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viernes, 29 de octubre de 2010

LUIS VERÓN - PEQUEÑA ENCICLOPEDIA DE HISTORIAS MINÚSCULAS DEL PARAGUAY - TOMO I / Edición digital: BIBLIOTECA VIRTUAL “AUGUSTO ROA BASTOS”



“PEQUEÑA ENCICLOPEDIA DE
HISTORIAS MINÚSCULAS DEL PARAGUAY”
TOMO I
Prólogo de: JESÚS RUIZ NESTOSA
Ilustraciones de: Carlos Sosa "CALO"
y Archivo “Surucu’a”
RP ediciones,
Asunción-Paraguay 1993



Este libro lo podrá leer íntegramente en su versión digital,
en la BIBLIOTECA VIRTUAL “AUGUSTO ROA BASTOS”
del CENTRO CULTURAL DE LA REPÚBLICA “EL CABILDO”
Enlace para ingresar al libro




PRÓLOGO - AMOJONANDO LA MEMORIA
Los paraguayos sólo estamos para las cosas grandes: queremos resolver la guerra del Golfo Pérsico, la invasión de Panamá o dilucidar cuáles fueron los verdaderos alcances de los negociados del Banco Ambrosiano. Las cosas pequeñas, como ser de qué manera fue creciendo la ciudad en la que vivimos, cómo se fue transformando, de qué manera fue adquiriendo sus características distintivas -- y cómo las fue perdiendo-- esto no logra atraer nuestra atención y mucho menos despertar nuestro interés.
Sin embargo cada vez que la piqueta se ensaña con algún antiguo edificio se escuchan los amargos lamentos venidos de numerosos grupos que parecen estar preocupados por la integridad de nuestra ciudad y lo necesario que es que ella mantenga ciertos rasgos distintivos de su personalidad. Esto, por los mismos motivos que el ser humano necesita mantener su personalidad con todas sus virtudes y todas sus contradicciones.
¿Pero cómo podemos defender aquello que no conocemos? Con paciencia y, meticulosidad envidiables, Luis Verón se ha dedicado durante años a una de esas tareas “pequeñas” a las que miramos
con un gesto despectivo pero que tanto añoramos en los momentos de necesidad.
En estos tres años no ha hecho otra cosa que ir trazando un inventario de nuestra ciudad, fue rescatando nombres, fechas, datos estadísticos. En pocas palabras, fue amojonando la historia de esta ciudad, no la historia militar, no la de los golpes y contragolpes de estado, no las conspiraciones ni las asonadas. Por el contrario amojonó nuestra memoria con los datos simples, pequeños, cotidianos, quizá elementales, pero que hacen referencia a los hechos que lograron que esta ciudad adquiera una dimensión humana y se volviera habitable.
Dicen que somos un pueblo muy apegado a la historia. Yo diría que al chisme ya que con harta frecuencia nos movemos en base al “dicen que... “, pero nunca con el dato preciso y documentado, tan fácil de encontrar siempre y cuando, rompiendo la modorra de la siesta tropical, aceptamos acercarnos a algún archivo, a alguna colección de diarios, o de revistas y busquemos allí la respuesta. Es lo que ha hecho Verón. A partir de este libro habrán de caer muchas leyendas, se disiparán falsas creencias y aparecerán nuevas historias, pero con una base de certeza y bastante proximidad.
Contrariamente a lo que ocurre en los inventarios y en los trabajos de catalogación, Verón, personalmente, posee un sentido muy particular del humor, que lo vuelca, a su manera, en este trabajo, introduciendo ese elemento tan necesario y difícil de definir: ¿vitalidad, suspenso, amenidad, ritmo, o simplemente apasionamiento por lo que está haciendo?
Antes de cerrar esta breve presentación quiero emitir un juicio extra literario. Ojalá que este mapa histórico de nuestra ciudad termine cumpliendo una función real y concreta ayudando a rescatar, a través del conocimiento, lo que necesitamos que sobreviva para que nuestra personalidad no termine diluyéndose en ese concepto espantoso y equivocado de “modernidad” por el cual hemos tenido que pagar, hasta el momento, un precio demasiado alto.
JESÚS RUIZ NESTOSA - As. diciembre 93



NOTAS DEL AUTOR
Estas “historias minúsculas”, comenzaron a aparecer en la Revista Dominical del diario ABC Color, en octubre de 1990, en una página semanal llamada “ENTÉRESE”. Su publicación fue casi fortuita, pues en ese entonces realizaba otras funciones en la revista y fue por iniciativa de la señora Marilín Parini que me propuse a buscar y meter las narices en libros, periódicos antiguos, documentos y cuanta publicación pudiera servir en mi trabajo.
Hoy, estas historias mínimas se presentan al lector en formato de libro bajo el título de “PEQUEÑA ENCICLOPEDIA DE HISTORIAS MINÚSCULAS DEL PARAGUAY”. El nombre está concebido a propósito, pues el libro no aspira a ser una gran obra, sino apenas un modesto aporte a la ciudadanía, a través del cual se pretende recuperar para la memoria colectiva anécdotas curiosas y hechos casi desconocidos, mal conocidos u olvidados de nuestra historia, cosas que están allí nomás, a la vuelta de la esquina, a los pies de un monumento, en un somnoliento camino pueblerino o en algún olvidado balcón lleno de recuerdos.
Las “historias minúsculas” que componen este primer volumen fueron publicadas entre octubre de 1990 octubre de 1992 y están ilustradas con dibujos realizados por el joven y consumado artista Carlos Sosa (Caló) y material gráfico del “Archivo Surucu’á”.
** Agradezco a las personas e instituciones que colaboraron en la recolección de los materiales de información y en la posterior edición del libro, en especial a Susi y Blanca Diarte, que dedicaron esfuerzo y tiempo en la compaginación; al autor del prólogo, Jesús Ruiz Nestosa y al autor del comentario de contratapa Jorge Aguadé.
LUIS VERÓN



LUGARES

ARECAYA
A unos veinte kilómetros de Asunción, entre las localidades de Mariano Roque Alonso y Limpio, se encuentra un lugar llamado ‘Arecayá”. El origen de este nombre se remonta a tiempos de la Colonia, cuando fueron ubicados en la zona los indios de la parcialidad de ese nombre.
Los “arecayá” fueron indígenas pertenecientes a la familia lingüística guaraní, que vivían en la zona del río Jejui y se distinguían por su carácter indómito y belicoso. Desde que los conquistadores llegaron a la región, estos indígenas representaron un verdadero problema para los asentamientos coloniales, a tal punto que la fundación de “Villa Concepción del Arecaya” tuvo que ser abandonada por el constante asedio de los aborígenes.
Vencidos por los españoles, fueron reducidos y se les obligó a establecerse en las cercanías de Limpio”, donde, con el correr de los años fueron absorbidos por la población local.


EL MERCADO GUAZU
En la esquina de las calles Palma y Nuestra Señora de la Asunción funcionó -hasta la primera década del siglo- el célebre “Mercado Guazú”, un complejo edilicio cuya fachada principal, sobre la calle Palma, tenía una amplia y larga recoba.
Este edificio fue demolido durante la administración municipal del que después fue presidente de la República, don Eduardo Schaerer (este señor fue un “demoledor consuetudinario”, pues también tiró abajo la casona que fue sede del gobierno colonial depuesto en 1811). Desde entonces, el mercado se instaló provisoriamente en la plaza donde se está construyendo el estacionamiento subterráneo.
El “provisoriato” duró más de tres décadas, hasta que el mercado fue cambiado de lugar. Asunción contó con su primer mercado público hacia 1786, anteriormente la provisión de carnes se hacía a través de las “carneadas” realizadas por las familias capitalinas.


DE TAL BARCO, TAL NOMBRE
Los nombres de los barrios asuncenos, generalmente derivan de los apellidos de las personas que antiguamente fueron propietarios de los lugares donde están ubicados. Muchos de los barrios capitalinos antaño fueron quintas de fin de semana o chacras, como por ejemplo el que actualmente es el populoso barrio “San Pablo” (ex “Stroessner”) que era conocido como “Bejarano Cué”, o el caso de “Villa Morra”, ex propiedad del Dr. Francisco Morra, incluso algunos se convirtieron en ciudades, como es el caso de “Zavala-cué” (Fernando de la Mora).
El nombre del barrio “Sajonia”, no entra en esa generalidad. Tampoco se debe a que alguna familia de origen sajón haya habitado el lugar, sino al hecho -bastante curioso- que durante la “revolución de 1904, las fuerzas rebeldes artillaran el buque mercante “Sajonia” y zarparan de Buenos Aires con destino a Asunción.
Según viejos relatos, el gobierno envió al encuentro del “Sajonia” al “Villa Rica” - también convenientemente artillado- que atacó sin éxito al buque rebelde y terminó encallado en costas argentinas. La tripulación del “Sajonia” se apropió del “Villa Rica” y los dos barcos vinieron nimbo a Asunción.
Desde ese momento nació la fama del “Sajonia” y su sola mención provocaba temor entre la población que comenzó a llamarle “Vapor
Pombero”.
A mediados de agosto de 1904, el “Sajonia” forzó el paso artillado de Ita Pytá Punta y creó zozobra en la capital. Su presencia en los bajos del cementerio del “Mangrullo” (actual Parque Carlos A. López), originó el nombre del populoso barrio.




VERSIÓN PDF - GENTILEZA: BIBLIOTECA "AUGUSTO ROA BASTOS" DEL CENTRO CULTURAL DE LA REPÚBLICA "EL CABILDO"

Pequena Enciclopedia de Historias Minusculas Del Paraguay, De LUIS VERON

viernes, 13 de agosto de 2010

LUIS VERÓN - LA CAMPAÑA DE SAAVEDRA / Fuente: LA GUERRA DEL CHACO (1932-1935)


LA CAMPAÑA DE SAAVEDRA
Autor:
LUIS VERÓN
(ENLACE A DATOS BIOGRÁFICOS Y OBRAS
EN LA GALERÍA DE LETRAS DEL
WWW.PORTALGUARANI.COM )
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LA CAMPAÑA DE SAAVEDRA
La batalla del fortín Saavedra se convirtió en el segundo hito en la historia militar de la Guerra del Chaco cuyos resultados repercutieron desfavorablemente sobre la conducción paraguaya, pues esta se vio obligada a soportar la avalancha enemiga durante casi un año. Solo la creación de nuevas unidades permitirá al ejército paraguayo retomar la iniciativa, que ya no parara hasta la terminación del conflicto bélico.
Retirados los bolivianos de Alihuatá, el 26 de octubre los paraguayos ocuparon este punto sin luchar, rebautizándolo Mayor Ruperto Zenteno. Encontraron unas edificaciones destruidas por el fuego. La ocupación de este punto permitió a las fuerzas paraguayas establecer contacto con el destacamento Irrazabal, del fortín Nanawa, donde estaba conformándose la V División de Infantería.

Una apreciación errónea de Estigarribia ayudó a las tropas bolivianas, que se vieron libradas de una implacable persecución paraguaya. Efectivamente, el comando paraguayo calculaba que en la zona del fortín Fernández había más de 1.000 hombres que podrían poner en riesgo a sus tropas, por lo que desvió a la I DI y la IV DI sobre dicho fortín y Platanillos y ordeno a la II DI quedarse en Arce, en posición defensiva. Pero, en realidad, los bolivianos no contaban con poco más de 200 combatientes distribuidos en cinco puntos aislados. Para tomar Fernández y Platanillos el coronel Estigarribia ordeno la formación de un destacamento a cargo del mayor Tranquilino Ortiz Cabral, comandante del RC2 "Coronel Toledo", que sin luchar capturó el fortín el 30 de octubre, rebautizándolo como Dr. Luis Alberto de Herrera, repúblico uruguayo amigo del Paraguay.

Días más tarde, el Teniente coronel Carlos J. Fernández, al mando de la I División de Infantería, luego de algunas horas de combate, ocupó el fortín Platanillos, rebautizándolo Teniente Acosta. Este fortín era, al igual que Arce, uno de los principales centros de enlace del sistema de fortines bolivianos, porque estaba unido a Camacho, al norte; Arce, al este; Muñoz, al sur, y Ballivian, al oeste. Los bolivianos se habían retirado hasta Campo Jurado (actualmente llamado Joel Estigarribia), pasando por La China y Cabezón.

La perdida de Platanillos ponía en serio riesgo la suerte de otros fortines de los alrededores, como Jayucubas, Bolívar y Loa, que fueron evacuados y ocupados por el ejército paraguayo, y rebautizados como Capitán Serebriakov, Teniente Jara Troche y Teniente Carlos Aristigueta, respectivamente. Mientras tanto, en el ejército boliviano se dieron algunos cambios de comandos.
Al tener noticias que fuerzas paraguayas operaban sobre el camino a Saavedra, los bolivianos se establecieron al borde del extenso pajonal, esperando la llegada de las tropas paraguayas, ubicado a siete kilómetros del fortín Saavedra, en dirección a Alihuatá, donde se extendía un largo pajonal en cuyo borde boscoso del sur los bolivianos cavaron trincheras y se parapetaron con unos 400 hombres que quedaban de la IV División boliviana (más de 2.000 habían desertado), a los que fueron sumándose los conscriptos reclutados y movilizados recientemente por el ejército boliviano, totalizando unos 1.500 hombres, apoyados por la batería "Rivera", de dos cañones Schneider de 75 mm.

Los paraguayos, por su parte, comenzaron a avanzar sobre Saavedra con algunas escaramuzas contra avanzadas bolivianas. El RI3 "Corrales", avanzó por el camino Alihuatá (Zenteno)-Saavedra, enviando patrullas de reconocimiento del terreno, instalándose en el borde boscoso, al norte del cañadón.

El primer contacto serio con los bolivianos se realiza el 7 de noviembre. Al clarear de ese día, el R12 continúo su aproximación infiltrando pequeñas fracciones a causa de que el terreno en esa parte era completamente limpio, aparte de que el fuego boliviano era bastante eficaz. En todo el día apenas pudo ganar unos 50 metros de terreno en el ala sur. El RC3 en cambio fue prácticamente inmovilizado por el fuego de la defensa boliviana que se reveló en toda su potencia empleando numerosas armas automáticas.

Por su parte el R14, que actuaba en el centro del dispositivo de ataque, logro avanzar significativamente, posibilitando al R12 progresar hasta unos 1.500 metros, sin encontrar resistencia. Los días siguientes, el R13 "Corrales" -con 900 hombres- ataco el centro luego las alas derecha e izquierda del dispositivo de defensa boliviano.

Si esta unidad hubiese sido apoyada por la II DI era segura su victoria sobre los 800 hombres que el Teniente Coronel boliviano Bilbao Rioja tenía bajo su mando. Un segundo ataque, a cargo de tres divisiones en el punto decisivo tuvo el inconveniente de que las fuerzas de ataque no fueron suficientes. La utilización de la división de reserva hubiera sido efectiva y determinante. La certera intervención de la batería "Rivera" frustro un asalto a la bayoneta que se preparaba sigilosamente, pero los paraguayos lograron acercarse peligrosamente a las posiciones bolivianas. Mientras tanto, salía de Zenteno el resto de la II DI paraguaya con el RI "2 de Mayo" a la cabeza, para reforzar al R13 "Corrales".

Por su parte, el Teniente coronel Bilbao Rioja dispuso que el regimiento boliviano Murguia encabezase una maniobra de envolvimiento del ala derecha paraguaya, saliendo a su retaguardia en el camino Saavedra-Zenteno. En esta operación también se involucro a varios regimientos, mientras que algunas unidades hacían el amarramiento atacando frontalmente desde sus trincheras, apoyados por los grupos de artillería y la participación de la aviación boliviana. El contraataque boliviano causo momentos de confusión entre los combatientes paraguayos, obligando a un batallón a replegarse desordenadamente. Pronto vino la reacción paraguaya y los bolivianos, del regimiento Murguia, tuvieron que replegarse hasta una zona boscosa. Otros regimientos bolivianos realizaron furibundos ataques, pero, debido a la denodada resistencia paraguaya a pesar de las infiltraciones enemigas en sus posiciones y de los fuegos de metralla de la aviación boliviana, al caer la tarde, ante la carencia de reservas nuevas, se replegaron sobre sus posiciones iníciales.

El hecho de haber paralizado la ofensiva paraguaya fue de suma importancia para el ejército boliviano, pues significaba un aliciente para la recuperación de la moral de sus tropas.

Algunos días después, los bolivianos recibieron un fuerte refuerzo y el 16 de noviembre las fuerzas paraguayas realizaron un nuevo y potente ataque contra el sector central del dispositivo boliviano, pero nuevamente fueron rechazados. La intención del comando paraguayo era desalojar a los bolivianos del este del camino, fijando al enemigo en el centro y en el ala derecha, intentando romper su frente suroeste.

Si bien las tropas paraguayas combatieron denodadamente, la guerra se estabilizo en las trincheras, bajo el asedio de la artillería y el fuego y bombardeo de la aviación boliviana, que duro varios días, con el consiguiente desgaste y desmoralización de las tropas, además del agotamiento de los víveres por las dificultades de aprovisionamiento.

SAAVEDRA

Para conjurar la situación, el coronel José Félix Estigarribia planifico una nueva maniobra envolvente. Su objetivo era apoderarse del fortín Saavedra con el propósito de provocar la caída de toda la serie de fortines bolivianos del sur hasta el Pilcomayo.
Para ello, atacara con tres divisiones, teniendo a una cuarta como reserva. Dos divisiones rodearían al ala izquierda de la línea boliviana hasta llegar al camino Saavedra-Muñoz, aniquilando de paso a las fuerzas bolivianas que defendían el sector Saavedra-Masamaclay.

En la noche del 30 de noviembre la I División paraguaya inicio su marcha, llegando al amanecer a Puesto Montano, donde descubrió un reten boliviano. Esto significo que, en vez de rebasar el despliegue boliviano, las fuerzas paraguayas chocaran con su extremo izquierdo. Prontamente los bolivianos tomaron las medidas con el objetivo de detener el envolvimiento paraguayo, apoyado por la artillería y la participación de tanques de guerra, desatándose una sangrienta batalla que duró varios días, con numerosas bajas en el sector paraguayo, quedando sus regimientos, en menos de una semana, diezmados y exhaustos. Un contraataque boliviano paralizó totalmente la acometida de la división paraguaya. Igualmente, en otros sectores, los paraguayos encontraron una férrea defensa boliviana que paralizó sus movimientos. Estigarribia dispuso que la V División, con base en Nanawa, atacara Masamaclay, pero su actuación no fue decisiva.

El 5 de diciembre, el general alemán Hans Kundt llegó a La Paz, convocado por el gobierno para asumir la dirección del ejército boliviano. Nombrado General en Jefe del Ejercito en campaña, fue dotado de amplios poderes, que no fueron dados a sus predecesores, los generales Osorio y Lanza. Este entregó el cargo al recién llegado, el 6 de diciembre de 1932.

El mismo día de su llegada a La Paz, Kundt ordenó el repliegue inmediato del ejército boliviano, para evitar ser cercado por los paraguayos en Saavedra, pero la formidable resistencia que en ese momento estaba realizando el ejército boliviano hizo que reviera su orden inicial.

El coronel Enrique Peñaranda reasumió la comandancia de la IV División boliviana. Mientras tanto, la batalla seguía su curso, con los combatientes posicionados a distancias no mayores de entre 100 y 300 metros.

El 10 de diciembre, las fuerzas paraguayas acometieron nuevamente contra las posiciones bolivianas intentando vanamente romper el frente defensivo boliviano, llegando, en algunos casos, a apenas 30 metros de las trincheras enemigas.

Mientras los defensores bolivianos del Kilómetro 7 seguían combatiendo denodadamente, el 15 de diciembre perdieron a uno de los más apreciados jefes, el mayor Germán Jordán, de descollante actuación en importantes acciones anteriores, muerto a causa de una bala perdida. Desde ese día, ese extenso pajonal, tan férreamente atacado por los paraguayos y defendido por los bolivianos, fue bautizado en su homenaje con el nombre de Campo Jordán.

Los defensores bolivianos captaron las intenciones del comando paraguayo de atacar Saavedra por el norte y el sur, flanquear el Kilómetro 7 para cortar el camino a Muñoz, encerrar a las divisiones IV y VII bolivianas y luego hacer una convergencia sobre Muñoz. Por razones logísticas, el comando paraguayo se vio obligado a reagrupar sus fuerzas, pero preparando un ataque general a fondo antes de que la estación de lluvias frustrara las operaciones.

El extremo cansancio de sus hombres, las dificultades de aprovisionamiento y las enfermedades que agravaban la situación del ejército paraguayo, la poca efectiva ofensiva contra las defensas bolivianas, así como el riesgo que representaba la caída de Platanillos en poder de los bolivianos, decidió a Estigarribia a volver a la defensiva, fortificando sus posiciones, preparándose para retomar la iniciativa en la primera oportunidad. Mientras, para enfrentar al II Cuerpo de Ejército boliviano, el comando paraguayo también dispuso la organización de su II Cuerpo de Ejército.

La tregua que el Papa Pio XI obtuvo para los combatientes por Navidad, fue aprovechada por los paraguayos para posicionarse a ambos costados del camino Saavedra-Zenteno, en el Kilómetro 12. Pasada esta pausa, las acciones se reanudaron con singular violencia, especialmente en los últimos días del año, tal que el empuje de los regimientos bolivianos obligó a las tropas paraguayas a replegar sus flancos hasta el Kilómetro 9.

Debido a las importantes bajas, el comando boliviano ordenó el repliegue, pero el ataque paraguayo hizo imposible cumplir totalmente dicha disposición hasta varias horas después, bajo la protección de una torrencial lluvia, retirándose hasta sus trincheras del Kilómetro 7. La batalla en defensa del fortín Saavedra se extendió por varios días mas, sin definir ningún resultado a favor de uno a otro ejercito, pero tuvo proyecciones hacia otros hechos de armas igualmente importantes, que tuvieron lugar poco después, obligando al ejército paraguayo a reformular su actuación en la defensa del territorio disputado. Algunas de las acciones realizadas paralelamente a la batalla contra las posiciones bolivianas de Saavedra, que tuvo su punto central en el Kilómetro 7, fueron el combate del fortín Las Lagunas (4-6 de diciembre); la retoma boliviana del fortín Platanillos (13 de diciembre); la retoma boliviana del fortín Loa (14 de diciembre), la retoma boliviana del fortín Bolívar (21 de diciembre) y la toma boliviana del fortín General Duarte (30 de diciembre de 1932).
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Fuente:
Autor: LUIS VERÓN
© Editorial El Lector
Asunción – Paraguay
2010 (165 páginas).
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de la Literatura Paraguaya.
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miércoles, 11 de agosto de 2010

LUIS VERÓN - LA MOVILIZACIÓN DE 1928 / Fuente: LA GUERRA DEL CHACO (1932-1935)

LA MOVILIZACIÓN DE 1928.
Autor: LUIS VERÓN
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

LA MOVILIZACIÓN DE 1928.
Los ataques de fortines establecidos en el Chaco, tanto por fuerzas paraguayas como bolivianas, desembocaron en un peligroso estado de beligerancia que, por poco, no llevó a la guerra. La falta de preparación de ambos ejércitos fue el factor determinante de la postergación del conflicto.
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A raíz del ataque paraguayo al fortín Vanguardia, fuerzas bolivianas capturaron los fortines paraguayos Boquerón y Mariscal López, además de producir la ruptura de relaciones diplomáticas entre los gobiernos de Bolivia y el Paraguay.
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Ante este situación, el gobierno paraguayo ordenó, el 16 de diciembre de 1928, la movilización "a los individuos de Tropa de la reserva del Ejercito Permanente y Armada, a todos los ciudadanos hábiles para el servicio de las armas... " de 20 a 29 años de edad. Igualmente. creó el cargo de Comandante en Jefe del Ejercito y Marina Nacionales, designando para el cargo al general Patricio Alejandrino Escobar, un jefe retirado del servicio activo hacía muchos años; la Insectoría General del Ejercito, a cargo del general Manuel Rojas; la Junta de Aprovisionamiento y el Consejo de Defensa Nacional, presidido por el obispo Juan Sinforiano Bogarin. Mientras tanto, la comisión militar de compra de armamentos suscribía contratos con fábricas europeas.
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La movilización decretada por el gobierno paraguayo, llamando a diez clases de la reserva, en vez de constituir un Paso decisivo en la defensa del Chaco, desnudó un cumulo de falencias y la "inexistencia de una organización adecuada ", al decir del coronel Carlos José Fernández.
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Si bien la respuesta a la convocatoria del Gobierno para la defensa del Chaco fue generalizada, la misma fue un fracaso total, pues puso en descubierto la desorganización imperante en el Ejército.
De todos los confines de la República, al son de bulliciosas bandas de música, llegaban a Asunción numerosas y entusiastas columnas de reservistas, convirtiéndose la capital del país en un cuartel general. Ante las imprevisiones, según el general Ayala, "cuando rebosaban los edificios de contingentes, se embarcaban verdaderas multitudes con destino o cualquier punto del litoral, sin objetivo determinado, desprovistas de víveres para el viaje y sin aviso siquiera al punto de destino (...). Los regimientos se escalonaban desde Bahía Negra hasta Puerto Galileo, sobre el Pilcomayo, en confusa dispersión, sin ningún plan de concentración ni de operaciones. La Escuela Militar de los jefes no tenían la menor idea de lo que era el Chaco y, menos aún, de las formas de encarar su defensa.
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SOLDADOS PARAGUAYOS MOVILIZADOS
EN EL ESTADIO DE PUERTO SAJONIA

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No solo en cuando a organización fue desastrosa la movilización paraguaya de 1928, sino también en otros aspectos. El anecdotario de aquellos días, muchas veces raya lo gracioso, cuando no lo ridículo. El general Ayala recuerda que "con motivo de un parte recibido por el mayor Félix Cabrera, de Puerto Casado, de que dos columnas enemigas se dirigían sobre Isla Po'i, defendida por un regimiento de infantería de 600 hombres y un escuadrón de caballería de 100 hombres, el Comando en jefe envió a Cabrera la siguiente orden: 'Dividir el escuadrón en dos fracciones, enviando cada una de ellas al encuentro de cada columna enemiga con misiones de retención y atacar con el regimiento de infantería una de las columnas y destruirla; luego reorganizar el regimiento y atacar y destruir la otra columna, teniendo cuidado en la persecución de no pasar la línea del Statu Quo (de 1907).

Por otra parte, siempre según Ayala, el regimiento de caballería "Valois Rivarola' acampado en Riacho Negro, frente a Concepción, "recibió la orden del Comando en jefe de explorar los alrededores de Villa Montes"', o sea recorrer el Chaco de punta a punta.
Había, dice Juan B. Ayala, "un desconocimiento total del probable teatro de operaciones y un desconcierto tan grande que todo el mundo se imaginaba a los bolivianos en las puertas de Asunción".

"El Comandante en Jefe ordeno ocupar y fortificar el Cerrito de Benjamín Aceval por un regimiento de infantería y por su parte, el Comandante de la guarnición de Concepción, teniente coronel José Félix Estigarribia, resolvió a su vez fortificar Concepción, comisionando al general ruso Nicolás Ern y al autor de estas líneas para realizar un reconocimiento sobre el terreno y presentar un plan de defensa.
Tanto Ern como Ayala eran partidarios de organizar la defensa a la altura de "Corralito", a 25 Kilómetros de Concepción, para pasar después a la maniobra, "es decir, a la contraofensiva".

Sin embargo, refiere Ayala, el comando era de opinión que había que defender la propia plaza de Concepción. "En cumplimiento de esa decisión, después de un reconocimiento por riacho Negro, presentamos al citado Comando con fecha 24 de diciembre de 1928, el proyecto de la defensa de la plaza de Concepción con muy interesantes sugerencias.
"Este proyecto quedo en la nada, pero contribuyo a poner de manifiesto que los Mandos Superiores no se hallan compenetrados de un espíritu ofensivo audaz y que las concepciones estratégicas no eran de mucha envergadura.

"El desastre de la movilización de 1928, la desatinada dispersión de las fuerzas, la pobreza de Concepción y el eterno caos político-militar, llegaron a conocimiento del Estado Mayor boliviano y sirvieron de estimulo para sus desorbitadas pretensiones.
"Felizmente para el Paraguay, finaliza Juan Bautista Ayala, el ejército boliviano no estaba entonces en condiciones de iniciar la campaña del Chaco".

En Bolivia también se sucedieron, con inaudita intensidad, las demostraciones bélicas de la población, con multitudinarias manifestaciones populares. El general Hans Kundt, un viejo conocido de los bolivianos por haber actuado con anterioridad en el ejército de ese país, fue convocado para dirigir el ejército. El gobierno del presidente Siles suspendió las garantías constitucionales y dispuso, en represalia por el ataque paraguayo al fortín Vanguardia, que las pocas tropas disponibles de la Cuarta División en el frente occidental, tres pelotones del Regimiento VI de Infantería "Campos" atacaran al fortín paraguayo Boquerón y que tropas del Regimiento "Ayacucho", estacionado en Cuatro Vientos, asaltaran el fortín Mariscal López, escaramuza durante la cual murieron el teniente Aparicio Figari, 14 soldados y cuatro indígenas.

El gobierno boliviano decreto la movilización de sus reservas y ordeno el bombardeo de Bahía Negra, donde cayeron cuatro bombas que no explotaron.

Por fortuna, así como ocurrió en el Paraguay, la movilización decretada por el gobierno boliviano también resulto un fracaso.
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Fuente:
LA GUERRA DEL CHACO (1932-1935)
Autor: LUIS VERÓN
© Editorial El Lector
Asunción – Paraguay
2010 (165 páginas).
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jueves, 15 de abril de 2010

LUIS VERÓN - FERROCARRIL DEL PARAGUAY - TESTIMONIO DE UNA ÉPOCA / Fuente: ÚLTIMA ESTACIÓN, Fotografías de CARLOS BITTAR.

FERROCARRIL DEL PARAGUAY
TESTIMONIO DE UNA ÉPOCA
Investigación de
(Enlace a datos biográficos y obras
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A diferencia del pesimismo y el desaliento, ocasionado por los problemas que vienen afligiendo a la comunidad nacional e internacional, con los que nos resignamos a recibir a un nuevo siglo y un nuevo milenio, en nuestro país – como en todo el mundo–, la llegada del siglo XX fue recibida en el marco de las más entusiastas expectativas.
No podía ser menos. La humanidad desde hacía más de un siglo atrás venía experimentando el bienestar y el progreso ocasionados por los ingeniosos frutos de la inteligencia humana, traducidos en los inmensurables progresos de la técnica y la industria.
Uno de los aspectos de ese desarrollo tecnológico, originado en la energía producida por el vapor, estuvo representado por el ferrocarril, ese portento mecánico que redujo la distancia y posibilitó la multiplicación de la fuerza a dimensiones ni siquiera soñadas hasta entonces.


UN LARGO CAMINO HACIA LA GLORIA

Hacia 1680, científicos alemanes y franceses descubrieron la fuerza energética del vapor. Medio siglo después, el creciente desarrollo de la industria británica –Gran Bretaña fue el primer estado en alcanzar el paso de país agrícola a nación industrial– produjo necesariamente un incremento explosivo de los medios de transporte de mercancías. Como “máquina de fuerza” en el siglo XVIII prácticamente sólo estaba disponible el caballo y su capacidad para el transporte era reducida.
Las máquinas a vapor se desarrollaron a partir de las experiencias con máquinas a vapor del francés Denis Papin y el inglés Thomas Savery. Siguieron con la construcción de la primera máquina a vapor de funcionamiento seguro y rentable, construido por los ingleses Thomas Newcomen y John Cawley, hacia 1705 y con la máquina que el mencionado Papin construyó en 1707. Pero las máquinas a vapor tomaron gran impulso con las innovaciones propuestas hacia 1760 por John Robertson al inventor inglés James Watt, para lograr el empleo del vapor para el accionamiento de vehículos destinados a circular por las calles.
Mientras tanto, hacia 1765, el misionero flamenco Ferdinand Verbiest lograba poner en funcionamiento un vehículo accionado por vapor, por las calles de Pekín, en la lejana China, y algunos años más tarde, el francés Joseph Cugnot circulaba dificultosamente por las calles de París, una máquina de vapor.
El complemento que después se conjugaría con la máquina a vapor no se hacía esperar: en 1767, el británico Reynolds construyó la que se considera como la primera vía férrea, por la que se desplazaba un ferrocarril tirado por caballos. Las piezas que formaban la vía estaban hechas en “U” de hierro fundido. Tenían una longitud de 1, 5 m., una anchura de 11 cm., e iban montadas sobre traviesas de madera. La guía de ruedas o patines ya era conocida desde la antigüedad. Los primeros vestigios proceden de la isla de Malta y de Mesopotamia y datan del 3000 a.C. En el siglo XIV se empleaban en Europa vías de madera para el desplazamiento de trenes industriales en el interior de las minas. Estos trenes eran tirados por caballos y mulas.
Hasta finales del siglo XVIII, por las carreteras, generalmente en mal estado, un tiro de cuatro a seis animales podía arrastrar en el mejor de los casos un carro de 1,5 toneladas y en los caminos firmes y en estado adecuado, hasta 4 toneladas como máximo. Por esa razón en las áreas hulleras pronto se construyeron vías de hierro para los tiros de caballos. Los carros se deslizaban con ruedas de hierro sobre rieles de hierro y entonces un único animal era de capaz de arrastrar 8 toneladas de carga.
Hacia 1781, la máquina de vapor inventada por Watt ya estaba en pleno apogeo y a partir de 1787 ya era utilizada de forma masiva en la industria textil. También en América se dieron algunos intentos interesantes, como el de John Fitch, quien trató de propulsar una embarcación de manera mecánica, utilizando el vapor de agua como fuerza motriz.
Alrededor de 1800, Gran Bretaña poseía cerca de 500 kilómetros de vías férreas, aunque no de locomotoras. Sin embargo, tras la invención de la máquina a vapor éstas no se hicieron esperar. En fin, puede decirse que la historia de la revolución industrial y la máquina a vapor han ido muy unidas. No puede concebirse una sin la otra, pues contribuyeron de manera decisiva al proceso de industrialización de Gran Bretaña.
El gran impulso que tomaron las máquinas a vapor fueron la base de la primera locomotora a vapor totalmente funcional, la del ingeniero británico Richard Trevithick, de 1803. Ese mismo año, se instalaba en una mina inglesa la primera vía de hierro forjado, más resistente que las de hierro fundido. Mas o menos por la misma época había entrado a funcionar el primer buque a vapor del mundo que funcionó de un modo rentable, el Charlotte Dundas. Y para 1818, ya se cruzaba el Atlántico en buque de vapor: el Savannah, en una travesía que unió Georgia con Liverpool.
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Y SE HIZO REALIDAD

El desarrollo del tren de vapor está estrechamente ligado a la vida del británico George Stephenson, quien en 1813 construye la primera locomotora a vapor, llamada My Lord; y el 25 de septiembre de 1825, inauguró la primera línea pública de ferrocarril del mundo para el transporte de viajeros, entre las ciudades inglesas de Stockon y Darlington, separadas entre sí por una distancia de 40 kilómetros. La máquina fue la Locomotion. Constaba de la locomotora, un vagón para pasajeros de honor, 21 vagones de carga y seis vagones llenos de carbón. La velocidad no superaba los 10 k/h.
Stephenson había fundado en Newcastle el 23 de julio de 1823, la primera fábrica de locomotores del mundo, que llevaba el nombre de su hijo (“Robert Stephenson, Co,”). De este modo, orientó su actividad en medida creciente a la construcción de locomotoras y al tendido de líneas.
En Inglaterra, el ferrocarril a vapor se utilizó para unir las ciudades portuarias con los centros de producción industrial. Pronto el ferrocarril se extendió a otras ciudades inglesas, para luego rebasar las fronteras y extenderse a otros países del continente europeo, donde más que un medio de transporte, era un gran negocio en sí mismo, del que dependían fuertes industrias y sectores de la actividad minera.
Para equipar una vía férrea en Inglaterra (entre 1830 y 1840) hacían falta 700 toneladas de material fundido (rieles, durmientes, locomotoras, vagones, filtros de agua, agujas, puentes, galpones, talleres, etc.) También era necesaria actividad extractiva y de elaboración. Otra consecuencia fue la valoración de los campos que atravesaban las vías. Gran negocio tanto para los terratenientes como para las compañías que se hacían conceder inmensas extensiones de terreno a ambos lados de las vías férreas.
En un primer momento, el servicio era privado, hasta que en 1835, entró en servicio el primer ferrocarril estatal del mundo: Malinas-Bruselas (Bélgica).
En poco tiempo, Europa se vio cruzada por las vías férreas: además de la belga, se puede mencionar a las de Nuremberg-Fürth (Alemania), 1835; París-St. Germain (Francia), San Petesburgo-Tsarskoye Selo (Rusia), Kaiser-Ferdinand-Nordbahn (Austria), 1837; Nápoles-Portici (Italia), 1839; Altona-Kiel (Alemania), 1844; Pest-Vac (Hungría), 1846; Zürich-Baden (Suiza), 1847; Barcelona-Mataró (España), 1848; etc.
Además en aquellos años, el ferrocarril empezó a utilizar señales luminosas: En Birminghan se acordó que el rojo significaba parada, el verde cuidado y el blanco línea libre. Se estableció además, que las máquinas que circulaban de noche debían llevar luz blanca adelante y roja por atrás.
Como algunos otros hitos en la industria ferrocarrilera pueden citarse la construcción, en Glasgow, Escocia, del primer transbordador para ferrocarriles, para el cruce del estrecho de Firts of Forth, 1851; la inauguración de la primera red subterránea de ferrocarril, Londres, 1863; el salto sobre el gran charco y la habilitación del primer servicio ferroviario en el continente americano, el 9 de agosto de 1831, en Albania, Estados Unidos de América. En este país, 36 años después, se realizaba el tendido de vías elevadas en la ciudad de Nueva York.


FERROCARRIL EN EL PARAGUAY

A aquel primer ferrocarril americano le siguieron los de Cuba, en 1834; Chile, 1851; Brasil, 1854; y Argentina 1857.
En ese tiempo, también nuestro país estaba empeñado a contar con su ferrocarril, además de numerosas otras obras públicas, entre las que destacaban caminos, astilleros navales y la primera planta siderúrgica del Río de la Plata.
En 1856, el Gobierno paraguayo empezó a planear la instalación del servicio ferrocarrilero. Ese mismo año se adquirieron materiales necesarios para 13 leguas de vías, de la casa Blyth de Inglaterra, por valor de 200.000 pesos oro. Los planos fueron realizados por el ingeniero inglés William Whiteheat. Los materiales adquiridos fueron rieles, planchas, asientos de riel y tres locomotoras completas y tres vagones, que se utilizaron para modelo de los que después se fabricarían en los arsenales y talleres de la planta siderurgia de El Rozado, en Ybycu’i. Estos materiales llegaron en el transcurso de los años siguientes, inclusive siguieron llegando nuevas partidas, adquiridas con posterioridad.
La primera vía férrea de nuestro país (para uso de zorras estiradas por caballos), de unos 400 metros de longitud, fue construida en 1856, unía los Arsenales con el murallón del puerto capitalino y fue construida bajo la dirección del ingeniero Whitehead. Posteriormente fue extendido hasta la Aduana Central, según el informe del presidente Carlos Antonio López al Congreso nacional de 1857:
“Queda concluido y en uso corriente un camino de fierro de quinientas varas desde el Arsenal hasta la gran muralla de la ribera con el fin de facilitar los transportes del muelle, y los terraplenes de los muros.
“En breve se construirá otro ferrocarril desde el muelle hasta la Aduana central.
“Se han comprado en Inglaterra los materiales necesarios para un ferrocarril de quince leguas, desde el muelle hasta Paraguarí: en parte quedan recibidos en esta Ciudad, y siguen llegando los buques conductores de los rieles”.
Con respecto a los trabajos preliminares de la construcción del sistema ferroviario, informó que “se han reconocido los caminos menos dificultosos para el ferrocarril desde el muelle hasta Paraguarí, pero las urgentes ocupaciones de los Ingenieros, no han permitido los trabajos de prepararlos, conforme se había intentado a fin de que a la llegada de los rieles pudiera emprenderse la obra.
“La fábrica de fierro proveerá de materiales para continuar el ferrocarril desde Paraguarí hasta el arroyo Ybycuí, y del punto indicado de Paraguarí hasta Villa Rica.
En junio de 1858 llegó al país el ingeniero George Paddison contratado por el gobierno para la construcción del ferrocarril Asunción - Villa Rica. Paddison fue secundado en su labor por otros ingenieros compatriotas suyos como George Thompson, Henry Valpy y Percy Burrell. Todos estos técnicos estaban bajo la dirección general del ingeniero en jefe William Whitehead, autor de los planos de la red ferroviaria a realizarse.
Con estos técnicos extranjeros, trabajaron en el ferrocarril personal militar, entre quienes destacaron los oficiales José María Bruguez, Juan de la Cruz Estigarribia y Elizardo Aquino, además de algunos jóvenes formados en Europa, como Gregorio Almirón, Tomás Astigarraga, Juan Giménez y Escolástico Ramos; también participaron activamente soldados, esclavos del gobierno, presidiarios de la cárcel pública, en un total de unos 5.000 hombres.
El terraplenado y trazado de vías de ferrocarril, la construcción de caminos y puentes, estuvo a cargo de una heterogénea masa de trabajadores al mando de oficiales del ejército, y empezó en 1860.
Las empresas estatales, entre ellas del Ferrocarril, contaban con un número elevado de convictos como personal de trabajo. La siderurgia de El Rozado Ybycuí, era de hecho, un campo de presidiarios dedicados a la producción metalúrgica.
El 14 de mayo de 1859 quedó inaugurado el ferrocarril urbano (Puerto - Estación Central) para el acarreo de los materiales para la construcción del ferrocarril y es de imaginarse lo que habrá sido ese acontecimiento en la Asunción de la época, que entonces no era más que un villorrio de unas pocas cuadras de extensión. Inclusive, teniendo en cuenta el perímetro de la ciudad de ese entonces (Bahía, calle Colón, Ygatimí, Brasil), para la construcción de la terminal ferroviaria se eligió un lugar cercano a los límites de la parte más poblada del casco urbano de la ciudad.
El 21 de octubre de 1861, se habilitó la línea Asunción - Trinidad. En ocasión de la inauguración, las altas autoridades del Gobierno, junto con los directivos y técnicos del ferrocarril, abordaron el tren en medio del bullicio de una colorida multitud que se agolpó a presenciar el jubiloso paso de la locomotora, que se deslizaba a una velocidad de 75 kph, considerada vertiginosa para la época.
En medio de la algarabía, los maquinistas ingleses olvidaron que el tramo era bastante corto y “cuando salieron de su éxtasis, ya la máquina corría por los campos...”.
Las estaciones habilitadas en aquellos primeros años, además de la de San Francisco, fueron las de Trinidad, en junio de 1861; Luque, Areguá, enero de 1864; Patiño, Ypacaraí, el 26 de marzo de 1864, y dos meses después a Pirayú, el 26 de mayo de 1864. El 2 de agosto de ese mismo año se habilitó el ramal Pirayú - Cerro León, donde se pensó construir un desvió hasta el mismo Campamento; el 6 de octubre de 1864, llegaban los rieles a Paraguarí, quedando interrumpidos los terraplenes a la altura del antiguo pueblo de Guaimí Sapucái, con motivo del estallido de la guerra contra la Triple Alianza integrada por la Argentina, el Brasil y el Uruguay.
Ya iniciada la guerra, el Gobierno seguía con planes de extensión ferroviaria: proyectos de ferrocarril a Bolivia, en la región sur del país, y de una extensión hasta la fundición de El Rozado, además de la sección Sapucái – Villa Rica.
Los rieles de este terraplén paralizado fueron utilizados en las fundiciones de Ybycuí para proveer de cañones y balas al ejército en campaña. El material bélico era transportado hasta Asunción en el flamante servicio ferroviario.
El ferrocarril paraguayo entonces estaba dotado de tres locomotoras. Convertido con la guerra en medio estratégico, al terminar la guerra solo una. La primera de las adquiridas, estaba en servicio. Las otras dos fueron desmanteladas para no caer en manos de los aliados (una estaba en Pirayú y la otra en Cerro León). Varias secciones de las vías, así como puentes, fueron volados por soldados paraguayos, con el propósito de inutilizar es sistema ferroviario y evitar su utilización por el enemigo.En los últimos tramos de la guerra, los argentinos enviaron tres coches a Buenos Aires como trofeos de guerra. Para reflotar el servicio ferroviario, en mayo de 1869, se trajeron de la Argentina una locomotora y seis vagones. Este tren comenzó a operar al servicio de una compañía argentina, para el transporte de tropas y aprovisionamiento de las fuerzas aliadas.
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LA RESURRECCION DE UNA EMPRESA

Aún no habían callado los cañones y la guerra seguía su curso final hacia el holocausto de Cerro Corá, cuando los gobiernos aliados rehabilitaron el ferrocarril que restableció parcialmente sus servicios en 1870.
Establecida la institucionalidad de la república, en el marco jurídico de la Constitución de 1870, el 4 de mayo de 1871, el Congreso sancionó una ley por la que autorizaba al Gobierno a enajenar “a perpetuidad o por tiempo determinado el ferrocarril de Asunción a Villa Rica, con todas sus máquinas, salones, etc., para, con su producido atender a las urgentes necesidades del estado”. El precio estipulado era de 1.000.000 pesos oro, pagaderos en créditos de la deuda interna, con excepción de 81.321 pesos oro, que debían pagarse en efectivo, para saldar con ellos la suma que se adeudaba a la Tesorería del Imperio del Brasil por compra de material rodante adquirido durante el gobierno del Triunvirato (15/VIII/1869 - 31/VIII/1870).
Con lo producido de la venta del ferrocarril, el Gobierno buscaba saldar sus apremiantes compromisos económicos, entre los que destacaba el pago de sueldos atrasados a funcionarios públicos.
Ese mismo año (1871), el Congreso autorizó al Gobierno a contratar un empréstito de hasta 1.000.000 de libras esterlinas. Se encomendaron las gestiones de la contratación del empréstito a Máximo Terreros –nombrado cónsul del Paraguay en Londres el 18 de mayo de 1871–. Terreros, casado con Manuelita Rosas, era yerno del dictador argentino Juan Manuel de Rosas y hermano de Juana Terreros Rabago, casada con Pedro Victorino Gill, hermano del ministro de Hacienda (y luego presidente de la república) Juan Bautista Gill.
Terreros contrató el empréstito de 1.000.000 de libras esterlinas con los banqueros londinenses Robinson, Fleming Co. Como no las enviaba y aquí eran codiciosamente esperadas, en diciembre de 1871 fue comisionado a Londres Gregorio Benítez, con plenos poderes para hacerlas llegar hasta aquí.
En Londres, Benítez se hizo asesorar por el abogado León Levy, a quien hizo nombrar cónsul del Paraguay en sustitución de Terreros, que fue destituido por el Gobierno, el 20 de diciembre de 1871.
Ante las evasivas de Terreros para rendir cuenta de las libras, tuvo que apelarse a las autoridades londinenses, mediante cuya intervención aquel envió al Paraguay 10.000.000 de francos, equivalente entonces, a 400.000 libras esterlinas. Estas llegaron a destino el 17 de junio de 1873. Las 600.000 libras restantes Terreros las habría invertido, las invertiría o las retendría en su poder para invertirlas oportunamente por sí y ante sí, en colonizaciones del país, prolongaciones de la vía férrea hasta Villa Rica, etc., “porque los gobiernos paraguayos no tenían capacidad para administrar tan cuantioso capital”.
Terreros era gestor activísimo. Mientras dilataba los arreglos con Benítez, del empréstito del millón de libras, envió a Asunción a Mr. Ohlsen, quien en marzo de 1872 y antes de saberse dónde estaban las anteriores libras, ya había conseguido con los gobernantes paraguayos la autorización por una nueva ley para la contratación de un nuevo empréstito. Esta vez era de 2.000.000 de libras esterlinas. El mismo también fue contratado en Londres y con los mismos banqueros. De triste memoria, estas gestiones fueron muy perjudiciales para la república. Los malos manejos y la corrupción de los gobiernos de entonces dilapidaron esos recursos, que se esfumaron engrosando arcas particulares y recién hacia 1960 pudieron ser saldadas.
En julio de 1875, Cándido Bareiro fue comisionado como ministro plenipotenciario a Londres con la misión de hacer “arreglos muy importantes, que nos darán la prolongación del ferrocarril desde Paraguarí hasta Villa Rica, un Banco Nacional, el telégrafo hasta Villa Rica y Paso de Patria”.


DE MANO EN MANO

De conformidad con la ley de 1871, que autorizaba la venta del ferrocarril, el 17 de marzo de 1876 se llamó a licitación para la concesión de la empresa ferroviaria, que fue otorgada a la firma Travassos, Patri y Cía. por 1.000.000 de pesos oro, con la condición de que prolongaran las vías hasta Villa Rica. La escritura de compraventa fue firmada el 27 de marzo de 1877.
Debido a la imposibilidad de la concesionaria de cumplir cabalmente con sus compromisos, la Travassos, Patri y Cía., en 1878 se asoció a la Rohe y Cía., de Nueva York.
Esta empresa solicitó al Gobierno una concesión para prolongar la línea férrea desde Paraguarí hasta Villa Rica, con la condición de que lo harían en 18 meses. Pedían se les otorgara en propiedad, a título gratuito, dos millas de tierras a cada lado de la vía y en todo el trayecto de su prolongación, y en cada uno de los pueblos por donde pasara, los terrenos necesarios para la instalación de estaciones, desvíos, etc. Así mismo pedían la liberación de derechos aduaneros para todos los elementos y materiales necesarios a importarse a tal fin, como también los enseres, herramientas, útiles, etc., de propiedad de los colonos que traería para poblar las tierras de la concesión. Todo le fue concedido.
Mientras tanto, el ferrocarril venía prestando importantes servicios especialmente en el transporte de diversos rubros económicos, como, por ejemplo, maderas destinadas a la exportación –de gran volumen ya en esos días– que llegaban a Asunción en jangadas y en vagones del ferrocarril. Los que venían en éstos, llegaban al puerto en los mismos vagones que las traían de la campaña. Las locomotoras de entonces no tenían “chisperos” y las “brasas” que despedía –según decían los diarios de la época–, ocasionaban no pocos casos de incendio de casas.
Para la solución de dichos inconvenientes, la junta municipal notificaba, por entonces, a la compañía del ferrocarril para que suprimiera de algún modo las chispas tan peligrosas de las locomotoras.
Esos sucesos daba lugar a numerosas situaciones, algunas de innegable seriedad, mientras otras eran anecdóticas, como aquella vez en que la compañía no tuvo en cuenta la notificación, por lo que la Municipalidad hizo colocar en las vías del tren, varias vigas que impidieron su circulación hasta el puerto y que eran vigiladas por empleados municipales y algunos policías.
El asunto fue hasta los tribunales, que fallaron a favor de la Municipalidad y dio fin a los abusos de la compañía ferrocarrilera.
En 1884, el Estado paraguayo proyectó recomprar el ferrocarril de la firma Travassos, Patri & Cía.
El 10 de enero de 1886, el gobierno del presidente Bernardino Caballero firmó un nuevo convenio de compra del ferrocarril con la firma Travassos, Patri y Cía., en la suma de 1.200.000 pesos oro. Este convenio se aprobó el 6 de marzo de 1886. Por esta ley se crearon los recursos necesarios para el pago y amortización de los títulos cuya liquidación quedó a cargo de la Junta de Deuda Pública. En el convenio mencionado se autorizaba a la sociedad Travassos, Patri y Cía. a fundar y operar un Banco de Comercio.
Adquirido, nuevamente, el ferrocarril por el Estado, el 30 de marzo de 1886 un decreto nombró una Comisión del Ferrocarril, que estuvo integrada por Luis Patri, Ricardo Méndez Goncalvez, Jorge Casaccia, Manuel Solalinde y Benjamín Barrena. Esta Comisión recibiría en representación del Fisco, bajo inventario, todos los muebles, útiles, maquinarias, vagones, etc. de la empresa, el 1 de abril de 1886, fecha desde la cual la administración del mismo sería del Estado.
El 19 de agosto de 1886, se promulgó la ley que autorizaba al gobierno a contratar la prolongación de la vía férrea de Paraguarí a Villa Rica, sobre un costo máximo de 300.000 libras, afectando para su pago el producto de la venta de tierras públicas y yerbales. A este efecto se resolvió vender las fracciones de tierra, reservadas en el Chaco, entre Concepción y San Salvador.
En el precio convenido (1.400.000 pesos oro) estaba previsto, además del tendido de vías, la construcción de seis estaciones (en Sapucái, Intermedia –Caballero–, Ybytymí, Itapé, Hyaty y Villa Rica), telégrafos y la entrega del siguiente material rodante: cuatro locomotoras, 20 vagones tapados, 40 vagones de mesa, cinco vagones de cajón, dos coches comedores, cuatro vagones de primera clase, ocho de segunda y 12 de tercera clase.
El 13 de septiembre de 1887, el mismo día en que se creaba, a la izquierda de la estación Tacuaral del ferrocarril el pueblo de Ypacaraí, autorizándose al Gobierno a conceder gratuitamente solares de tierras públicas a quienes quisieran poblarlas y a expropiar las de propiedad particular que fueran necesarias para edificios públicos, se sancionó una ley que autorizó al Gobierno a contratar con Guillermo Stewart la venta del ferrocarril de Asunción a Paraguarí y su prolongación a Villa Rica (en construcción) con todas las instalaciones, en la cantidad de 2.100.000 pesos oro, en libras esterlinas.
Mediante concesiones especiales, el comprador estaba obligado a prolongar el ferrocarril hasta Encarnación. La mitad del importe pagaría Stewart al contado y el resto a plazos (Stewart era representante de un consorcio de capitalistas extranjeros).
Las gestiones del doctor Stewart culminaron con la venta del ferrocarril a la compañía inglesa The Paraguay Central Railway Co., un consorcio formado por los tenedores de los bonos de los empréstitos de 1871 y 1872, con el propósito de adquirir y explotar el ferrocarril paraguayo.
El 14 de julio de 1888, se sancionó la ley por la que se autoriza al Gobierno a vender el ferrocarril desde Asunción hasta Villa Rica, en dos millones cien mil pesos oro y su prolongación desde Villa Rica hasta Encarnación a razón de 30 mil pesos de la misma moneda, el kilómetro de vía.
En tanto, las obras relacionadas a la prolongación hasta Villa Rica no conocían de descanso: el 19 de agosto de 1888, se inauguraba la estación de ferrocarril de Escobar. Era la primera estación inaugurada en el tramo Paraguarí - Villa Rica. Concurrieron al acto el presidente Patricio Escobar, sus ministros y gran número de invitados que fueron llevados hasta allí en 33 coches de pasajeros.
El 30 de abril de 1889, fue aprobada la venta del ferrocarril a favor del mencionado consorcio inglés y el 25 de mayo de 1889, a bordo del vapor Saturno, llegaron a Asunción 42 cajones, conteniendo cada uno 5.000 libras esterlinas, es decir 210.000 libras esterlinas en total, equivalentes a 1.050.000 pesos oro al tipo de cambio de entonces, y que era el precio estipulado.
Según mensaje del Ejecutivo, la suma del importe de la venta del ferrocarril se invertiría en la amortización de “títulos fiduciarios” y al aumento del capital del Banco Agrícola.
El 1 de junio de 1889 aprobaron los estatutos de la empresa The Paraguay Central Railway Company Limited, a la que se transfirió 72 kilómetros de vías concluidas, además de las estaciones de Asunción, Trinidad, Luque, Areguá, Guasuvirá, Pirayú, Cerro León, Paraguarí y la de Villa Rica que estaba en construcción.
La firma del contrato de compraventa entre el Estado paraguayo y la compañía inglesa se realizó el 12 de junio de 1889, entregando el Estado “en cuenta real y enajenación perpetua” el ferrocarril, de Asunción a Villa Rica, concediendo a la empresa compradora “a perpetuidad y de manera irrevocable... para que tome posesión del ferrocarril y sus dependencias desde la fecha y lo goce y lo explore como verdadera propietaria del mismo”.
El Estado también se comprometió a ceder en forma gratuita las tierras fiscales que se necesitaren para la prolongación de la línea hasta Encarnación.
La concesión originó la firma de dos contratos entre la República del Paraguay y el doctor Guillermo Stewart con fechas 28 de octubre de 1887 y 24 de julio de 1888; otro contrato entre el doctor Stewart y Perry Cutbill De Lungo y Cía., fue suscrita con fecha 15 de febrero de 1889.
El contrato de construcción de la ampliación de la red ferroviaria, de fecha 27 de abril de 1889, firmado entre el Gobierno paraguayo y The Paraguay Central Railway Co. y Perry Cutbill De Lungo y Cía., originó dos contratos de ésta compañía firmados con Morton, Rose y Cía., uno para la emisión y colocación de las acciones y debentures de la Compañía y el otro asegurando el pago de los intereses de las acciones ordinarias por el contratista de la obra durante la construcción, ambos firmados el 27 de abril de 1889.
A principios de diciembre de 1889, la prolongación de la vía férrea llegaba hasta Tranquera Guasú, distante una legua de la ciudad de Villa Rica. Se suscitó una diferencia entre el Estado y el contratista Luis Patri, que no se creía obligado por su contrato a hacerla llegar hasta la ciudad, sino hasta donde estaba. En el conflicto triunfó el Estado y Patri hizo llegar las vías a Villa Rica. Se pagó a la compañía constructora, por los 100 kilómetros de vía, la suma de 9.624 libras esterlinas por kilómetro, incluyendo el material rodante y la construcción de varias estaciones, a un costo aproximado de 1,300 libras esterlinas por kilómetro.
El capital original de 482.930 libras esterlinas en acciones ordinarias y 400.000 libras en debentures al 5% de interés, se suscribió integramente, basado en el informe que los ingenieros Burrell y Valpy dieron sobre las posibilidades de desarrollo del país, y los resultados económicos que daría la explotación de la línea férrea que prolongada hasta Encarnación sería un nexo con el mar, a través del Brasil por Río Grande do Sul, y que conectaría Asunción con Montevideo y Buenos Aires.
Dicho informe también destacaba que las entradas brutas del ferrocarril entre Asunción y Paraguarí, habían aumentado de 237 a 536 libras esterlinas por milla en el periodo de 1883 a 1887 y estimaba que una vez que se librara al tráfico, en toda su extensión, las entradas brutas serían del orden de 1.000 libras esterlinas por milla de vía, lo que daría un resultado de 114.000 libras esterlinas por año con un coeficiente de explotación del 50%.
En este primer periodo (1889-1907) de la explotación la empresa ferrocarrilera obtuvo unos 5.785.169 pesos oro de entrada bruta por tráfico entre Asunción y Pirapó –hasta donde llegaban las vías en 1907, transportó unos 2.025.958 pasajeros y 225.651 toneladas de carga. El movimiento entre Asunción y Paraguarí era tres veces superior al movimiento entre Paraguarí y Villa Rica; el de Villa Rica y Pirapó guardaba aproximadamente la misma proporción con el de Paraguarí - Villa Rica.
Durante el periodo 1889-1907, se fueron sustituyendo los rieles de cabeza doble, de la vía primitiva. En 1899, todavía existían 40 kilómetros de este tipo de vía, que cuatro años más tarde se redujeron a 7,5 kilómetros.
El material rodante que entonces poseía el ferrocarril paraguayo era de 11 locomotoras, la mayoría en mal estado; nueve coches de primera clase; diez de segunda y 20 de tercera clase; tres furgones y 119 vagones.
El ferrocarril comenzó a operar hasta Ybytymí el 12 de junio de 1889 y el primer convoy de pasajeros llegó a Villa Rica el 25 de diciembre de 1889.
La extensión de la línea a Pirapó comenzó en junio de 1889 y se libró al tráfico en agosto de 1891.


GRAVES TROPIEZOS

En la asamblea de accionistas de 1892, se habló de la posibilidad de traer inmigrantes japoneses al país; y en la de 1894 se dio cuenta de la terminación de los talleres de Sapucái, comenzado el año anterior. En la del año 1898, se dio cuenta de que ha comenzado a funcionar el ingenio azucarero del km 125 y que ha llegado al Paraguay una inmigración italiana, acontecimientos que redundarían en el mejoramiento de la economía del país y por ende en la explotación del ferrocarril.
En las memorias de las asambleas de la Compañía, a partir de 1892 se venía dando cuenta del resultado de explotación poco propicias para los accionistas y debenturistas, con motivos de las inversiones necesarias para la conservación de la vía permanente y material rodante. La Compañía dejó de cumplir con sus obligaciones por falta de capital, paralizando, en Pirapó, la construcción de la prolongación de las vías hasta Encarnación, lo que dio inicio, en abril de 1892 al entredicho entre el Estado y el Ferrocarril, que tardó unos quince años en solucionarse.
La suspención de las obras, motivó, por otra parte, la morosidad del Estado en el pago de las garantías acordadas.
Esta situación motivó vehementes polémicas en el Congreso, la prensa y la opinión pública, en inclusive, una y otra posición, llevaron a algunos legisladores a retarse a duelo, pero todos fueron evitados gracias a la intersección de los padrinos.
El 15 de junio de 1896, se celebró un convenio ad referendum, entre el representante del FCCP, Mr. N. White, y el ministro del Interior, Angel María Martínez, sobre las bases siguientes: renuncia de derechos del FCCP por las garantías pendientes de pago, o a vencer, y a su acción a las tierras fiscales sobre la vía hasta Paraguarí; a cambio de la cesión por el Estado a la Empresa, en pleno dominio, de sus acciones de preferencia, que montaban 1.050.000 pesos oro.
Para la prolongación de la vía férrea de Pirapó a Encarnación, el Estado volvió a garantir el 6% por kilómetro, avaluándose cada kilómetro en 20.000 pesos oro. El gobierno se había propuesto con esta ruinosa transacción finiquitar un enredo funesto al desenvolvimiento financiero y los progresos del país, fruto de administraciones pasadas.
Estas actuaciones costaron numerosas y acaloradas discusiones en el Congreso y en la ciudadanía. Las incidencias de esta situación inclusive derivaron retos a lances caballerescos entre numerosos parlamentarios de uno u otro sector en pugna. La oposición liberal, liderada por el doctor Cecilio Báez, en la Cámara de Diputados, impugnó el proyecto de ley, aprobado por el Senado, sancionando el convenio Martínez-White; pero la Cámara se pronunció en mayoría por la aprobación y el proyecto quedó convertido en ley el 26 de setiembre de 1896.
En 1906, cerca del 85 % de las acciones con derecho a voto fueron compradas por inversores extranjeros (Benito Villanueva, parlamentario argentino y director del Ferrocarril Central de Córdoba y Manuel Rodríguez, capitalista portugués. También se mencionaba como accionista importante al general Benigno Ferreira, entonces presidente del Paraguay).
Luego de años de negociaciones y debates, el 20 de julio de 1907, tras tres días de discusiones en el Congreso, fue aprobado por el Senado el acuerdo firmado ad referendum entre el Estado del ferrocarril.
Acuerdo convenido fue en los siguientes términos: Renuncia de la empresa de cobrar el importe de la garantía del 6% anulando todas las cuentas de garantías existentes; renuncia del Estado a favor de la empresa de todas sus acciones de preferencia, quedando de esta manera desligado de la sociedad; compromiso de la empresa de continuar la línea hasta Encarnación; renuncia de la empresa de todas las tierras que debió transferirle el gobierno, a excepción solamente de los terrenos en que se asienta la línea y los ocupados por las estaciones; y exoneración a la empresa de todas las leyes fiscales y municipales por 25 años. Con motivo de eeste acuerdo, se realizaron violentos mítines de protestas en Asunción.
Si bien el Estado renunció a sus acciones se arrogaba el derecho de control sobre el transporte ferroviario, que fue patentizado en 1943 con el decreto ley que declaró de “orden público las empresas de transporte, sin posibilidad de interrumpir sus servicios, salvo caso de fuerza mayor”.
Mientras se llegaba al acuerdo definitivo entre la Compañía inglesa y el Estado paraguayo, en febrero de 1907 llegaron a Buenos Aires dos locomotoras consignadas al ferrocarril paraguayo. Pesaban cada una 85 toneladas. Al llegar al país fueron puestas en servicio bajo los nombres de Pilar y Pirayú. Luego, hacia 1912 llegaron las Hohenzoller, enormes máquinas que hasta ahora (año 2000) funcionan.
El 5 de octubre de 1908 se reiniciaron los trabajos de la prolongación de la vía férrea desde Pirapó hasta Encarnación, para lo cual fue instalado un puente prefabricado de hierro, procedente de los Estados Unidos de Norteamérica, y se la efectuaba ya de “trocha media”, como la del ferrocarril argentino con terminal en Posadas, para su empalme con el nuestro en Encarnación. Casi simultáneamente comenzó la reconstrucción de nuestras vías desde Asunción hasta Pirapó, adoptándose también la trocha media.
Para la realización de los trabajos, el Gobierno autorizó a la empresa del ferrocarril a explotar gratuitamente los montes fiscales de Bobí (Artigas) y San Cosme, para la extracción de maderas para durmientes y demás materiales necesarios para la prolongación de la vía férrea.
Por otra parte, el 5 de marzo de 1909, un decreto autorizó a la empresa ferroviaria a construir un ramal de sus vías desde Patiño hasta la orilla del lago Ypacaraí (estación Kendall), para el transporta de pasajeros de y a San Bernardino. Este ramal fue inaugurado en julio del mismo año y la llegada de los trenes combinaba con lanchas que efectuaban el cruce. Hasta entonces funcionaba un servicio de tranvías de tracción a sangre, habilitado hacia 1896.


INTEGRACION FERROVIARIA INTERNACIONAL

En 1910, por intermedio del Ferrocarril Nordeste Argentino, el Gobierno argentino suscribió acciones del Ferrocarril Central del Paraguay por valor de 220.000 libras esterlinas (40%) para acelerar el empalme en Pacú-cuá, comprometiéndose a adquirir o trocar por otros utensilios el material rodante de trocha ancha de nuestro sistema ferroviario. El otro fuerte accionista era Manuel Rodríguez, con 200.000 libras (35%) y otros, con 142.930 libras (25%).
En mayo de ese mismo año, próximas a terminarse la vía férrea hasta Encarnación, se trasladó a Buenos Aires el gerente del ferrocarril paraguayo, para tratar allá de que el empalme de éste con el argentino, no se hiciera mediante un ferry boat, sino por un puente. Como un proyecto de esa envergadura tenía un costo elevadísimo, no prosperó la idea y Mr. Fraser Lawton tuvo que contentarse con el ferry, que funcionó hasta 1990, cuando se habilitó el puente internacional entre Encarnación (Paraguay) y Posadas (Argentina).
A mediados de 1910, la Brazilian Railways Company adquirió, a través de acciones, el control de The Paraguayan Central Railway Company Limited. La Brazilian era una empresa controlñada por un norteamericano llamado Percival Farquhar. Poco después, llegaron al país varias locomotoras, vagones de pasajeros y de carga, zorras, entre otras maquinarias para el Ferrocarril Central Paraguayo, a los que ya nos hemos referido.
El 7 de abril de 1911, el ferrocarril libró su servicio público hasta la ciudad de Carmen del Paraná y, dos meses después, el 9 de junio de 1911, se libraba el servicio ferroviario hasta Encarnación.
La empresa del ferrocarril percibía por entonces sus tarifas de pasajeros y cargas, calculadas en oro, reducidas a curso legal al tipo del día: y pagaba sueldos, etc., en curso legal, a un tipo fijo de conversión que le favorecía enormemente.
Eso era de conocimiento público, y ante la exigüidad de los sueldos que percibían, los obreros organizaban frecuentes huelgas, como la realizada entre diciembre de 1912 y enero de 1913, en cuyo apoyo se sumaron otros gremios.
Varios dirigentes fueron encarcelados, se volaron puentes, se atentaron contra los conductores de locomotoras, se suspendió el servicio de trenes, hasta que se convino un aumento, que no era ni el 20% de lo reclamado.
El poder de la empresa era enorme, que inclusive afectaba al desenvolvimiento político de la república: Durante toda la suspensión del tráfico de trenes, en la estación central de ferrocarril, su gerencia había colocado un aviso en la que decía que se suspendía el servicio de trenes por falta de garantías del gobierno, lo que le valió al ministro del Interior una interpelación en el Parlamento, y solo después de ella, se retiró el “aviso” de la empresa (y conste que en los pocos trenes que circulaban prestaban máquinas y foguistas de la Armada Nacional, “en préstamo”). En esa época, las inversiones de origen británico o en las que inversores británicos poseían intereses en el Paraguay, sumaban a los siguientes guarismos: Paraguay Central Railway Company, 2.962.930 libras esterlinas; explotaciones forestales, 350 millas cuadradas; estancias, 825 millas cuadradas; tranvías, 100.000 libras esterlinas, entre otras menores.
El 19 de octubre de 1913 se inauguró el servicio de ferry boat Encarnación-Posadas, que unía el ferrocarril paraguayo con el sistema ferroviario argentino.
El acto contó con la presencia de importantes personalidades de ambos países. Tras la inauguración, circuló desde Encarnación un tren integrado por 17 coches de pasajeros colmados de pasajeros, arrastrado por dos locomotoras empavesadas.
Uno de los primeros pasajeros importantes del ferrocarril, luego de su unión con el sistema ferroviario argentino, fue el expresidente de los E.U.A. coronel Teodoro Roosevelt, quien vino de vacaciones, a cazar tigres en el Mato Grosso.


DIVERSIFICACION DE OBJETIVOS

En 1911, el Directorio de la compañía ferrocarrilera propuso la construcción de un ramal de Villa Rica a los Saltos de Yguazú y la construcción de un puerto en Villeta con su ramal respectivo de 40 kilómetros de extensión a Asunción.
Al año siguiente se inició en Borja la construcción del ramal a los Saltos de Yguazú, que también tenía el propósito de explotar los bosques de la Compañía Argentina de Madera. El ramal de 31 kilómetros entre Borja y Charará se habilitó el 15 de marzo de 1914. Su prolongación hasta el kilómetro 63.400 se habilitó al año siguiente.
Poco tiempo después, la Compañía abandonó la idea de la construcción de un ramal a Villeta y comenzaron los estudios para un ramal que uniría Paraguarí con Carapeguá, proyecto que también fue abandonado poco después.
Además del servicio ferroviario, la Compañía también operó otros servicios, como el tranviario, desde 1912, cuando adquirió la compañía de tranvías a tracción animal y a vapor que unía Asunción - San Lorenzo, para los cual formó una empresa subsidiaria, la The Tranway and Lighting and Power Co., que el 7 de julio de 1913 inauguró su servicio de tranvías eléctricos, y desde enero de 1914, comenzó a suministrar luz eléctrica pública y a particulares, hasta 1918, año en que vendió la compañía de servicio eléctrico a la compañía Italo - Argentina de Electricidad.


DE VUELTA AL REDIL

La deficiente explotación del ferrocarril por parte de los ingleses, sumada a la caducidad de las franquicias y obligaciones entre el Estado y la empresa The Paraguay Central Raiway Company Limited, fijadas en el convenio de 1907, motivó varias intervenciones por parte del gobierno paraguayo; una de las últimas determinó que en 1951, se constituyera una Comisión Especial dependiente del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones, con el objeto de estudiar el accionar futuro de la empresa y proponer las bases de un nuevo relacionamiento Compañía - Estado. La última intervención fue ordenada el 1 de agosto de 1959, por el que se nombraba un interventor con amplias facultades para poder restablecer y mantener la continuidad del servicio ferroviario haciéndose cargo el Estado de los déficits de explotación.
La empresa ferroviaria resolvió no renovar ningún contrato y ofreció al Estado la venta del ferrocarril. El 1 de agosto de 1959, el Gobierno intervino la empresa, con el propósito de asegurar su funcionamiento y se agilizaron las negociaciones para su nacionalización.
Por ley del 8 de febrero de 1961, se creó un organismo autárquico para explotar el servicio ferroviario a ser adquirido de la compañía inglesa. El precio de venta propuesto por la empresa, fue de 1.000.000 de libras esterlinas, pero al efectuarse la evaluación de bienes y la capacidad de rendimiento económico del mismo, el Estado logró adquirirlo, a través de la ley 714 del 28 de agosto de 1961, en 200.000 libras esterlinas, pagaderas en cuotas semestrales iguales, a veinte años de plazo y sin intereses.
El 21 de octubre de 1961, exactamente un siglo después que rodara por primera vez, desde la estación de San Francisco a Trinidad, el Estado paraguayo se posesionó nuevamente del servicio ferroviario, enajenado en 1889 a favor de la The Paraguay Central Railway Company Limited.
El 21 de octubre de 1962 se inauguró el primer coche motor totalmente reacondicionado en los talleres de Sapucái y puesta al servicio administrado por la flamante entidad autárquica denominada Ferrocarril Central del Paraguay “Carlos Antonio López”.
El viejo ferrocarril, uno de los primeros de Sudamérica siguió funcionando, pero la pesada carga de años pudo más que sus cansadas fuerzas y lo fueron minando hasta su actual estado de postración, casi sin esperanzas de recuperación.

Luis Verón - Reducto, San Lorenzo; octubre de 2000.


Fuente: ÚLTIMA ESTACIÓN,
Fotografías de CARLOS BITTAR
Con auspicios del FONDEC,
Asunción-Paraguay 2002
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Fotógrafo:
CARLOS BITTAR
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )