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martes, 22 de junio de 2010

CARLOS GÓMEZ FLORENTÍN - LA FUNDACIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS y LA NUEVA DINÁMICA BIPARTIDISTA / Fuente: EL PARAGUAY DE LA POST GUERRA (1879-1900)

LA FUNDACIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS y
LA HEGEMONÍA COLORADA
Y LA NUEVA DINÁMICA DEL EMERGENTE BIPARTIDISMO
Autor: CARLOS GÓMEZ FLORENTÍN
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
.
LA FUNDACIÓN DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS
El origen de los partidos políticos ha sido localizado en diferentes momentos históricos por diversos autores variando fundamentalmente en función a las posiciones políticas de los autores. Una corriente dominante dentro del PARTIDO LIBERAL posicionó el origen de su partido en los actores que resistieron la carrera por el poder de JOSÉ GASPAR RODRÍGUEZ DE FRANCIA en el Paraguay postcolonial. En esta interpretación, tanto los YEGROS, ITURBE y PEDRO JUAN CABALLERO, como los fundadores de la república liberal en 1870 tienen una raíz común y comparten una misma tradición liberal.
Una visión colorada de la fundación de los partidos políticos ubica en la dicotomía LOPIZTAS/ANTILOPIZTAS el punto de partida para la creación de los partidos políticos, siendo los primeros COLORADOS y los segundos LIBERALES respectivamente. En esa misma línea, yendo más atrás todavía, los colorados se entroncarían en la tradición de Francia y la clase rural, mientras que los liberales serían los herederos de los porteñistas, urbanos y realistas que se opusieron a la independencia nacional. Probablemente, en ambos casos las interpretaciones simplemente estarían llevando demasiado lejos una lectura tendenciosa la cual simplemente antes que iluminar el pasado, encubre su significado. No menos polémica aunque acaso más apropiada sea la propuesta de buscar el origen de los partidos políticos en las organizaciones del exilio durante los gobiernos de los López. En esta lectura, elaborada con profundo detalle por Lewis, el origen inmediato de los partidos políticos paraguayos puede ser rastreado hasta las primeras disputas internas entre los paraguayos antilopiztas durante su exilio en Buenos Aires hacia mediados de la década de 1850.
Las diversas organizaciones políticas del exilio, la SOCIEDAD LIBERTADORA primero y la ASOCIACIÓN PARAGUAYA después, fueron creando dinámicas políticas entre los distintos grupos de exiliados que formaban parte de estas organizaciones. Pronto, las diferencias se irían acomodando en función a familias con autoridad suficiente para dirigir los grupos. Así, la primera línea de enfrentamiento dividiría a los dos grupos entre ITURBURISTAS y DECOUDISTAS. Estos dos grupos llegarían organizados para integrar el gobierno provisional ya una vez concretada la ocupación militar de Asunción por las fuerzas aliadas. Una vez en el Paraguay, el GRUPO ITURBURISTA iría a formar el CLUB UNIÓN REPUBLICANA, y el GRUPO DECOUDISTA se organizaría como CLUB DEL PUEBLO. Hacia 1870, los mismos grupos cambiarían de nombre y el CLUB DEL PUEBLO se convertiría en el GRAN CLUB DEL PUEBLO, siempre bajo la dirección de los miembros de la FAMILIA DECOUD; mientras tanto el CLUB UNIÓN REPUBLICANA, siempre bajo el liderazgo de la FAMILIA ITURBURU, se rebautizaría como el CLUB DEL PUEBLO, tomando el nombre abandonado por el grupo adversario. Estos dos grupos compartían la misma ideología liberal. Es por ello que aún luego de la disputa que precedió a la convención constituyente de 1870 y que despojó del poder a los miembros del GRAN CLUB DEL PUEBLO, la constitución final aprobada por una mayoría absoluta de miembros del CLUB DEL PUEBLO se basó en un borrador defendido previamente por los Decoud. Además estas militancias no eran graníticas. Todo lo contrario. Los grupos cambiaban de afiliación y los casos inclusive afectaron a los personajes más importantes de cada sector.
Con el retorno del extranjero de los ex-funcionarios del gobierno del último López, se agregó otra línea política al de por sí variopinto cuadro de alianzas y oposiciones vigente en los primeros años de ocupación militar extranjera. En parte, este nuevo grupo fue constituyendo un espacio desde el cual se defendía una perspectiva más nacionalista y que no renunciaba al legado de los López. Los integrantes de la línea más liberal fueron cerrando filas en torno a su ideología, si bien definida de forma inconsistente, y fundamentalmente también en función a un profundo sentimiento antilopizta basado en la mayoría de los casos en experiencias personales. Sin embargo, estos grupos no se clasificaron en líneas de enfrentamiento político claras. Al contrario, el grupo de los lopiztas rápidamente se distribuyó entre los dos grupos inicialmente conformados. En una palabra, el GRAN CLUB DEL PUEBLO sumó LOPIZTAS de la misma manera que lo hizo el Club del Pueblo. Y tampoco las incorporaciones fueron definitivas. Los grandes representantes lopiztas, CÁNDIDO BAREIRO y BERNARDINO CABALLERO participaron en alianzas políticas con sectores del Gran Club del Pueblo y del Club del Pueblo ocasionalmente y de forma oportunista con el objeto de llegar al poder. Acaso el liberal más iluminado, JOSÉ SEGUNDO DECOUD, no tuvo conflictos para hacer alianzas estratégicas con Cándido Bareiro primero, y luego, por un período mucho más largo, con Bernardino Caballero, en ambos casos lopiztas de primera hora.
Otra línea de enfrentamiento estuvo marcada por el conflicto entre las fuerzas de ocupación y el rol de sus representaciones diplomáticas y militares en la lucha interna por el poder. ARGENTINISTAS y BRASILERISTAS se dividieron así en distintos colectivos políticos. El largo exilio en la Argentina probablemente otorgó ventajas a los representantes argentinos para mantener buenas relaciones con los antilopiztas y los predispuso contra los intereses del gobierno del imperio del Brasil. Probablemente también fue cierto que el gobierno del Brasil, por su rol más dominante en la guerra, generó mayor resentimiento entre los actores que se seguían declarando lopiztas.
De la misma manera, se podría haber esperado que el gobierno del Brasil sea particularmente proclive a desconfiar de los lopiztas. Sin embargo, el gobierno del Brasil supo apoyar la llegada al poder de Bareiro y de Caballero, dos enemigos del imperio, que tampoco dudaron en aliarse con las fuerzas de ocupación del Brasil con el objetivo de llegar al poder. En fin, no fueron ideas abstractas sino las intervenciones políticas realizadas en la cotidiana lucha por el poder las que determinaron las líneas de división de la política paraguaya, que con el tiempo confluirían para generar dos partidos políticos.
En el plano concreto, las disputas por el poder datan de la inmediata postguerra y aunque a riesgo de caer en una narrativa de las causas finales, se puede establecer un relato de las distintas instancias conflictivas en las cuales se fueron gestando los dos partidos políticos tradicionales del Paraguay. Una línea de conflicto data de 1870 y enfrentó al sector de MACHAÍN, de claro corte liberal, con el grupo de BAREIRO, más afín al ala lopizta con convicciones nacionalistas. Si bien los dos compartían las ideas liberales, el primero era mucho más radical en sus creencias mientras que el segundo tenía una interpretación más pragmática y lo veía como una herramienta para llegar al poder antes que como un compromiso ético. La confrontación iría a ubicar en el poder a Bareiro, por detrás de la figura de Rivarola. La PRESIDENCIA DE JOVELLANOS representaría otra instancia del mismo conflicto, al enfrentar a BAREIRO siempre bajo signo nacionalista con BENIGNO FERREIRA, este último representando al ala más liberal. El breve ascenso al poder de Ferreira sería cortado en 1874 con la subida al poder de Gill, respaldado ya por Bareiro, Caballero y Escobar.
El ASESINATO DE GILL en 1877 realizado por liberales radicales es otro capítulo en un año particularmente conflictivo y violento. El ASESINATO DE MACHAÍN durante el mismo año constituye otra instancia, esta vez con resultados positivos para el trío nacionalista integrado por Bareiro, Caballero y Escobar. Tras estos sucesos y ya bajo el gobierno de Bareiro, José Segundo Decoud, liberal de pensamiento, se sumaría igualmente al sector más nacionalista, probablemente por razones pragmáticas. Las disputas internas en el congreso en 1883 entre los propios miembros del grupo oficialista en el congreso generarían una nueva sangría en el sector nacionalista. Finalmente, las asambleas electoralistas que impulsaron las candidaturas de Bareiro, Caballero y Escobar darían forma a un proto-partido nacionalista que estuvo vigente entre 1878 y 1886. Igualmente, la última asamblea que seleccionó a Escobar como candidato había generado disconformidad extendida en un sector que con el tiempo giraría hacia la formación de un ala reformista. En esta explicación, la venta de tierras públicas, con la subsiguiente movilización de campesinos y la exagerada corrupción rampante en el círculo del gobierno habría acelerado el proceso proveyendo con esto los dos elementos clave para la formación de un partido político: una masa de descontentos y una razón unificadora. El orden cronológico en la creación de los partidos políticos, primero el LIBERAL, y luego el COLORADO, parece confirmar esta hipótesis, al menos en la visión de Lewis. En cualquiera de los casos, éstas no fueron vías cómodas que predeterminaron el medio hacia la constitución de los dos partidos políticos. Los actores políticos se movieron a sus anchas entre ambos grupos en los distintos momentos históricos considerados. Estas alternativas múltiples sólo vendrían a coincidir en la formación de los partidos políticos en 1887. Y su origen también vendría por un conflicto para el acceso al poder.
ANTONIO TABOADA había pertenecido al CLUB LIBERTAD, el mismo que apoyó a Caballero y a Escobar sucesivamente en las dos elecciones previas a la formación de los partidos políticos. Taboada había llegado al congreso como miembro de la organización política oficialista. A pesar de sus relaciones partidarias, Taboada se enfrentó con el ministro Giménez a causa de un informe trimestral que reflejaba evidentes irregularidades. Aunque el ministro salió impune del congreso, Taboada no quedó satisfecho. Hacia diciembre de 1886, Taboada canalizó sus diferencias con el gobierno con la creación de un CLUB POPULAR en su distrito de Villarrica. El objetivo del club era hacer oposición al grupo caballerista. Las elecciones del congreso de febrero de 1887 le dieron una chance para enfrentar al mismísimo Caballero.
TABOADA y ESTEBAN GOROSTIAGA, el primero para senador y el segundo para diputado por el CLUB POPULAR DE VILLARRICA, compitieron contra BERNARDINO CABALLERO y CLAUDIO GOROSTIAGA, respectivamente. Las elecciones fueron realizadas el 13 de febrero. Aunque las elecciones de la época del caballerismo estuvieron a menudo fraguadas en corrupción, en este caso el fraude adquirió ribetes de violencia mayores de lo usual. Las tropas del gobierno, con la ayuda de civiles armados pertenecientes al grupo caballerista, no permitieron la inscripción de los electores del sector de Taboada. La elección además se tuvo que suspender debido a la ausencia del juez de paz regional en el día de la votación. Finalmente se estableció el 23 de junio como fecha de votación. A pesar de las amenazas recibidas para no participar de la jornada electoral, Taboada y Gorostiaga decidieron concurrir al local de votación para participar de las elecciones. El día de las elecciones, el gobierno puso tropas en el local de votación. Se había adelantado que el pueblo en Villarrica estaba dispuesto a combatir el fraude gubernamental.
Los planes de ambos sectores, oficial y de oposición, siguieron su rumbo sin que ninguno se echase atrás. Cuando el sector de Taboada se encaminó al local de votación se encontró con las fuerzas del gobierno. Pronto se encendió la llama de la violencia y el conflicto se desató entre los dos grupos. El grupo de Taboada fue dispersado a consecuencia de las balas disparadas por las fuerzas del gobierno. Al final, muchos de los miembros del grupo de Taboada fueron apresados y destinados a Asunción. Para ello fueron subidos al tren en Paraguarí. Mientras estaban en camino a la ciudad, la voz se había corrido con el relato de lo que había ocurrido. La reacción popular no se hizo esperar. Al llegar a Luque, una multitud recibió al tren con flores. Aunque el resultado electoral fue favorable al gobierno, la victoria no hizo otra cosa que espolear el resentimiento popular contra el gobierno de Escobar.
No pasó mucho tiempo antes de que se formara una organización política de descontentos. La represión gubernamental del 23 de junio probablemente fue el detonante final a un largo y sostenido período de abusos de poder y violaciones de las leyes electorales que terminaron por vaciar el contenido democrático de la constitución vigente. El 2 de julio unos cuarenta ciudadanos estaban debatiendo en la ciudad de Asunción sobre la creación de una nucleación política. La asamblea final fue convocada para el 10 de julio. Al final de ese día, se inauguraba el CENTRO DEMOCRÁTICO, bajo la presidencia del ex-oficialista ANTONIO TABOADA. Tampoco pasó mucho para que el gobierno responda a la creación de una nucleación política anti-oficialista. El 25 de agosto de 1887 hubo una reunión en la residencia de BERNARDINO CABALLERO en la ciudad de Paraguarí. JOSÉ SEGUNDO DECOUD y JUAN CRISÓSTOMO CENTURIÓN, ambos bien versados en la ideología liberal en boga en la época, estuvieron detrás de la redacción del acta constitucional de la ASOCIACIÓN NACIONAL REPUBLICANA. La misma se firmó en el Teatro Olimpo de Asunción el 11 de setiembre dando origen al PARTIDO COLORADO. Los dos ahora sí llamados oficialmente partidos políticos creados para dirigir la actividad política del país inauguraron su rivalidad con un enfrentamiento violento el 8 de diciembre del mismo año. El contexto de la peregrinación del día de la virgen de Caacupé proporcionó el escenario ideal para sellar una conflictividad política que seguiría por mucho tiempo.
Con esto se formalizó un sistema político que con el tiempo canalizaría la participación política homogeneizando los cambiantes grupos políticos que existieron con anterioridad. Poco a poco, este sistema se iría convirtiendo en un bipartidismo duro que se cuenta entre los más antiguos de América latina. Lewis definió los partidos políticos paraguayos en sus inicios como simples asociaciones de notables con una organización política que si bien era débil también era flexible como para adaptarse a situaciones cambiantes. Los notables fueron a menudo caudillos que ejercieron el poder con absoluta firmeza. Dado el clima de intolerancia política del Paraguay de 1887 resulta intrigante la decisión del GOBIERNO DE ESCOBAR de haber permitido la fundación del CENTRO DEMOCRÁTICO, luego llamado PARTIDO LIBERAL. A partir de sus antecedentes, el más inmediato del 23 de junio de 1887, y mirando más atrás el asesinato de Facundo Machaín en 1877, el fraude y la violencia fueron parte del juego político y la oposición no estaba invitada a participar formalmente de la lucha por el poder.
Dos hipótesis surgen para explicar este 'desliz' del gobierno de Escobar. Por un lado, parece ser que la participación de importantes empresarios en el movimiento liderado por Taboada dificultó la decisión de tomar alguna medida radical tal como eliminar directamente el movimiento. Entre los hombres importantes en el movimiento estaban ganaderos, terratenientes, y aduaneros. Por otro lado, como apunta GOMES FREIRE ESTEVES, parece ser que simplemente el movimiento era popular y la sociedad paraguaya de fines del siglo XIX estaba creciendo demográficamente. Por otro lado, según la interpretación de Warren, JOSÉ SEGUNDO DECOUD, aparentemente, entendió que el juego político tenía que ser encarado de otra manera de cara al futuro, y que el sector de los Caballero y Escobar no podía seguir con su política de no admitir la existencia de oposición política. Esto tampoco quiere decir que la sola existencia de dos agrupaciones políticas, una de oposición, significó la desaparición del fraude y de la violencia, que seguirían formando los capítulos básicos en el manual de la política paraguaya. La diferencia ahora sería que los conflictos estarían organizados de manera mucho más clara.
Probablemente la tesis más esclarecedora para explicar el origen de los partidos políticos en el Paraguay es la que se basa en un enfoque generacional de los actores políticos y fundadores de la ASOCIACIÓN NACIONAL REPUBLICANA y del CENTRO DEMOCRÁTICO. En esta perspectiva, defendida por Lewis, la diferencia de promociones entre los diferentes actores políticos que emergieron en el Paraguay de la postguerra tiene el mayor peso explicativo para entender la conformación de los sectores políticos que derivaron luego en la fundación de los partidos políticos en 1887. Los políticos que estaban en el gobierno en 1887 llevaban un largo tiempo ejerciendo el poder. La mayoría de ellos estaba rigiendo los destinos del país desde los comienzos del orden constitucional. José Segundo Decoud había estado detrás de la redacción de la Constitución de 1870 y se instaló definitivamente en el poder con Bareiro en 1879. Bernardino Caballero llegó al poder como ministro de Juan Bautista Gill en 1874, apenas llegado de Río de Janeiro. El mismo general Patricio Escobar, héroe de guerra como Caballero, fue un elemento clave en la creación de la "PAX CABALLERO". Del lado liberal, Antonio Taboada era ciertamente también un ex combatiente de la guerra. Sin embargo, una nueva generación llegaba a la militancia política con hombres como CECILIO BÁEZ, FABIO QUEIROLO, y JOSÉ DE LA CRUZ AYALA.
Esta diferencia generacional, complementada con el ejercicio del poder, puede explicar las diferencias entre los dos partidos políticos. Los fundadores del PARTIDO COLORADO, por su larga permanencia en el gobierno, se habían convertido en el oficialismo. Aunque promisorio también en el pasado, ahora se presentaba como la permanencia de un régimen que no aceptaba cambios políticos fundamentales. Una continuidad que en muchos casos estuvo manchada por el fraude electoral y la corrupción aceitada por los ingresos de la venta de las tierras públicas. El emergente PARTIDO LIBERAL en esto tuvo el camino fácil para reclutar a todos los descontentos. El grueso de ellos era joven. Aunque también había otros descontentos de generaciones anteriores que estaban desencantados con las promesas rotas de sus coetáneos ahora en el grupo en ejercicio del poder. Esto los puso en la vereda de los reformistas.
Esta hipótesis generacional parece más convincente que otras planteadas que no alcanzan a destacar una diferencia que además de ser significativa sea consistente. La teoría que establece que los COLORADOS eran LOPIZTAS y que los LIBERALES fueron LEGIONARIOS pierde de vista el hecho de que en realidad existían más legionarios entre los fundadores del Partido Colorado que entre los firmantes del acta fundacional del Partido Liberal.
El hecho de que existían legionarios en ambos bandos, de la misma manera que existían lopiztas en ambos bandos, simplemente cancela el valor explicativo de esta hipótesis. Otra línea de explicación, que va de la mano con la anterior, presenta a los COLORADOS como BRASILERISTAS y a los LIBERALES como ARGENTINISTAS. En realidad, ambos grupos usaron influencias distintas con el oportunista fin de alcanzar el poder. Y lo mismo hicieron los representantes diplomáticos de Argentina y del Brasil. Finalmente, la última hipótesis divide a los COLORADOS y LIBERALES a partir de ELEMENTOS IDEOLÓGICOS. En este caso, se asume que los COLORADOS eran NACIONALISTAS, y que los LIBERALES eran efectivamente aquello que pretendían ser. En todo caso, la ideología extendida en el Paraguay de la postguerra fue simplemente liberal para todos, y sujeto a idiosincráticas interpretaciones. José Segundo Decoud es el ejemplo más destacado entre los colorados. Además de elaborar el acta fundacional, fue el arquitecto del Partido Colorado. Lo mismo se puede decir de los liberales. Lastimosamente, la intensidad emocional con que se refiere en general a la fundación de los partidos políticos bloquea el entendimiento del por sí complejo proceso que antecedió a los sucesos de 1887. Además, como señala Abente, el último proceso dictatorial hizo un esfuerzo extraordinario para establecer conexiones que no resisten el más laxo análisis. Con ello, se dio vuelo a una mitología oficialista que fue contestada desde el otro lado del espectro político. Expresiones altisonantes con escaso poder explicativo fueron el resultado en la mayoría de los casos.

LA HEGEMONÍA COLORADA
Y LA NUEVA DINÁMICA DEL EMERGENTE BIPARTIDISMO

La formalización de un sistema de partidos políticos afectó profundamente la dinámica política durante el último trecho de la PRESIDENCIA DE ESCOBAR. Aunque el eje de poder formado desde la época de CÁNDIDO BAREIRO, galvanizado luego detrás de la sociedad CABALLERO-ESCOBAR, se mantuvo en control, ahora tuvo que lidiar con una alternativa política que representaba a los sectores descontentos. La convocatoria a elecciones para renovar el congreso presentó la primera instancia para pulsar los nuevos ritmos políticos.
Los distritos de la capital llamaron a elecciones para dos diputados y dos senadores. El registro de inscripciones para participar de la votación fue fijado para el 23 de diciembre de 1888. Cuando el registro de inscripciones del local electoral de la iglesia de La Encarnación se abrió esa mañana, mil quinientos liberales se encontraban en los alrededores de la calle Paraguayo Independiente aguardando el inicio de la jornada. Los colorados, que se encontraban en un número mucho menor, trataron de ingresar al local de la iglesia de La Encarnación. Resistidos por los liberales, no pudieron acceder y se vieron obligados a retroceder hasta otros puntos de concentración cercanos donde se encontraron con otros correligionarios.
Reagrupados y ya con el apoyo de las fuerzas policiales, el grupo de colorados volvió al local electoral de La Encarnación liderados por ROLÓN TROCHE. Cuando la policía abrió fuego, generó la huída de buena parte de los liberales. Entre ellos sin embargo había un grupo de liberales encabezado por ANTONIO TABOADA que también estaba armado. Pronto se desató el conflicto. Las fuerzas policiales, encabezadas por ZACARÍAS JARA, reprimieron a los liberales con violencia inusual incluso para los estándares de la política criolla. El resultado fue un saldo de cuatro muertos, treinta y siete heridos, y sesenta y ocho detenidos.
La interpretación del conflicto fue agudamente contestada en la prensa escrita. Las acusaciones entre los sectores oficialistas y la oposición continuaron. Inclusive uno de los candidatos colorados, el coronel MANUEL MACIEL se retiró de la carrera electoral como protesta por la violencia del estado en contra de la oposición.
El análisis del conflicto había arrojado una lectura clara que fue compartida por los dos sectores en disputa. Por un lado, el sector liberal había demostrado la fuerza necesaria como para convertirse en una innecesaria molestia para el correcto funcionamiento del gobierno colorado. Por el otro lado, existía entre los principales líderes del sector liberal la conciencia de la mayor fortaleza del partido Colorado. La violencia no parecía ser el camino adecuado para resolver las diferencias. Por esas razones, OTONIEL PEÑA hizo un intento por acercar a los líderes de los dos sectores, Bernardino Caballero por el lado Colorado y Antonio Taboada por el sector Liberal.
Un arreglo entre los dos grupos fue encaminado con miras a la renovación de la primera magistratura en 1890. La propuesta era suficientemente amplia y abarcaba ejercer el poder compartido, siempre bajo la hegemonía del PARTIDO COLORADO aunque con el reconocimiento del rol clave que jugaba el PARTIDO LIBERAL acompañando el ejercicio del poder. Sin embargo, en el marco de las nuevas dinámicas internas de los dos partidos políticos, el acuerdo enfrentó a grupos con visiones moderadas con otros sectores más extremos. Un sector del Partido Liberal, articulado desde las páginas de la publicación EL LÁTIGO, llamó a los asociados a resistir el acuerdo que en su visión servía únicamente para legitimar la tiranía colorada. Otro tanto ocurría dentro del Partido Colorado donde los grupos internos dejados de lado por la necesidad de distribuir cargos electivos para sellar la alianza con los liberales se manifestaron contrarios a la propuesta. La tregua concluiría antes de que se vaya el año 1889.
El primero de enero de 1890 volvió a registrar enfrentamientos armados entre el oficialismo y la oposición. Esta vez el conflicto ocurrió cuando activistas liberales trataron de inscribirse en el local de votación de la Catedral. Soldados y empleados municipales los recibieron con machetazos. Aunque el gobierno trató de esquivar las responsabilidades por la violencia, los radicales dentro del Partido Liberal consiguieron avanzar su tesis acerca de la inviabilidad de los acuerdos políticos con el gobierno. No podía haber conciliación con el gobierno de Escobar. Para marzo, la tregua era parte del pasado. Los colorados iban a presentar su propia lista. Los liberales tenían otras ideas para llegar al poder que no contemplaban la vía electoral.
Probablemente forzado por los sectores más radicales del PARTIDO LIBERAL, y quizá también en razón de la imposibilidad de acceder al poder por la vía electoral, el rumor de golpe de estado volvió a surgir en el espectro político del Paraguay. En 1890 JUAN SILVANO GODOI y BENIGNO FERREIRA movilizaron sus recursos desde el territorio argentino y se pusieron en contacto con el ala radical del Partido Liberal para buscar una ruptura con el orden político vigente. Escobar detectó a tiempo detalles del plan. Como respuesta, Escobar se manifestó públicamente contra las opciones violentas. En el ámbito gubernamental, reforzó el armamento de sus fuerzas públicas de manera a dotarlas de poder bélico para enfrentar nuevos levantamientos.
Aunque el candidato oficialista, JUAN GUALBERTO GONZÁLEZ no despertó el favor popular, el PARTIDO COLORADO lo prefirió sobre la alternativa representada por el coronel JUAN ALBERTO MEZA, candidato de los disidentes colorados. Probablemente el peso final en la decisión estuvo sobre los hombros de BERNARDINO CABALLERO. Al fin de cuentas, González y Meza eran yernos de la figura dominante del Partido Colorado. En la carrera final entre concuñados por la presidencia, González ganó el favor de su suegro Caballero. Finalmente correría con MARCOS MORÍNIGO como compañero de fórmula. Los liberales preferirían el boicot electoral y el congreso simplemente confirmaría a la lista única presentada por los colorados. El 25 de noviembre de 1890 JUAN GUALBERTO GONZÁLEZ reemplazaba a Escobar en la primera magistratura.
La llegada de González al gobierno representaba un cambio en la política tradicional del Partido Colorado bajo el control de Caballero y Escobar. Con GONZÁLEZ, el ALA MÁS CIVILISTA comenzaba a desplazar al bloque de extracción militar que llevaba más de una década en control del partido. Con esto, JOSÉ SEGUNDO DECOUD ganaba poder desplazando a los caudillos con fuertes vinculaciones en el ejército. Esto también se puede ver en la inclinación de los nuevos sectores del gobierno a negociar pactos y acuerdos con la oposición liberal que puedan generar una mayor gobernabilidad. Esto puede colegirse de la decisión del gobierno de integrar la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA con hombres afines al sector liberal como CÉSAR GONDRA, FERNANDO ITURBURU, y EMILIANO GONZÁLEZ NAVERO.
La transformación más radical que haría el gobierno de González sería la incorporación al gabinete de JUAN EGUSQUIZA como ministro de Guerra. También miembro del ejército, aunque parte de la nueva camada que buscaba la profesionalización de la milicia y establecer un relacionamiento diferente con la clase política. Egusquiza jugaría un plan clave primero minando las bases del poder caballerista dentro de las fuerzas armadas y luego fortaleciendo su propia figura como el nuevo nexo entre el ámbito militar y la política partidaria.
El GOBIERNO DE GONZÁLEZ haría la primera defensa pública de la conformación de un gobierno que pueda mirar más allá de afiliaciones partidarias para nominar a los mejores servidores públicos en el aparato gubernamental. Obligado a corregir los malos manejos del Banco Nacional bajo la gestión de Escobar, González intentó reordenar el sistema financiero. Además de gestionar créditos en el mercado internacional para movilizar la economía interna, González apostó a la agricultura al otorgar premios a los productores y establecer un sistema de recaudación inmobiliaria llamado contribución directa que pretendía recaudar con eficiencia los fondos. Aunque los resultados financieros no fueron del todo favorables, el gobierno consiguió inyectar nuevos bríos a la expansión educativa a través de una gestión mejorada en la materia. En el aspecto militar, González impulsó el recambio entre los principales estamentos y envió becarios a la Argentina con el objeto de profesionalizar las fuerzas armadas.
Aun todo el impulso y el entusiasmo que González trajo al gobierno fueron insuficientes para lidiar con las crónicas crisis que sacudirían al país a principios de 1890. De la misma ma nera que los jugosos ingresos de la subasta de tierras públicas desaparecían después del empache durante las gestiones de Caballero y Escobar, la crisis crónica se instalaba en el país bajo el gobierno de González.
En primer lugar, las reformas económicas no funcionaron como estaba esperado. Las nuevas emisiones de billetes determinaron una inflación descontrolada con consecuencias catastróficas para el país. Los ajustes del gobierno apuntados a generar más recaudación chocaron con creciente evasión fiscal y despertaron resentimiento entre amplios sectores de la población. Como si no fuera suficiente, la naturaleza también jugó en contra de González, quien vio como los campos del país eran azotados por plagas de langostas, y castigados por prolongadas sequías. Por último, en el ámbito político González tenía que lidiar con los sectores extremos de su partido y de la oposición. Dada su política de apertura González siempre estaba en el centro de los ataques del ala dura de su partido que le reclamaban sus afinidades con la oposición supuestamente conspiradora.
El sector moderado del PARTIDO LIBERAL recibía los mismos reclamos por su participación en el gobierno de González, en este caso de parte de los liberales más radicales. Las elecciones de febrero de 1891 proveerían otra instancia conflictiva para que los sectores más extremistas de ambos partidos puedan confirmar sus prejuicios mutuos y resuelvan sus diferencias por medio de la violencia.
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Fuente: EL PARAGUAY DE LA POST GUERRA (1879-1900) Autor: CARLOS GÓMEZ FLORENTÍN. COLECCIÓN LA GRAN HISTORIA DEL PARAGUAY, 8 © Editorial El Lector, Asunción-Paraguay 2010.

lunes, 21 de junio de 2010

CARLOS GÓMEZ FLORENTÍN - LA VENTA DE LAS TIERRAS PÚBLICAS Y DE LOS YERBALES DEL ESTADO / Fuente: EL PARAGUAY DE LA POST GUERRA (1879-1900)

LA VENTA DE LAS TIERRAS PÚBLICAS
Y DE LOS YERBALES DEL ESTADO
Autor: CARLOS GÓMEZ FLORENTÍN
(Enlace a datos biográficos y obras
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El origen del problema del crédito internacional del Paraguay puede rastrearse claramente a los empréstitos de 1871 y 1872. Si bien es cierto que probablemente existían otras alternativas para salir del impasse financiero, la imaginación del GOBIERNO DE CABALLERO, que venía principalmente de JOSÉ SEGUNDO DECOUD, no tuvo la creatividad necesaria para plantear otra salida. Para el gobierno de Caballero, la solución fue la venta masiva de tierras públicas y de los yerbales del país. Con los recursos producidos por esta acción, el gobierno pensaba cancelar la deuda pública, local e internacional, y obtener rubros para lanzar un plan de desarrollo sostenido.
La situación de las tierras del Paraguay había quedado en la oscuridad legal después de la Guerra del 70. La desorganización reinante en el régimen de tenencia de tierras fue un problema heredado por el gobierno de Caballero. La falta de documentación imposibilitaba la determinación clara de la propiedad de la tierra, que además pertenecía en su gran mayoría al estado. Aunque al principio esto no sería un problema mayor, dada la escasez poblacional resultante de la guerra, con el tiempo la situación se tornaría más compleja. La constitución de 1870 había consagrado la propiedad privada. Con esto, la falta de títulos presentaba un problema para afirmar los derechos consagrados por la constitución.
Los gobiernos de la postguerra hicieron sucesivos intentos por regularizar la situación legal en 1871 y 1872. Aunque una ley de 1872 habilitó a los ocupantes sin tierras a adquirir títulos sobre terrenos municipales en los cuales estuvieran trabajando, buena parte de las propiedades fueron a parar a manos de gente con vínculos políticos que nunca había trabajado la tierra. Otra ley de 1873 estableció un sistema de concesión de Títulos Supletorios a aquellos que, carecientes de títulos probatorios, pudieran demostrar la propiedad de tierras no reclamadas a través de testigos. La situación con esto empeoró puesto que se generó una ola de reclamos sobre propiedades basadas en la mera presentación de testigos cuyos testimonios en muchos casos eran contradictorios y no probaban derechos de propiedad de manera irrefutable.
En 1875 se creó la OFICINA DE TIERRAS PÚBLICAS con el objeto de ordenar el mercado inmobiliario. Poco después, el gobierno de JUAN BAUTISTA GILL subastó tierras públicas inaugurando la era de las ventas masivas de tierras del estado. Aunque el experimento se limitó a vender tierras públicas hasta recaudar seis millones de pesos, las consecuencias fueron las mismas que se repetirían bajo el plan de venta de tierras públicas de Caballero: masivo despojamiento de tierras a los campesinos y su consecuente expulsión del campo. La forma de pago establecía la posibilidad de abonar en oro o plata, o bonos del estado. La corrupción rampante produjo la masiva generación de bonos del estado, en algunos casos inclusive espurios, con lo cual los amigos del gobierno se apropiaron de buena parte de las tierras subastadas. El experimento de Gill había puesto en práctica otro mecanismo que iría a repetirse con Caballero.
La ley de subasta de tierras públicas de 1875 habilitaba a los ocupantes ilegales a comprar las propiedades que estaban explotando a pesar de que éstos estaban claramente imposibilitados de acceder a los fondos necesarios para pagar por ellas. La ley otorgaba una posibilidad legal al campesino aunque la misma estaba fuera del terreno de lo materialmente posible. Otra acción destinada a regularizar la situación legal de las tierras fue dada a consecuencia de la implementación del CÓDIGO CIVIL ARGENTINO EN 1877. Una de las regulaciones establecía que los campesinos ocupantes de tierras no reclamadas por un período de diez a treinta años podían establecer propiedad en base al uso. La ley terminó beneficiando a los grandes propietarios que aprovecharon el mecanismo legal para expandir sus propiedades sobre tierras no ocupadas. Al nivel de los micro-propietarios, la situación aumentó la conflictividad al detonar una ola de procesos judiciales entre pequeños propietarios que luchaban por probar sus derechos adquiridos sobre terrenos en disputa.
Fue con conocimiento de estos antecedentes que procedió el GOBIERNO DE CABALLERO al establecer su política de venta masiva de tierras públicas. La ley del 2 de octubre de 1883 puso un tope de ciento cincuenta mil pesos fuertes a la venta de tierras públicas. Los arrendatarios u ocupantes, tal como en el caso explicado previamente, tenían la primera opción de compra. Las tierras subastadas fueron clasificadas en tres tipos: primera, segunda, y tercera clase. La categorización de la tierra determinaba también tres precios diferentes: mil quinientos pesos la legua cuadrada para la primera, mil para la segunda, y ochocientos para la tercera. Las categorías se basaban en la densidad poblacional y en la existencia de praderas dentro de las tierras. Así, lugares como Luque, Villeta, o Guarambaré entre otros pertenecían a la primera clase; San Pedro del Paraná, San Juan Nepomuceno, o San Ignacio a la segunda; y todos los lugares no incluidos en las dos primeras clases, fundamentalmente correspondientes a la región occidental, a la tercera.
La primera clase incluía tierras con posibilidades de explotación agrícola o ganadera, mientras que las tierras de la segunda clase podían incluir también los yerbales del país. Además se establecían nuevos precios para el arrendamiento de tierras y se reglamentaba el proceso completo de adquisición y transferencia de las mismas. El corto plazo acordado para el pago por la adquisición de los terrenos y la drástica suba de los precios de arrendamiento, con incrementos de hasta el 500%, redujo considerablemente las chances del campesino paraguayo o paraguaya de obtener tierras. En su mayoría, las tierras terminaron adquiridas por sectores de la clase alta paraguaya, con participación igualmente importante de inversores con capital extranjero.
Los resultados no se hicieron esperar. Como escribió CARLOS PASTORE, con esto el latifundio se hizo presente en el país de la mano del capital internacional. En un plazo de tiempo relativamente breve, el capital extranjero fue absorbiendo los terrenos en manos de los terratenientes locales. Los productores de ganado extensivo se apropiaron de los terrenos de los ganaderos de mediano y pequeño porte. Los agricultores comenzaron el lento deambular hacia nuevos terrenos no explotados o todavía no adquiridos por los capitalistas locales y extranjeros.
Una nueva LEY DE JULIO DE 1884 anunciaba la segunda etapa del plan de venta de tierras públicas. Esta vez se hablaba ya de una campaña masiva de venta de tierras públicas sin paralelo en la historia del país. El descontento se expandió ante la brevedad de los plazos para adquirir las propiedades y el gobierno decretó una extensión de los mismos de manera a tranquilizar a amplios sectores del campesinado. La medida tomada el 31 de enero de 1885 sirvió para detener posibles alzamientos populares. El gobierno se aprovechó de la situación de aparente tranquilidad para redactar otro par de leyes relativas a la venta de tierras públicas. La primera, parcial y de menor magnitud, vio la luz el 28 de mayo de 1885. Por la misma los principales yerbales del país fueron subastados. Los precios establecidos fueron de 1,5 pesos, 1,25 pesos, y 1 peso por cuadra, para tres diferentes categorías establecidas en función a su distancia de las principales vías fluviales del país. Los precios por leguas variaron de un mínimo de 2500 pesos en la categoría tres a un máximo de 3750 para los de la categoría uno. Otra LEY DEL 16 DE JULIO DE 1885 puso literalmente el país al mejor postor.
La enajenación de las tierras públicas ahora contemplaba la totalidad de los terrenos del estado. En este caso, la categorización de tierras las dividía en cinco tipos agrupados en función a ubicación, densidad poblacional, y contenido de praderas. La clasificación de los grupos uno y dos seguía la categorización de la ley de 1883. En la primera estaban las mejores tierras y en la segunda estaban los terrenos cercanos a los bosques. Las tres últimas clasificaciones reformulaban la tercera clase de la ley de 1883, ahora comprendiendo la vastedad del territorio chaqueño. Ahora, la clase tres incluía a los terrenos del Chaco hasta Concepción, la clase cuatro a los terrenos del Chaco desde Concepción hasta la frontera norte, todavía no trazada con Bolivia, y la clase cinco incluía todos los terrenos del Chaco que estuviesen fuera de las clases tres y cuatro. Los precios establecidos en esta ley variaron con respecto a la ley anterior. Los campos del grupo uno costaban mil doscientos pesos la legua cuadrada; los del grupo dos ochocientos; los del grupo tres trescientos; los del cuatro doscientos; y finalmente, los del grupo cinco, cien pesos la legua cuadrada. Además, la forma de pago quedaba fijada en cuatro cuotas, la primera sería pagada en la entrega del terreno, y las tres restantes en cuotas anuales, a un interés del 6%. El endeudamiento por el saldo sería garantizado con un pagaré hipotecario.
Los precios del Chaco podían ser bajados hasta el 50% de su valor original si el comprador podía garantizar la inclusión de familias de colonos europeos en la explotación de sus terrenos. Igual que la ley de 1883, esta ley prohibía la venta de propiedades pequeñas de tamaño y condición ideales para explotaciones campesinas nacionales. Si la ley previa prohibió la venta de propiedades de menos de una legua cuadrada de extensión, la nueva ley bajó el mínimo a media legua cuadrada. Además la nueva ley encareció el costo de arrendamiento de las llamadas tierras de labor, una categoría independiente, al punto que al-quilar por un año equivalía al costo de un cuarto del valor total de la adquisición de la propiedad. A otro nivel, la ley mantuvo elevados los precios de alquiler de los campos incluidos entre las categorías primera, segunda, tercera, y cuarta.
La operación desató una carrera por la acumulación de tierras que disparó la especulación inmobiliaria. La ventaja comparativa de los precios de las propiedades en territorio paraguayo sobre la vecina Corrientes impulsó a inversores de la Argentina a adquirir terrenos de grandes dimensiones. Políticos paraguayos, funcionarios del gobierno, militares, y capitalistas locales se aprovecharon de las ventajas otorgadas para amasar terrenos con el objeto de la rápida reventa en el activo mercado generado por inversores extranjeros. Los precios de las propiedades se triplicaron en menos de un año.
Al cabo de tres años, las arcas del estado recaudaron 5.529.642 pesos. La venta de tierras públicas registraba su pico bajo las gestiones de Caballero y Escobar. El Chaco se había vendido al mejor postor a un promedio de 128 pesos la legua cuadrada. En poco tiempo las ventas alcanzarían las 7.035 leguas cuadradas. Poco menos que la mitad, tres mil y tantas leguas cuadradas, se habían ido a parar al voluminoso activo del empresario español-argentino CARLOS CASADO. Al estado le quedaron 1.101 leguas cuadradas. Del lado oriental, donde estaban las mejores tierras del país, la situación era todavía más extrema. 8.904 leguas cuadradas de pasturas, terrenos de cultivo, bosques, y yerbales fueron repartidos entre once compradores, a un promedio de 542.700 hectáreas cuadradas por cabeza. DOMINGO BARTHE, un empresario llegado de Francia en 1871, en poco tiempo se amasó poco más de 500.000 hectáreas cuadradas de bosques y yerbales en el Alto Paraná. Un cálculo estimativo puso en 304 el número de leguas cuadradas de propiedad pública conservada hacia el año 1900. Las restantes 15.965 leguas cuadradas simplemente habían desaparecido en las manos de los ávidos compradores.
Algo que el gobierno de la época pudo alegar fue que con los ingresos generados por la venta de tierras se cumplió con el objetivo original. A través de los recursos generados, el estado canceló la deuda de los empréstitos de 1871 y 1872. JOSÉ SEGUNDO DECOUD llegó a un acuerdo con el financista inglés EDWARD P BOUVERIE, representante del grupo de acreedores del estado. El arreglo, firmado el 4 de diciembre de 1885, estableció el pago de la deuda de 1.500.000 libras esterlinas a cambio de 500 leguas cuadradas de tierras públicas a un precio de 3000 libras cada una. Además por el mismo acuerdo el gobierno debía entregar el ferrocarril de Paraguarí al grupo acreedor. Como consecuencia de este arreglo se creó luego la ANGLO-PARAGUAY LAND COMPANY a los efectos de administrar las tierras adquiridas en concepto de cancelación de deuda del estado paraguayo. De la entrega de estas 500 leguas cuadradas, recién materializada en 1895, surgiría otro gigantesco conglomerado empresarial que jugaría un papel de importancia en el futuro del país. También LA INDUSTRIAL PARAGUAYA, un grupo de mayor porte inclusive, amasó el grueso de sus futuros yerbales como consecuencia de la venta de tierras públicas habilitada por las leyes del gobierno de Caballero en 1885.
La venta de tierras públicas de 1885 es un mojón significativo en la historia del Paraguay constitucional. El proyecto fue planteado con conocimiento de las consecuencias creadas por arreglos legales similares ejecutados previamente a menor escala. La lectura de las sucesivas leyes de 1883 y 1885 es inclusive más esclarecedora cuando se piensa que todo lo que funcionó bien para los grandes terratenientes y mal para los pequeños y medianos productores fue potenciado con las últimas ventas de tierras públicas. Inclusive, a pesar de lo exitoso que fue el primer programa de venta de tierras públicas de 1883, cuando las tierras se vendieron a pesar de los precios elevados, las leyes de 1885 mejoraron las condiciones de pago y bajaron los precios solicitados por las tierras. Los pagos iniciales requeridos, el principal obstáculo para los pequeños y medianos propietarios, fueron mejorados pero sólo estuvieron al alcance de aquellos que ya tuvieran posesión de capital. Las preferencias establecidas para los arrendatarios y las extensiones de los plazos no hicieron mucho frente a una masa compradora que se presentó con capital en mano.
Otro tanto puede decirse de los tamaños establecidos para la venta de tierras públicas, que claramente favorecieron el poder adquisitivo del gran comprador en desmedro de los agricultores paraguayos. El tipo de inversión alentado por las nuevas reglas impulsó la producción extensiva ganadera y favoreció la explotación de los bosques de yerba mate. Curiosamente, el argumento esgrimido por los sectores del gobierno al justificar la venta de los yerbales fue la mala calidad de la yerba producida localmente. No hubo un argumento similar utilizado para justificar la venta de tierras públicas en posesión de agricultores paraguayos. En el caso de los campesinos, la lógica esgrimida subterráneamente se basaba en la necesidad de la mano de obra foránea. O para decirlo mejor, europea. La contraparte de esto es el plan de colonización intensiva de los campos de cultivo nacionales, de los cuales esperaban rentabilizar los especuladores locales y extranjeros.
Las consecuencias de la venta de las tierras públicas probablemente no fueron imaginadas por sus gestores, demasiado involucrados en las dinámicas de un país devastado por la guerra y siempre ganado por la urgencia. El resultado sin embargo fue la internacionalización del campo paraguayo y más fundamentalmente, el control de la economía nacional por actores de origen foráneo. El relegamiento de los campesinos paraguayos, cuyas posibilidades con esto simplemente se redujeron a la disposición de mano de obra para los nuevos propietarios en un régimen de cuasi-vasallaje, también puede explicarse a partir de la ideología prevalente en el escenario del Paraguay de la postguerra.
En el imaginario liberal, tres cosas no funcionaban en el Paraguay de la pre-guerra. Por un lado, el autoritarismo político era un problema. Aunque este primer problema no estaba solucionado del todo, la creencia liberal aplicada al caso paraguayo privilegió lo económico y confió en que los cambios producidos en el régimen económico eventualmente alcanzarían la dimensión política. El segundo problema del Paraguay de la postguerra en la interpretación de la inteligencia paraguaya de fines del siglo diecinueve era la intervención del estado en la economía. El estado no era un buen administrador, ergo, no debería tomar parte en asuntos que simplemente no le funcionaban. La venta de tierras públicas respondió a este problema y le dio un corte definitivo. El estado ahora estaba fuera de la economía. Finalmente, el ideario liberal de la época también confiaba ciegamente en el valor del hombre europeo. Europa era el modelo y la mejor manera de seguir su camino era trayendo europeos que pudiesen trabajar el Paraguay. Con su presencia, ellos harían del Paraguay y de los paraguayos un mejor lugar y unos mejores ciudadanos. De ahí se colige el interés en traer campesinos europeos a través de los agresivos planes de colonización que acompañaban las ventas de tierras públicas. En este último sentido, la venta de tierras públicas solucionó otro problema. El campesino paraguayo no tendría más oportunidad de detener el progreso del campo. Ahora el país podría ser poblado por europeos que puedan poner en marcha el progreso largamente deseado.
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Fuente: EL PARAGUAY DE LA POST GUERRA (1879-1900) Autor: CARLOS GÓMEZ FLORENTÍN. COLECCIÓN LA GRAN HISTORIA DEL PARAGUAY, 8 © Editorial El Lector, Asunción-Paraguay 2010.

CARLOS GÓMEZ FLORENTÍN - EL PARAGUAY DE LA POST GUERRA (1879-1900) / Prólogo: HERIB CABALLERO CAMPOS / Texto: PAÍS DEVASTADO, PARAGUAY SOCIAL DE 1900

EL PARAGUAY DE LA POST GUERRA
(1879-1900)
Autor: CARLOS GÓMEZ FLORENTÍN
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
COLECCIÓN
LA GRAN HISTORIA DEL PARAGUAY, 8
© Editorial El Lector
Director Editorial: Pablo León Burián
Coordinador Editorial: Bernardo Neri Farina
Director de la Colección: Herib Caballero Campos
Diseño de portada: Celeste Prieto
Diseño Gráfico: César Peralta G.
Corrección: Nidia Campos
Portada: Palacio de López luego del Bombardeo.
Richard F. Burton. Colección de Jaime Grau.
Fotografías del Álbum Gráfico
de la República del Paraguay 1811-1911, Buenos Aires,
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El Lector 11: San Martín c/ Austria.
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Esta edición consta de 15 mil ejemplares
Asunción – Paraguay 2010

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CONTENIDO
PRÓLOGO / INTRODUCCIÓN

-. LA RECONSTRUCCIÓN DEL PARAGUAY DE LA POSTGUERRA: El País Devastado / El Gobierno Provisorio / La Convención Constituyente / La Presidencia de Cirilo Antonio Rivarola / El Caso de los Empréstitos / La Negociación de la Paz. Primera Parte / El Ascenso de Juan Bautista Gill / La Presidencia de Juan Bautista Gill / La Negociación de la Paz. Segunda Parte / El Fin de la Presidencia de Juan Bautista Gill
-. EL NUEVO ORDEN POLÍTICO: La Presidencia de Cándido Bareiro / La Presidencia de Bernardino Caballero / La Venta de las Tierras Públicas y de los Yerbales del Estado / Proyectos de Colonización Europea / La Presidencia de Patricio Escobar / La Fundación de los Partidos Políticos / La Hegemonía Colorada y la Nueva Dinámica del Emergente Bipartidismo.
-. LA POLÍTICA DE CONCILIACIÓN Y LOS NUEVOS GRUPOS DE PODER ECONÓMICO: El 18 de Octubre de 1891 / El Pacto Político de los Generales / Egusquiza y la Tercera Vía / La Tercera Vía en Crisis
-. LA NUEVA DINÁMICA ECONÓMICA: El Paraguay Social del 1900 / La Mujer de la Postguerra
-. CONCLUSIÓN
-. EL AUTOR
-. FUENTES CONSULTADAS:
Fuentes Primarias / Fuentes Secundarias

PRÓLOGO
En este libro CARLOS GÓMEZ FLORENTÍN nos presenta un detallado estudio sobre el período de estructuración del Paraguay liberal durante los treinta años siguientes a la finalización de la Guerra contra la Triple Alianza.
En este octavo volumen de la Gran Historia del Paraguay, el autor describe la dramática situación en la que se encontraba la nación, así mismo cuales fueron las primeras medidas para reconstruir el estado y volver a articular la sociedad y los medios de producción que fueron devastados por la guerra y la desolación por la hambruna que significó la desaparición de más del 50% de la población de la república.
Este joven historiador analiza con destreza el devenir político, el realineamiento de los grupos de poder bajo la sombra de las tropas de ocupación aliadas que se convirtieron en verdaderos virreyes de la política nacional.
No está demás señalar que el autor es un exponente destacado de la nueva generación de historiadores que contribuye con su formación y dedicación nuevas miradas a un período del que aún falta mucho por sacar a la luz para comprender de qué modo pudimos salir de las cenizas y cuáles fueron las características de la república liberal paraguaya.
Son sumamente interesantes las referencias al origen de los partidos políticos tradicionales paraguayos y las características de los mismos, así como también a las construcciones históricas que se hicieron sobre su conformación original. Además por la formación politológica del autor, el mismo puede ilustrarnos con claridad sobre los componentes ideológicos de los mismos.
La obra está dividida en cuatro apartados fundamentales el primero de los mismos se ocupa de explicar la reorganización de la nación, el segundo analiza la denominada "Pax Caballero", durante los gobiernos de Bernardino Caballero y Patricio Escobar, para luego en el tercer apartado dedicarse a describir y analizar los gobiernos que el autor denomina la "Tercera Vía" de la política paraguaya representada por los gobiernos de Juan G. González, Juan Bautista Egusquiza y Emilio Aceval. En el último apartado Carlos Gómez se refiere a aspectos como la cuestión económica, y el protagonismo de las mujeres en este período.
Por lo tanto no podemos dejar de recomendar una obra que nos permita comprender un proceso tan complejo y fundamental de la historia paraguaya con tanta claridad.
HERIB CABALLERO CAMPOS

INTRODUCCIÓN
La historia de la postguerra y el período de reconstrucción de la república del Paraguay se revela como una de las etapas más fascinantes de la historia del país. Si bien tradicionalmente fue poco investigado, este período ha sido traído a la luz en la última parte del siglo pasado a través del trabajo meritorio de un grupo de historiadores y cientistas sociales que consideró clave revelar la última etapa del siglo diecinueve para entender mejor el itinerario posterior de nuestra historia.
En general, existe coincidencia entre los distintos autores acerca de tres fundamentales cambios producidos en el Paraguay de la postguerra: primero, el país tuvo que ser reconstruido tras la devastación de la guerra; segundo, el período implicó la adopción de una constitución liberal con la consecuente gradual e incompleta liberalización de la política nacional; y tercero, con la adopción de reglas capitalistas, el sistema económico se abrió decididamente al sector privado. Ninguno de estos procesos fue hecho en un vacío histórico. Tanto los actores locales como los actores internacionales que jugaron un decisivo papel en este período reflejaron en sus acciones herencias históricas que influyeron en la implementación de una democracia liberal basada en un régimen capitalista. Esto tampoco supuso que el peso de la tradición simplemente de-terminara el desembarco fallido de la democracia liberal y del capitalismo en Paraguay. Todo lo contrario, los protagonistas de esta historia se adaptaron a las nuevas condiciones y respondieron inventivamente a los problemas que le presentó el escenario desolador del Paraguay de la postguerra. El interés de esta historia radica precisamente en la contraposición de lo nuevo y lo viejo, el Paraguay de la preguerra y el Paraguay de la postguerra, y en el itinerario resultante de esta dinámica interacción.
La simultaneidad de los procesos de reconstrucción, en lo económico, político y social, señala un momento singular en la historia del país en el cual todo estaba todavía por ser escrito. Esto hace de este momento histórico un laboratorio privilegiado para explorar el pasado del Paraguay, con la ventaja de mirar hacia atrás con conocimiento del desenlace posterior de la historia del país. La analogía con el reciente período de transición, si bien forzada, puede resultar estimulante si se tiene en cuenta que el período estudiado en este trabajo fue también un período de transición. Como tal, hubo múltiples diferencias entre los resultados buscados y los logros obtenidos. En este sentido, tal vez esta historia pueda iluminar los desajustes y los desencuentros que limitaron el proceso de transición a un régimen democrático capitalista a fines del siglo diecinueve. Muchos de los cuales seguramente continúan limitando el propio funcionamiento democrático de la república en el inicio del siglo veintiuno.
Este trabajo está dividido en cuatro capítulos. El primero comprende la reorganización del país tras el cataclismo de la guerra, la negociación de los términos de la pacificación definitiva con los gobiernos aliados, brasileño, argentino, y uruguayo, y el consecuente retiro de las fuerzas de ocupación, la implementación de una constitución de corte liberal, el establecimiento de un sistema capitalista, las luchas de facciones políticas por el poder, hasta la estabilización de un grupo de poder proto-colorado en el gobierno.
El segundo capítulo explora la pacificación del país bajo los regímenes de Caballero y Escobar, la venta masiva de tierras públicas y el establecimiento de capitales transnacionales en el país, y la institucionalización de lucha por el poder entre las facciones políticas a través de la fundación de los partidos políticos.
El tercer capítulo incluye el ascenso de un grupo moderado de colorados al poder, sus experiencias de gobiernos de coalición, la institucionalización del sistema bipartidista, la radicalización de las luchas entre los dos partidos políticos y el ascenso de un nuevo sector económico con intereses transnacionales y sus crecientes vínculos con la política nacional.
Por último, una cuarta sección resume los cambios sucedidos en el orden económico, el surgimiento gradual en el orden económico, el surgimiento gradual de nuevos actores sociales, y el rol de la mujer en la postguerra, con una breve conclusión.

EL PAÍS DEVASTADO
En enero de 1869 la bandera del imperio del Brasil ondeaba en el mástil del Palacio de López. La torre del palacio, símbolo del esplendor del modelo de desarrollo dirigido por el estado lopista, lucía todavía dañada por un cañonazo de la artillería brasileña. Las fuerzas armadas brasileñas habían tomado la ciudad sin encontrar resistencia. Las fuerzas armadas del gobierno de Francisco Solano López hacía tiempo estaban en fuga. Las fuerzas armadas argentinas acampaban en Campo Grande, apenas en las afueras de la ciudad. Un par de cientos soldados uruguayos completaban el régimen de ocupación establecido por la triunfante Triple Alianza. La población de Asunción, tras varios dolorosos años de lucha, estaba finalmente bajo régimen de ocupación. El gobierno estaba acéfalo y lo que restaba de las fuerzas armadas y del gobierno de López estaba en camino hacia su trágico final en Cerro Corá donde finalmente el Mariscal encontraría la muerte a manos de hombres del ejército brasileño recién el primero de marzo de 1870.
El régimen de ocupación supuso innumerables abusos principalmente de parte de las fuerzas brasileñas. Indefensos frente al poder militar del ejército invasor, mujeres principalmente, pero también infantes huérfanos y ancianos, y algunos pocos hombres adultos que pudieron salvarse de la catástrofe de la guerra, miraban sucederse los atropellos que incluían abusos sexuales, robos, saqueos, mutilaciones, golpes, e inclusive ejecuciones sumarias sin poder ejercer oposición alguna. Buena parte de la población se había refugiado en el interior creando la sensación para los invasores de haber llegado a una ciudad fantasma. El hambre y las enfermedades amenazaban la existencia de la población restante. Los cadáveres todavía sin sepultar se exhibían como un recordatorio del macabro desenlace de la guerra. Animales de carroña se aprovechaban de los cuerpos sin vida arrojados en los caminos de tierra mientras todavía podían sacar ventaja a los gusanos y a las moscas.
El impacto demográfico de la guerra ha sido objeto de intenso debate entre historiadores del Paraguay. Los porcentajes estimados van desde una pérdida del diez por ciento de la población hasta un setenta por ciento en los cálculos más elevados. Los cálculos acerca de la resultante relación entre la población masculina y la población femenina producida por la guerra tampoco encontraron consenso. Las cifras ofrecidas van desde una relación de diez mujeres por cada hombre hasta otras más bajas de tres mujeres por cada hombre.
En cualquiera de los casos, la verdad parece estar a medio camino entre los dos extremos. La pérdida demográfica para Paraguay después de la guerra probablemente estuvo en el orden del cincuenta por ciento de la población total. La relación entre los géneros fue posiblemente de un hombre por cada cinco mujeres. El resultado no deja de ser desolador. Un cálculo estimativo resulta en la pérdida de aproximadamente doscientos mil habitantes de los cuatrocientos mil que existían en Paraguay al momento de comenzar la guerra. La pérdida demográfica en definitiva no tiene parangón en el hemisferio y difícilmente sea superada por otros escenarios bélicos inclusive en el contexto de las guerras masivas del siglo veinte.
La pérdida humana acaso pueda solo ser superada por la dimensión material del daño ocasionado por la guerra. La maquinaria estatal del estado de los López fue barrida tras el largo conflicto. El gobierno estaba simplemente desierto. Aún peor, no existían instituciones gubernamentales que pudiesen articular la conducción política del país. El legado personalista de la conducción política del gobierno en la etapa previa a la guerra agravó la situación puesto que en ausencia de los líderes del pasado no había instrumentos institucionales que permitan la continuación del mismo a través del simple recambio de personas.
Si la situación en la capital era calamitosa, otro tanto ocurría en el interior del país. En esos años, la expansión territorial del país conservaba a grandes rasgos la estructura de ocupación territorial del período colonial. Centrada en Asunción, de espaldas al Chaco, la población se extendía en un semicírculo de aproximadamente 50 leguas que se expandía hacia el sureste en dirección a los límites del sur con la Argentina y del este con el Brasil. Pilar, Villa Rica y Encarnación eran los mayores poblados hacia el sur y la expansión hacia el norte no había producido todavía poblados del mismo porte. Podría decirse que la destrucción siguió la marcha de las fuerzas armadas lopistas en retirada. Trinidad, Itá, Itauguá y Luque estaban desiertas. La hambruna y las pestes habían asolado al campo y la gente batallaba por la supervivencia.
A nivel económico tampoco restaba gran cosa. Las industrias de bandera del régimen lopizta, la fundición de hierro, el arsenal, y el astillero desaparecieron a consecuencia de las acciones de las propias fuerzas armadas nacionales en retirada. Otro tanto ocurrió con el ferrocarril. En un nivel fundamental, la producción agrícola del país cayó dramáticamente. Las plantaciones de caòa de azúcar, maíz, arroz, algodón, café, mandioca, naranja, y tabaco fueron abandonadas por culpa del reclutamiento masivo para la guerra. Otro tanto ocurrió ron los yerbales. Es difícil poner cifras aproximadas al daño económico de la guerra. Lo que resulta innegable es que la producción económica cayó a niveles que ni siquiera podían satisfacer las necesidades de la mermada población restante tras la catástrofe de la guerra.
La gran dependencia del país en la producción agrícola hizo esta situación todavía más notoria. La fuerza laboral era siempre el principal factor detrás de los números de la productividad agrícola del país. La casi total inexistencia de mano de obra agrícola hizo que el campo ingresara en un estado de total parálisis. Si bien hubo pueblos que resultaron ilesos de las consecuencias de la guerra, la decadencia se contagió rápida-mente y alcanzó a estos poblados, que cayeron igualmente en la inercia productiva que caracterizó al escenario post-bélico del país.
La sangría poblacional tomó nuevas dimensiones con la fuga de compatriotas al exterior. Muchas mujeres prefirieron abandonar el país tras el retiro de las fuerzas armadas uruguayas que se llevaron consigo parte de la población femenina. Otros destinos fueron Corrientes en la vecina Argentina y Mato Grosso en el territorio brasileño. Sin embargo, el flujo poblacional también trajo muchos paraguayos radiados por el régimen lopizta que vieron en la guerra una oportunidad de cambio político para el Paraguay tras largos años de vida en el exilio. Entre estos hombres también hubo casos de retornos de personas que fueron enviadas en funciones diplomáticas o becados para realizar estudios a Europa. Esta mezcla de personas daría pie al movimiento reconstructor del Paraguay de la postguerra.

EL PARAGUAY SOCIAL DEL 1900
Los actores populares a menudo se tornan invisibles en esta narrativa desde la perspectiva de los actores de las elites políticas y económicas. En parte, Abente explica este fenómeno de la política paraguaya a partir de la rápida incorporación en condiciones de desigualdad de las clases populares a la política partidaria, en la cual jugaron un papel marginal solo como furgón de cola de las elites de los partidos tradicionales con base policlasista desde su propia formación. En esto, los sistemas de distribución de semillas y la recolección de productos del campo, articulada a través de los jefes políticos regionales, parece haber jugado un rol decisivo desactivando el potencial político de los sectores populares. Aún así, para historiadores como Milda Rivarola, en simultáneo con esta narrativa histórica desde el rol de las élites transcurría una historia vivida a contracorriente por los actores populares que participaban activamente en la construcción social del Paraguay.
Francisco Gaona rastreó el origen de las organizaciones populares del Paraguay a las sociedades de Socorro Mutuo de postguerra. Estas sociedades de ayuda a inmigrantes articularon las primeras expresiones solidarias colectivas que aspiraron a remediar los tremendos problemas sociales que castigaban a los actores populares. Entre estas sociedades, la sociedad de socorro mutuo de los obreros tipográficos se constituyó en la más activa en cuanto a la defensa de los derechos de los trabajadores. Conexiones transnacionales entre Buenos Aires y Asunción jugaron un papel clave al conectar un imaginario sindical entre los trabajadores de Argentina y Paraguay. En su origen, sin embargo, estas sociedades eran también policlasistas, de la misma manera que los partidos políticos, lo que impedía formular frentes puramente clasistas. La sociedad de tipógrafos fue la primera en formalizar un frente de profesionales trabajadores de los medios de prensa en mayo de 1886 con el objeto de defender intereses de clase. El gobierno de Juan Gualberto González le reconocería personería jurídica a la organización el 22 de mayo de 1891.
Las primeras críticas públicas de estos sectores estuvieron dirigidas a la explotación contenida en el régimen de conchabo.
Otras críticas estarían dirigidas a la explotación de los trabajadores domésticos. A partir de 1889, los obreros tipográficos comenzaron las primeras huelgas que aparecieron como herramientas de lucha para conseguir el reconocimiento de sus derechos laborales. Pronto los obreros ferroviarios seguirían la vía de la huelga como herramienta de negociación en la lucha por los derechos laborales. Otro tanto ocurrió luego con los obreros panaderos y tranviarios. Entre los panaderos destacó un grupo anarquista que aunque minúsculo fue particularmente ruidoso en 1892.
Siguieron las huelgas de sastres, costureras, peluqueros, mozos, trabajadores telegráficos y carpinteros en los siguientes años. En el mismo contexto fue creado el Colegio de Escribanos como herramienta para defender los derechos del gremio. Los maestros albañiles obtuvieron la reducción de la jornada laboral a ocho horas el 9 de noviembre de 1893. La crispación de los sectores populares también encontró eco en el campo donde hubo resistencia violenta a desocupaciones en la zona de Concepción. Ante estas circunstancias, los representantes patronales tuvieron que abrir largos procesos de negociación con los empleados de manera a llegar a acuerdos que permitan continuar el funcionamiento de sus empresas. En medio de esta agitación de los movimientos sociales emergentes, fue creada la Asociación General de los Trabajadores en 1897. El líder Cecilio Báez fue uno de los activos participantes de la asamblea fundadora. Un gremio de carpinteros fue fundado en 1900.
Entre los principales dirigentes gremiales de principio de siglo se destacaba el paraguayo Modesto Amarilla, el anarquista José Serrano, español de nacimiento, y el catalán socialista Juan Rovira. Otra sociedad de comercio fue fundada en 1901 reflejando el crecimiento de la organización laboral en Paraguay. La lucha de los diferentes sectores apuntaba al reconocimiento del descanso dominical y a la concesión de una caja de pensiones. Ambos conseguidos en 1902 como parte del esfuerzo del gobierno de Aceval para apaciguar los ánimos de los movimientos laborales.
Antes los hojalateros consiguieron reducir sus horas laborales a ocho en 1901. Maestros, profesores, y estudiantes hicieron huelgas en el 1902. Gaona inclusive hizo una lectura populista de la revolución de 1904, adjudicando la principal responsabilidad del levantamiento a los actores populares que reaccionaron a las recurrentes crisis económicas del tardío primer régimen colorado. Aunque estas conclusiones parecen exageradas, está claro que la movilización popular jugó un rol en los cambios políticos que caracterizaron la última etapa de los gobiernos colorados. Y más allá de posibles cooptaciones que la política partidaria haya podido hacer de los movimientos obreros, los sectores populares trataron de defender sus intereses y de articular organizaciones políticas que le otorguen representación política más acorde a sus propias expectativas.

LA MUJER DE LA POSTGUERRA
El papel de la mujer en la reconstrucción de la república después de la guerra fue fundamental para la pronta recuperación del país. Un caso obvio lo constituye el terreno educativo. Rosa Peña y Asunción Escalada fueron las primeras educadoras de la postguerra y pusieron escuelas en funcionamiento ya en 1870. Desde ese momento, las mujeres trabajaron en el retorno sistemático de la educación a todo el país. En 1874 consiguieron establecer secciones femeninas en el Colegio Nacional, fundado en 1872. A través de un proceso largo que incluyó la creación de la Escuela Graduada de Preceptores en 1890, bajo la dirección de Adela Speratti, institución que se transformaría en la Escuela Normal de Maestras en 1896, las mujeres educadoras consiguieron aumentar sensiblemente el número de estudiantes en las escuelas del país.
Las mujeres además tuvieron a su cargo la producción de alimentos, el trabajo agrícola, el mantenimiento de los animales, la reproducción de la especie, la reconstrucción de la familia, y la realización de los más diversos tipos de oficios requeridos por el Paraguay de la postguerra. Estas tareas no fueron nuevas para ellas. En gran medida, estas mujeres sobrevivientes de la guerra grande simplemente continuaron desempeñando roles clave en el mantenimiento de la república que comenzaron a jugar mucho antes de que llegue la postguerra. Como señaló la historiadora Barbara Potthast, el Paraguay de la postguerra fue engañosamente llamado el 'país de las mujeres' ya que esa frase no indicó una relación de poder favorable al sexo femenino que haga justicia a su amplia mayoría demográfica y a su rol dominante en la reconstrucción del país.
En este sentido, como señalara la historiadora Barbara Ganson, las mujeres a pesar de cargar con el peso de la reconstrucción del país no tuvieron acceso a los cargos de poder, o participación en igualdad de condiciones en el proceso político, carecieron de acceso a la educación superior, o siquiera al reconocimiento por su labor más allá de los actos honoríficos y la reciente glorificación de las 'Residentas' por parte de los gobiernos autoritarios de la segunda mitad del siglo veinte. Ciertamente, nada que pueda retribuir el haber sido víctima de los peores abusos durante el régimen de ocupación militar extranjera, que a menudo les supuso resistir famélicas violaciones, prostitución, y muerte en las calles de Asunción, luchando por obtener alimentos que mantengan con vida a sus pares, a los ancianos y los niños sobrevivientes. En parte, Potthast explica esta asimetría entre la colaboración femenina en la reconstrucción del país y su visibilidad en los lugares de poder por las continuidades que se registraron entre el Paraguay de la preguerra y el país de la postguerra.
Las mujeres habían sido grandes protagonistas de los actos de patriotismo registrados durante la última etapa del régimen de Francisco Solano López. Inclusive en la última etapa de la guerra, las mujeres hicieron la guerra suya y salieron a combatir al campo de batalla detrás de los hombres. Precisamente, esta posición subalterna fue la que no se modificó en el contexto de la guerra, y se mantuvo en el escenario de la postguerra.
Aunque las mujeres protagonizaron manifestaciones populares en el Paraguay convulsionado de la década de 1870, siempre lo hicieron en situación de inferioridad con relación a los hombres. Apenas los exiliados volvieron al país ocuparon los principales lugares de poder con total falta de reconocimiento al rol jugado por las mujeres. Peor aún, como explica Potthast, cuando las mujeres intentaron convertirse en activas participantes de la discusión política, los actores políticos liberales las censuraron recordando el visible rol político jugado por las mujeres en las últimas horas del lopizmo.
Al relacionar la participación femenina en la arena política con los peores defectos del autoritarismo de los López, los liberales del período constitucional se garantizaron su posición dominante en la política a costas de la abrumadora mayoría femenina de la población del país. Pronto las mujeres adoptaron la moral burguesa de fines del siglo diecinueve defendida por los liberales ilustrados a través de las publicaciones de la época. La mentalidad femenina tuvo que acomodarse forzosamente al discurso moralista y ya para 1886 el censo revelaba la profunda reorganización de la relación familiar, en la cual la mujer recuperaba su posición de reclusión al espacio privado de la familia monogámica.
Aunque la invisibilidad de la mujer en el espacio político pueda resultar engañosa, y la mujer en realidad haya participado mucho más activamente en las decisiones privadas y públicas, por ejemplo relativas a la educación de los hijos, las propias acciones de sus maridos, o en cuanto a sus propias elecciones privadas, también resulta innegable que el poder, que probablemente la mujer inclusive pudo ejercer por sí misma en el Paraguay de la postguerra, nunca fue compartido en igualdad de condiciones por hombres y mujeres.

CONCLUSIÓN
El Paraguay de principios de 1900 presentaba una realidad radicalmente distinta del país devastado que emergió de la guerra. De la mano de los gobiernos colorados, el país recuperó una estructura política reconocible. Inclusive el reconocimiento y el mantenimiento de la soberanía política, si bien disminuidas por las lógicas diferencias de poder con los vecinos y también las políticas intervencionistas de distinto tinte que caracterizaron a los gobiernos de Brasil y Argentina en este período, pueden ser considerados logros parciales de este proceso. Si bien es cierto que el orden liberal fue imperfectamente aplicado, y la gestión política cayó en autoritarismos de diferentes grados, la realidad política era la de un país en proceso de liberalización política.
Los mecanismos democráticos se vieron frenados por la implementación sistemática del fraude o la directa exclusión de la oposición de los procesos electorales. La violencia fue aceptada como forma válida de cambio de poder por los actores de los dos partidos políticos. Tampoco se avanzó hacia la articulación de un régimen democrático de separación de poderes y el poder ejecutivo mantuvo un profundo control de la gestión judicial y también en gran medida del propio poder legislativo.
Otro tanto ocurrió en lo económico donde el rol de los actores privados fue decisivo en la acumulación de riquezas, ahora ya sin la mediación del estado. En este ámbito se registró una aguda internacionalización de la acumulación capitalista, ahora en buena parte controlada por corporaciones transnacionales que llegaron al país con las leyes de ventas de tierras públicas de 1883 y 1885. Como consecuencia de estos cambios, el Paraguay rural fue desplazado de las tierras fiscales y tuvo que insertarse en condición desfavorable en el nuevo orden económico. Probablemente la creciente intromisión del poder económico en el ámbito político fue otro de los puntos destacados de este período, un fenómeno que iría a tener graves consecuencias para la actividad gubernamental de principios de siglo veinte.
El Paraguay social también experimentó una profunda transformación durante esta etapa ya que la población se triplicó entre 1870 y 1900, generando un capital social desaventajado por la falta de servicios básicos como salud, educación, y fuentes de trabajo, pero también rico en juventud y en vitalidad. El proceso de crecimiento demográfico interno fue complementado por una pequeña pero activa inmigración que ayudó a dibujar un nuevo rostro social para el país. Si bien es cierto que actores clave como los sectores populares o las mujeres fueron dejados de lado por el proceso político elitista, es cierto también que ellos y ellas proporcionaron la fuerza de tracción de las grandes transformaciones del Paraguay de fines de siglo diecinueve. Entre estas deudas pendientes y la promesa de profundizar en las prácticas democráticas en el nuevo siglo el Paraguay inauguraría pronto una nueva época.
A menudo los autores han visto en la tradición autoritaria o en la 'psiquis autoritaria', y en la falta de una tradición democrática los límites de este proceso de transición del Paraguay de la postguerra. Como espero se haya podido ver en este recuento, la realidad se juega en las disputas políticas cotidianas que difícilmente reflejan de forma transparente esquemas conceptuales que además no están grabados en bronce.
La experiencia paraguaya en el terreno económico también muestra la flexibilidad de los actores sociales para ajustarse a las nuevas realidades y participar activamente en el proceso que introdujo un régimen abiertamente capitalista en el Paraguay. Finalmente, la inventiva y la tenacidad exhibida por los actores sociales que reconstruyeron el país sirven como ejemplo de la vitalidad que emerge en situaciones extremas y que puede revertir los escenarios más adversos. Mujeres y hombres emergieron de esta sociedad con dolorosas lecciones las cuales con certeza pueden iluminar nuestro presente.

FUENTES CONSULTADAS
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ARTÍCULOS SOBRE EL LIBRO EN ABC COLOR:
1.- Lopizmo y antilopizmo, la gran discordia después de la guerra, artículo en ABC COLOR.
Mañana domingo, con el ejemplar de ABC Color, aparecerá el octavo libro de la Colección La Gran Historia del Paraguay, de la Editorial El Lector. Se trata de “El Paraguay de la Post Guerra 1870-1900”, del historiador Carlos Gómez Florentín, quien actualmente está cursando su doctorado en Historia en Nueva York.
En esta parte de la entrevista que sostuvo con ABC, Gómez se refiere a la relación de los partidos Colorado y Liberal con la figura del Mariscal López y sobre los conflictos internos de la posguerra.
–Los partidos políticos son considerados herederos del lopizmo y del antilopizmo. ¿Hasta qué punto eso fue así?
–Existe una interpretación histórica que ve una continuación entre el lopizmo y el coloradismo y entre el antilopizmo y el liberalismo. Sin embargo, de acuerdo con los documentos del periodo, ese no fue el caso.
–¿Y cómo fue?
–En realidad, esta interpretación está basada en una media verdad, ya que es cierto que hubo lopiztas en el Partido Colorado, de la misma manera que hubo antilopiztas en el Partido Liberal. El problema es que también hubo lopiztas en el Partido Liberal de la misma manera que hubo antilopiztas en el Partido Colorado.
–En la Fundación del Partido Colorado hubo algunos antilopiztas.
–En realidad fue peor, hubo más antilopiztas en el Partido Colorado que en el Partido Liberal. Y no solo eso, sino que José Segundo Decoud, la figura más destacada del antilopizmo, fue el arquitecto del Partido Colorado.
–Entonces, las posturas respecto a la figura de López, anti o pro, no fueron patrimonios específicos de cada partido, como se dio a entender en algún momento de nuestra historia.
–En el fondo, el problema con estas explicaciones casi fundamentalistas que parten de la base de militancias políticas inalterables es precisamente que niegan la movilidad, el alto nivel de capricho político que había en la época, como existe todavía hoy sin duda, que llevaba a que los actores cambiaran de inclinación política sin mucho peso de conciencia. Lo que contaba finalmente era llegar al poder, y las dos inclinaciones, lopizmo y antilopizmo, convivieron en ambos partidos políticos desde el comienzo, algo que continuó por el resto del periodo.
–En cuanto a la reconformación política del Paraguay luego de los gobiernos de Caballero y Escobar, usted habla de una tercera vía. ¿Puede explicarnos en qué consiste?
–Esta “tercera vía” temprana a la paraguaya fue una suerte de gobierno de coalición formado por los sectores moderados de ambos partidos políticos, colorados y liberales, si bien con el predominio del Partido Colorado. Fue ciertamente la apuesta de los gobiernos colorados, de Juan Gualberto González en adelante, pasando por Juan Bautista Egusquiza hasta llegar a Emilio Aceval.
–Pero persistieron los conflictos.
–Lo que pasaba por esa época era que existía un alto grado de conflictividad política entre los sectores duros de ambos partidos, los caballeristas y escobaristas en el Partido Colorado, y los radicales en el Partido Liberal, fundamentalmente generado por la falta de apertura de los colorados en el gobierno hacia la participación política de los liberales. Esta falta de reconocimiento hacia los actores políticos liberales llevó a un estado de crispación política permanente, algo muy obvio en el caso de la fallida revolución liberal del 18 de octubre de 1891 por ejemplo, lo que hizo que la política careciera de gobernabilidad y estuviera constantemente amenazada por la violencia.
–¿Cuáles fueron los beneficios de la tercera vía?
–La tercera vía en principio creó una estructura de gobierno viable, más abierta a la participación de actores políticos y económicos plurales, y más permeable al cambio político. Hubo por primera vez liberales elegidos que fueron admitidos en el Congreso, hubo miembros del Partido Liberal trabajando en el gobierno y en control de la propia Corte Suprema de Justicia, claros indicadores de una realidad política más competitiva, más liberalizada de acuerdo a las prescripciones de la Constitución de 1870.
–Pero no existía un pluralismo político real.
–En los años 1890 no existió un pluralismo político como el que nos imaginamos en nuestros días, pero si hubo un cambio positivo en consideración a la estructura de poder más autoritaria ejercida por Caballero.
28 de Mayo de 2010
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2.- El Paraguay, un país que fue reconstruido por heroicas mujeres, artículo en ABC COLOR.
El Paraguay es un país cuya reconstrucción luego del holocausto del 70 se debió en gran parte a las mujeres, afirma Carlos Gómez Florentín, el joven historiador compatriota que está cursando su doctorado en Nueva York, autor de “El Paraguay de la Post Guerra 1870-1900”, el libro editado por El Lector y distribuido hoy con los ejemplares de ABC Color en el marco de la Colección La Gran Historia del Paraguay.
Este libro, el número 8 de la serie de 20 volúmenes que se publica semanalmente, es quizá uno de los más atractivos pues enfoca una época poco conocida y que fue esencial para que la nación superviviera como tal. Con un enfoque riguroso, amplio, visibilizando protagonismos olvidados (como el de las mujeres) Gómez Florentín redondea uno de los mejores libros de historia escritos últimamente. El mismo se refiere a las mujeres y a otros puntos en la última parte de la entrevista que mantuvo con él ABC Color.
–¿Cuál fue el rol de la mujer en la reconstrucción del país luego de la guerra?
–Sin dudas, las mujeres reconstruyeron la nación. Ellas fueron la gran mayoría de la población sobreviviente después de la catástrofe. Se habla de una relación de al menos cuatro mujeres por cada hombre. Los hombres eran niños, adolescentes o mayores de 60 años, con una escasa franja masculina entre esos dos extremos, compuesta por los exiliados llegados al país solo en las postrimerías del conflicto bélico.
–¿Qué trabajo les tocó hacer a las mujeres?
–Las mujeres fueron las grandes actoras económicas y sociales. La pregunta que requiere explicación para este periodo es por qué no ocurrió lo mismo en el plano político. Y secundariamente, ¿por qué con el tiempo fueron perdiendo ese protagonismo económico?
–¿Cómo se explica eso?
–Parte de la explicación radica en el rol jugado por los exiliados al reivindicar el sesgo machista de la ilustración a la paraguaya que introdujeron con la Constitución de 1870, que si bien negaba distinciones de raza, educación o bienes, excluía la participación femenina en la práctica cotidiana de la política, precisamente cuando la gran mayoría de la población paraguaya de la posguerra estaba constituida por mujeres.
–¿Pero tenían las mujeres algún tipo de poder en aquel tiempo?
–Las mujeres no se sometieron simplemente a un orden masculino, ejercieron poder desde espacios privados como el ámbito doméstico, por ejemplo, pero claramente fueron invisibilizadas del escenario político en un contexto en el cual uno podría incluso haberse imaginado una sociedad “amazónica” a la paraguaya, si se quiere, dada la gran mayoría femenina de la población de la posguerra.
–La venta de las tierras públicas sigue siendo uno de los puntos álgidos de la historia paraguaya: ¿qué ocurrió con dichas ventas?
–Todas las tierras del país fueron a subasta pública en dos operaciones, una en 1883 y otra en 1885, en ambos casos bajo la presidencia de Caballero, aunque las ventas seguirían durante la gestión de Escobar, y las consecuencias se sentirían hasta nuestros días inclusive.
–¿Qué ocurrió?
–Las tierras fiscales fueron puestas al alcance de los actores privados. Lo que pasó finalmente fue que personas primero y luego grupos inversores internacionales se quedaron con la mayor parte de las tierras del país. Con esto se internacionalizó la economía paraguaya y los grandes grupos económicos, los Casado, los Barthe, La Industrial Paraguaya, etc., se hicieron dueños de la mayor cantidad de tierras de la República. En este caso, como en el caso de los empréstitos, actores inescrupulosos, políticos y económicos, amasaron inmensos bienes públicos sin el necesario consentimiento del pueblo paraguayo.
–La venta de tierras públicas ¿trajo beneficios para el país?
–Por un lado, creó una burbuja económica ya que los ingresos de las ventas, fundamentalmente a instancias de los grupos políticos dominantes, se esparcieron en el país al menos como consumo, generando una demanda laboral artificial que fue reflejada en el auge de la construcción en Asunción a fines de los años 1880 y principios de los años 1890. Por otro lado, como dijeron los críticos más radicales de esta medida tales como Carlos Pastore, la venta de tierras públicas institucionalizó el latifundio en el Paraguay y expulsó a los campesinos paraguayos de las tierras que explotaban, en muchos casos propiedades no reclamadas o supuestamente propiedades fiscales. En el largo plazo, estos grupos económicos llegados al país con la venta de tierras públicas generarían beneficios económicos pero todo ello a espaldas del gobierno y a espaldas del país. Tanto los enfrentamientos como las alianzas políticas de fines del siglo XIX y más explícitamente, de principios de siglo XX, serían entre los actores políticos y los gigantescos conglomerados económicos internacionales que llegaron al país atraídos por las tierras fiscales.
–Por último, ¿cómo se encontraba nuestro país a comienzos del siglo XX?
–Era otro país muy distinto de aquel heredado de la posguerra. En esto los gobiernos colorados tuvieron mucho mérito al devolverle al país una fisionomía política más reconocible y al devolverle una estructura de gobierno limitada seguramente, pero también capaz de administrar mínimamente el país. En lo social también era otro. La población se había triplicado, yendo de poco más de 200.000 a aproximadamente 600.000 en tres décadas, con un componente de inmigrantes pequeño pero dinámico. En lo económico era un país internacionalizado, con capitales transnacionales operando al margen de la acción del Estado paraguayo. Algo que con el tiempo se convertiría en un obstáculo constante para la articulación de políticas de Estado autónomas.
29 de Mayo de 2010 - Fuente: www.abc.com.py