras, puntas de flechas y otros objetos semejantes, para surtirlos con los cuales llevaba una fragua portátil, y cada soldado, a más de su mochila y equipo (portaba) una pequeña cantidad de hierro en barra, para ser trabajado según se precisase. Anhelaban tanto los indios estos instrumentos o útiles, que por obtenerlos acudían de grandes distancias, ofreciendo a los españoles toda clase de auxilios " (84).
Domingo Martínez de Irala, creó las famosas "cuñas", descompuestas en monedas de hierro de 25, 50 y 100 maravedises, y "fue la primera medida de los valores; y el mismo pedazo de hierro que circulara como moneda, servía para batir el bosque, preparar la tierra, y someter al indio" (85).
El 7 de noviembre de 1544, el Cabildo fijó hasta nueva disposición los precios de los víveres siguientes: dos gallinas caseras a tres cuchillos de marca; ocho huevos, un cuchillo; tres libras de pescado de espinel, un cuchillo, y dos libras de pescado de red, un cuchillo. (86).
En el año 1577, se emite una Cédula de Andres Benítez para que se le den a Sebastián de León, cierto número de cuñas de hierro, cuchillos y anzuelos para una expedición contra unos indios rebeldes (87).
Por esa misma época, el Cabildo de Santa Fe, el 17 de enero de 1575, había establecido la vara de lienzo como moneda a falta de la moneda de plata, fija en una vara de lienzo el precio de un par de espuelas y en tres el de unas tijeras; mientras que por cada diez cuchillos correspondía uno al herrero (88).

LA ILUSIÓN DEL ORO
En 1543, el Factor Dorantes escribía al Rey, diciendo. "...estaua en costumbre de cobrar quinto de lo que se rrecaudaua de los yndios y en especial se cobraba de las personas mas principales y aun sobre ello ay ordenanqas de teniente de gouernador y oficiales que aca estauan lo cual era y es muy contrario a lo que yo he visto en otras partes de las yndias e sobre ello el contador lo pidio e paso lo que vuestra magestad vera por testimonio y aunque dizen que andando el tiempo an de valer mucho el quinto de la manteca de pescado e cueros de venados e pellejos de nutria que se rrescatan y compran en los tynbas e otras generazones del parana..." (89).
"A la incomunicación y falta de moneda, decíamos en aquel trabajo, se unieron bien pronto las consecuencias inevitables de la ILUSION DEL ORO. El futuro filón –nos dice Fulgencio R. Moreno–, que los conquistadores contaban hallar enseguida, influyó de tal modo en los negocios, que hasta se modificó la forma ordinaria de los contratos, reemplazándose los plazos fijos por la fecha incierta del primer repartimiento de oro. Y puede calcularse lo que ocurrió, cuando esa fecha no llegaba nunca".
Todavía se conservaba la esperanza cuando "el muy magnífico señor Capitán Francisco López, Teniente de Gobernador de esta Provincia del Río de la Plata", se vio obligado a intervenir por los extraordinarios precios que alcanzaban las mercaderías vendidas por ciento, dice la resolución de dicha autoridad. Las deudas se multiplicaron. En 1545 el Gobernador y el Cabildo de la Asunción comisionaron a Martín de Orué para trasladarse a España y solicitar del Rey la aplicación del quinto de los repartimientos en la amortización de las deudas de los conquistadores. Hasta el pago de los impuestos se hizo un problema".
Y era, sin embargo, tal la obsesión por el metal precioso que todavía en 1580 escribía al Rey el canónigo Segovia, noticiándole que según los peritos, no había región de América tan rica en minas de oro y plata como el Paraguay! (M.S. del Archivo de Indias)" (90).
"Un feroz egoísmo se apodera de aquellos corazones endurecidos por el sufrimiento y el desengaño: el factor económico aparecía casi omnipotente en la sociedad en formación provocando malquerencias que degeneraban a veces en oscuras tragedias", nos refiere don Fulgencio R. Moreno (91).
"Los primeros castellanos que entraron en el Paraguay no dudaban que allí se encontrarían grandes riquezas –dice el Padre Charlevoix–. No acertaban a comprender cómo un país tan cercano al Perú no encerrase cantidad de minas de oro y plata; y aunque muy luego se descubrió la falsedad de las noticias que habían acreditado este error, como lo diré en el discurso de esta historia, todavía después de pasado un siglo se hablaba del Paraguay como de un país abundante en minas. Puede juzgarse de ello por el título de ARGENTINA que dio a su obra D. Martín del Barco, como si todo el país no fuese más que una vasta mina de plata. He aquí lo que a este propósito escribía al Rey Católico D. Pedro Esteban Dávila, Gobernador del Río de la Plata en 1637 (92). "La fertilidad y abundancia que prometen las dichas Provincias (93) promete mucho, en que se cree hay metales y piedras preciosas, como más particularmente lo tengo avisado a Vuestra Majestad y remitidos papeles auténticos en esta razón, que me consta están en ese Real Consejo, si bien en tiempo del Gobernador Ruy Díaz Melgarejo, poblador de la Villa Rica, se tuvo esta confusa noticia, é hizo vivas diligencias, y halló incierta la relación; y últimamente, siguiendo ese mismo intento Manuel de Frías, su yerno, primer Gobernador del Paraguay en la división que se hizo de estos dos gobiernos, hizo empeño con Vuestra Majestad; en que parece prometía el seguro de hallar estos metales, sobre que hizo (según estoy informado de personas de crédito) vivas diligencias de que no surtió efecto alguno; y los informes que refiero tengo remitidos á Vuestra Majestad y me consta estar en ese Real Consejo los tengo en poco crédito por dos cosas: la una, por las vivas diligencias que se hicieron por los sobredichos; la segunda, por tener por personas apasionadas los testigos, y no afectas á la Compañía, y no de las obligaciones que se requieren para la verdad de los informes que se deben hacer á Su Majestad" (94).
Hay que tener presente que lo que Pierre Chaupu, llama el "ciclo de oro" al período bastante corto (1494-1525), durante el cual se explotó el oro en las Antillas, es decir, las Islas de Santo Domingo, Puerto Rico y Cuba. Esto comenzó por el "drenaje" del oro existente en el territorio de los indios que no lo utilizaban como monedas sino en forma de joyas. P. Chaunu estima que en dos o tres años, se drenó "todo el oro producido por los indios de las islas en mil años" (95).
Se conoce a partir de 1503 las entradas exactas de metales preciosos en la "Casa de Contratación" de Sevilla, por donde en principio, todo debía pasar. Earl J. Hamilton, ha reconstruido las llegadas por quinquenios, estableciendo los siguientes guarismos:
-de 1503 a 1510 llegan a 4.950 kilos de oro
-de 1511 a 1520 llegan a 9.153 kilos de oro
-de 1521 a 1530 llegan a 4.889 kilos de oro (96).
Después de 1533-35, las llegadas de oro aumentarán hasta alcanzar 42.600 kilos durante el decenio 1551-1560 (97).
España se encontró sometida en el Siglo XVII a trágicas catástrofes monetarias. De manera figurada se ha podido decir que después de haber conocido "la edad de oro" (hasta 1545), luego la edad de plata (hasta 1600–1610), cayó en la edad de bronce. Entendemos con esto una moneda en la cual varias aleaciones contienen cada vez más cobre (98).
La proporción entre la cantidad de metal llegado para el Rey de España y la que llega para los particulares, es la siguiente siguiendo datos de Hamilton ya nombrado –de 1503 a 1660, las llegadas representan 447.000.000 de pesos: 117.000.000 para el rey y 330.000.000 para los particulares. Es decir, algo más del cuarto para el rey: pero esta parte del rey, aunque es menor, es también la de mayor alcance internacional, ya que rápidamente se reparte por Europa por las deudas contraídas por el Soberano (99).
De manera pues, que al hacer este corto comentario, lo realizamos con el propósito de demostrar que cuando los conquistadores y colonizadores del Río de la Plata, venían con la ilusión de oro, en España se habían prácticamente agotado todas cecas conocidas y vivía una aguda crisis económica y financiera.
Hay que destacar también, que en los ricos yacimientos de plata de México y Perú, se produjo una innovación técnica, el método de separar de la plata mediante su amalgama con el azogue. En la obtención del oro, inicialmente los conquistadores se apropiaron de los tesoros indígenas. Luego se extrajo el oro de los lavaderos fluviales con el concurso del trabajo aborigen. Y, posteriormente, la explotación de minas de veta y el empleo de mano de obra negra.
El historiador francés Pierre Chaunu ha ensayado construir una cronología histórica racional observando los movimientos de expansión y de depresión del tráfico comercial Atlántico, es decir construyendo un modelo cíclico. Estos ciclos coinciden con los de Hamilton. Chaunu distingue en el tráfico atlántico cuatro grandes ciclos:
1. Un interciclo de alza (Fase A) entre 1504 y 1550.
2. Una gran recesión (Fase B) de 1550 a 1562-3.
3. Un segundo interciclo de expansión entre 1562 y 1610.
4. Una fase de depresión de medio siglo a partir de 1610.
Chaunu puntualiza la existencia de dos tendencias opuestas en el Atlántico español-americano: una tendencia ascendente desde el comienzo del siglo XVI hasta 1610 y una tendencia descendente de pendiente simétrica, más allá de 1610, las cuales se superponen a la curva de Hamilton. Chaunu insiste, sin embargo, en que estas observaciones reposan en una generalización a POSTERIORI pues el empleo de un modelo cíclico como tal significaría presunciones de la ciencia económica en la maso de hechos (100).
Podemos preguntarnos –nos dice Germán Colmenares–, si, por las condiciones que determinaron la expansión geográfica y la búsqueda incesante de yacimientos de metales preciosos, la implantación de economías mineras – un hecho reconocido para toda Hispanoamérica – no se debió a un puro azar. Para explicar este hecho se ha insistido en el carácter deflacionista de la economía europea durante la Baja Edad Media y el "hambre" de metales consiguientes. EI tesoro americano habría remediado esta situación y favorecido el auge de un capitalismo primitivo provocando una subida de los precios" (101).
Para Cristóbal Colón el oro se convirtió en una obsesión y a falta del metal, se planteó la posibilidad de convencer a la Corona de la explotación de la mano de obra indígena, como forma de justificar su empresa (102). La presencia del oro era una garantía de recuperación del aporte de la Corona. Esta certidumbre debió animar también a los inversionistas privados de las subsecuentes empresas de conquista. Según Alvaro Jara (103), la necesidad de recuperar rápidamente el capital privado invertido en estas empresas habría encauzado la atención de los conquistadores hacia la explotación de metales preciosos. A este factor añade un elemento sicológico, la aspiración de los conquistadores de mantener un tren de vida señorial" (104).

LA CEDULA REAL DEL 12 DE SETIEMBRE DE 1537
Alonso Cabrera, veedor de fundiciones, traía un documento sensacional: la Cédula del 12 de setiembre de 1537 otorgada por doña Juana y don Carlos. Decía la Cédula textualmente:
"Por cuanto vos, Alonso Cabrera, nuestro veedor de fundaciones de la Provincia del Río de la Plata vais por vuestro capitán en cierta Armada de dicha provincia en socorro de la gente que allí quedó, que proveí en Martín de Orduña o Domingo Sonoza, y podría ser que al tiempo que don Pedro de Mendoza, nuestro Gobernador de dicha provincia difunto salió de ella no hubiese dejado lugarteniente o el que hubiere dejado, cuando vos llegaresdes fuera fallecido, o al tiempo de su fallecimiento, o antes no hubicese nombrado Gobernador, o los conquistadores, y pobladores no lo hubiecen elegido, vos mandamos que en tal caso y no en otro alguno hagáis juntar los dichos pobladores, y los que de nuevo fueren con vos, para que habiendo primeramente jurado elegir persona cuál convenga a nuestro servicio y bien de dicha tierra, elijan por Gobernador en nuestro Nombre, y Capitán general de aquella provincia, a persona, que, según Dios, y sus conciencias pareciere más suficiente, para el dicho cargo, y la persona, que así eligieren todos de conformidad o la mayor parte de ellos, use y tenga el dicho cargo: al cuál por la presente damos poder cumplido para que los ejecute cuanto a Nuestra Merced y voluntad fuere. Y si aquél falleciere se torne a proveer otro por la orden susodicha: lo cuál vos mandamos que así se haga con toda paz, y sin bullicio, ni escándalo, apercibiendoos que de lo contrario nos tendremos por deservidos, y lo mandaremos castigar con todo rigor, y mandamos que en el cualquiera de los dichos casos, halladaredes en la dicha provincia nombrado Gobernador de ella, le abodescais, y cumplais sus mandamientos, y les deis todo favor o ayuda. (105).
"Conocida la Cédula Real, la Ciudad de la Asunción, en uso de sus facultades, asume, pues, por primera vez en estas tierras, el ejercicio de sus privilegios cívicos".
"Sin duda, la situación creada por las pretensiones de Ruiz Galán, que aducía sus derechos de lugarteniente de don Pedro de Mendoza las disidencias que provoca el hecho, y los embrollos de Alonso Cabrera, no podían ofrecer ambiente propicio a los mandamientos de la Real Cédula, "con toda paz y sin bullicio, ni escándalos". Con todo, los Oficiales Reales y gente principal reclaman su ejecución, siendo confirmado don Domingo Martínez de Irala, lugarteniente de Juan de Ayolas: "Ansy mismo sabe que al tiempo quel dicho juan de ayolas entró por la tierra adentro dexó por su lugarteniente á domingo de yrala, al qual dexó todo aquel poder que tenia de don pedro de mendoza, con una instrucción que dezía que cualquier capitán ó capitanes que viniesen en su seguimiento cumpliesen y estuviesen debaxo de la ovediencia del dicho domingo de yrala al qual dexó en el Rio del Paraguay" (106).
Domingo Martínez de Irala (107), se hizo cargo del Gobierno el 23 de junio de 1539. Sus objetivos se centrarán en la búsqueda de la sierra de la Plata, mantener paz y concordia con los carios y, establecer comunicaciones con España y resolver el problema de Buenos Aires.
Irala después de luchar con los indios, e ir en socorro de Buenos Aires, se produjo la despoblación de Buenos Aires a fines de enero de 1541.
El 5 de agosto de 1540, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Caballero de Jerez de la Frontera, es nombrado Adelantado en condiciones análogas a las de don Pedro de Mendoza.
Alvar Núñez llega a la Asunción el 11 de marzo de 1542, después de un portentoso viaje por tierra desde Santa Catalina, que dura un año. El 13 de marzo presta juramento ante el Cabildo haciéndose cargo de sus funciones. El título le fue conferido en caso de fallecimiento de Ayolas, en Madrid el 15 de abril de 1540 (108).
Las instrucciones recibidas de los reyes por Irala, establecían entre otras cosas, que no haya letrados ni procuradores (en el Plata) porque de su presencia siguen diferencias y pleitos; los repartimentos de tierras quedarán perpetuos a quienes la hubiesen poseído cinco años, los castellanos pueden tratar y contratar con los naturales, libertad para los vecinos de venir a España; los pueblos podrán elegir Alcaldes, durante 4 años no se ejecute a nadie por deudas reales, excepción a los vecinos del derecho de almojarifazgo por diez años; las apelaciones vendrán al consejo y en este caso, se guarden las leyes del reino, no se impida a nadie escribir al rey, que el uso del río sea común y por último no se pague quinto real sino sobre el oro y la plata (109).
Por fuerza tuvo que despertársele la vocación política –expresa E. Cardozo–, para saber regir su destino en las muchas azarosas circunstancias que le deparó la historia. Y por una paradoja, la monarquía dio base legal a la democracia en el Paraguay. Esta provincia fue la única del imperio indiano donde la teoría española del origen popular del poder tuvo realidad legal. Por la famosa Real Provisión del 12 de setiembre de 1587, el emperador Carlos V, otorgó al Paraguay la facultad de designar, por el voto del pueblo, gobernantes en caso de vacancia. Esta fue la verdadera carta constitucional del Paraguay durante dos siglos (110).

LA NOCHE DE SAN MARCOS
El día 11 de marzo, día de San Marcos, salieron de sus casas los principales oficiales, y acometieron sobre Alvar Núñez, quien se encontraba enfermo en cama. "El paso más indecoroso que se registra en la historia del Río de la Plata..." califica Juan Francisco Aguirre donde había sido preso un adelantado del rey, subvertido el orden legal, y abiertas las puertas de la anarquía en la Provincia del Paraguay.
"Triste amanecer para la provincia aquel día de San Marcos de 1544 –nos relata Julio C. Chaves–. La naciente comunidad que en medio de dolores advenía al concierto mundial quedaba escindida en dos bandos que iban a disputar supremacía fieramente y perseguirse con saña durante una década. Se abría la porfía de grupos, movidos por odios o ambiciones que iba a empurpurar a lo largo de cuatro siglos la tierra. La sombra de Caín se extendía sobre el Paraguay. La lucha de bandos –prosigue Chaves–, grupos, partidos, que inútilmente han tratado de mimetizarse bajo rótulos de ideologías, para que el pabellón cubra la mercancía introducida de contrabando" (111).
"Pero un acontecimiento cuyo estallido se preparaba desde largo tiempo, pareció por un instante echar por tierra los proyectos y esperanzas que todos comenzaban a forjarse con las noticias traídas por Irala. Los Oficiales Reales celosos y ofendidos de que el Gobernador no consultase con ellos los asuntos tocantes al gobierno de la Provincia y promulgaba bandos y mandamientos sin solicitarles su opinión, le presentaron el 2 de abril un extenso escrito en que le requerían que se juntara con ellos para tratar las cosas de la Gobernación y que derogase los bandos que había dado sin pedirles su parecer, nos cuenta Enrique de Gandia.
"Alvar Núñez contestó una semana después –prosigue Gandía– con otro escrito voluminoso y severo en que se hacía valer las razones que tenía para prescindir de su consulta en los asuntos de gobierno, y al mismo tiempo les prohibía que cobrasen el quinto de los mantenimientos que los conquistadores rescataban de los indios con sus propios dineros. Estas disputas continuaron de las iniciadas a fines de 1542, y durante el mes de enero del año siguiente, en que Alvar Núñez humilló el orgullo de los Oficiales Reales, acrecentaron siempre más el odio y la incomprensión que entre unos y otros existía" (112).
Lo cierto es que Alvar Núñez, fue procesado en España, y suspendido perpetuamente como Adelantado del Río de la Plata, desterrado de las Indias y condenado a servir cinco años en Orán, con sus armas y caballos (113). Con relación al final de Alvar Núñez, refiere Ruiz Díaz de Guzmán: "Y en la sentencia de revista, fue declarado libre, con sueldo de dos mil pesos, digo ducados anuales, para su sustento en Sevilla, en cuyo consulado murió después quieta y honradamente" (114).

SEGUNDO GOBIERNO DE IRALA
"Luego que Domingo de Irala recibió los pliegos, cédulas, y demás providencias de su Majestad convocó a los oficiales reales y demás capitulares de la República y en presencia de todos fue leída la Cédula de su Majestad en que le hacía merced del gobierno de aquella provincia (115) en cuyo obedecimiento luego fue recibido al ejercicio de tal empleo y demás privilegios que se le concedían con aplauso universal. Leyéronse asimismo otras cédulas y provisiones que venían a favor de los conquistadores como era habérseles de encomendar los indios, nombrar personas suficientes para el consejo, oficiales de real hacienda y utilidad así de los españoles, como de los indios de la jurisdicción para encomendarlos como estaba dispuesto, para lo que se determinó que saliesen cuatro personas a empadronar los indios de toda aquella jurisdicción con toda distinción tomando cada uno diferente camino; y habiendo vuelto se halló número de 27.000 indios de armas situados a 50 leguas circulares al norte y sur, etc., hasta el río Paraná, excepto los que estaban al oeste que por ser de diferentes naciones, tan bárbaras no se pudieron empadronar y repartir por entonces, por cuya cantidad de que se lastimó no poco el gobernador por no haber podido complacer su genio que era naturalmente largo y generoso inclinado a hacer bien a todos con que vino a ceñirse a gratificar a los que pudo según las ventajas de sus méritos estos fueron 400, dando a unos 30 a otros 40 y dejando a los demás para beneficiarlos en otras poblaciones y conquistas, que en adelante ocurriesen, porque con el corto número de indios, no le fue fácil gratificar a todos a proporción de los grandes trabajos que les había visto pasar, y de modo que pudiesen darlos los indios necesarios para una regular congrúa; y hecho el repartimento hizo para el buen régimen de indios y encomenderos ciertas ordenanzas que hasta hoy se observan, por haberlas confirmado su Majestad" (116).
Según opina Félix de Azara: "Disfrutaban los españoles estas encomiendas, y no tuvo Irala que hacer repartimientos entonces sino sancionar las ordenanzas sobre las que ahora estaban repartidas y arregladas. Por consiguiente creo que se equivocan Ruy Díaz lib. 3 cap. 1 y Lozano lib. 3. cap. 1. diciendo que Irala despachó cuatro diputados por rumbos diferentes, y que habiendo regresado con las listas que contenían veinte y siete mil indios capaces de tomar las armas, fueron estos los que se repartieron en encomiendas. También se equivocan comprendiendo en este reconocimiento y reparto a los indios del Mediodía en el Paraná porque Irala no llegó á sujetarlos ni a reducirlos á servidumbre. Aún creo exageran diciendo fueron cuatrocientas las encomiendas; porque tengo antecedentes para creer que no llegaron entonces á la mitad ni los indios al número que suponen. Ningún papel he leído que apoye lo que dice Rui Díaz y copia Lozano" (117).
"Este (Irala) a principios de 1556, repartió "en trescientos y veinte o más ombres para que les ayudasen a sobrellevar sus trabajos... Hasta veinte mil indios" (carta de Irala al Marqués de Mondéjar, abril de 1556) (118).
"Las ordenanzas de Irala, de mayo 14 de 1556, establecían la obligación de "servir a las personas a quien fueren encomendados en sus edificios labores y reparos labranzas y crianzas cazas y pesquerías y otras grangerías", prohibiendo a los indígenas que se ausentaran y que sirvieran a otros españoles " (119).
Es indudable que Irala, imprimió a la Provincia de su mando un carácter de particular fecundidad. Así, edificó el primer templo, la primera escuela; enseñó los métodos europeos para roturar la tierra; perfeccionó los telares de algodón; patrocinó la entrada de los primeros inmigrantes, creó el primer sistema monetario con escalas de 25, 50 y 100 maravedises. Luego interrumpe la conquista y se dedica con igual ahínco a la colonización. Reparte tierras a los pobladores; diseña las calles asuncenas, y por fin dicta la primera ordenanza de Encomiendas el 14 de mayo de 1556, que transformaría profundamente el derrotero inicial de la labor colonizadora y civilizadora de la Provincia del Paraguay, y que permitiera decir al insigne argentino, a quien los paraguayos debemos gratitud perenne, "La verdad probada es que la riqueza que los españoles buscaban y encontraran en Sudamérica tenía por causa el trabajo, no el suelo" (120).
El único Gobernador que cobró sueldo en el siglo de la conquista, o a lo menos que me conste, – dice Aguirre – hasta los años de 90, fue Irala, el oue recibió el primer tercio de su primer año que concluyó el 28 de Dbre. G55, y fue de 300 mrs. en dos libranzas: la 1a. contra el Tesorero Andrés Hernández el Romo y la 2a. de 7 de Feb. de 1556 del contador Felipe Cáceres contra el Tesorero Juan de Salazar. No consta en las especies que se le pagó. No cobró más porque era circunstancia que la hacienda Real propia de estas atenciones la debía producir la tierra. Con todo aunque ellos muriesen sin cobrar quedaban acreedores por sí y sus herederos a lo que produjese el tiempo y en efecto Irala a sus herederos les mandó como parte de su esencia (sic) los sueldos que alcanzó al rey. Es natural que jamás se cobrasen" (121).

LA TRANSCULTURACION EN EL SIGLO XVI
"Hasta las Ordenanzas de Irala en 1555 –dice la Dra. Branislava Susnik–, los indígenas –los Guaraníes y los chaqueños vecinos de Asunción–, enfrentaban la conquista plenamente endoculturados según sus antiguas pautas de vivencia y creencia. Por otra parte, los conquistadores en necesidad de volverse colonizadores, experimentaban las consecuencias implícitas en una estructuración práctica de los valores ideales de "vasallo del rey, implantador de la Cruz, aventurero potencial del oro y del poder". El endoculturado indígena en una estructura sociocultural neolítica enfrentábase así con un nuevo "educador" quien aún estaba en el proceso adaptativo americano".
"En esta fase del impacto sociocultural, los hombres de la Iglesia igual que los colonizadores no tenían por su meta inmediata una educación sino una "pacificación" de los indígenas por medio del bautismo, el trabajo y la obediencia a los representantes de una tipológica civilización cristiana".
"De esta manera se observan tres rumbos formativos:
1) Los indígenas de servicio personal y del yanaconato posteriormente debían participar de las pautas de la casa de sus amos, adecuándose a las exigencias impuestas a los criados nominalmente bautizados con supuesto beneficio de educarse en "policía y fe" como dicen los documentos; los hijos de estos criados indios sufrieron una trans-endoculturación por ser distinta la nueva realidad ambiental observada; y primaba el proceso de esta trans-endoculturación sobre una educación orientada".
2) Los indígenas libres de esta directa dependencia de la casa del cristiano civilizador buscaban acomodos psicomentales, viendo que sus pautas antiguas no resultaban satisfactorias frente a su encierro local, éste casi una negación cataclísmica de su antigua libertad en busca de nuevas rozas y nuevas fundaciones comunales; la cruz y el trabajo les fueron los elementos tangibles de la "novedad" sociocultural cristiana, no encontrando las respuestas a su propio desequilibrio emocional.
3) Muchos adolescentes y jóvenes indígenas acompañaban a los conquistadores en sus expediciones transchaqueñas recibiendo experiencias nuevas de esta convivencia guerrera hispano-guaraní sin por esto adquirir nuevas pautas frente a la vida sociocultural. Dos factores intervinieron notablemente en esta fase cultural: la unidad comunicativa en la lengua guaraní entre el indígena, el colonizador y el misionero; el guaraní se refugió en la esperanza de un YVY MARA’EY, el que, desprovisto ya de su condición real y dinámica de la preconquista, adquirió las facetas de una expectativa volitiva; ambos factores citados significan una tácita abertura indígena hacia el proceso de la "vida civilizada y cristiana".
"Desde las Ordenanzas de Irala –continúa la Dra. Susnik–, hasta las Ordenanzas de Hernandarias y la intervención del visitador Alfaro, la situación sociocultural de los colonizadores y de los indígenas llegó a definirse en sus objetivos. La fundación de los pueblos indígenas coloniales permitía un control social de los mismos y su concentración facilitaba indudablemente la realización de un plan formativo cristiano del indígena, tarea ésta encargada a los religiosos franciscanos y jesuitas luego, sin excluir la actividad de los clérigos. Más adelante, apunta la misma escritora: "Si los indígenas antes veían en el conquistador un "señor" con arcabuz y caballo, en ql colonizador "un hombre blanco" en convivencia y en el misionero un "payé" andante a semejanza de los héroes culturales, con la nueva planificación formativa, los indígenas debían enfrentar el "táva-pueblo" modelador rígido y ordenador en su vivencia global" (122).
"Si el misionero llevó su evangelio, su fe, sus oraciones y su cultura, el soldado cargó otros elementos civilizadores necesarios para ejercer el segundo aspecto de su personalidad. Porque el conquistador, de mero guerrero nómada, se transforma en poblador sedentario (123).
"Hasta el momento semeja que el conquistador se adentra en América a buscar. Busca, en efecto, pero también lleva. No hablamos de la transculturación, sintetizada en un solo Dios y una lengua, ni del mestizaje físico. Fuera del aporte cultural y biológico, el conquistador porta un bagaje civilizador que va sembrando al mismo tiempo que adquiere lo que las Indias le ofrecen (124).
América enriquecerá la vernácula lengua castellana: huracán, canoa, chocolate, cacique, maíz... La América indígena contribuirá con su legado en el arte, en las instituciones, etc. Y la naturaleza, rica en nuevos productos, transformará la economía de occidente. El maíz, la patata, y el tabaco serán de los primeros elementos que tome el español. A cambio el poblador hispano le da al Nuevo Mundo el trigo, cebada, arroz, morera, centeno, viñas, naranjos, manzanos, almendros, limones, olivos, peras, ciruelos, el lirio, la rosa. De Canarias embarcan la caña de azúcar, los cerdos y los plátanos. Legumbres, y hortalizas, espárragos, melones, azafrán, higos, albaricoques, olivos, el caballo, la cabra, el perro, la oveja... todos van en las bodegas de las naos a enraizar en la otra orilla atlántica. El conquistador no es mero soldado –de sueldo–, es un colonizador, un poblador.
"El conquistador, una vez anexado al territorio, se transformaba en un poblador vertical, clavado en el suelo. (125).
Cuán distinta, pero de singular realismo es la visión de la política indigenista durante el período colonial que nos pinta el historiador brasileño Rodrigo Otávio, cuando dice: "Durante todo el período colonial, el Gobierno portugués, en lo que concierne a la legislación sobre los indígenas, osciló entre los intereses de los colonos, que deseaban esclavizar a los indios, y los esfuerzos de los misioneros, que tenían por objeto convertirlos al cristianismo y al mismo tiempo hacerlos adoptar las costumbres de los civilizados. Tanto esto es verdad que una de las primeras disposiciones del Gobierno portugués con relación a los indígenas, constante del reglamento tomado por el primer gobierno general del Brasil, ya contenía esta contradicción. En tal reglamento se decía que la conversión de los indígenas es lo que constituía el motivo del poblamiento del Brasil, recomendando que fuesen bien tratados y que, si sufriesen algún daño, ellos recibiesen toda clase de reparaciones, puniéndose a los responsables. Más, el mismo documento permitía que se diese combate a los indios que se considerasen enemigos, que se los matasen y fuesen hechos prisioneros" (126).
"Lo cierto es que como afirma Germán Colmenares: "La conquista española y el sistema de la encomienda implantado enseguida tuvieron como efecto la desintegración de las sociedades indígenas americanas. La consecuencia más palpable de la ocupación española fue, sin duda alguna, la desaparición casi fulminante de vastas masas humanas allí en donde los conquistadores se iban asentando".
"El fenómeno de la desintegración social indígena (y creemos sus consecuencias demográficas), puede verse como lo sugiere Elman R. Service (127) en función de la relativa complejidad de los grupos aborígenes afectados por las relaciones impuestas a raíz de la conquista. El choque de dos culturas tuvo que producir desajustes violentos en aquella que, por su grado de evolución, estaba condenada a doblegarse frente a la cultura invasora".
Más adelante Colmenares, dice que "Juan Friede llega a sostener (128) refiriéndose sin duda a grupos de escasa evolución cultural, que en América no se cumplió un proceso de aculturación del indio sino que simplemente se le destruyó. Según este autor las leyes de la corona española que quisieron evitar este resultado no percibieron su causa real, la debilidad económica y política del indio. Esta debilidad era relativa. La exterminación indígena fue al menos más lenta allí donde pudieron darse formas de adaptación de la estructura social indígena a patrones culturales equivalentes (129).

CAPITULO I
12) MORALES PADRON. Historia del Descubrimiento y Conquista de América - Capítulo III. Puede leerse la Bula de Alejandro VI a los Reyes Católicos.
13) LEVILLIER. América la bien llamada, Buenos Aires, 1948 y Américo Vespucio. Madrid, 1966. ARCINIEGAS, Germán: Américo y el Nuevo Mundo. Bs. As, 1955.
14) CHAVES Julio César. Historia GeneraI del Paraguay. Asunción: Ed. Nizza, 1968. p. 31.
15) Instrucciones que dio el Rey, Mansilh, 24-XI-1514, Fernández de Navarrete - Tomo III. pp. 147-149. ibidem, ib. "Asiento que hizo el Rey con su piloto mayor Juan Díaz de Solís para ir con tres navíos a descubrir por la otra parte de Castilla de Oro (Arch. Gral. de Indias en Sevilla, legajo 9 de Relaciones y descripciones procedentes de Simancas).
16) FERNANDEZ DE NAVARRETE, Martín. Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles. Buenos Aires: Editorial Guarania, 1945 – T. III. pp. 150-1.
17) HERRERA: H.C.I. Década Segunda, Libro 1º, cap. VII (Herrera tuvo en su poder el "diario de a bordo" que se perdió), cit. Por Julio César Chaves, en "Historia General... pp. 31-33. En 1515 la Armada de Solís lleva de Factor a Francisco de Marquina, y de Contador, a Pedro de Alarcón, según refiere LEVILLIER, Roberto. "Correspondencia de los Oficiales Reales de Hacienda", Madrid, 1914, p. V. Una real Cédula recomienda en 1525 a Gaboto, para Tesorero de su Armada, a Gonzalo Nuñez de Balboa, en LEVILLIER, Ernesto "Correspondencia... Ibídem, ib. Ps. V.
18) PUIGGROS, Rodolfo. "Historia Económica del Río de la Plata". 5ed. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor S.R.L., 1974. p. 15.
19) DOMINGUEZ, Manuel. "Las Amazonas y el Dorado". Asunción: Talleres Nacionales de H. Krauss, 1902. pp. 6-7. Potosí – anota Domínguez–, se descubrió por los españoles recién en 1543 ó 1545. Pero el Porco fue explotado por los Incas y hasta se cree que lo fuera el mismo Potosí.
20) Alcazaba sólo fue nombrado gobernador y alguacil mayor.
21) Título de Gobernador y Capitán General expedido, en julio 19 de 1534 en REPUBLICA ARGENTINA, Anales de la Biblioteca VIII, Bs. As. 1912. El título de Adelantado en íd. ibid. 50. También en V.1 Sección Historia A.N.A.
22) Real Cédula de julio 19 de 1534, en ANALES DE LA BIBLIOTECA, VIII, 54 y en CCR, II, 59.
23) CARBIA, Rómulo. "Manual de Historia de la Civilización Argentina". Bs. As.
24) En "Documentos Históricos y geográficos relativos a la conquista y colonización rioplatense", T II. Buenos Aires, 1941, p. 17.
25) Volumen I - Nro. 1 - Sección Historia ANA. La capitulación de Mendoza puede verse en el T. VIII de los "Anales de la Biblioteca de Buenos Aires" pp. 28-35.
26) NONETZKE, Richard, "La emigración al Río de la Plata durante el siglo XVI" en Miscelánea americanista, III (Madrid, 1952), 297/353.
27) PUGGROS, Rodolfo. Historia... p. 17.
28) Testamento y Codicilio en D.H.G. III, 71 y 72.
29) SCHMIDL, Ulrico. "Derrotero y viaje al Río de la Plata y Paraguay. 1534 - 1554" Asunción: NAPA, 1983. Biblioteca Paraguaya. Edición dirigida y prologada por Roberto Quevedo. Por la redacción se nota la alusión a la pérdida de caballos en el mar pues, según nuestras investigaciones, Mendoza embarcó, fuera de los cincuenta yeguarizos propios, otros tantos de sus capitanes y oficiales castellanos y flamencos (EDMUNDO WERNICKE, "La Caballada del adelantado Mendoza en el misterio pampeano, en "La Prensa". Buenos Aires, año LXVII, Nº. 24.173. Primera edición de mayo 10 de 1936. p. 3. col. 2 a 6)
30) El trayecto seguido por García – dice J. C. Chaves – demuestra su amplio conocimiento de la tierra y haber escuchado bien a los indios. Ninguna ruta mejor que la elegida por él para avanzar del Atlántico a los contrafuertes andinos. Digamos que desde la costa hasta la zona donde se levantó Asunción, vino por la ruta que 20 años más tarde seguirá Alvar Núnez. Según Domínguez, Irala hizo buscar a Alvar Núñez con unos "indios por el camino que García vino" y por esa ruta llegó el adelantado a Asunción. Techo dice que Cabeza de Vaca siguió por tierra el camino que antes había llevado Alejo García. Cita de CHAVES, Julio César. "Descubrimiento y Conquista del Río de la Plata y el Paraguay". Asunción: Ed. Nizza, 1968. V. 1 de la Historia General del Paraguay. p. 40, llamada Nº. 51.
31) TECHO, Nicolás del: Historia de la Provincia del Paraguay de la Compañía de Jesús. V. I. cap. 1, cit. por CHAVES, Julio César en Descub.... ib. ib.
32) Diligencia I, ante indios. Pto. de los Reyes, 5-I-1543. A.G.I. (B) Nos. 907 y 908, cit. por Chaves, en Ibidem ib. p. 41.
33) Diligencia de I., cit. por Chaves, ib. ib. p. 44.
34) La Diligencia de I y los Com. de A.N. son ricos sobre este punto, acota Chaves, p. 44.
35) DIAZ DE GUZMAN, Ruy. Anales del Descubrimiento, Población y Conquista del Río de la Plata. Asunción: Comuneros, 1980. pp. 95-96.
36) Pizarro, estaba aún en Tumbez en 1527, navegaba hacia España en 1528, capitulaba con el Rey el 29 de julio de 1529 (Prescot, etc.). La conquista del Perú, es de 1532, Candia, Pedro Antunez, Gonzalo y Hernando Pizarro, fueron hacia Charcas, en 1538. En Chavez J. C. "Historia..." Ib. Ib.
37) Alvar Nuñez Cabeça de Vaca Nuñez le cruzó en 1541 - NUÑEZ CABEZA DE VACA, Alvar, escribano HERNANDEZ, Pero. Naufragios y Comentarios. Madrid: Espasa-Calpe, 1944
38) Gaboto empezó a navegar en el Río Paraguay el 31 de marzo de 1528.
39) Ayolas se lanzó al Chaco el 12 de febrero de 1537. MEMORIAL de Pero Hernández; Carta de Irala de 1545, etc.
40) DOMINGUEZ, Manuel. La Sierra del Plata - Primeros pasos de la Conquista. Asunción: Talleres nacionales de H. Krauss, 1904. p. 21.
41) PUIGROS, Rodolfo. Historia Económica del Río de la Plata. 5ed. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor S.R.L., 1974. pp. 15-16.
42) ALVAREZ, Juan. Ensayo sobre la historia de Santa Fe. Buenos Aires, 1912. pp. 35-36.
43) Anales de la Biblioteca. V. 8. p. LXXI.
44) CHAVES, Julio César. Descubrimiento. Cap. V.- Ibídem ib. p. 45.
45) ARCHIVO NACIONAL DE ASUNCION. Sección Historia, V. 14, Nº. 11. fs. 40 al 51.
46) SCHMIDEL, Ulrico. Derrotero y viaje al Río de la Plata y Paraguay. 1534 –1554. Con gráficos. Asunción: NAPA, 1983. (Biblioteca Paraguaya.) PP. 25-26.
Felix de Azara y algunos otros autores niegan que hubiera antropógafgos , lo que afirman casi todos los historiadores serios del tiempo de la conquista. Véase la obra de QUEVEDO, S. A. Lafone "El Río de la Plata y los Comedores de carne humana", Buenos Aires, 1897.
47) Carta de Isabel de Guevara. Asunción 2-VII-1556. A.G.I. B Nº. 1256,
48) Relación de la conquista del Río de la Plata hecha por Gregorio de Acosta. 1572? D.H.G., II, 488, cit. por CHAVES, Julio César, ibidem, ib. p. 94-95.
49) Información de Gonzalo de Mendoza. Colección Garay, p. 220.
50) Declaraciones de Salazar.
51) Carta de Hernando de Rivera.
52) CHAVES, Julio César. Ibídem ib. p. 124.
53) Carta del presbítero Andrada al C. de I., As. 1-III-1545, D.H.G. II, 415.
54) Información de Gonzalo de Mendoza. Revista del Instituto Paraguayo. Nos. 15, 16, 21. Año II Nº. 21, Octubre-Diciembre de 1899. Documento XXIII. PP. 205-208.
55) DIAZ DE GUZMAN, Ruy. Anales del Descubrimiento, Población y Conquista del Río de la Plata. Asunción: Comuneros, 1980. p. 90.
56) AGUIRRE, Juan Francisco. Diario del Capitán de Fragata... en Rev. de la Biblioteca Nacional. 18V. Buenos Aires, 1949. V. 2 Primera Parte. pp. 238, 242.
57) No he podido averiguar cuáles personas compusiesen la primera ciudad de la Asunción pero sí sabemos las del segundo Cabildo por la ordenanza siguiente, la que al mismo tiempo nos dice fue la Iglesia la primera casa capitular. Hicieron y mandaron guardar la ordenanza del día 7 de noviembre de 1544 los regidores Pedro de Molina, Domingo de Peralta, Felipe de Cáceres que lo era por Real Privilegio y Pedro de Aguilera, presidiendo el Teniente General Domingo de Irala, "estando ayuntados como lo han de uso y costumbre en la Iglesia Mayor de la ciudad".
58) Dice Gandía en su Nota 31 de su libro "Historia de la Conquista del Río de la Plata y del Paraguay", "Don Fulgencio R. Moreno en "La Ciudad de la Asunción", escribe que según documentos del Archivo Nacional del Paraguay, los dominios de Caracará, en cuyas tierras Salazar fundó la Asunción, hallábanse limitados al Sud por los de Cupiratí y Abambaré, y al Norte por los de Timbuaí"
59) Aunque el Acta de Fundación de la ciudad ha desaparecido, el nombre original aparece en documentos posteriores. Mayrerú y Moquiracé. Algo semejante escribe también Félix de Azara en su descripción e historia de la conquista del Paraguay. En nuestra "Historia del Gran Chaco" hemos citado numerosos testimonios que prueban que Salazar descendió a fundar la Asunción tal cual referimos en el texto (cf. la nota 4) en las págs. 91 y 92 de nuestra obra citada, con los testimonios del propio Salazar, de los testigos de la Información de Gonzalo de Mendoza, de Hernando de Ribera y otros, en total de treinta y cinco, que no vamos a repetir por hallarse en el lugar anotado. Aquí sólo agregaremos una cita desconocida: la carta de Francisco Galán a Rodrigo de Vera, del 1 de marzo de 1545, en la cual Galán escribe que Salazar "se abaxo e vino por este rio del Paraguay abaxo ciento e veynte leguas del dicho puerto de la candelaria y en concordia destos yndios carios asentó e hizo una casa de madera..." En la cita Nº. 32 del libro de Gandía que comentamos dice: "Manuel Domínguez en "La fundación de Asunción" y "El primer problema de los orígenes", y nosotros en nuestra "Historia del Gran Chaco", hemos agotado todo cuanto se refiere a la fundación de la Asunción hecha por Juan de Salazar de Espinoza y no por Ayolas ni Irala, conforme afirmaron livianamente algunos historiadores indocumentados. Luego Gandía trae el testimonio del clérigo Francisco de Andrada, ya citado.
Así se dice en la información de Gonzalo de Mendoza (que ya citamos). También Francisco Ruiz Galán en su información atestigua que Juan de Salazar al llegar a Buenos Aires le dijo que "dejaba fecha una casa en el dicho río Paraguay fuerte con yndios muy amigos de los cristianos". Ambas citas (1) y (2), en el libro de Enrique de Gandía "Historia de la Conquista del Río de la Plata y del Paraguay" Buenos Aires: Librería de A. García Santos, 1932. pp. 64-65.
60) MORENO, Fulgencio R. La Ciudad de la Asunción. 2ed. Asunción: Casa América. Morenos Hnos., 1968. p. 9.
61) MORENO, Fulgencio R. Cont.... como puede verse en Archivo Nacional dirigido por el Dr. Manuel Dominguez, Nº. III. p. 115.
62) MORENO, Fulgencio R. La Ciudad de la Asunción. ibidem, ib. p. 10.
63) MORENO, Fulgencio R. La Ciudad de la Asunción. ibidem, ib. p. 19.
64) MAEDER, Ernesto J. A. La Población del Paraguay en 1799. El Censo del Gobernador Lázaro de Ribera. Estudios Paraguayos. V. 3 Nº. 1, 1975. p. 73, cita a GIURIA, Juan. La Arquitectura en el Paraguay, Buenos Aires, 1950, LAFUENTE MACHAIN, Ricardo. La Asunción de Antaño. Buenos Aires, 1943, con reproducción del plano publicado por Azara; MORENO, Fulgencio. La Ciudad de Asunción. Asunción, 1968.
65) No así Manuel Domínguez, en el Chaco Boreal, Asunción, 1925. pp. 121-143 y Enrique de Gandía, en Historia del Gran Chaco. Madrid 1929. pp. 191-192 e Indios y Conquistadores en el Paraguay. Buenos Aires, 1931. p. 42. Estos autores interpretaron en forma correcta la documentación del Archivo Nacional de Asunción.
66) A.N.A. Archivo Nacional de Asunción. Actas Capitulares. Colección copias. Nº. 2 f. 135. Versión modernizada.
67) 1 legua colonial = 6,349,20 m. Véase Ricardo Zorraquín Becú. La Organización. p. 113.
68) Ordenanza creando el Cabildo y regimiento para cuidar del Gobierno de la Ciudad de Asunción. 16 de setiembre de 1541 en MACHAIN, R. Lafuente. El Gobernador Irala. Bs. As., 1939. p. 393. AGUIRRE, Juan Francisco. Discurso Histórico. Bs. As.- México, 1947. Documento IV. pp. 197-201. VILLAMIL, Manuel Peña. La fundación del Cabildo de la Asunción. Antecedentes históricos y jurídicos. Asunción, 1969. p. 121. El original del documento se encontraba en el Archivo Nacional de Asunción y se considera perdido. En la segunda mitad del siglo XVIII Juan Francisco Aguirre lo copió, adjuntándolo al tomo II de su Diario. El manuscrito de Aguirre que abarcaba una enorme masa documental en seis volúmenes fue entregado en 1815 a la Real Academia de la Historia de Madrid. Una copia del manuscrito se encuentra en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Véase CARDOZO, Efraím. Historiografía Paraguaya. V. 1.
69) Real Provisión del 16 de diciembre de 1617 emitida por Felipe III en Madrid, en Archivo de la Nación Argentina, Epoca Colonial, Reales Cédulas y Provisiones (1517-1662). Buenos Aires, 1911. pp. 110-112. Actas del extinguido Cabildo de Bs. As. 1908 Tomo IV.
70) MORENO, Fulgencio R. La Ciudad de Asunción. Buenos Aires, 1926. p. 170.
71) KRUGER DE THOMAS, Hildegard. Asunción y su área de influencia en la época colonial. en Revista Estudios Paraguayos. 1978. V. 6 Nº. 2. pp. 33 ss.
72) GARCIA, Juan Agustín. La Ciudad Indiana. Buenos Aires: Eudeba, 1964. pp. 46,47.
73) LEVENE, Ricardo. Investigaciones acerca de la Historia Económica del Río de la Plata. V. 1. La Plata, Argentina, 1927. pp. 111-112.
74) Se sabe que la Casa de Contratación, o Casa de las Indias, como se le ha llamado también, fue el órgano de la colonización en los comienzos, al punto de que resumía en sí, el ejercicio de altas funciones económicas, judiciales y las relacionadas con la ampliación de las exploraciones.
75) FERNANDEZ DE NAVARRETE. Colección de los viajes... p. 193.
SUSNIK, Branislava. Los aborígenes del Paraguay. IV. Cultura Material. Asunción, Paraguay: Museo Etnográfico "Andrés Barbero", 1982. pp. 56-58.
76) GONDRA, Luis Roque. Historia Económica de la República Argentina. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1943. pp. 60, 61.
77) RIVAROLA PAOLI, Juan Bautista. Historia Monetaria del Paraguay. Asunción: Editorial El Gráfico, 1982. Cap. I. p. 11 ss.
78) PERAMAS, José Manuel. La República de Platón y los Guaraníes. Buenos Aires: Editorial Emecé, 1946. p. 175.
79) OTS CAPDEQUI, José María. Manual de Historia del Derecho Español en las Indias y el Derecho propiamente Indiano. Buenos Aires: Editorial Losada, 1945. p. 309.
80) CABEZA DE VACA, Alvar Nuñez. Los Comentarios. Separata de la Revista del Instituto Paraguayo. Sin pie de imprenta. p. 12.
81) FERNANDES, Florestan. Antecedentes indígenas: organização social das tribus Tupís. Historia Geral da Civilização Brasileira. T. I. Livro Segundo. São Paulo, 1960. Cap. II. p. 82. (Difusão Européia do Livro).
82) AGUIRRE, Juan Francisco. Diario... Documento Quinto. p. 243. Copiado de su original.
83) PARISH, Woodine. BUENOS AIRES y las Provincias del Río de la Plata. Librería Hachete, 1957. pp. 72-73.
84) MORENO, Fulgencio R. La Ciudad de Asunción. Bs. As., 1926. p. 24.
85) AGUIRRE, Juan Francisco. Diario... Nota al pie de la pag. 243.
86) A.N.A. Volumen Nº. 549. Nueva Encuadernación. Año 1577.
87) Actas del Cabildo de Santa Fe, en "La Historia del Trabajo en la ciudad vieja". ZAOATA GOLAN, Agustín, en "Investigaciones y Ensayos". Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, Enero - Junio, 1980. p. 354.
88) Para la Historia de la Moneda, ver nuestro trabajo "Historia Monetaria del Paraguay", Asunción: Editorial el Gráfico, 1982. 601 p.
89) Asunción, 8 de junio de 1543, en LAVILLIER, "Correspondencia de los Oficiales Reales de Hacienda", Madrid, 1915. p. 70.
90) MORENO, Fulgencio R. Páginas de Historia Económica del Paraguay. En revista "El Economista Paraguayo", Asunción, Marzo de 1910.
91) MORENO, Fulgencio R. Estudio sobre la Independencia del Paraguay. Asunción: Talleres Gráficos de Casa America S.A.I.C., 1976. p. 336.
92) Ch. El P. Antonio Ruiz de Montoya. Conquista Espiritual..., etc. Fol. 98.
93) Ch. Se trataba en especial, de la de Guayrá.
94) CHARLEVOIX, Pedro Francisco Javier de. Historia del Paraguay. Traducida al castellano por el P. Pablo Hernández. Tomo I. Madrid: Librería General de Victoriano Suárez, 1910. pp. 30, 31.
95) CHAUNU, Pierre. Seville et L’Atlantique. París, 1959. Tomo 8, V. 1, p. 510.
96) HAMILTON, Earl J. American Treasure and the Price Revolutión in Spain 1501-1650. Cambridge, Mass, 1934. (Colección Harvard Studies)
97) VILLAR, Pierre. Oro y moneda en la historia, 1450-1920. 2ed. Editorial Ariel, Enero de 1981. (Colección Demos).
98) HAMILTON, Earl J. American Treasure and the Price Revolutión in Spain 1501-1650. Cambridge, Mass, 1934. (Colección Harvard Studies)
99) Para una ilustración más amplia ver nuestro trabajo "Derecho Monetario", Asunción: Editorial Litocolor S. R. L., 1984. pp. 51-54.
100) CHAUNU, Pierre. Seville et L’Atlantique. París, 1959. VIII 1 (Les structures) y VIII 1-2. pp. 14 ss.
101) HAMILTON, Earl J. El tesoro americano y el florecimiento del capitalismo. En "El florecimiento del capitalismo y otros ensayos de historia económica." Madrid, 1948. pp. 10 ss.
Cit. por COLMENARES, Germán. Historia económica y social de Colombia 1537-1719. 3ed. Bogotá: Ed. Tercer Mundo, 1983. pp. 259-260.
102) SAUER, Carl O. The Early Spanish Main. Berkeley and Los Angeles. pp. 23, 34.
103) JARA, Alvaro. Tres ensayos sobre economía minera hispanoamericana. Santiago de Chile, 1966. pp. 24, 32.
104) COLMENARES, Germán. Historia económica y social de Colombia 1537-1719. 3ed. Bogotá: Ed. Tercer Mundo, 1983. p. 261.
105) Archivo Nacional del Paraguay, Volúmen 58, Nº. 12. (Documento en versión literal actualizada por mi padre, Tte. Cnel. Dr. Juan Bautista Rivarola Bogarín.
106) RIVAROLA BOGARIN, Juan Bautista. La Ciudad de la Asunción y la Cédula Real del 12 de setiembre de 1537. Una lucha por la Libertad. Asunción, 1952, pp. 32-33. Escritura que envía a S. M. el Theniente de Governador de la Provincia del Río de la Plata (1538). Documento en Colección Garay. p. 33.
107) Nació en el año 1506, en la Villa de Irala, Distrito de Vergara, Provincia de Guipúscoa y Señorío de Viscaya. Era hijo de don Martín de Irala y de doña María de Toledo Albisúa.
108) A.N.A. Archivo Nacional de Asunción. Volumen Nº. 1 - Nº. 9 - Sección Historia.- fs. 7 al 9.
Volumen Nº. 1 - Nº. 10 - S.H. Título de Teniente de Gobernador para Alvar Núñez, Madrid, 15 de abril de 1540, fs. 9 y 10.
109) HERRERA. Historia General. VIII, lib. 2, cap. IX.
110) CARDOZO, Efraím. Apuntes de Historia Cultural del Paraguay. Asunción: Editora Litocolor S.R.L., 1985. p. 150. (Biblioteca de Estudios Paraguayos. Volumen XI)
111) Nos refiere CHAVES, en su ob. cit. que "Se ha querido ver en la deposición del adelantado una dúplica de la revolución comunera de España, cuya trascendencia en América, no ha sido bien estudiada hasta hoy. Nada más absurdo, más falso. Es cierto que Alvar Nuñez, Pedro Hernández y algunos de sus partidarios llamaron "Comuneros" a sus enemigos para desacreditarlos. En un incidente Carci Benegas – iralista – dice de Pedro de Molina: "bien han dicho que este es un bellaquillo, rapaz comunerillo" (A.G.I. B), Nº. 10-25.
Esa afirmación no tiene base, pues los oficiales reales sostuvieron que se habían rebelado porque Cabeza de Vaca pretendía hacerse "Rey y Señor de la tierra". Es imposible usar por un lado las armas para sostener al Rey y alentar por otro lado, los principios de los comuneros que se irguieron frente a Carlos V. en España. Por su parte, fray Juan de Salazar, dice en una de sus cartas que la deposición de Alvar Núñez, se realizó "con gran alboroto y RUIDO de los comuneros", no queda sino una base: que el barco que llevó a España al gobernador depuesto se llamó "Comuneros", según la lista de los que vinieron en la carabela Comuneros en compañía de los oficiales Alonso Cabrera y Garci Benegas a sustentar la prisión y echar de la provincia del Río de la Plata al Gobernador Alvar Núñez...". Del documento se desprende que el término "Comuneros" está usado peyorativamente". pp. 180 ss.
112) GANDIA, Enrique de. Historia de la Conquista del Río de la Plata y Paraguay... Ibídem, ib. pp. 127, 128. El propio Gandia (cita 80), expresa que Alvar Núñez dice en la "Respuesta a la provisión y capítulos della que le notificó el Contador Felipe de Cáceres", que "todo se ha fecho muy contra de la devida caridad y Real servicio solamente por vuestro particular e privado ynterés e de vuestros consortes syn que aya especial capítulo que en alguna ynstrucción os mandase lleuar quinto el pescado que los conquistadores e pobladores con tanto trauajo e gasto de sus personas matan para se alimentar e cueros y venados y manteca y miel e otras cosas desta calidad que aun con mucha miseria e trauajo no les alcanza a alimentar e mantener e se bestyr lo qual rescatan de los yndios con sus propios dineros", por todo lo cual "yo no deuo ni dar ni daré lugar que lleneys como aueys lleuado syn licencia de Su Magestad ny syn se lo hazer saber el quinto de semejantes cosas pues os consta ser conta toda ley divina e umana". Agrega que ese género de imposición no se encuentra en ninguna otra parte de las Indias, y que mientras "no me mostraredes cláusula especial en que os mande Su Magestad ymponer los tales derechos... yo no dare en ninguna manera lugar que por via de costumbre pues yndebidamente, vos ni los dichos vuestros consortes lleueys quintos de los tales mantenimientos".
113) A.N.A. Volumen 319. N.E. (Nueva Encuadernación). Sentencia de 1ª. Instancia.
114) DIAZ DE GUZMAN, Ruy. Anales del Descubrimiento, Población y Conquista del Río de la Plata. Asunción: Comuneros, 1980. p. 172.
115) A.N.A. Título de Gobernador para Domingo Martínez de Irala. V. 1. S.H. (Sección Historia) Nº. 13. fs 11 y 12 del año 1552.
116) DIAZ DE GUZMAN, Ruy. Anales del Descubrimiento... Ibídem, ib. pp. 213, 214.
117) AZARA, Félix de. Descripción e Historia del Paraguay y del Río de la Plata". Madrid, 1847. Tomo II. pp. 149, 150.
118) LAFUENTE MACHAIN, Ricardo de. El Gobernador Domingo Martínez de Irala. p. 544.
119) LAFUENTE MACHAIN, Ricardo de. El Gobernador Domingo Martínez de Irala. pp. 511-524.
120) ALBERDI, Juan Bautista. Escritos. Buenos Aires, 1895. Tomo I. p. 3.
121) AGUIRRE, Juan Francisco. Diario... Tomo II. Primera Parte. p. 120.
122) SUSNIK, Branka J. El rol de la Iglesia en la educación indígena colonial. Asunción, 1975. V. 3. Nº. 2. pp. 147-174. (En Revista "Estudios paraguayos".)
123) La obra de VARGAS MACHUCA "Milicia y descripción de las Indias" dedica parte del libro IV al análisis de la colonización. Normas y pareceres sobre cómo ha de verificarse la población quedan expuestos en estos apartados.
124) "Aportación de los colonos españoles a la prosperidad de América. (1493-1600). Madrid: Publicaciones de la Dirección General de Acción Social y Emigración. Ministerio de Trabajo y Previsión., 1929.
125) MORALES PADRON, Francisco. Los conquistadores de América. Madrid: Espasa-Calpe S.A., 1974. pp. 69, 70. (Colección Austral).
126) OTAVIO, Rodrigo. Os salvagens americanos perante o direito. São Paulo: Companhia Editoria Nacional, 1946. p. 83, 84. (Brasiliana, V. 254).
127) SERVICE, Elman R. Indian-European Relations in Colonial Latin America. En Theory in Antropology. Chicago, 1968. p. 285.
128) FRIEDE, Juan. Los Andaki (1538-1947). Historia de la aculturación de una tribu selvática. México-Buenos Aires, 1953. p. 120.
129) COLMENARES, Germán. Historia Económica... Ibídem, ib. pp. 40, 41.
COLECCIÓN:
Tratado de Historia Económica del Paraguay.
© Juan Bautista Rivarola Paoli
Edición al cuidado del autor
Talleres gráficos de Editora Litocolor
Versión digital:
BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY
Asunción, Paraguay, 1986.
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Amplio resumen de autores y obras
de la Literatura Paraguaya.
Poesía, Novela, Cuento, Ensayo, Teatro y mucho más.

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