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lunes, 16 de mayo de 2011

VÍCTOR I. FRANCO - GENERAL PATRICIO ESCOBAR (ORÍGENES, ADOLESCENCIA Y ASCENSOS - CERRO CORÁ - EL POLÍTICO - EL LAUDO HAYES - LA MUERTE) / Editorial EMASA, 1974




GENERAL PATRICIO ESCOBAR
DE LA ACADEMIA PARAGUAYA DE LA HISTORIA
Editorial EMASA
Asunción – Paraguay
1974 (177 páginas)



GENERAL PATRICIO ESCOBAR
P R Ó L O G O

         Desde los años dorados de la adolescencia conocí a Víctor Ignacio Franco. De inteligencia despejada, trabajador y de bondadoso espíritu, estudió con tesón, no obstante la lucha ingrata por mantener el decoro en el diario vivir. Nada le detuvo en su noble aspiración de enriquecer sus conocimientos. Así fue ascendiendo la escala de los cursos académicos, tanto en el cielo secundario como en el universitario. Doctor en Medicina y Cirugía, se dedicó al ejercicio de su profesión con altruismo, mitigando el dolor y prodigando generosamente el tesoro de su capacidad a los enfermos necesitados y desvalidos.
         Pero este trabajo que ocupó y ocupa gran parte de sus horas, no le impidió seguir estudiando, ponerse al día en su especialidad de brillante traumatólogo y dedicarse a otras manifestaciones de la inteligencia. Víctor Ignacio Franco no solamente es un médico sino también un ilustrado humanista.
         Impulsado por su constante inquietud cultural estudió la personalidad del sabio y eminente publicista español GREGORIO MÁRAÑON, médico, profesor universitario, ensayista, conferenciante y erudito historiador. Fruto de ello fue el libro que entregó a la estampa, intitulado "GREGORIO MARAÑON: EL GRAN MEDICO HUMANISTA".
         En los últimos años, por otro lado, Franco se especializó en el estudio de historia del Paraguay, durante el lustro que duró la guerra contra la Triple Alianza. Sus horas de descanso empleó, para profundizar el conocimiento de aquel trágico pero glorioso período de nuestro pasado. A su dedicación se debe una rica serie de monografías, en las cuales desfilan las más heroicas figuras que honraron a la Patria, defendiéndola hasta el supremo sacrificio de sus vidas.
         En varias de estas monografías, publicadas en el diario "LA TRIBUNA", Franco se refirió al GENERAL PATRICIO ESCOBAR, rindiendo justicia a este glorioso soldado de la epopeya de 1864-1870, injustamente olvidado por las nuevas generaciones.
         PATRICIO ESCOBAR fue uno de los épicos guerreros que acompañó al Mariscal Francisco Solano López desde la Campaña de Corrientes hasta el trágico final de Cerro Corá. Alistado en Cerro León como soldado llegó al grado de Coronel al término de la guerra. Su trayectoria de soldado está aureolada por proezas singulares, figurando a la par de los más aguerridos paladines como Elizardo Aquino, Pantaleón Balmaceda, José María Bruguez, Basilio Benítez, José Matías Bado, Bernardino Caballero, Remigio Cabral, Avelino Cabral, José Eduvigis Díaz, José María Delgado, Bernardino Denis, Pedro Duarte, José María Fariña, Ignacio Genes, Pedro V. Gill, Antonio Luís González, Manuel Antonio Giménez –Cala’á-, Zoilo González, Pedro Hermosa, José Dejesús Martínez, Francisco José Vicente Mongelós, Romualdo Núñez, Florentín Oviedo, Francisco Pereira, Francisco Isidoro Resquín, Francisco Roa, Valois Rivarola, Germán Serrano, Felipe Toledo, Eduardo Vera, José Vallovera, y otros valientes, merecedores de la admiración y el reconocimiento de la posteridad.
         Puede afirmarse que el momento estelar de la vida de PATRICIO ESCOBAR estuvo en el famoso pasaje del estero Ypecuá, después del desastre de Lomas Valentinas. La historia debe recordarle como el "HEROE DE YPECUA".
         Luego de vadear dicho estero con un insuperable sacrificio, ESCOBAR se presentó al Mariscal López en Azcurra ostentando once heridas. ¡Qué ejemplo de lealtad, de heroísmo y de amor a la Patria!
         Y así siguió la marcha penosa de nuestro Ejército a través de las selvas, bosques y montañas, realizando nuevas hazañas que adornan su guirnalda de Héroe. No decayó en la cruzada, no le venció el peso del infortunio y llegó a Cerro Corá.
         Pero sus servicios a la Patria no terminaron con la guerra contra la Triple Alianza. Después de la gran tragedia comenzó otra etapa de su vida, la del político y la del gobernante.
         Como político fue el hombre de consejo, tolerante, respetuoso de las leyes y siempre dispuesto a hacer el bien a propios y extraños, teniendo siempre como norte de sus acciones el bienestar de la Nación. No persiguió a sus compatriotas.
         Como gobernante desempeñó la presidencia de la república en el período constitucional de 1886 - 1890 dando término completo a su mandato. Si grande fue como guerrero también fue grande en la obra de reconstrucción de la Patria. En esta noble labor nada tiene que envidiar a los que en una u otra forma, contribuyeron también al renacimiento de esa Patria destruida por la implacable saña del los enemigos. Su obra de gobierno es proficua y de indudable progreso para el país. ¡PATRICIO ESCOBAR fue un GUERRERO y un RECONSTRUCTOR!
         El libro de Franco nos presenta todas las facetas de la ilustre personalidad del GENERAL PATRICIO ESCOBAR en las diversas etapas de su larga existencia. La obra está escrita en estilo claro y, acertado juicio crítico. Presenta, además, un acopio interesante de datos éditos e inéditos, fruto de una paciente investigación. Su importancia surge de la lectura de sus capítulos. Con el "GENERAL PATRICIO ESCOBAR" Víctor I. Franco presta un brillante servicio a la historiografía nacional rindiendo justicia a uno de los ciudadanos más esclarecidos de la República.



CAPITULO I
ORÍGENES, ADOLESCENCIA Y ASCENSOS

         Patricio Escobar nació el 17 de marzo de 1843, en San José de los Arroyos, en un paraje denominado "Caagüy-Ruguá", en una modesta y humilde choza campesina; fueron sus padres don José Escobar y doña Ana Bella Cáceres.
         Era de cutis blanco, tostado por el sol de las serranías y campos de San José, de cabellos negros, ojos chicos también de colores negros. Aprendió las primeras letras en la escuela primaria de su pueblo natal.
         En el año 1864, a los 21 años de edad, sentó plaza en el ejército, presentándose en el "Campamento de Armas" de Cerro León, cuyo comandante era el General Wenceslao Robles; le acompañaron sus hermanas y un hermano de nombre Andrés.
         Alistado en el arma de infantería, partió con las tropas bajo el mando de Robles a la expedición de Corrientes... "Y en esos primeros encuentros con el enemigo, fue donde hizo su bautismo de sangre y probó el valor y temple de guerrero. En estos combates parciales efectuados por la columna expedicionaria, de cuyas penalidades y fatigas participó Patricio Escobar, es donde adquirió méritos para obtener ascensos. Por su noble y valerosa conducta, llamó la atención de sus jefes, que vieron en él, el joven de porvenir, que sólo pedía a la suerte la ocasión para cambiar la bayoneta del soldado por la espada de general".
         De regreso de la Campaña de Corrientes a Humaitá, ascendió a Cabo 1º, el 1° de mayo de 1866, y el 2 del mismo año actuó en la batalla de Estero Bellaco, bajo las órdenes del Teniente José María Zelada, que comandaba el Batallón 36 de infantería, en cuya acción murió su comandante, quien recibió una herida en la frente. Después de esta batalla ascendió al grado de Sargento el 4 de mayo. Actuó en la batalla de Tuyuti, librada el 24 de mayo de 1866. Combatió luego en la de Sauce Boquerón, los días 16, 17 y 18 de julio de 1866 de una manera sobresaliente, distinguiéndose por su temeridad y arrojo.
         La victoria de Curupayty -22 de Setiembre de 1866- donde lució su valor personal y su empuje, le valió el ascenso a Teniente Graduado (Alférez) el 24 del mismo mes y año. Dice el Coronel Crisóstomo Centurión: "Cosa rara. La victoria de Curupayty, no fue conmemorada con grandes ascensos, o con recompensas especiales de honor. Sólo hubo algunos ascensos entre las clases subalternas en su mayor parte: El Mayor Fernández, a Teniente Coronel, el del Sargento Escobar del Batallón 36 (hoy general), a Alférez; el del Sargento Agustín Cañete del Batallón 7 (actual Ministro de Hacienda), a Alférez; el del Sargento Gorgonio Rojas, a Alférez y de otros cuyos nombres no tengo presente".
         "Después de la victoria de Curupayty, el único oficial que fue ascendido, fue el Comandante del Batallón 27, el Mayor Juan Fernández. Los otros ascendidos fueron Sargentos: Patricio Escobar, Agustín Cañete y Gorgonio Rojas, todos del arma de infantería. Estos eran los hombres que no durmieron desde el 4 de setiembre hasta el 22, que arrastraron piezas, que abatieron árboles, que abrieron la greda, que regaron con su sudor heroico la tierra de la victoria".
         Después de recibir este ascenso pasó a prestar sus servicios en el Gran Cuartel General de Paso Pucú, designado Ayudante de Campo del Mariscal Presidente Francisco Solano López. Concordante con su modestia y sencillez personal, escribió una carta a una señora para comunicarle el haber sido honrado con la designación de Ayudante del Mariscal. La carta dice: "Cuartel General de Paso Pucú, diciembre 4 de 1867. Señora D. Ramona: al cabo de tiempo me cabe la honra de felicitar la importante vida de Ud. y participarle al mismo tiempo de la mía, que hasta el presente no he tenido ninguna novedad a Dios gracias, también le doy a saber que estoy con S. E. el Presidente en clase de Ayudante de Orden en el Cuartel General. Ud. servirá ordenarme como hijo propio en lo que considera útil. Reciban los más cordiales recuerdos de mi parte. Fdo.: Patricio Escobar. Hay una rúbrica".

ASCENSOS

         Respecto a los ascensos a los grados superiores, firmados por el Mariscal y el Ministro de Guerra y Marina, los despachos son dignos de mención: legibles hasta la fecha, fueron escritos de puño y letra con tinta negra, sobre cueros de ovejas, rasurados y firmemente planchados, conservando su tersura y su brillante color blanco nacarado, como perfectos pergaminos.
         Los despachos fueron conservados y guardados por su hermana, Bonifacia, dentro de un estuche también de cuero, y, terminada la guerra los trajo desde Cerro Corá, hasta donde acompañó a su hermano Patricio. Las otras hermanas fallecieron en el transcurso de la guerra, como también su hermano Andrés, que murió combatiendo. Doña Bonifacia dejó de existir en Asunción, el año 1914, conocida familiarmente con el nombre cariñoso de la tía Boní y con quien se crió el benjamín de los hijos: don Luís, señor de prosapia y de abolengo que hasta ha poco tiempo vivía en su casona de la época colonial, conocida con el nombre de la Casa de las Virgen de la Asunción, practicando las virtudes heredadas de su padre.
         Al dorso de los despachos se leía el juramento que con dos testigos firmaba el galardonado juntamente con la persona en cuyas manos se prestaba el juramento.
         2º Ascendió a Sub-Teniente 2° el 28 de julio de 1867, dado en el Cuartel General de Paso Pucú, firmado por el Mariscal y Vicente Barrios; prestó juramento en manos del mismo General Vicente Barrios.
         3° A Teniente 2°, el 14 de setiembre de 1867, dado también en Paso Pucú, y firmado por los citados anteriormente, y cumpliendo el juramento correspondiente.
         4° El ascenso a Teniente 1º, en el curso de la guerra se le extravió. Es el único que falta en la colección.
         5º A Capitán, el 29 de abril de 1868, en el Cuartel General de San Fernando, firmado por el Mariscal y el Secretario General de Campaña Luís Caminos. Prestó el juramento en manos del Brigadier Francisco Isidoro Resquín.
         Transcribo el texto de un despacho: "EL CIUDADANO FRANCISCO SOLANO LOPEZ, PRESIDENTE DE LA REPUBLICA Y GENERAL EN JEFE DE SUS EJERCITOS. Atendiendo a la idoneidad y servicios de mi Ayudante de Campo Teniente 1° de Infantería ciudadano Patricio Escobar, le nombró Capitán de la misma arma, con los honores, sueldos, excenciones y privilegios que corresponde a este grado, con cargo del juramento nacional que prestará en manos del Brigadier Resquin y de que se tomará razón de esta Patente en la oficina correspondiente. Cuartel General de San Fernando, abril 29 de 1868. FRANCISCO SOLANO LOPEZ. El Secretario General de Campaña LUIS CAMINOS. Hay un sello que dice: República del Paraguay. Presidente. En el centro el escudo nacional".
         El juramento se lee en el dorso del documento: "En el mismo día, mes y año, yo el infrascrito Brigadier General de la División del Sud, hice comparecer al ciudadano Patricio Escobar, nombrado Capitán de la misma arma por el Supremo Despacho que antecede del Excmo. Señor Mariscal Presidente de la República y General en Jefe de sus ejércitos, y le recibí el juramento nacional para entrar en posesión de su nuevo empleo y para constancia firma conmigo el promovido y dos testigos presenciales: Firmados: Francisco Isidoro Resquín. Patricio Escobar. Tgo.: Vicente Barboza. Tgo.: Nolasco Norja". El ascendido respondía: "Juro a Dios y a la Patria de defender y conservar la integridad, la libertad, soberanía e independencia de la República y de proceder fiel y legalmente en el empleo".
         6° A Sargento Mayor, el 24 de noviembre de 1868, dada en el Cuartel General de Pikysyry, firmado por el Mariscal y el Oficial 1° de Secretaría Juan Manuel Palacios. El juramento se realizó en la misma forma que el anterior.
         7° A Teniente Coronel, el 8 de enero de 1869, en el Cuartel General de las Cordilleras -Azcurra- con las firmas como el anterior despacho. En éste figura el nombramiento que le otorgó el Mariscal, en Azcurra cuando llegaba con las once heridas recibidas en Lomas Valentinas, y luego de cruzar el estero de Ypecuá: de "Caballero de la Orden Nacional del Mérito". El juramento prestó en manos del General Francisco Isidoro Resquín.
         En el Campamento de Azcurra, el Mariscal formó las nuevas divisiones de su ejército, para marchar hacia Cerro Corá, las que llevaron los nombres de sus respectivos jefes: División Caballero: 5 Regimientos; División Franco: 3 Batallones; División del Valle: 3 Batallones; División Carmona: 3 Batallones y División ESCOBAR,: 4 Batallones.
         8º . Su último ascenso en el curso de la guerra contra la Triple Alianza, recibió el 16 de octubre de 1869, dado en el Cuartel General de Tandey, firmado por el Mariscal y el Ministro de Guerra y Marina Coronel Luís Caminos. Prestó el juramento en manos del General de División Francisco Isidoro Resquin. En el despacho figura su designación como Ayudante de Campo del Mariscal.
         Con el grado de Coronel llegó a Cerro Cora, cayendo prisionero el 19 de marzo de 1870. Los brasileños lo condujeron a Río de Janeiro.
         Después de la guerra; en la era constitucional fue ascendido al grado de General de Brigada el 16 de julio de 1874 por decreto firmado por el Presidente de la República Salvador Jovellanos, y a General de División el 6 de julio de 1876, firmado por el Presidente Juan Bautista Gill. En esta fecha formaba parte de los gabinetes en el cargo de Ministro de Guerra y Marina de ambos presidentes.


 

CAPITULO VII
CERRO CORÁ

         El Coronel Escobar había quedado encargado con su división de conducir las carretas que quedaron rezagadas por el pantanoso camino del Chirigüelo. Estando en este lugar, fue sorprendido por una columna brasileña de caballería, cuyo jefe le dijo: que el Mariscal había muerto y que, por lo tanto, debía rendirse y darse por prisionero. Escobar, con serenidad y presto aún al sacrificio y a dar la vida por la Patria, le contestó con altivez: "No me rendiré, sino después de recibir la confirmación por un oficial paraguayo de la muerte del Mariscal". En ese preciso momento llegaba al lugar el Teniente Villalba -antiguo ayudante del Mariscal- quien le refirió que: "Acababa de presenciar, subido en un árbol la muerte del Mariscal, y que éste, momentos antes de su inmolación, lo había despachado con una orden para el General Francisco Roa, de que apresurara la marcha a Cerro Corá, pues los aliados se acercaban a aquel lugar".
         Ante esta confirmación Escobar ya no dudó. Con la tristeza del soldado leal, del combatiente heroico, anonadado, pero no vencido, y estando todavía con fuerza y patriotismo, ordenó a los componentes de su escaso y heroico resto de su división, de formar pabellones con las armas, y dirigiéndose con serenidad, con la frente alta, con voz serena y firme, expresó "que con sus tropas se entregaba como prisionero".
         Entre tanto, marchaba Roa desde Punta Porá, aproximándose al lugar donde se encontraba acampado Escobar, en calidad de prisionero de guerra. Deseando éste evitar a Roa una estéril resistencia, púsose de acuerdo con el jefe brasileño de la custodia para avisar al General Roa, que el Mariscal había muerto y que se acercara a él. Comisionó con este objeto a su ayudante, el Alférez Camilo Zoloaga con doce jinetes.
         En el momento en que éste conversaba con el General Roa, llegó un píquete brasileño. El General Roa solo, se dirigió entonces al monte. Seguidamente el General José Antonio Correa da Cámara -más tarde Mariscal y Vizconde de Pelotas- despachó una comisión el 2 de marzo de 1870, al mando del Mayor Vasco Acevedo Fleitas que llevaba de vaqueano a Andrés Gaona, con destino a la costa del Amambay, en donde se encontraba el Coronel Delvalle que había partido de Panadero el mismo día. Cuando la comisión llegó al lugar en donde se encontraban las carretas y los cañones del resto de la artillería del General Roa, éste salió del monte para darse por prisionero, sin ofrecer resistencia y en la firme convicción de la caballerosidad del enemigo triunfante; pero sin tener en cuenta el ofrecimiento hecho, fue cruelmente asesinado por orden del jefe brasileño.
         En una nota escribe el Coronel Centurión: "Cámara ofreció primero a Escobar la comisión de acompañar a dicha comisión como baqueano, pero se excusó diciendo: "que había jurado no tomar armas nunca contra su patria". Esta contestación le mereció la recompensa de dos días de arresto; en lugar de él fue Gaona (Andrés)". "...El General Roa, no fue muerto en el campo de batalla, como asegura en su parte el General Cámara".


CAPITULO IX
EL POLÍTICO

         Hemos visto que terminada la tragedia de Cerro Corá, el Coronel Patricio Escobar fue conducido prisionero a Río de Janeiro.
         Vuelto a la patria en el año 1871, se dedicó a las rudas tareas de los yerbales del lejano Tacurú-Pucú, habilitado por una mano amiga. En este honrado trabajo está el origen de la modesta posición que dejó a sus hijos, acrecentada por esfuerzos que personalmente realizaba y que no abandonó hasta la víspera de su muerte.
         Por su probidad y honradez llegó a ocupar el cargo de Administrador del establecimiento de los yerbales, y cuando abandonó este cargo para dirigirse a la Capital, recordó a un amigo que en la guerra fuera su Alférez en su misma División, Silvano Franco, respetable señor, oriundo de Barrero Grande -hoy Eusebio Ayala- a quien entregó la Administración.
         En la era constitucional, durante la presidencia de su amigo, Silvano Franco, fue su colaborador desde una banca del Congreso Legislativo. Qué ejemplo de lealtad, y qué reciprocidad en el culto de la verdadera amistad!
         En el curso de la post-guerra, Patricio Escobar sentía en su corazón y alma de patriota, que debía trabajar en la reconstrucción de la Patria desolada, en la que aún flotaba en su cielo azul, el humo de la pólvora, y se caminaba sobre las cenizas que dejaron los invasores, contemplando el espectáculo de las ruinas, y sintiendo las secuelas del despojo, del saqueo, del robo y de las violaciones de nuestras mujeres por las fuerzas imperiales de ocupación.
         Su participación en la política comienza con este episodio, relatado por el Dr. César Gondra. "Es curioso el suceso, que lo determinó a abandonar sus quehaceres campestres y lo arrastró a tomar parte en las luchas políticas en que se debatía el país después del 70.
         "Un improvisado Capitán N...... cayó, por los lugares en que, el entonces Coronel Escobar, se encontraba ocupado en sus trabajos rurales. Iba a objeto de reclutar gente para el gobierno.
         "Este, imbuido de todos los prejuicios del oficialismo de la época, contra los que pelearon en defensa de la patria; y, envalentonado con sus extraordinarias facultades, hizo arrear como a cincuenta ciudadanos trabajadores, de los que apenas salvaron de la guerra que acababa de terminar.
         "Todos fueron llevados ante él; y allí, después de informarse de las condiciones, procedencia, etc., de cada uno, los dividió en Compañías, haciéndoles formar de a dos en fondo.
         "Ustedes", dijo después, a dos que eligió de cada grupo, "serán el uno, el Sargento y el otro el Cabo", "y... los demás soldados. Ahora, marchen para aquel galpón, hasta mañana!
         "En esto, se adelantó de las filas, uno de los sindicados para soldado, el que, dirigiéndose al infatuado oficial, le dijo, en el tono más humilde posible: Señor, yo tengo un grado militar, soy el Coronel de la Nación Patricio Escobar: no puedo aceptar está puesto en que Ud. me coloca. Vaya a la fila, o sino.. . !
         "El Oficial no concluyó la frase. El Coronel Escobar, se plantó frente a la tropa, y les dijo: Ustedes me conocen, son mis compañeros de ayer síganme... El Capitán fue maniatado y remitido a la Asunción a lomo de mula, con una carta explicativa de lo ocurrido.
         "Ese día, nació quizá el primer revolucionario en el Paraguay, de la época que se ha dado en llamar constitucional; y, seguramente, un político más "malgré lui", a la usanza de entonces. Perseguido por aquel hecho, tuvo que alistarse entre los que combatían el orden de cosas constituidas".
         Durante la primera magistratura de la nación de Salvador Jovellanos, ocurrieron los siguientes sucesos políticos: una revolución encabezada por el General Bernardino Caballero contra el ministro Benigno Ferreira, primeramente en la Capital el 18 de junio de 1873, y finalmente en Tuyutí -departamento de Villa Rica- siguió el movimiento armado promovido por Juan Bautista Gill desde el exilio. La revolución estalló en el mes de diciembre de 1873 y fue organizada por Bernardino Caballero, Cándido Bareiro, Germán Serrano, Patricio Escobar, Ignacio Genes, Juan B. Egusquiza, José Dolores Molas, Juan Alberto Meza, Cirilo Antonio Rivarola, los coroneles: Olmedo y Quintana, el mayor Juan P. López. Se estableció en Carapeguá el Cuartel General.
         Después de esta revolución, el 19 de febrero de 1874 hasta el 31 de marzo del mismo año, el Coronel Escobar ocupó la Jefatura de Policía, siendo ministro del interior el General Bernardino Caballero.
         En cuanto al símbolo rojo de la "Asociación Nacional Republicana" (Partido Colorado), dice Carlos R. Centurión:
         " ...hemos podido averiguar el siguiente episodio, que tal vez explique su origen. La revolución encabezada por Cándido Bareiro y Bernardino Caballero, en 1873, tuvo su epílogo en un paraje llamado "Tuyutí", en el departamento de Villarrica o Guairá. Antes del combate, las fuerzas revolucionarias fueron formadas en la actual "Plaza Libertad" de Villarrica a fin de ser revistadas por los jefes de la revolución.
         "Según afirma Cipriano Ocampos, soldado de aquella parcialidad, pocos momentos antes de la revista apareció el entonces Coronel Patricio Escobar, quien expresó a la tropa la necesidad de adoptar un distintivo que pudiera diferenciar a cada una de sus componentes de los "Acá - Morotí" (Cabeza blanca), comandados por Benigno Ferreira ministro del Interior. El Coronel Escobar opto por el color rojo. A ese efecto mandó requisar y apoderarse de todo género de ese color existente en la ciudad guaireña. Repartido entre los soldados, éstos se colocaron en forma de pañuelos en el cuello y como cintillo en el sombrero de paja. Tal el origen simbólico del actual distintivo partidario".
         Existe otra versión sobre el distintivo, que no viene al caso mencionar.
         El 27 de julio de 1885 se llevó a cabo en la capital una gran reunión de ciudadanos en la Plaza Libertad a objeto de constituir un club electoral llamado a organizar la primera campaña comicial. Se constituyó la entidad con la denominación de "Club del Pueblo", con la siguiente comisión directiva, compuesta de ciudadanos de todas las tendencias: Presidente: Dr. Benjamín Aceval; Vicepresidente: Sr. Fernando Saguier; Secretarios: Señores Cecilio Báez y José Ayala; Vocales: Sr. Cirilo Solalinde, Rosendo Carísimo, José Urdapilleta, José María Fretes, Emilio Aceval, Mateo Collar, Ignacio Ibarra, Felipe Torrens, Antonio Taboada, Juan B. Egusquiza, Héctor F. Decoud, Dr. Alejandro Audivert; Señores: Francisco Rivas, Antonio Zayas, Juan Bautista Rivarola, Antonio Codas, Marcos Morínigo, Salvador Herreros, José J. Goiburú, Abdón Alvarez, Rodolfo Saguier, Cleto Romero, Ángel Benítez, Inocencio Franco, Jesús María Carrillo y Pedro V. Gill.
         Acto seguido, la nueva Comisión Directiva procedió a elegir los candidatos presidenciales para el quinto período constitucional, siendo designados por unanimidad el General Patricio Escobar y don Benjamín Aceval, para la integración del binomio; pero éste declinó el honor y propuso a José del Rosario Miranda para completar la fórmula.
         El "Club del Pueblo" aceptó la indicación del señor Aceval y proclamó el nombre de ambos eminentes ciudadanos como candidatos a Presidente y Vicepresidente de la República para el quinto período constitucional.
         "En aquella oportunidad el prestigioso vocero de la opinión pública, "La Democracia" dirigido por su fundador, el periodista Ignacio Ibarra, dedicó un elogioso artículo a Miranda, el cual puede considerarse como fiel expresión del pensamiento popular. Al hacer pública la proclamación de los candidatos, el "Club del Pueblo" organizó una manifestación que llegó hasta la casa particular del general Escobar y de José del Rosario Miranda. Fue entonces que el ex-convencional pronunció un elocuente discurso".
         En un opúsculo titulado "El General de División Patricio Escobar", al final de la biografía dice: "APÉNDICE. En la síntesis biográfica del General de División don Patricio Escobar, que antecede; se dijo que se lo había llevado a la Primera Magistratura de la Nación, por el voto de los pueblos de la República, es decir, por el voto de sus conciudadanos, sin distinción de ideología política alguna, toda vez que en aquella época no existían partidos políticos organizados. Pero el año siguiente de su Presidencia, el 2 de julio de 1887, secundó el PARTIDO_LIBERAL para hacer la oposición a su Gobierno, acontecimiento que determinó al General Escobar a llamar a sus amigos y camaradas con quienes actuara en la revolución que había estallado el año 1874 contra el Gobierno de don Salvador Jovellanos, que salió triunfante en el combate librado con las tropas leales en "Campo Grande" y que terminó con el acuerdo o pacto celebrado entre el Gobierno y el Comité de la Revolución, constituido por los señores Bernardino Caballero, Patricio Escobar, Ignacio J. Genes, Germán Serrano, Cándido Bareiro y otros, habiéndose firmado el acta respectivo el 16 de febrero de aquel año. A estos amigos y compañeros fue que llamó el General Escobar, para comunicarles que acababa de fundarse un partido político de oposición al Gobierno y que, en consecuencia, consideraba necesario y urgente fundar, cuanto antes posible fuere, un partido que lo respaldara, que debía servir de apoyo y sostén de su Gobierno, en vista de la fundación del PARTIDO LIBERAL. Entonces fue que, de inmediato, se puso manos a la obra, y el 11 de Setiembre de 1887, se fundó oficialmente el partido político que debía servir de apoyo y sostén al Gobierno del General Patricio Escobar, apenas transcurrido dos meses y nueve días de la fundación del partido opositor. El partido del Gobierno que se fundó, recibió la denominación de "ASOCIACION NACIONAL REPUBLICANA", con el agregado de: "Partido Colorado", porque sus fundadores fueron los ex-revolucionarios del año 1874, quienes adoptaron como distintivo de sus soldados una boina o bonete colorado, para diferenciarlos de las tropas leales que usaban una boina o bonete blanco. De aquí provino la denominación de "Acapyta", con que se los distinguían a los revolucionarios y a las fuerzas del Gobierno.
         De este modo fue como el Presidente de la República, General de División don Patricio Escobar, tuvo como respaldo de su Gobierno a la poderosa Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado), que fue el Partido Oficial del Gobierno".
         Toda la ciudadanía tenía fe en el General Escobar que iba a asumir la primera magistratura de la Nación. Así como fue un brillante visionario en sus concepciones guerreras, también prometía ser en la paz; pero sus concepciones ya no serán planes de guerra, sino de bienestar, de creaciones, de realizaciones, de sabias directivas para el encauzamiento del trabajo y del progreso en la empresa patriótica de la reconstrucción del país. 
         Este Héroe, que sobresalió por su valor en los cinco años de la cruenta guerra contra la Triple Alianza, supo servir también en la paz con honradez acrisolada y rectilínea conducta durante veinte y dos años, siete meses y veinte días, desempeñando con alto patriotismo, los siguientes cargos: Jefe de Policía de la Capital, desde el 19 de febrero de 1874 hasta el 31 de marzo del mismo año. Ministro de Guerra y Marina desde el 1° de abril de 1874 hasta el 6 de mayo de 1879 y desde el 12 de agosto de 1904 hasta el 17 de octubre del mismo año.
         Presidente de la República en el quinto período constitucional, desde el 25 de noviembre de 1886 al 25 de noviembre de 1890 (período Ííntegro). Senador de la Nación desde el 1° de abril de 1891 hasta el 31 de marzo de 1897 y desde el 1° de mayo de 1889 hasta el 12 de agosto de 1904.
         El General Escobar, es el único ciudadano que ocupó la cartera de Guerra y Marina en cinco períodos constitucionales, e interinó en tres períodos la cartera de Justicia, Culto e Instrucción Pública.
         Ministro de Guerra y Marina en los siguientes gobiernos: Durante la presidencia de Salvador Jovellanos, 30 de marzo a 25 de noviembre de 1874. En la presidencia de Juan Bautista Gill, 25 de noviembre de 1874 a 12 de abril de 1877. A la muerte del presidente Gill, siendo presidente Higinio Uriarte, el General Escobar ocupó el Ministerio de Guerra y Marina desde el 12 de abril de 1877 a 25 de noviembre de 1878. En la presidencia de Cándido Bareiro desde el 25 de noviembre de 1878 a 7 de marzo de 1879. En la presidencia de Juan Antonio Escurra, interinó el Ministerio de Guerra y Marina desde el 12 de agosto de 1904 y ejerciéndolo en efectividad desde el 23 de setiembre al 17 de octubre de 1904.
         Interinó el Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, durante la Presidencia de Salvador Jovellanos, desde el 7 de junio a 25 de noviembre de 1874. Durante la presidencia de Juan Bautista Gill, desde el 18 de junio hasta el 15 de noviembre de 1875; y, en el mismo período, desde el 7 de diciembre al 20 del mismo mes de 1875.


CAPITULO X
DEVOLUCIÓN DE LOS TROFEOS POR EL URUGUAY

         Corría el año 1885. Luís Freire Esteve en su obra: "El Paraguay Constitucional" 1870-1920, escribe: "Otro acontecimiento de gran significado para el Río de la Plata tuvo lugar en el mes de mayo; la devolución de los trofeos conquistados por los ejércitos orientales en la guerra con el Paraguay, bajo solemne decreto del Presidente Máximo Santos, en nombre del gobierno y del pueblo uruguayo.
         "La nación entera se puso de pie, trasportada de la emoción que produjo en su espíritu aquel altísimo tributo del pueblo hermano, que ya recientemente nos condonara las deudas de guerra.
         "El Congreso dictó una ley autorizando al P.E. a dirigirse oficialmente en nombre de la República del Paraguay al gobierno oriental, significando la gratitud imperecedera del país y a la noticia de haber zarpado de la rada de Montevideo la cañonera GENERAL ARTIGAS, portadora de las reliquias históricas devueltas al Paraguay, el P.E. lanzó el siguiente decreto.
         "Decreto sobre recepción de los trofeos. Habiéndose comunicado oficialmente que el Gobierno de la República oriental del Uruguay ha determinado devolver los trofeos de guerra que posee, y con el fin de verificar la recepción de estas reliquias con toda la solemnidad que requiere un acontecimiento de ese género, notable por su rareza en la vida de los pueblos, y de manifestar al mismo tiempo la expresión de gratitud y simpatía a que el Pueblo y el Gobierno Oriental se han hecho acreedores con la Nación Paraguaya por ese nuevo acto de nobleza y de generoso desprendimiento que honra en alto grado a aquella República hermana: El Presidente de la República, acuerda y DECRETA:
         Artículo 1°. Inmediatamente de fondeada en el puerto de Asunción la Cañonera Oriental que conduce a su bordo la comisión portadora de los trofeos, será saludada por la plaza con veinte y un cañonazos y el himno oriental ejecutado por la banda de música, izándose la bandera de aquella nacionalidad en el asta bandera de la Capitanía del Puerto y arriándose la bandera nacional mientras dure la salva.
         Artículo 2°. El día designado para el desembarco de los trofeos, una Comisión especial se trasladará a bordo de la cañonera oriental hasta el Palacio de Gobierno. Dicha Comisión se compondrá como sigue: Miembros del Superior Tribunal de Justicia, D. José del Rosario Miranda, Dr. D. Alejandro Audivert  y D. Mateo Collar; Senadores: General D. Patricio Escobar, D. José González Granados y D. Juan Giménez; Diputados: D. José T. Sosa, D. Santiago Cardozo y D. Ildefonso Benegas; Presidente de la Municipalidad de la Asunción, D. Cirilo Solalinde, Director del Colegio Nacional, Dr. Benjamín Aceval; Presidente de la Junta de Crédito Público, D. Francisco Guanes; Administrador General de Aduanas, D. Ángel Benítez; Administrador General de Correos y Telégrafos, D. Manuel Ávila; Fiscal General del Estado, D. Juan G. Centurión; Defensor General de Menores, D. José Gaspar Vera; Director del Banco Nacional del Paraguay, Dr. Emilio Aceval y ciudadanos D. José de León y D. Pedro V. Gill.
         Artículo 3º. Al desembarcar las reliquias, la cañonera nacional Pirapó empavesada hará una salva de veinte y un cañonazos.
         Artículo 4°. El batallón de infantería de línea con su correspondiente banda de música se constituirá al puerto a solemnizar el acto del desembarco. La banda ejecutará el himno nacional al tiempo de llegar en tierra las reliquias y se rendirán los honores correspondientes al pasar las banderas por delante del batallón; y formándose éste en columnas por mitades, acompañará hasta el Palacio de Gobierno, donde habrá una guardia de honor con banda de música que ejecutará igualmente el himno nacional a la entrada a la plaza de Gobierno.
         Artículo 5°. El Presidente de la República, acompañado de los Ministros del P.E., el Vice-Presidente de la República, S.E. Ilustrísima Sr. Obispo Diocesano, el Clero Nacional, los funcionarios del Estado y el Jefe de las diversas reparticiones públicas se hallarán presentes en el Palacio de Gobierno para el acto de la recepción.
         Artículo 6°. La plaza de armas hará una salva de veinte y un cañonazos en el acto de verificarse la recepción en el Palacio de Gobierno.
         Artículo 7°. Se invitará oportunamente y por donde corresponda a las Corporaciones Civiles, al Colegio Nacional, Seminario Conciliar, Escuelas Municipales y particulares y al pueblo en general a concurrir al puerto a objeto de solemnizar el acto del desembarco de las reliquias y a acompañarlas hasta el Palacio de Gobierno.
         Artículo 8°. Terminada la ceremonia las reliquias se depositarán provisoriamente en el Ministerio de Guerra.
         Artículo 9°. Una Comisión se encargará de organizar la marcha del acompañamiento y de disponer lo conveniente para que el acto se verifique con toda la solemnidad requerida. Esta Comisión se compondrá de los siguientes ciudadanos: D. Francisco Rivas, D. Pedro P. Caballero, D. Dionisio Loizaga, D. Cecilio Sáez, y D. Fernando Riquelme.
         Artículo 10°. Declarase feriado para las Oficinas Públicas y sus dependencias el día señalado para la entrega de los trofeos.
         Artículo 11°. Comuníquese y dese al Registro Oficial. Fdos.: CABALLERO. JUAN A. MEZA. PEDRO DUARTE. AGUSTIN CAÑETE. JUAN G. GONZALEZ".
         Sigue diciendo Freire Esteves: "Varias comisiones fueron constituidas oficialmente para organizar la recepción de los Comisionados Orientales que venían con el GENERAL ARTIGAS y que eran las siguientes personalidades: General Máximo Tajes, Ministro de la Guerra del Uruguay, Dr. Carlos de Castro, D. Lindoro Forteza, Clodomiro Arteaga, y D. Nicolás Granada. En la tarde del 30 de mayo, la GENERAL ARTIGAS fondeaba en la bahía de Asunción.
         "Toda su trayectoria en el litoral, había sido solemnemente consagrada por la apoteosis nacional. Las poblaciones en masa, hombres y mujeres, acogían, con lágrimas en los ojos, aquella delegación nunca vista en los anales del mundo, que venía a restañar las heridas de un drama americano en el viejo solar del Paraguay despedazado por la guerra.
         "Tocóle al pueblo de Asunción, hacer las veces de toda la República, y prodigarse a los emisarios del gesto magnánimo en las más grandiosas protestas de gratitud. El gobierno lanzó un decreto especial, fijando el día 31 para el desembarco de los trofeos y su recepción oficial. El puerto de la capital se convirtió en una inmensa colmena donde se agolpaban, sin distinción, todas las clases sociales, a participar del loor popular a los hechos orientales. Pronto transcendieron otros detalles, más sugestivos, del acontecimiento.
         "Súpose, que, momentos antes de zarpar de Montevideo la nave de los trofeos, el Presidente Santos estuvo a despedir la histórica Comisión, pronunciando en esa oportunidad una arenga en que evocaba las cenizas de Artigas que el Paraguay a su vez, había restituido -decía- a su tierra nativa; eran, pues, más hondas para el gobierno oriental las raíces de aquella confraternidad, que databan de las horas brumosas del nacimiento de la República y no precisamente del repentino discernimiento de las nuevas generaciones sobre el significado de la guerra con la Triple Alianza.
         "Han de citarse las notas culminantes de aquel cuarto de hora de comuniones estrechas y vasto desahogo de un pueblo reconocido: fueron declarados ciudadanos paraguayos por el Congreso el Presidente Santos y sus Comisionados a la República, y nombrado aquél, General Honorario del Ejército Nacional; una Legación permanente quedó acreditada ante el gobierno oriental, designándose Ministro para desempeñarla al Sr. Juan J. Brizuela; la plaza San Francisco, que se arregló en esos días, se bautizó para lo sucesivo con el nombre de PLAZA URUGUAYA, amén de suntuosas fiestas ofrecidas por el gobierno y la alta sociedad en honor de los señores Comisionados.
         "Finalmente llegó el retorno de la GENERAL ARTIGAS y la Comisión. La escena a que ella dio lugar, pudo dejar pálido todo cuanto anteriormente se había desarrollado en el país con motivo de la devolución de los trofeos. Otra monstruosa manifestación popular se había citado en el puerto, a despedir a los orientales. El Presidente de la República; todos los altos dignatarios; las damas más graneadas de la época; toda la población movible de la ciudad, hombres, mujeres y niños hicieron acto de presencia; y allí, cambiados los últimos discursos, cerrólos, como una explosión de la multitud, un VIVA AL PRESIDENTE SANTOS!, proferido en persona por el primer magistrado.
         "La cañonera Pirapó y el cuartel de la Plaza, dispararon veinte y un cañonazos, al descender éste de la ARTIGAS, y rato después, zarpaba la nave aclamada por el pueblo paraguayo, entre vítores indescriptibles, no sin arrancar lágrimas de todos los ojos los saludos de despedida de sus jefes y soldados.
         "Quedaba como reguero de los Comisionados orientales, otro gesto que ha de librarse del olvido: una oblación a la sociedad de Beneficencia, con cuya Presidenta, Sra. Carmen Gill de Cordal, cambiaran, con este motivo, notas de alta gentilidad, y otra, a la Presidenta de festejos sociales, Sra. Rosa Peña de González, con las cuales, se echaron las bases del actual Asilo de Mendigos de la Asunción".


CAPITULO XIII
EL LAUDO HAYES

         En virtud del tratado de límites del 3 de febrero de 1876, firmado entre el Paraguay y la Argentina, se estipuló que el derecho al territorio comprendido entre el Río Verde y el brazo principal del Pilcomayo, inclusive la Villa Occidental, sería sometido a la decisión definitiva de un fallo arbitral, siendo designado para el efecto al Presidente de los Estados Unidos de América. Para representar al Paraguay ante el gobierno de Washington, el de Asunción, nombró, por decreto del 2 de agosto, al Doctor  Benjamín Aceval, enviado extraordinario y Ministro Plenipotenciario. El 20 de marzo de 1878 el Dr. Aceval entregó en persona al Presidente de los Estados Unidos de América, la memoria y los documentos relativos a nuestros derechos sobre el territorio en litigio.
         Ocho meses después, el 12 de noviembre, el árbitro dio su fallo, que resultó favorable a los derechos del Paraguay.
         El laudo dice así: "Legación de la República del Paraguay. RUTHERFORD B. HAYES, Presidente de los Estados Unidos de América. A todos los que la presente concierne. Salud. Por cuanto, de conformidad al Artículo 4° del contrato de límites entre la República Argentina y la República del Paraguay, de 3 de febrero de mil ochocientos setenta y seis, se estipuló que la propiedad o derecho al territorio comprendido entre el Río Verde y el brazo principal del Pilcomayo, inclusa la Villa Occidental, sería sometida a la decisión definitiva de un fallo arbitral.
         Que, por el artículo 5° del mismo instrumento, las dos Altas Partes Contratantes, convinieron en elegir al Presidente de los Estados Unidos de América como Arbitro para resolver sobre el derecho de posesión al territorio mencionado. Que las Altas Partes Contratantes han dirigido sus invitaciones al árbitro dentro del término estipulado, invitaciones, que fueron aceptadas por él, y que así mismo han presentado á su debido tiempo las memorias y documentos, títulos, mapas, citas, referencias y todos los antecedentes que consideran favorables a sus derechos, conforme a lo convenido en los artículos VI y VIII.
         Por tanto, hago saber que yo, Rutehford B. Hayes, Presidente de los Estados Unidos de América, habiendo tomado en debida consideración las referidas exposiciones y documentos, vengo en decidir por la presente que la expresada República del Paraguay tiene legal y justo título a dicho territorio situado entre los Ríos Pilcomayo y Verde, así como a la Villa Occidental comprendida dentro de él: en consecuencia, vengo en adjudicar por la presente a la expresada República del Paraguay el territorio situado entre el Río Verde y el brazo principal del Pilcomayo, incluso la Villa Occidental. En fe de lo cual, he firmado la presente de mi mano y hecho sellar con el sello de los Estados Unidos. Dada en triplicado en la ciudad de Washington, a los doce días del mes de noviembre del año de Nuestro Señor  de mil ochocientos setenta y ocho y centésimo tercero de la Independencia de los Estados Unidos de América". (L.S.) R. B. Hayes. Por el Presidente: Wn M. Evarts, Secretario de Estado. Conforme: J. T. Sosa. Secretario".
         Intenso fue el regocijo nacional al conocerse la noticia. En el mes de mayo regresó de Estados Unidos, el Dr. Benjamín Aceval, siendo portador del laudo.
         En la Capital se constituyó una comisión popular especial de nacionales y extranjeros, con el objeto de organizar la recepción de homenaje a la llegada de nuestro plenipotenciario.
         Cuando el barco que lo conducía apareció frente al Mangrullo -en esa época una necrópolis, hoy Parque Carlos Antonio López- los periódicos lanzaron boletines, globos aerostáticos que se elevaron en el puerto con la general alegría del público. Este tributó su cálido homenaje con nutridos aplausos al viajero. La comisión, acompañada de numerosa comitiva, se embarcó en una lancha para conducir al Dr. Aceval a tierra, donde se le dispensó un caluroso recibimiento, las ovaciones se repitieron con entusiasmo, se pronunciaron discursos, y un grupo de selectas damas de la sociedad le hizo entrega de una hermosa guirnalda de flores naturales; la ciudad fue embanderada en su honor y por la noche hubo una profusa iluminación.
         Para la toma de posesión del territorio reconocido, el gobierno de la República, por decreto de fecha 13 de mayo nombró una comisión, como consta en el acta, que dice: "Acta de las Comisiones". Estando de acuerdo los Excmos. Gobiernos de la República Argentina y del Paraguay, el primero en entregar y el segundo en recibir la "Villa Occidental", sita en los territorios del Chaco, con aquella extensión que se determina en el laudo que dio el Presidente de los Estados Unidos de América en el arbitraje que fue sometido a su fallo, S. E. el Sr. Presidente de la República Argentina se sirvió autorizar al Secretario Gobernador Interino de los Territorios del Chaco, Dr. D. Luis Jorge Fontana, para practicar la diligencia de entrega, y el Señor Presidente de la República del Paraguay, a los señores D. Patricio Escobar, Dr. Benjamín Aceval y Don Higinio Uriarte, para la recepción.
         "En consecuencia, y habiéndose trasladado las comisiones a la "Villa Occidental" acaban de llevar a efecto el acto de entrega y recepción hoy catorce de mayo de mil ochocientos setenta y nueve, y el gobernador de los territorios del Chaco, ha hecho saber en forma oficial a los habitantes de la "Villa Occidental" la diligencia practicada, y que desde este momento están bajo el imperio de las leyes paraguayas y la autoridad de esa República, tanto la villa como el territorio que el laudo determina. En fe de lo cual se ha extendido la presente acta, que es firmada por las comisiones argentina y paraguaya en dos ejemplares, uno para cada una de ellas, para los fines consiguientes: HIGINIO URIARTE, BENJAMIN ACEVAL, PATRICIO ESCOBAR, LUIS JORGE FONTANA".
         Después de dar cumplimiento a lo estipulado en el acta antecedente, los comisionados elevaron al Ministro del Interior la siguiente nota: "Asunción, mayo 16 de 1879. Señor Ministro: La comisión especial nombrada por decreto del P. E. de fecha 13 del corriente, para tomar posesión del territorio reconocido como paraguayo por el arbitraje de Washington y de la Villa Occidental (hoy Villa Hayes) en él incluida, tiene el honor de dirigirse al señor Ministro dando cuenta del cometido. Embarcada el día designado, 14 del corriente, a bordo de la cañonera Fernández Viera de la escuadra brasilera, llegó a dicha Villa y fue recibida en la plaza por el señor Secretario Gobernador Interino de los territorios del Chaco, doctor Don Luis J. Fontana y conducida al edificio de la Gobernación.
         "Tan pronto como los comisionados de ambos gobiernos se pusieron de acuerdo sobre los términos del acta que debía levantarse de la entrega y toma de posesión respectiva, se encaminaron a la plaza donde estaba enarbolada la bandera argentina, siendo las 12 horas del día. Una vez allí, y formadas las fuerzas paraguayas y argentinas, se hizo una salva de veinte y un tiros de cañón y la bandera argentina fue bajada por el mismo señor Secretario, Gobernador Interino, después de haber pronunciado breves pero elocuentes palabras alusivas al acto de entrega de aquel territorio. Inmediatamente después, la bandera nacional fue izada por los miembros de la comisión paraguaya, y saludada por otra salva de veinte y un tiros de cañón, pronunciando el Dr. Aceval un breve discurso a nombre de la comisión. Acto continuo, y al pie de la misma asta en que estaba enarbolada la bandera de la patria, fue firmada en dos ejemplares, el acta de la toma de posesión, cuyo original tiene la honra de adjuntar, para qué se sirva ponerlas en mano del ciudadano presidente de la República. Dichos ejemplares han sido también firmados por varios de los señores que estaban presentes que quisieron poner su nombre al pie del documento en que consta ese acto solemne.
         "La comisión no puede terminar esta nota, sin hacer presente al señor Ministro, la manera cortés y delicada con que fue atendida durante los viajes de ida y vuelta, tanto por el señor Vasconcellos, encargado de negocios del imperio, cuanto por el señor comandante y oficialidad del FERNANDEZ VIEIRA. Con tal motivo, tiene el honor de saludar al señor Ministro con su distinguida consideración. PATRICIO ESCOBAR, BENJAMIN ACEVAL, HIGINIO URIARTE. Al Señor Ministro del Interior, GENERAL DON BERNARDINO CABALLERO".
         Como si fuera un conjunto armonioso, este acto de enaltecedora significación coincidió con la gloriosa fecha de nuestra emancipación, y ese día de resplandor patriótico se enarboló la bandera tricolor en el mástil reluciente en reemplazo de la insignia azul y blanca; fue un día realmente de júbilo para la patria y de triunfo de la justicia americana. Una Ley del Congreso, sancionada y promulgada por el P. E. en fecha 13 de mayo -día antes de la recepción- dispuso que el territorio nacional del Gran Chaco, comprendido entre el Río Pilcomayo y Bahía Negra se denominara, DEPARTAMENTO  OCCIDENTAL, y que la Villa Occidental debía ser la cabeza de ese departamento y la residencia de sus autoridades con la denominación de VILLA HAYES como homenaje de reconocimiento al eminente hombre que regía entonces los destinos de la gran república del norte. El eminente Manuel Gondra, refiriéndose a la justicia americana se expresó en estos brillantes términos: "HAY ALGO MAS GRANDE Y PODEROSO QUE LA ESCUADRA DE LOS ESTADOS UNIDOS, Y ES LA JUSTICIA DE LOS ESTADOS UNIDOS".
         Una estatua, con el busto del Dr. Benjamín Aceval, se yergue con señorial prestancia a la orilla del río epónimo, como vigía perenne para recordar a las generaciones el reconocimiento del pueblo paraguayo y el respeto a la majestad de la justicia.

CAPITULO XXVI
LA MUERTE

         Terminada la revolución de 1904, Escobar se retira de la vida pública y poco se le ve ya fuera de su casa.
         Entrado en años, alternaba su estancia, habitando en su casona de la Calle 25 de Noviembre esquina General Díaz, o en su quinta en la Avenida José Félix Bogado, casa que existe hasta hoy en el fondo de las instalaciones de "Radio Guaraní" y conocida por mucho tiempo con el nombre de "Quinta Escobar", igual que su amigo, cuya residencia se conocía con el nombre de "Quinta Caballero", hoy convertida en un Parque.
         Cuando el General Bernardino Caballero enfermó se recogió esta conmovedora versión de todos conocida: Cuentan testigos y familiares que cuando el General Caballero se sentía morir, mandó a otro amigo a decir a Escobar estas palabras: "oimé ye, la ne amigo omanota, jha ndereyata". Escobar, que estaba también enfermo, en su casa de la calle 25 de Noviembre, y próximo a la muerte, le hizo contestar: "Eré Caballero pe, dentro de poco nde seguita la ne amigo".
         El General Caballero falleció el 26 de febrero de 1912, y a escasos cincuenta y dos días, el 19 de abril de 1912, siendo las doce y minutos de la tarde, moría el General Escobar, con ellos desaparecieron dos reliquias del pasado glorioso y con los mismos los últimos generales que con fidelidad acompañaron al Mariscal Francisco Solano López hasta el final heroico de Cerro Corá.
         Los restos mortales del gran soldado fueron conducidos por disposición del Gobierno al Palacio Nacional, donde fueron velados con los honores correspondientes.
         Un público de todas las clases sociales desfiló constantemente ante la capilla ardiente; todos guardaban un profundo silencio y en sus rostros se reflejaba la tristeza y el dolor ante la desaparición del eminente ciudadano, del héroe y del presidente que con honestidad y patriotismo dirigió los destinos de la Nación en el período legislativo de 1886 a 1890.
         Los veteranos de la guerra grande, sus antiguos camaradas, sus soldados que llegaron con él hasta Cerro Corá, se hicieron presentes en el momento supremo y todos derramaron lágrimas ante el féretro del desaparecido. Delegaciones del interior del país también se hicieron presentes en ese instante postrero.
         Un diario de la época, "EL IMPARCIAL", de fecha 22 de abril de 1912, se ocupó de las exequias del General Escobar. Transcribo la crónica que decía:


EL ENTIERRO DEL GENERAL PATRICIO ESCOBAR

IMPONENTE CEREMONIA

LOS DISCURSOS

         "Las tropas argentinas de desembarco son aclamadas por el pueblo. El entierro del General Patricio Escobar, que se efectuó ayer, ha exteriorizado en todos sus detalles la intensidad del duelo público causado por la muerte del ilustre guerrero.
         "Todas las clases sociales se confundieron en una misma elocuentísima manifestación de pesar. Ya en el velatorio se había puesto de relieve la unanimidad del sentimiento público, pues durante toda la noche del sábado y la mañana del domingo en que el cadáver permaneciera en la capilla ardiente instalada en el Palacio, fue enorme la cantidad de gente que acudió a velar los despojos del veterano.
         "La capilla ardiente estaba adornada con sencillez, como correspondía a la existencia que llevó el que debía velarse en ella. Seis soldados uniformados de gran gala hicieron guardia de honor al cadáver durante todo el tiempo que permaneció en el palacio. El cadáver lucía las medallas de Tuyutí, de la Orden Nacional al Mérito de la Orden de Simón Bolívar y otras.

AL SALIR EL FERETRO

         "A la hora señalada por la invitación, un gran público se aglomeraba en los alrededores del Palacio con el objeto de presenciar la ceremonia. El centro de la ciudad presentaba en ese momento una animación extraordinaria. De todos los barrios afluían a las calles por donde debía pasar el cortejo, numerosas caravanas de personas que acudían a ver el desfile, o tomar parte en él.
         "El ataúd fue instalado en una cureña tirada por dos hermosas yuntas de caballos enjaezados de luto. La bandera nacional cubría el féretro.
         "Una banda de músicos precedía al cortejo, ejecutando marchas fúnebres. Presidían el duelo los hijos del extinto de parte de la familia, el Presidente de la República y sus Ministros de parte del gobierno y los señores Rodríguez Santos, O'Leary, Gondra de parte del Partido Nacional Republicano. Estaban también en la comitiva de honor los ministros de Bolivia, del Uruguay, del Brasil, de Inglaterra, de Francia, de Alemania y de Italia; los secretarios de Legación; los Cónsules; el Almirante O`Connor y su Estado Mayor; el Comodoro brasileño y su Estado Mayor, y un gran número de funcionarios públicos. Una enorme muchedumbre prolongaba el cortejo por varias cuadras dando al acto un imponente acto popular.

LA MARCHA

         "La comitiva se puso lentamente en marcha, tardando alrededor de una hora en llegar al Belvedere.

EN EL BELVEDERE

         "Un público inmenso aguardaba en el Belvedere la llegada de la comitiva. Los trenes estaban ya dispuestos y muchos coches llenos de gente ya, no obstante de haber salido momentos antes varios convoyes.

A LA RECOLETA

         "No sin muchas dificultades se organizó la marcha y enseguida los trenes emprendieron viaje a la Recoleta. Los coches iban atestados de gente. Muchos hicieron el viaje de pie en los estribos.

LOS MARINEROS ARGENTINOS

         "Tendida la línea de parada frente a la Recoleta, la marinería argentina aguardaba la llegada de la comitiva. Llegó ésta y la voz del Teniente de Fragata Sáenz Valiente que mandaba la columna vibró dando la orden de presentar armas. Con la más perfecta regularidad cumplió la tropa la orden y ante el homenaje de los fusiles en alto, cuyas bayonetas brillaban al sol, descendió de un coche el cadáver del General Escobar.

EN EL CEMENTERIO

         "En el Panteón Militar, donde reposan los servidores ilustres de la Patria se había preparado sepultura para el extinto. Allí fue conducido el féretro a pulso por los señores: González Navero, Gondra, Schaerer, Dr. Escobar, Rodríguez Santos, O’Leary y Brugada. El venerable Padre Maíz, que vino de Arroyos y Esteros a asistir a su gran amigo, el General Escobar, cuando la enfermedad de éste se reagravó, rezó el responso ante el cadáver.

EL DISCURSO OFICIAL

         "El señor Eduardo Schaerer, Ministro del Interior, leyó el siguiente discurso en nombre del gobierno, haciendo elogio del General Escobar:
         "Señoras, Señores,
         "Nos reunimos en torno de estos despojos que son una reliquia nacional, para tributar el homenaje público debido a uno de los últimos sobrevivientes, que simbolizan toda una época de heroica abnegación.
         "El General Patricio Escobar, que hoy desciende a la mansión del eterno reposo, después de una vida de constante batallar, era una de las figuras representativas de esa generación fatigada por el peso de sus épicas hazañas que solo se abate ante los decretos del tiempo y busca ya el regazo amoroso de la patria, para reclinar su frente llena de recuerdos.
         "La nación entera sin distinción de clases ni opiniones, se inclina a su vez ante la tumba de sus grandes hijos, para recoger la herencia de sus esfuerzos y buscar nuevos alientos para las conquistas del porvenir.
         "La mejor ofrenda que podemos remitir a la memoria de los héroes es congregarnos como un solo hombre al pie de sus mausoleos en testimonio de que sus esfuerzos no han sido estériles ni olvidados y de que si los recuerdos del heroísmo nos vinculan en el pasado, el deber y el reconocimiento nos congregan en el presente ante el altar de la patria, y la solidaridad de nuestros destinos nos llama y encamina al porvenir.
         "Los rozamientos políticos y nacionales de otrora yacen sepultados bajo la capa del olvido, y del seno del pasado sólo se levantan las figuras, dignas de la consagración de la posteridad. Una nueva y vigorosa floración cubre el suelo regado ayer por la sangre de los héroes y en él se destacan y ostentan como lirios sagrados e inmarcesibles, el respeto de todos los ciudadanos y el cariño fraternal de los pueblos.
         "Desconocidos ayer en el camino, como ocurre a veces con los ejércitos amigos, hoy marchan de nuevo unidos y reconciliados hacia un común destino de civilización y de progreso y asociados también sus banderas con caballeresca hidalguía a este duelo nacional.
         "En nombre de Su Excelencia, el Señor Presidente de la República, y de su gobierno, deposito una corona de laureles sobre el féretro del General Patricio Escobar al formular los pésames de la Nación a sus deudos, trasmito sus reconocimientos a los distinguidos representantes de los gobiernos extranjeros, y en especial a los de los pueblos vecinos y hermanos, por las cariñosas demostraciones de afecto con que nos acompañan en nuestro duelo, honrando a la Patria en la persona de sus soldados beneméritos. He dicho".


 

EL GRAN DISCURSO

         O'Leary debía hablar después del señor Schaerer. Un movimiento de expectativa se observa en el público. Los que están cerca quieren aproximarse más y las últimas filas pugnan por llegar junto al orador. Todos quieren oír al elocuente historiador de la guerra. Y en medio de aquella ansiedad, O'Leary dice:
         "Señores:
         "Ayer no más veníais a despedir en esta misteriosa entrada de la eterna vida a unos de los más gallardos soldados de nuestra patria. Lejos de aquí, en plena tierra extranjera, no pude acompañaros sino con el pensamiento; pero, en mi mundo interior, el querido muerto tuvo también sus fúnebres exequias. A cada cañonazo con que proclamabais vuestro duelo, respondía un latido de mi corazón, y cada nota de las fúnebres marchas que acompañaban vuestro paso en el tristísimo desfile tenía un eco lastimero en las intimidades de mi espíritu.
         "Yo tuve la visión de vuestro duelo y sentí la realidad de mi propio dolor, como si estuviera entre vosotros, frente a los despojos de aquel hombre que amé tanto y en cuya dulce y mansa persona creí ver siempre la síntesis humana de todas vuestras glorias y la encarnación de las más bellas virtudes de nuestra raza. Y cuando en medio de la noche, a la luz de los cárdenos fogonazos de la ronca artillería, entregabais a la madre tierra a esta nuestra tierra paraguaya, el cuerpo inanimado de aquel que con tanto heroísmo y con tan inquebrantable abnegación la defendiera... yo también, allá en tierra extranjera, en el silencio de mi retiro, abría mi corazón para sepultar su memoria, y, entre lágrimas y sollozos, murmuraba mi doliente despedida...
         "Y bien, señores, ahora volvéis a este mismo recinto, acompañando a otro gran soldado de la patria vieja, que hasta aquí llega a descansar, por fin, de sus penosas fatigas. Esta vez la suerte quiere que pueda acompañaros, y que sobre esta tumba resuene mi palabra como un débil eco del inmenso duelo que acongoja, una vez más, al Paraguay.
         "Necesitaré, acaso, deciros quien fue este hombre que hoy nos deja para siempre?
         "Volved la vista atrás, hundid la mirada en las entrañas del pasado, saltad sobre medio siglo de nuestra vida independiente, y, allá en los florecientes días que precedieron a la catástrofe, veréis surgir adolescentes, en medio de los relámpagos de una próxima tempestad, al que hoy anciano, triste y desengañado se pierde en la sombra de la muerte, llevando en su alma el luto de su generación infortunada. Debéis penetrar en aquel infierno de nuestro espantoso lustro, debéis recorrer todo aquel ciclo dantesco de nuestra historia,  si queréis calcular lo que fue y comprender toda la grandeza de su vida.
         "No era por cierto un vencedor famoso, como el General Díaz, ni le cupo en suerte dirigir las batallas colosales como el general Caballero que recogió sus cosechas de laureles; pero era un soldado leal, toda constancia, todo valor, que no conoció el descanso, ni se dejó dominar por los rigores de la miseria y del hambre en los días más tristes de nuestra desesperada resistencia.
         "Y si no hubiera en su vida militar tantas páginas que le aseguran la inmortalidad, bastaría recordar que en Cerro Corá mandaba una división de nuestro fantástico ejército el joven coronel Patricio Escobar, para que todos nos descubriéramos ante él, con respeto y admiración.
         "La guerra es ingrata, y no a todos concede sus favores. Unos perecen oscuramente, en medio de las más grandes acciones, haciendo derroches de heroísmo, sin haber podido dar un paso adelante en la escala de honores; otros, igualmente intrépidos, pero más afortunados, avanzan con rapidez, y victorias y derrotas aumentan su figura, colmándoles de gloria. En nuestra Epopeya, sin embargo, todos los actores son igualmente inmensos, y es inútil querer medir su altura, ya que cada uno de ellos fue un gigante, cuyas proporciones escapan a nuestra limitada pequeñez presente. Pero aquella legión de titanes, forjadores de las más estupendas hazañas, marchó a la muerte, conducida en primer término, por aquel nuestro sublime Prometeo, cuyas entrañas roen todavía, allá en la empinada Cordillera, los hambrientos buitres de la calumnia y de la injuria, y luego después por un grupo escogido de seres superiores, que consiguieron sobresalir debido, más que a otra cosa, a su buena estrella, pues que el valor que les animaba fue siempre el mismo, en el jefe encumbrado como en el último recluta. Más, para llegar a abrirse camino y salir de la penumbra, hasta marchar de cara al sol. Cuánto sacrificio. Para poder colocarse a la cabeza de aquellos implacables suicidas y tener el honor de capitanearlas en su resuelta marcha hacia la tumba, cuánto esfuerzo, más aún, cuánta suerte!
         "No juzguemos, pues, a nuestros héroes por el renombre que le dio la fama solamente, o por los honores que pudieron conquistar, juzguémosles por la intensidad del dolor sufrido, por la duración de su infortunio. Si queréis conocerles a fondo, preguntad en que acciones estuvieron, donde cayeron prisioneros, hasta dónde llegaron, dónde sucumbieron. Y así, cuando se os diga que tal soldado fue de los que vencieron penurias y fatigas, no preguntéis más, porque ese hombre representa la última expresión, el arquetipo de la resistencia, de la abnegación y de la pujanza humana.
         "Los que vencieron penurias y fatigas son los que desde el Paraná a la remota Uruguayana, y desde Itapirú a los confines de nuestro territorio dejaron la señal sangrienta de su paso; son los qué triunfaron en el Sauce y Curupayty, los que asombraron al vencedor en Tuyutí; son los leones de Tatayibá, los que vencieron en Acayuazá, los que en canoas abordaron acorazados, los que hicieron prodigios en Ytororó y milagros en Avay. . .  son los que en las Lomas Valentinas pelearon siete días, los que triunfaron en Diarte, los que con niños de once años libraron en Rubio Ñu la última batalla campal de nuestra guerra... Son los que escaparon a la masacre de Piribebuy y al degüello de Caaguy-yurú… son los que hicieron aquella última peregrinación a través de bosques y montañas, sombrío desfile de esqueletos, dolorosa vía crucis hacia Cerro Corá, siniestro Gólgota en que había de consumarse la crucifixión de un pueblo!
         "Los que vencieron penurias y fatigas! Así rezaba aquel épico decreto, en el que López otorgó el último título de gloria, a sus últimos compañeros, a los que con él defendieron, palmo a palmo el suelo de nuestra patria, a los que con él cruzaron dos veces la Sierra de Amambay, para verlo caer, con la soberbia de un dios, en la postrera jornada!...
         "Ya veis, señores, por qué os decía, que para glorificar a este soldado era suficiente recordar que comandaba una división de nuestro ejército en la hora final de la tragedia. No hace falta referir sus proezas cuando no había llegado a oficial, cuando era ayudante del supremo mandatario paraguayo, cuando ya jefe en Itá Ybaté acompaña al bravo Montiel en la memorable tarde del 21 de Diciembre de 1868, cuando mutilado por la metralla, modelo de lealtad, cruza con once heridas el ancho y profundo estero de Ypecuá, y al otro lado organiza el salvataje de los que le siguen, y se presenta en Cerro León, al frente de un pelotón de cadáveres ambulantes!...
         "No! Llegó a Cerro Corá, y basta!
         "Pero no fue solamente un prócer de nuestra independencia amenazada. Fue también, como el General Caballero, un reconstructor de la deshecha nacionalidad. Y es inútil saber cual fue más grande, el soldado o el estadista, el guerrero o el civilizador.
         "Pensad, señores, en lo que era el Paraguay en aquellos lóbregos días que siguieron al horroroso descuartizamiento nacional, a aquella orgía de sangre, en que los vencedores redujeron a escombros todas nuestras grandezas pasadas, y en la que, como dijo el poeta, "no había en nuestro hogar sin lumbre sino hálito de muerte, miseria y soledad y servidumbre". Y recordad que este hombre fue de los que obraron el milagro de nuestra resurrección, desenterrando nuestras riquezas, nunca agotadas, fecundando nuestros campos, sembrados de sal, haciendo florecer, sobre la desolación y el exterminio, la paz y la esperanza.
         "Su labor es fecunda, su obra es vasta.
         "Presidente de la República en 1886, sucede en el mando al héroe de Ytororó, quien le entrega el país, que recibiera en ruinas repuesto de su trágica caída y en vías de una franca prosperidad. De su activa gestión presidencial solo hemos de mencionar su tenaz  y plausible afán por levantar nuestro nivel intelectual. La instrucción pública absorbió toda su atención, y es justo reconocer que fue el mandatario que más hizo por difundirla. Baste recordar que es el fundador de la Universidad Nacional, de la Biblioteca Pública, de cinco colegios de segunda enseñanza y de numerosas escuelas de campaña; el creador de los dos consejos de educación y de la primera escuela graduada de señoritas en la capital; el que comenzó a organizar sobre bases científicas la enseñanza, facilitando el estudio en toda forma, hasta el extremo de introducir grandes cantidades de libros, para ser gratuitamente distribuidos entre los pobres. En este sentido, fue un civilizador, y varias generaciones le deben el pan intelectual que nutrió su cerebro. He aquí cómo, este modesto soldado, de instrucción limitada, si bien de chispeante inteligencia, fue, a su modo, y dentro del estrecho marco de su país y de su tiempo, el general Sarmiento del Paraguay. Este solo título bastaría para que fuese respetada su memoria y para que la niñez y la juventud viniesen, todos los años, a saludarle en su última morada, como a uno de sus primeros benefactores; pero su obra es fecunda, repetimos, y en este acto es imposible sintetizar siquiera todo lo que hizo. Su presidencia representa, indudablemente una época de verdadero progreso, en todos los órdenes de la vida nacional, dejando la República, al terminar su período, en plena paz y en pleno avance hacia un porvenir cada vez más venturoso,
         "Después?... Ya lo sabéis! La anarquía asoma su repugnante cabeza, se encienden los enconos partidistas, comienza el retroceso. Desde entonces no hemos hecho otra cosa que descender, hasta llegar a los últimos límites de la miseria y del escándalo. Hemos amargado los días finales de su existencia, y, al dejarnos para siempre, lo despedimos con el vergonzoso espectáculo presente, casi disuelta la nacionalidad, devorándonos como fieras, mientras los mismos nubarrones de antes vuelven a oscurecer nuestros horizontes y rumores siniestros amenazan acabar con nuestra criminal insensatez... y quizás también con nuestra patria!.
         "Ante esta tumba, en la que van a sepultarse tantos recuerdos, tanta gloria alcanzada en defensa del terruño, tanto heroísmo y tanto dolor, pensemos cuán triste seria que, como fruto de nuestra demencia, nuestros hijos no nacieran ya paraguayos, y que la tierra que va a caer sobre estos despojos mortales acabase un día por ser tierra extranjera.
         "Que el gran caído ilumine nuestro espíritu y nos transmita una parte siquiera de su ardoroso patriotismo!
         "Que el viejo prócer que se va ponga en nuestro corazón envenenado por el odio un poco de esa divina tolerancia que dulcifica la vida y acerca a los hermanos!
         "Que él vele por esta pobre patria que estamos destrozando".
        
         "Fuerzas de desembarco de la Armada Argentina -con el Contraalmirante O'Connor al frente-  rindieron los honores de ordenanza en el sepelio, escribe Bray. El ejército nacional se hallaba en campaña. Sobre los desnudos flancos de las espadas argentinas -inclinadas reverentes ante el noble adversario de ayer- quebrándose los últimos rayos del sol de aquella tarde, cuando el General Patricio Escobar entró en la posteridad, con el patético simbolismo de un viejo estandarte desgarrado en la batalla".
         Sus restos fueron retirados del Panteón Militar donde se encontraban depositados y donde la nación le rindió los honores que merecía por sus insignes méritos. Después de esta injusticia fueron colocados en el panteón familiar. Ni una calle de la capital lleva su nombre. Como un homenaje a su esclarecida memoria, sus restos deben reposar en el Panteón Nacional de los Héroes, al lado de la urna que guarda los de su amigo y compañero de lucha en las lides guerreras y políticas: el General Bernardino Caballero. El General Patricio Escobar, es sin duda, un benemérito de la patria, tanto como heroico guerrero y esclarecido estadista.
         En la guerra del Chaco, un regimiento de Infantería, el R. I. Nº 19, ostentó su glorioso nombre.
         Un importante centro de educación de la ciudad de Encarnación lleva el nombre de "Centro Regional de Educación General Escobar".
         Un pueblo sobre la vía férrea, después de Paraguarí, fundado el 30 de agosto de 1901, ostenta igualmente el nombre de Escobar, como un homenaje al héroe de Ypecuá.



Í N D I C E
PRÓLOGO
I.- ORÍGENES, ADOLESCENCIA Y ASCENSOS    
II- MISIONES CUMPLIDAS         
III.- MISIONES EN HUMAITÁ Y EN EL CHACO   
IV.- PASAJE DE YPECUÁ
V.- INTERCAMBIO DE GUERRERAS  
VI.- EL INGENIERO Y MUERTE DE VENANCIO LÓPEZ
VII.- CERRO CORÁ
VIII.- DESCENDENCIA
IX.- EL POLÍTICO      
X.- DEVOLUCIÓN DE LOS TROFEOS POR EL URUGUAY    
XI.- PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA
XII.- OBRAS DE GOBIERNO       
XIII.- EL LAUDO HAYES   
XIV.- LOS PARTIDOS TRADICIONALES     
XV.- EL GENERAL ESCOBAR SEGÚN CÉSAR GONDRA      
XVI.- CÉSAR GONDRA
XVII.- EL INCENDIO DE LA IGLESIA DE LA ENCARNACIÓN
XVIII.- EL GENERAL ESCOBAR EN EL RECUERDO    
XIX.- EL GENERAL ESCOBAR Y CARROS LELIO
XX.- DISTINCIONES 
XXI.- LA CALUMNIA
XXII.- EL PACTO DEL PILCOMAYO              
XXIII.- EL HOMBRE  
XXIV.- LOS AMIGOS
XXV.- EL GENERAL ESCOBAR Y MONSEÑOR JUAN SINFORIANO BOGARÍN     
XXVI.- LA MUERTE


BIBLIOGRAFÍA
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